20 de julio de 2015

Malas y buenas noticias

Podría empezar estas líneas diciendo aquello de: “tengo una noticia buena y otra mala, ¿por cuál quieres que empiece?”, pero me voy a tomar la libertad de empezar por la mala.

La mala se llama Grecia. La Ilíada no narra el final de la guerra de Troya. Acaba con las palabras: “y así se celebraron las honras fúnebres de Héctor, domador de caballos”. Y la historia queda en suspense. ¿Caería Troya o podrían los Teucros (así se llama a los Troyanos) rechazar a los Dánaos (los griegos)? Bastantes siglos más tarde de que Homero, dejase para la posteridad, inconclusa, la historia de la guerra de Troya, el poeta romano Virgilio escribió “La Eneida” y en ella es en la que se narra la famosísima historia del caballo de Troya. Cuando los Troyanos ven el enorme caballo en la playa, su sumo sacerdote, Laoconte, dice: “¡Equo ne crediti Teucri! Quidquid it est, timeo Danaos et dona ferenti”, que traducido al español dice: “¡No confiéis en el caballo Troyanos! Sea lo que sea, temo a los Griegos incluso cuanto ofrecen regalos”. Más claro agua. Nadie hizo caso a Laoconte. Al contrario, una enorme serpiente salió del mar y le devoró a él y a sus hijos. En el museo Pío-Clementino del Vaticano podemos ver el impresionante grupo escultórico, posterior a La Eneida, de esa escena. Pues creo que la historia se repite. Tsipras nos ha regalado un bonito caballo. Dentro de él está el 60% del pueblo griego que ha dicho alto y claro que no va a aceptar las medidas de autoridad de la troika que, de acuerdo con el típico victimismo, les ha arruinado. Y cuando un país, o una persona, cae en el victimismo, puede darse por hundido. A ese pueblo recurrirá Tsipras cuando decida no cumplir sus promesas y pasar al siguiente capítulo del culebrón. Y Europa ha mordido el anzuelo, empujada por los EEUU y por una socialdemocracia buenista que también se ha tragado la historia del victimismo y que cree que entre las cosas que se pueden decidir en democracia es si un país paga o no las deudas que tiene contraídas con otros países y que, encima, la democracia interna le da derecho a exigir a los acreedores que les sigan prestando sin condiciones. Y lo peor es que muchos ciudadanos han caído en las redes del buenismo de la socialdemocracia. No hay que echar en saco roto dos frases importantes. En la comparecencia de Tsipras ante el Parlamento Europeo, hace una semana, Pablo Iglesias, en su turno de palabra, le dijo textualmente: “Aguanta Alexis que dentro de poco seremos más fuertes”. La respuesta de Alexis a su amigo Pablo no se ha hecho esperar. Ayer dijo: “Europa cambiará si en otros países ganan partidos similares a Syriza”. Pues más claro agua y no hay más sordo que el que no quiere oír ni más tonto que quien no quiere entender. ¡Dios no quiera una Europa fruto de ese cambio! Sería el principio del fin del Euro. Ciertamente, cabe una esperanza, posible aunque remota. A saber. Que el Parlamento griego rechace el plan y que haya que convocar nuevas elecciones en las que salga un resultado que permita gobernar a la coalición Nueva Democracia y PASOK, que, por fin, estaban consiguiendo que Grecia hiciese, mal que bien, los deberes, antes de que Syriza hiciese retroceder a Grecia diez años. Es decir, que gane otra vez la llamada “casta” por los de la auténtica casta izquierdista que quieren llevar a Grecia y a Europa a la ruina. Esa es la mala noticia. Vamos a la buena.

La buena es la del acuerdo al que se ha llegado con Irán. Es una buena noticia no exenta de peligros. Será buena si efectivamente, se basa en una meticulosa inspección del cumplimiento de los pactos por Irán. Si no, habría que dar la razón a los republicanos americanos y a Netanyahu, Pero creo que se hará realidad esa meticulosa inspección, entre otras cosas porque el uranio enriquecido es fácil de detectar si se quiere producir en cantidades peligrosas. Si se hace así, creo que el levantamiento del bloqueo a Irán es una buena noticia por tres motivos. El primero, y tal vez el más importante, porque, llegado el caso, Irán es el único país que puede enviar tropas para frenar al IS. Interés no le falta, ya que el odio del IS a los chiítas es proverbial e Irán lo sabe. Llegado el caso, puede que esté luchando para defenderse de la muerte, lo que da mucha fuerza. En segundo lugar, porque Irán podría convertirse en el tercer país islámico en caminar hacia la democracia. Sabéis mi profunda desconfianza hacia el Islam, pero hay dos países que están en esa senda. El primero es Turquía, con una democracia casi centenaria. Imperfecta, es cierto, pero democracia. Esa democracia, en primer lugar, ha desterrado la Sharia como ley civil y, en segundo lugar, ha demostrado una notable madurez cerrando el paso a las pretensiones de Erdogan de instrumentalizar esa democracia. El otro país islámico que lucha por instaurar una democracia es Túnez. Que esto no les gusta nada al los radicales islamistas está claro por los atentados que está sufriendo este país. Que occidente debería apoyar con uñas y dientes a esta valiente y embrionaria democracia es algo evidente, aunque no parece que lo sea tanto para la miope política internacional de Europa.

¿Por qué digo que Irán puede convertirse en el tercer país islámico en ir por la vía de la democracia? Porque creo que es un país donde hay una sociedad civil y un gran número de personas muy bien formadas que quieren caminar por la vía de la moderación. Hay un movimiento de mujeres extraordinariamente bien formadas. Una de ellas, Sussan Thamasebi, líder del movimiento de liberación de la mujer en países donde está oprimida  afirma que en Irán, pese a las medidas conservadoras del actual presidente iraní, Hasan Rouhaní, hay datos tan irrefutables como el hecho de que el cien por cien de las mujeres iraníes menores de 35 años sepa leer y escribir, al igual que el 90% de las mayores de esa edad o que la mayoría de los estudiantes universitarios sean mujeres, a pesar de que eso luego no se refleje en el ámbito laboral. Dice: “Las mujeres en Irán son médicos, abogadas, ingenieras, taxistas, todo menos juezas y presidentas del país, lo que demuestra que la legislación va por detrás de la propia realidad”. Según Thamasebi, el aislamiento internacional de Irán afecta de manera negativa al movimiento pro-derechos humanos. “Esperamos que la economía mejore y que la clase media –dice– sea capaz de salir adelante, ya que eso creará más oportunidades para las mujeres. Pero es importante pedir no sólo que se abran las relaciones económicas con Irán, sino en todos los sectores educativos, culturales y sociales y de derechos humanos. Necesitamos que se lance el mensaje de que las mujeres y sus derechos son importantes, algo que sólo sería posible si el aislamiento terminase”. Me caben pocas dudas de que las mujeres son la mayoría oprimida del Islam y que de ellas vendrá un cambio que hoy por hoy es tan difícil de imaginar como la caída del muro de Berlín en los años 70.

Por otro lado, el sistema universitario iraní cuenta con instituciones educativas como el National Organization for Development of Exceptional Talents, donde se forma desde muy jóvenes a los mejores talentos y universidades como Sharif University of Technology que, según The World University Rankings publicado por Times Higher Education, ocupa el puesto 40 mundial en universidades con menos de 50 años de vida, por delante de la Autónoma de Madrid que está en el 46 o de la George Mason de USA en el puesto 59 o la de Quebec con el puesto 85 o la de Kent en el Reino Unido y la Politécnica de Valencia que ocupan ex aequo el puesto 97. Ambas instituciones fueron fundadas en la época del Sha Mohamed Reza Palhevi. Del Sha se pueden decir muchas cosas terribles, pero es innegable que dio un impulso para la modernización y occidentalización de Irán. ¿Hubiese sido un Mustafá Kemal Ataturk a la iraní si le hubiesen dado tiempo? Me caben pocas dudas de ello. En cualquier caso, su intento de modernización de Irán sigue latente en el país tras casi 40 años de su caída, a pesar del terrible rodillo islámico. No hay que hacer caso a las altisonantes declaraciones antiamericanas de Jameini. No es de él de quien puede venir el cambio, sino de esa sociedad civil que, a poco que se vea liberada, realizará ese cambio.

De las dos organizaciones académicas citadas más arriba ha salido Maryam Mirzakhani, que en 2014 ha sido galardonada  como la primera mujer en ganar la Medalla Fields, que es como el Nobel de matemáticas, y es actualmente profesora de matemáticas en Stanford University. Aunque tanto Maryam, como otros talentos, se han ido de Irán, muchos más se han quedado. Pero incluso desde fuera, estos talentos forman parte de la sociedad civil iraní. Y me parece muy probable que, si Irán puede abrirse más a occidente, un país con una sociedad civil que genera personas con esos talentos, evolucione muy positivamente. Si es así, cuando dentro de 10 a 20 años finalice el periodo de estrecha vigilancia, es probable que Irán sea otro país. Por supuesto, eso no pasará sin tensiones ni enormes dificultades, pero es la esperanza de que en estas condiciones Irán pueda ser el tercer país islámico que entre en la órbita de la democracia, es una esperanza fundada, aunque, naturalmente, puede verse defraudada.

El tercer motivo por el que creo que estamos ante una buena noticia, aunque tal vez sea el menos importante a largo plazo, es que Irán podrá aumentar su producción de crudo y, de esta manera, el precio del petróleo se mantendrá bajo.

Por estos tres motivos creo que estamos ante una buena noticia para la humanidad. Pero no echemos las campanas al vuelo. Habrá que ver si se materializa.

O, a lo mejor es que estoy tan harto de ser un poco pájaro de mal agüero que me he obligado a mí mismo a juzgar positivamente lo de Irán. A saber.



16 de julio de 2015

Frases 16-VII-2015

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

El mundo es el lugar donde acampan los “nómadas de Dios”, es decir, los hombres.


Antoine de Saint Exupéry, Ciudadela.

6 de julio de 2015

Grecia

Una de las compulsiones que tengo es la de poner por escrito las cosas que pienso. No consigo relajarme hasta que lo hago. Tengo la suerte de que cuando inicio ese proceso suelo tener en la cabeza con bastante claridad lo que quiero escribir y, sobre todo, la estructura lógica que quiero darle a lo que escriba. Por supuesto, esa estructura se modifica a medida que escribo pero tengo una idea bastante clara desde el principio. No es el caso con todo el asunto de Grecia, con el que se me agolpan en la cabeza ideas que están claras para mí, pero para las que no tengo un plano en la cabeza sobre cómo estructurarlas. Por eso me temo que este escrito pueda resultar un tanto farragoso. Si es así, espero que sepáis disculparme. Un buen sitio para empezar cuando uno no sabe por dónde hacerlo, es el principio, así que empiezo por ahí.

¿Cómo empezó todo?

Si no queremos remontarnos a la época de la Grecia clásica, que nos aportará pocas luces para el problema actual, podemos empezar por John Maynard Keynes. Keynes fue el primer economista (al menos el primero famoso) que abogó por que, en momentos de recesión económica, el Estado, para reactivar la economía, gastase más de lo que recaudaba, creando un déficit, para devolver las cosas a su situación natural, con superávits, en momentos de bonanza, de forma que la deuda no se acumulase indefinidamente. No soy keynesiano, ni siquiera en ésta su versión blanda, pero no es este el momento de explicar el por qué. Sin embargo, lo que me parece una locura –y creo que Keynes se volvería a morir de inmediato si levantase la cabeza y viese a lo que hoy se llama keynesianismo– es que, en nombre de Keynes se haya llegado a la situación en la que mucha gente piense que los Estados pueden gastar, de forma crónica e indefinida, más de lo que recaudan para, de esta manera dar a sus ciudadanos servicios insostenibles. Esto que digo no va en contra del estado del bienestar. Va en contra del estado del bienestar hecho a base de vivir por encima de las posibilidades. Me parece estupendo que, con ciertos límites, un Estado cuyos ciudadanos generen una riqueza suficiente, dé servicios de bienestar a sus ciudadanos mediante unos impuestos razonables, no desincentivadores, sobre esa generación de riqueza. Pero poner unos servicios insostenibles antes de la generación de riqueza, o intentar financiarlos con unos impuestos abusivos es un disparate económico. A ningún padre de familia en su sano juicio se le ocurriría que este disparate puede funcionar en su familia. Sería largo comentar por qué, cuando se trata del Estado, la gente se traga semejante disparate. Sin embargo, hasta hace unos años, este era un dogma de fe apoyado y utilizado especialmente por los gobiernos socialdemócratas. Y no creo que hayan abandonado ese dogma de fe salvo coyunturalmente.

Y el ciudadano, con una ceguera inducida por sus gobernantes, pero de la que no es del todo inocente, acepta este dogma de fe con una inmensa alegría. Más aún. La naturaleza humana nos induce a pensar que un privilegio que no nos hemos ganado pero del que llevamos disfrutando durante mucho tiempo, se ha transformado, por alguna alquimia misteriosa, en un derecho. Y la ciudadanía acusa a quien la intenta hacer ver que ese derecho no es tal, sino un privilegio insostenible en el tiempo, de insolidario, egoísta y antisocial. ¡Los perversos recortes! ¡La maldita austeridad! Y si los que han financiado ese privilegio con su dinero se plantan, ellos son los culpables de las consecuencias. Todo esto, me parece tan de Perogrullo que me da casi vergüenza ponerlo por escrito, pero parece que la gente –políticos, periodistas, ciudadanos, etc.– sobrevuela sobre esto sin entenderlo. O sin quererlo entender, que no hay más tonto que el que no está interesado en entender. Así que, con vergüenza por las obviedades, lo digo.

Esto es lo que ha pasado en Grecia (y en Portugal y en Irlanda) en los últimos años. Cuando estos países fueron incapaces de conseguir que nadie les prestase más dinero para mantener sus privilegios no ganados, se encontraron con la mano tendida del resto de países de la zona Euro que seguían prestándoles dinero. Es decir, les rescataban prestándoles un dinero que nadie más estaba dispuesto a prestarles. Ahora bien, lo hacían exigiendo unas medidas que hiciesen posible que, a largo plazo, la economía de esos países fuera capaz de crear suficiente riqueza para devolver lo que debían. La maldita austeridad y los pérfidos e insociales recortes. A veces, incluso, les perdonaban una parte de la deuda, condicionando este perdón a la buena voluntad expresada para hacer su economía viable. Es decir, se ponía solidaridad concreta y monetizada frente a promesas. Portugal e Irlanda, cuando fueron rescatadas, empezaron a llevar a su pueblo al realismo con grandes sufrimientos. Y parece que van saliendo del atolladero. España, antes incluso de que se le cerrasen los mercados y de tener que ser rescatada, se impuso sus propias restricciones para conseguir eso sin necesidad de que se lo impusiesen. No es el caso de Grecia. Los gobiernos anteriores de Grecia decidieron no hacer lo que había que hacer y, en cambio, engañar con los datos de su economía para que pareciese que sí lo hacían. No obstante, Europa le concedió un segundo rescate en el que, además, se le hacía una quita de la deuda y una reestructuración de la misma para darle un respiro. Parece que tras este segundo rescate el gobierno griego, empezó a hacer los deberes aunque tímidamente, lo que desató la indignación y las iras de sus ciudadanos que consideraban que Europa les humillaba. Y ahí estaba Syriza para capitalizar ese descontento.

Tengo ahora, antes de seguir, que hacer un circunloquio que espero no os despiste demasiado. El comunismo, tras ser derrotado en toda la línea en la lucha por intentar un sistema económico que trajese desarrollo al mundo, no ha renunciado a su ideología ni a su estrategia gramsciana de perspectiva histórica para traer al mundo ese utópico “paraíso” con el que sueña. Nunca le ha frenado en sus intentos la compasión por la miseria de los pueblos si a través de esa miseria se acercaba ese “paraíso”. No creo que sea necesario recordar hechos recientes muy recientes. Ahora tampoco eso le importa lo más mínimo. Es más, derrotado su sistema sólo le queda una posibilidad para lograr sus objetivos: Lograr la ruina de la economía de libre mercado. Sabe que eso no es fácil y que su presa es poderosa. Y sabe que la única estrategia que, tal vez, pueda tener éxito es fomentar todo tipo de reivindicaciones que puedan paralizar la maquinaria enemiga o crear situaciones conflictivas, y esperar agazapado a que esas oportunidades le den la ocasión para saltar sobre su presa. Y ahora, en estos momentos, olfatea que esa oportunidad está llegando.

A Syriza le importa tres caracoles el bienestar del pueblo griego. Sabe que ese pueblo es un peón que hay que saber mover bien para ganar la partida, pero que puede ser sacrificado llegado el caso. Si Grecia tuviese el tamaño de España, caben pocas dudas de que, sabiendo que su salida rompería el euro, lo haría. Desde el domingo, y en los meses pasados, he oído muchos análisis sobre los efectos que podrían tener las distintas posturas griegas para el éxito negociador de Syriza. Pero todas parten de un punto de partida falso, a saber: Que para Syriza el éxito sería que Grecia se quedase en el Euro con un plan de rescate duro pero viable. Eso es lo último que quiere Syriza. Su objetivo es romper el Euro como un paso de su estrategia histórica para hundir el sistema. Pero con un PIB de tan solo un 18% del de España y menos de un 2% del de la zona Euro, sabe que su salida no sería más que un molesto resfriado para el Euro. Y lo que la izquierda radical quiere es un cáncer con metástasis. Por eso seguirá intentando quedarse para, desde dentro, crear el mayor conflicto posible en todos los frentes. Y desde esta posición jugará sus cartas para poner al resto de los miembros del Euro en un difícil disyuntiva. Si Europa se cierra en banda y Grecia se encamina hacia la miseria, Syriza criminalizará a sus compañeros de viaje, responsabilizándoles de la miseria del pueblo griego y creando un caldo de cultivo anti Euro de consecuencias muy negativas. El pueblo griego pierde pero Syriza gana. Sin embargo, veo pocas probabilidades de que el resto de Europa, aunque esté cargada de razón se atreva a soportar ese sambenito. Creo, por tanto, que Europa cederá. Y, lo que es peor, creo que cederá con un plan del que sabrá perfectamente que Syriza no tiene la más mínima intención de cumplir. Si algo ha dejado claro el referéndum es eso. El pueblo griego, manipulado por Syiriza, no está dispuesto a llevar a cabo ningún plan que suponga un sacrificio para trazar un camino de regeneración de la economía griega. Ayer leí en el diario El Mundo un titular que decía: “Sí, el calvario; no, la tragedia”. El calvario de un plan realista de ajuste, seguido con lealtad, podría llevar a esa regeneración. Sin embargo, el pueblo griego, tal vez fiel a sus orígenes, ha elegido la tragedia sin salida. Pero la otra pinza que atenaza a Europa es que aceptar un plan con trampa tendría un riesgo moral terrible. Porque entonces, Irlanda, Portugal y España se sentirían estafados por haber tenido que hacer el enorme esfuerzo que han hecho y tienen que seguir haciendo en su calvario, e Italia pensaría que ella no iba a ser tan tonta como estos países si un día le llegaba el turno. ¡Tanto esfuerzo para que el que peor voluntad presente sea el que salga mejor parado! Y, por supuesto, estos tres países elegirían en las próximas elecciones a partidos que se pasasen la austeridad por el arco del triunfo, con lo que se pondrían en la antesala de salida del Euro, que es lo que pretenden Syriza y Podemos. Quien crea que exagero, que eche un vistazo al siguiente video de un minuto.


Por supuesto, si Grecia saliese del Euro, dejaría de pagar irremisiblemente toda su deuda, que supone casi el 180% de su PIB, es decir, suma un total aproximado de 320.000 Millones. Sin embargo, dada la prácticamente nula disposición de Grecia para hacer los drásticos recortes que tendría que hacer, es casi seguro que ese dinero está ya perdido y hay una máxima que dice que uno no debe poner dinero bueno sobre dinero malo.

Hay muchos otros caminos por los que Syriza puede hacer daño al Euro y también los está recorriendo. Ya está coqueteando con Rusia y con Irán para obligar a los EEUU a presionar a Europa. Naturalmente, EEUU lo está haciendo porque no le gustaría ver sus bases griegas en el Mediterráneo Oriental en esas manos. Podríamos pensar entonces que fuese EEUU el que financiase a Grecia. Pero Europa tiene muy cerca el frente de Ucrania/Rusia y no le gustaría nada ver a un país como Rusia, que no entiende otro lenguaje que la fuerza, instalado en sus puertas. Y mantenerle para mantener a Rusia lejos de Grecia si Grecia se va le llevaría tener que hacer unos gastos monumentales en defensa que ni sus economías ni sus opiniones públicas le permitirían. Para eso está EEUU. Pero claro, al echar sobre sus hombros la carga de policía del mundo, EEUU pasa factura. Todas las bazas que está jugando Syriza son las contrarias a las que debería seguir un leal aliado que ha vivido los últimos años del dinero que le venía del resto de Europa. No cabe duda de que Tsipras y Varufakis no tendrían precio en el mundo del chantaje. ¿Cambiará algo la llegada de Tsakalotos en sustitución de Varufakis? Quien crea que este cambio significa algo más que un simple maquillaje, creo que está en la luna de Valencia. O a lo mejor el hecho de que Tsakalotos se llame Euclides de nombre es algo significativo. ¿Quién sabe?

Oigo a gente decir que, por lo menos, el “no” del referéndum vendrá bien para que en España, cuando veamos sus consecuencias, escarmentemos en cabeza ajena. No estoy tan convencido de ello. El victimismo inoculado en el pensamiento de mucha gente ha trastocado los conceptos de dignidad y heroísmo. A la dignidad del pueblo español, portugués o irlandés que hace lo que tiene que hacer, por doloroso que sea, para volver a vivir a la altura de sus posibilidades y ser sostenible, se la confunde con sumisión. Y a la postura irresponsable e insensata del pueblo griego, eligiendo y sosteniendo a un partido que lo único que persigue es llevarle a la ruina como estrategia, se le llama heroísmo. “Los pobres griegos, víctimas de la perfidia de Europa, se resisten heroicamente contra la colonización para mantener su dignidad” oigo decir a Pablo Iglesias (ya lo dice Maduro). Esta manera tan errónea de ver la realidad está, sin embargo, imbuida en la mente de la inmensa mayoría de los que han votado a Podemos en España y de mucha gente buenista, como lo está en los que votaron a Syriza y en los que han votado “no” en el referéndum del domingo. Me temo que ante las imágenes del pueblo griego pasando penurias sin cuento por su culpa y la de sus dirigentes, se va a despertar en muchas personas un sentimiento de errónea solidaridad que les va a llevar a lo que considerarán el heroísmo de inmolarse con ellos.


¿Estoy paranoico? Creo que de ninguna manera. Simplemente veo las cosas poniéndome en los mismos zapatos que la izquierda radical a la que conozco y por la que no me dejo engañar. Como he dicho en otros escritos, he sido cocinero antes que fraile y a mí no es fácil que me la den con queso. No creo, sin embargo, que la izquierda populista acabe por triunfar porque, afortunadamente, el sistema capitalista es mucho más robusto de lo que ellos puedan pensar. Pero de lo que me caben pocas dudas es de que van a hacer retroceder las economías  de los países que se dejen engañar y, en algunos de ellos, puede que se sobrepase el punto de no retorno y se encuentren encaminados hacia la venezuelización. Esperemos que España no sea uno de esos países, a pesar de que en la estrategia gramsciana estamos los siguientes en la lista.

5 de julio de 2015

Sobre la encíclica "Laudato si" del Papa Francisco

He leído con inmenso interés y expectación la primera encíclica del Papa Francisco sobre el problema ecológico. Me ha parecido un texto denso, profundo y complejo. No es una encíclica sobre el cambio climático, como he oído decir. Aborda el problema ecológico desde una amplísima variedad de vertientes, de las que el cambio climático es tan sólo una de ellas, si bien la más relevante. He leído que de que detrás de esta rica variedad de problemas ecológicos está el asesoramiento de la Pontificia Academia de las Ciencias. Además, entrevera el problema ecológico con el de la pobreza. Hay en la encíclica cosas que me parecen maravillosamente luminosas y certeras. Todos sabéis mi inmenso respeto y cariño por este Papa del que difundo todo lo que puedo sus homilías y discursos. Me tienen fascinado su visión del catolicismo como vuelta al amor primero de Dios, a su misericordia, a su amorosa paternidad que pide de los cristianos que seamos dispensadores de ese amor y esa gracia, llevándola hasta las periferias en vez de ser  aduaneros de los mismos. Por eso me duele mucho lo que voy a decir ahora: Me parece que, al lado de las partes luminosas de la encíclica, hay en ella una profunda incomprensión y desenfoque del núcleo del problema. Empezaré por resaltar las cosas positivas.

Estoy absolutamente de acuerdo con el Papa en que el problema ecológico, en sus múltiples y diversas facetas, es uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad. De resolverlo o no depende, muy probablemente, nuestra supervivencia. Coincido al 100% con él en que no se puede adoptar una actitud de irresponsable negación del problema. Es cierto –y esto no lo comenta el Papa– que hay una enorme carga ideológica en el tema ecologista. La izquierda radical ha tomado la bandera de la honesta preocupación por el medio ambiente como una bandera –no la única– para crear un sustituto de la obsoleta lucha de clases en su intento de fomentar el enfrentamiento y la consecuente parálisis económica del mundo desarrollado. Otras banderas similares, que explotan preocupaciones honestas para convertirlas en lucha, pueden ser el feminismo radical, el lobby LGTB, los movimientos antiglobalización, etc. Pero estas banderas no vienen al caso, de forma que me centro en la ecología. Esa instrumentalización de la ecología por la izquierda radical no puede justificar, de ninguna manera, una ideologización en sentido contrario que a veces arraiga en los estamentos más conservadores. Ciertamente, determinados aspectos como el calentamiento global no están científicamente probados[1] y pueden resultar, al cabo del tiempo, alarmistas. Pero es muy posible que sea cierto, aunque no esté científicamente probado. Creo, por tanto que, ante el terrible riesgo catastrófico que se produciría si fuese cierto, la única postura racional es actuar, dentro de los límites de la sensatez, como si lo fuera. Sí señala el Papa, en algunos pasajes y con gran acierto, la incoherencia de estos movimientos de ecologismo radical ideologizado cuando frente a su preocupación conservacionista de la diversidad de especies, apoyan el aborto o la anticoncepción.

También estoy de acuerdo con él en que en los últimos siglos, el intento de la filosofía de hacer del hombre un ser independiente de toda realidad superior a él, convirtiéndolo en el único artífice de la verdad o la moral, ha causado y está causando estragos éticos en su comportamiento. La modernidad nos ha llevado a un laberinto subjetivista y relativista que, aunque a veces tenga un efecto secundario que pueda hacer al ser humano más tolerante en algunas cosas –lo que es bueno–, al despreciar la verdad objetiva, se convierte en una tolerancia buenista, basada más bien en la indiferencia que en el amor, lo que produce a menudo unos efectos deletéreos que ya son manifiestos en muchas cosas y que, a buen seguro lo serán más a largo plazo.

No puedo estar más de acuerdo con el Papa cuando dice que los habitantes del mundo rico, empezando por mí, debemos ser muchísimo más cuidadosos y austeros en el uso de energía y recursos naturales. El comportamiento de derroche en estas cuestiones es altamente insolidario.

Me parece magnífico el título de la encíclica, que es el principio del bellísimo canto a las criaturas de san Francisco de Asís y que no me resisto a transcribir íntegro aquí:

Altísimo, Omnipotente, buen Señor:
Tuyas son las alabanzas, la gloria, el honor
y toda bendición.
Sólo a ti, Altísimo, convienen
y ningún hombre es digno de pronunciar tu nombre.

Alabado seas, Señor mío, con todas tus criaturas,
especialmente el hermano sol.
Él hace el día y nos alumbra
y es bello y radiante y con gran esplendor.
De ti, Altísimo,
es un signo claro.

Alabado seas, Señor mío,
por la hermana luna y las estrellas.
En el cielo las has formado claras, preciosas y bellas.

Alabado seas, Señor mío, por el hermano viento
y por el aire, el nublado y el sereno
y de todo tiempo,
por el que sustentas a tus criaturas.

Alabado seas, Señor mío,
por la hermana agua, que es muy útil
y humilde, preciosa y casta.

Alabado seas, Señor mío, por el hermano fuego
por el que alumbras la noche y es bello y alegre, robusto y fuerte.

Alabado seas, Señor mío, por nuestra hermana, la madre tierra
que nos sustenta y gobierna
y produce frutos diversos con coloridas flores y hierba.

Alabado seas, mi Señor, por quienes perdonan por tu amor
y soportan enfermedad y tribulación.
Bienaventurados los que las soportan en paz, porque Tú, Altísimo...  los coronarás.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana, la muerte corporal
de la que ningún hombre viviente puede escapar.
¡Ay de aquéllos que mueran en pecado!

Bienaventurados aquéllos que aciertan en cumplir tu santísima voluntad,
porque la muerte segunda no les hará mal.

Alabad y bendecid a mi Señor;
dadle gracias y servidle con gran humildad.

También me admira la “oración cristiana por la creación” con la que acaba la encíclica y que creo que es del mismo Papa, porque no viene con ninguna referencia a ningún otro autor y que dice:

Te alabamos, Padre, con todas tus criaturas,
que salieron de tu mano poderosa.
Son tuyas,
y están llenas de tu presencia y de tu ternura.
Alabado seas.

Hijo de Dios, Jesús,
por ti fueron creadas todas las cosas.
Te formaste en el seno materno de María,
te hiciste parte de esta tierra,
y miraste este mundo con ojos humanos.
Hoy estás vivo en cada criatura
con tu gloria de resucitado.
Alabado seas.

Espíritu Santo, que con tu luz
orientas este mundo hacia el amor del Padre
y acompañas el gemido de la creación,
tú vives también en nuestros corazones
para impulsarnos al bien.
Alabado seas.

Señor Uno y Trino,
comunidad preciosa de amor infinito,
enséñanos a contemplarte
en la belleza del universo,
donde todo nos habla de ti.
Despierta nuestra alabanza y nuestra gratitud
por cada ser que has creado.
Danos la gracia de sentirnos íntimamente unidos
con todo lo que existe.

Dios de amor,
muéstranos nuestro lugar en este mundo
como instrumentos de tu cariño
por todos los seres de esta tierra,
porque ninguno de ellos está olvidado ante ti.
Ilumina a los dueños del poder y del dinero
para que se guarden del pecado de la indiferencia,
amen el bien común, promuevan a los débiles,
y cuiden este mundo que habitamos.
Los pobres y la tierra están clamando:
Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz,
para proteger toda vida,
para preparar un futuro mejor,
para que venga tu Reino
de justicia, de paz, de amor y de hermosura.

Alabado seas.

Amén.
Y entre el título de san Francisco y la oración final del Papa Francisco, está todo el capítulo 2, que lleva por título “El Evangelio de la creación”. En él, el Papa quiere salir al paso de una interpretación simplista del pasaje del Génesis en el que se dice: “llenad la tierra y sometedla...”. Esa interpretación simplista ha dado pie a que desde la óptica no cristiana o, más bien, anticristiana, se acuse al cristianismo de despreocupación por la naturaleza y de otorgar al ser humano una patente de corso para saquearla. El Papa hace un espléndido recorrido por todas las Escrituras para hacer ver con claridad que los cristianos debemos, por imperativos de la esencia de nuestra religión, ser cuidadores llenos de amor de ese regalo de Dios al hombre que es la Creación. Echo en falta, sin embargo, alguna referencia a los Padres de la Iglesia, como san Ireneo, que son un verdadero canto a ese respeto admirativo y respetuoso que los cristianos debemos a la Creación.

Pero, llegados a este punto, y con gran dolor, debo tratar de justificar la frase que dije al principio de que “hay en ella (en la encíclica) una profunda incomprensión y desenfoque del núcleo del problema”.

Vivimos en un mundo de más de 7.000 millones de habitantes. En el año 1.500 el número de habitantes de la Tierra no superaba los 500 millones y antes de la revolución industrial esta cifra era de unos 1.000 millones. Y todo hace prever que al final de este siglo podría haber en el mundo unos 11.000 millones de habitantes. Ante esto, prácticamente todos los ecologistas claman por la implantación activa de métodos más o menos coercitivos para la contracepción. Métodos en los que no se descarta –más bien al contrario, se recomienda– el aborto. Por supuesto la Iglesia, aunque aboga por la paternidad responsable –el mismo Papa, recientemente fue duramente criticado por decir que las mujeres cristianas no estaban obligadas a parir hijos como conejas–, no puede admitir éticamente estas políticas de anticoncepción. Y, sin embargo, el problema ecológico tiene como raíz el crecimiento demográfico. En un mundo pobre y con 1.000 millones de habitantes, no habría ningún problema ecológico. Pero este crecimiento demográfico, que crea problemas ecológicos, es una cosa buena, puesto que la vida lo es, a pesar de los problemas que pueda crear. Es el cumplimiento del “creced y multiplicaos” que es la frase del Génesis inmediatamente interior a la anteriormente citada.

Este crecimiento demográfico, con el añadido de la superación, en algunas partes del mundo, de la vida en el límite de la subsistencia, es decir de la generación de bienestar, ha sido causado por el desarrollo económico, que también es algo bueno, aunque cree problemas. Otro de los problemas que entristecen al Papa –y a mí– es el hecho de que hay inmensas masas de gente que vive en la pobreza. Pero la historia reciente prueba fehacientemente, con datos incontestables, que estamos en un proceso en que la pobreza absoluta disminuye en el mundo entero. Y el freno más drástico a este retroceso de la pobreza extrema es el hecho de que muchos de los países más pobres están dirigidos por una pequeñísima minoría, terriblemente corrupta, que viola sistemáticamente la seguridad jurídica necesaria para que las empresas inviertan en esos países. Allí donde se ha producido esa inversión de capital extranjero, se ha producido una drástica disminución de la pobreza. La España de los años 50’s y 60’s, el Japón de la posguerra o la Corea del Sur de los 60’s, son evidencias históricas de esto[2]. Pero, si la pobreza sigue disminuyendo, cosa harto deseable, esto dará lugar a un mayor consumo de recursos naturales por parte de las personas que salen de ella. Parecería entonces que la humanidad se hallase en un callejón sin salida. O deja de crecer demográficamente y sigue sometida a la pobreza, o está abocada al agravamiento del problema ecológico hasta niveles que harían inviable la vida de la humanidad sobre la Tierra.

Sin embargo este callejón sin salida tiene una solución, y creo que sólo una: la tecnología. Y la fuente de los avances tecnológicos así como el desarrollo de la economía que haga retroceder la pobreza sólo se ha producido en la historia de forma sostenible en el sistema de libre mercado o, por qué no decirlo, en el sistema capitalista. Sin embargo, todo a lo largo y ancho de la encíclica, de una manera ubicua y diseminada aquí y allá, afloran frases que denotan una profunda desconfianza, cuando no condena, a las dos cosas –economía de mercado y tecnología– al tiempo que se recurre en ciertos pasajes al Estado como garante de un proceso adecuado, algo que nunca ha sido el Estado. Más bien el Estado ha sido culpable, a lo largo de la historia de condenar a la miseria y al sometimiento a buena parte de la humanidad en unos casos, o a acumular desequilibrios económicos en otros, hasta que estos desequilibrios estallan. El bloque comunista es un ejemplo de lo primero y Grecia de lo segundo. Al leer la encíclica empecé a apuntar los párrafos en los que esta desconfianza o condena a la tecnología o al libre mercado se expresaba más o menos veladamente. Antes de llegar a la mitad abandoné el intento, porque casi en cada punto tenía que apuntar algo. Transcribo sólo una frase que copié: Esto ocurre especialmente con algunos ejes que atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: […], la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología…”. Ciertamente, el dominio de la naturaleza a través de la tecnología puede hacer que el hombre se sienta un dios. Esa fue la primera tentación de la humanidad, aún antes de existir la tecnología. Y esa es la conclusión a la que lleva la filosofía posmoderna. Por tanto, la culpa no es de la tecnología, sino del hombre. Ésta, como las empresas que la desarrollan, son un fruto de la inteligencia humana y ésta última es un don de Dios que, utilizado correctamente, le da gloria.

En cambio no he leído en toda la encíclica una sola línea de condena a los tiranos de los países pobres que los paralizan con su corrupción y que, bajo el disfraz del populismo, destruyen demagógicamente la seguridad jurídica que permitiría la inversión de las empresas de los países ricos y la subsiguiente creación de riqueza.

Cuando el Papa habla de fuentes alternativas de energía no parece darse cuenta de que son precisamente las empresas de la economía de mercado las que crean la tecnología que puede permitir salir del atolladero. Los paneles fotovoltaicos o los aerogeneradores, que hace años sólo eran capaces de generar energía prohibitivamente cara, incluso para los ecologistas[3], gracias a los avances tecnológicos de empresas privadas están acercándose a ser competitivos. Pero, además, una empresa privada, Locked Martin, ha anunciado que en 10 años estará en condiciones de suministrar energía de fusión en pequeñas centrales móviles del tamaño de un camión a un coste razonable. Poco me importa que sean 15 o 20 años en lugar de 10 o que la central tenga el tamaño de un hangar en vez del de un camión. Cuando esto ocurra, se acabará el problema de los gases de invernadero. Pero antes de eso, la tecnología permitirá pronto que todos los coches sean eléctricos o que todos los hogares sean autosuficientes mediante energía fotovoltaica barata. Tesla, la misma empresa que fabrica un magnífico coche eléctrico, ha desarrollado paneles fotovoltaicos y baterías recargables de gran capacidad, enormemente eficientes y fáciles de adaptar a cualquier casa, de forma que se resuelva el grave problema de la energía eléctrica: su incapacidad para ser almacenada. Es casi seguro que estos avances tecnológicos acabarán definitivamente con la dependencia del petróleo en unos años. “La edad de piedra no se acabó y por falta de piedras, y la edad del petróleo no terminará por falta de petróleo”. Son palabras del jeque Ahmed Yamani, antiguo ministro del petróleo de Arabia Saudí que sabe de lo que habla. Y esto ocurrirá hagan lo que hagan las empresas petroleras y hagan lo que hagan Estados como Arabia Saudí, Venezuela, Brasil o México, por ejemplo, que han demostrado la total dependencia de su economía de la producción de petróleo. La economía de mercado hará que pase, no por el impulso de ningún Estado, que más bien serán un freno para ese proceso, sino por su propia dinámica. Otras empresas investigan, en conjunto con universidades, sistemas de secuestro del CO2 del aire con sistemas que simulan la función clorofílica de las plantas con una eficiencia 100 veces mayor. Podría seguir así durante páginas pero no quiero alargarme[4]. Y todas estas esperanzadoras innovaciones tecnológicas se producen, y se han producido siempre, desde los griegos y romanos, de la mano del libre mercado. Y tras la revolución industrial, de la mano de empresas capitalistas.

Sin embargo, de ninguna de estas cosas hay una sola línea en la “laudatio si”. Cuando aparece una alusión positiva hacia la innovación tecnológica, casi siempre viene seguida de un párrafo que la pone en cuarentena, bajo sospecha. Y es una pena,  porque es la única luz de esperanza humana al callejón sin salida antes planteado. Creo que el Papa debería haberse asesorado para esto por un panel de expertos en las tecnologías de vanguardia formado a tal efecto. No estaría de más que hubiese tenido una charla con Bill Gates, Tim Cook o Elon Musk, por citar algunos, o con los investigadores de Universidades –casi todas americanas, que es donde la Universidad colabora con la empresa– en las que se están llevando a cabo desarrollos tecnológicos pioneros. En cambio, por todas partes hay invectivas, más o menos explícitas, contra el libre mercado, las empresas y la tecnología. Si tuviese que decir quién está entre los asesores que el Papa haya podido tener para esta encíclica diría que ecologistas ideologizados. Me temo que ni un solo católico con una visión positiva de la economía de mercado y de la tecnología ha tenido la oportunidad de decir nada al Pontífice o, si la ha tenido, sus puntos de vista han caído en saco roto.

Por eso digo que creo que el Papa no acierta con el núcleo del problema. Y eso es lo que lleva a la mayoría de las críticas. Por un lado, consigue el aplauso de muchos movimientos ecologistas radicales y estoy seguro de que Pablo Iglesias suscribiría con entusiasmo muchas cosas de esta encíclica. Pero luego es rechazada por esos mismos círculos porque condena la anticoncepción y el aborto. Por otro lado, se enajena al mundo económico-empresarial que, sabiendo dónde está la única posible solución, se ve ignorado o, peor aún, vilipendiado. Grave perjuicio éste para el cristianismo. Por supuesto, es aplaudida incondicionalmente por círculos católicos con una mentalidad imbuida subliminalmente por el marxismo, lo que podría llamarse la teología de la liberación subconsciente. Y, en medio, estamos los católicos, entre los que me cuento, que vemos con una inmensa alegría el pontificado de Francisco haciendo énfasis en la misericordia y el amor de Dios, que compartimos con él la tristeza por el espectáculo de la pobreza en el mundo, pero que vemos cómo en esta encíclica, mientras por una parte ilumina al mundo con esa visión del cristianismo, le hace, por otra parte, avanzar por el callejón sin salida al que me he referido anteriormente y para el que no hay ninguna solución en esta encíclica. Cuánto me hubiese gustado leer algunas líneas en las que el Papa exhortara a los católicos a ser impulsores de avances tecnológicos y de empresas que los desarrollasen para, a través de ellas, luchar por el desarrollo y contra el deterioro ecológico. Pero no he encontrado nada de eso.

¡Qué dolor me produce tener que decir esto!




[1] Hay una inmensa cantidad de fenómenos que, sin estar científicamente probados, se pueden considerar como absolutamente ciertos. La teoría de la evolución es uno de ellos. Pero en el caso del calentamiento global se han detectado casos de manipulación de datos por parte de científicos que querían de esta manera dar mayor soporte a sus teorías y, por otro lado, se vislumbra, sin estar tampoco científicamente probado, que la Tierra puede poseer poderosísimos mecanismos de retroalimentación climática que podrían compensar con creces los efectos antropogénicos. No obstante, como digo en el texto principal, la única postura racional es actuar como si fuese cierto.
[2] Los principios del capitalismo en Europa fueron especialmente terribles, lo que ha dado pie al apellido de capitalismo salvaje. Pero lo que no se dice es que la gente iba a las ciudades a trabajar en las fábricas porque en el campo se morían de hambre en números escalofriantes. Es decir, se diga lo que se diga, su situación mejoró. El hecho de que esta triste fase del inicio del capitalismo europeo durase tanto tiempo se debió a que el proceso de acumulación de capital se hizo única y exclusivamente a base del ahorro interno, puesto que no había otro lugar de donde fluyera la inversión. La industrialización de los Estados Unidos fue muchísimo más rápida gracias a la inversión que provenía de Inglaterra. En los países citados anteriormente en el texto principal, el cambio se produjo en poco más de una década, porque el capital venía de fuera y no únicamente del ahorro interno. No hay nada que impida que este proceso se repita en otros países que ofrezcan seguridad jurídica. De hecho, ya está pasando en países como Chile, Perú y Colombia, por citar algunos.
[3] Los ecologistas abominan de la energía nuclear y claman por las energías verdes alternativas. Pero si mañana se produjese energía únicamente por esos medios y ésta fuese un 40 o 50% más caras, seguro que encabezarían violentas manifestaciones contra la carestía de la energía.
[4] No puedo, sin embargo, citar sin explicarlas, aunque sea sólo a pie de página, algunas innovaciones tecnológicas más. Las tecnologías de la información harán superfluo el papel. La agricultura vertical, y los cultivos hidropónicos, harán prácticamente ilimitada la superficie cultivable del mundo y disminuirá enormemente la necesidad de agua para regadío, fuente principal ce consumo de este recurso escaso. La agricultura sin roturación que, además de ser útil para pequeñas explotaciones, aumenta la productividad por hectárea, necesita mucha menos agua y semillas, conserva la calidad del suelo y reduce sustancialmente la generación de metano, gas invernadero inmensamente más potente que el CO2. Estas innovaciones acabarán con la deforestación. La acuicultura está en estos momentos en un estado similar al de la ganadería hace 10.000 años. La tecnología de acuicultura multitrófica integrada (AMTI) experimentalmente en marcha en varios países, será dentro de poco una revolución alimentaria sin precedentes que además de suministrar ingentes cantidades de alimentos a la humanidad reducirá drásticamente la pesca que arrasa el fondo de los mares. El reciclaje de las aguas negras hasta hacerlas nuevamente salubres y potables, permitirá un aporte indefinido de agua para el consumo doméstico. Etc., etc., etc. Y ninguna de estas cosas es ciencia ficción. Son proyectos que ya están en desarrollo gracias al “horrible” capitalismo. Estas sí son soluciones.

1 de julio de 2015

Frases 1-VII-2015

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

Le pregunta, en una carta, Pedro Jiménez Ilundain a Unamuno:
“¿Por qué la miserable partícula que es el hombre puede creer, en su orgullo insensato, que le está reservado un ‘más allá’?”

Responde Unamuno:

“No veo orgullo, ni sano ni insano. Yo no digo que merecemos un más allá, ni que la lógica nos lo muestre; digo que lo necesito, merézcalo o no. Digo que lo que pasa no me satisface, que tengo sed de eternidad, y que sin ella me es todo igual. Yo necesito eso, ¡lo ne-ce-si-to! Y sin ello ni hay alegría de vivir ni la alegría de vivir quiere decir nada. Es muy cómodo decir; ‘¡Hay que vivir, hay que contentarse con la vida!’ ¿Y los que no nos contentamos con ella?”.

28 de junio de 2015

Otra respuesta a musulmanes moderados

Digo que es otra respuesta porque el 9 de Marzo del 2015, en la entrada con título “¿Es reformable el Islam?” ya publiqué una respuesta a cuatro musulmanes moderados que escribieron un artículo en “El País”. Ahora leo otro, aparecido en “El Mundo” el sábado 27 de Junio, a raíz de los horribles atentados del viernes anterior, firmado por Haizim Amirah Fernández, que es investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe en el Real Instituto Elcano. Ignoro si el firmante es o no musulmán. Transcribo su artículo, que lleva el título de “¿Nos estamos enterando?”

Ayer fue un viernes negro asociado a la bandera negra de Daesh (la organización autoproclamada Estado Islámico). Hubo un ataque –con decapitación incluida– en Francia, una matanza en una mezquita chií de Kuwait, asaltos a dos hoteles en Túnez y las habituales salvajadas contra civiles en lo que queda de Siria, Irak, Yemen, Libia y Somalia.

Como resultado, decenas de muertos inocentes en tres continentes. Personas con orígenes muy distintos, pero con un rasgo común: quienes los asesinaron ya los habían deshumanizado siguiendo una interpretación extremista, intolerante y sectaria del islam. A los matones de ayer les dio igual que muchas víctimas fueran musulmanas e inocentes. Sus ideólogos de cabecera les repiten a través de pantallas y sermones que su obligación es eliminar a los infieles. Esos ideólogos difunden su doctrina macabra con impunidad y muchos cuentan con generosos recursos puestos a su disposición (dinero, espacios físicos y virtuales, cadenas de TV vía satélite, etc.).

Que nadie se lleve a engaños: el epicentro ideológico de quienes decapitan en Francia, bombardean una mezquita chií en Kuwait y matan turistas en Túnez está en la Península Arábiga. Aquellos que llevan décadas amparando y financiando una versión ultrapuritana, intolerante y misógina del islam han creado monstruos. A esos monstruos se les permite crecer y expandirse hasta que acaban fuera de control. Se tornan incluso en una amenaza para quienes los criaron. Por el camino sólo dejan destrucción, odio y polarización.

La victoria de los extremistas consiste en crear un mundo más caótico y menos seguro. Para ello necesitan realizar acciones con un alto impacto emocional, que provoquen gran repulsa moral y que tengan amplia difusión en los medios y redes sociales. El desconocimiento, las fobias y las reacciones viscerales se encargan de ahondar en la polarización y sembrar más odio. Éste es el terreno en el que los extremistas ven avanzar sus proyectos. Y no les está yendo mal.

Las sociedades libres deben entender que la amenaza a su seguridad no es “el islam”, sino una versión muy concreta de esa religión –proselitista y adinerada– con raíces en el Golfo y tolerada por Occidente. Mientras no se tenga conciencia se seguirá confundiendo islam con wahabismo, la incomprensión y las suspicacias aumentarán y los radicales se verán reforzados.

Tres breves observaciones en relación con el viernes negro: la primera es que muchos analistas llevamos cuatro años advirtiendo de que las bestialidades cometidas en Siria por el régimen de Asad y más tarde por Daesh y otros extremistas, no se iban a quedar limitadas a Siria. Las consecuencias cada vez llegan más lejos. ¿Cuánto tiempo más hará falta para asimilar que Siria se ha convertido en un cáncer y actuar en consecuencia?

La segunda está relacionada con Túnez, la única democracia que existe hoy entre los 22 países de la Liga Árabe. Quienes quieren hacer fracasar el experimento tunecino para que no sirva de precedente están golpeando donde más duele: hundiendo el turismo que es una fuente clave de ingresos y de empleos para el país. ¿Va a permitir la UE que se salgan con la suya en el vecindario? Y la tercera es sobre el tratamiento mediático en Occidente de las atrocidades de Daesh. La repetida difusión de imágenes de decapitaciones está teniendo un efecto imitación. En Arabia saudí llevan décadas decapitando en sitios públicos, pero los medios occidentales no lo mostraron y nadie lo imitó. ¿Habrá llegado el momento de dejar de hacerle publicidad a estos profesionales del sadismo?

Empiezo por aplaudir la condena por parte de un musulmán moderado de los incalificables actos terroristas del viernes pasado. También quiero mostrar mi acuerdo con él en que Occidente tiene mucha culpa en lo que está pasando por transigir con un régimen como el Saudí que, basado en la interpretación wahabista del Corán, apoya y financia los movimientos radicales. Pero a partir de ahí discrepo en casi todo. Es cierto que hay muchos musulmanes y escuelas coránicas que hacen una interpretación no violenta del islam. Pero eso no quiere decir que el islam, como religión sea una religión pacífica. Ni la doctrina escrita en su supuesto libro eterno, ni la conducta del profeta avalan esa pretensión.

Ciertamente, en toda religión hay fanáticos y violentos que en nombre de la misma pueden cometer atrocidades. Los ha habido entre los cristianos, entre los judíos y también entre los musulmanes. Pero el hecho de que los haya no descalifica a una religión. Es algo desgraciadamente inevitable, dada la naturaleza humana en su peor versión. Aunque la discusión no debe centrarse en argumentos cuantitativos, tampoco estos son despreciables. No existe la más mínima duda de que en términos cualitativos, los fanáticos islamistas ganan por goleada a los de cualquier otra religión a lo largo de la historia. Pero, como acabo de decir, ese argumento, sin ser despreciable, tiene escasa relevancia. Para ver la capacidad de producir fanáticos violentos de una religión hay que remontarse a las enseñanzas de su fundador, tanto en su palabra escrita como en el testimonio de su vida. Dejaré fuera de la polémica al judaísmo.

Aunque no se trata de comparar qué religión es más o menos sana, lo que resulta indudable es que el cristianismo, a la luz de las enseñanzas y modo de vida de su fundador, está “condenada” a mejorar y a aislar a los fanáticos. Ningún fanático cristiano, sea cual sea su grado de violencia, puede mantener que los orígenes fundacionales del cristianismo le autorizan a usar la violencia. No hay una sola línea en el Nuevo Testamento ni en la vida de Jesús que pueda justificarle. Y aunque el cristianismo hunde sus raíces en el Antiguo Testamento, en el que sí hay textos extremadamente violentos, las primeras palabras de Jesús al empezar su vida pública, en el sermón de la montaña, son para desmarcar su doctrina de lo que de violento haya en ese Antiguo Testamento: “Habéis oído decir… (y normalmente los puntos suspensivos incluían algún pasaje del AT que justificaba la violencia y el odio) … pero yo os digo… (y a continuación viene una doctrina de perdón, de amor y de paz). Así pues, el cristianismo, en su aspecto fundacional no puede ser germen de violencia, a pesar de que ésta anida en el corazón de muchos cristianos, como en el de cualquier hombre.

La situación es radicalmente opuesta con el islam. Tanto el texto del Corán como, sobre todo, la conducta del profeta, son una incitación a la violencia. En el Corán hay, ciertamente, páginas que hablan de paz, pero al mismo tiempo, y en cantidades y grados enormemente mayores, se encuentran numerosos textos cargados de violencia. Y el profeta sancionó con su vida comportamientos de extrema violencia e inmoralidad: pasó a cuchillo a una tribu judía de medina y expulsó a otras dos, usó el poder político para ello, salteó caravanas y se adueñó del botín, inició una guerra de conquista para implantar la fe por la fuerza en Muta, ciudad del imperio bizantino, amén de practicar el estupro con una niña de nueve años o de casarse con la esposa repudiada de su hijo adoptivo.

Por tanto, si he dicho que el cristianismo está “condenado” por la doctrina y el comportamiento de Jesús a aislar a los fanáticos violentos, el islam está condenado (y esta vez sin comillas) a hacer brotar en su seno de forma continuada, movimientos salafistas radicales y violentos. Conviene recordar que la palabra salafismo, que se identifica con grupos de extrema violencia fanática, viene de la palabra “salaf” que designa al profeta y a sus discípulos, en especial los cuatro primeros califas que siguieron al pie de la letra la conducta aprendida de su maestro, es decir, a la flor y nata del islam.

Sólo hay una forma de que los musulmanes moderados puedan decir que practican una religión de paz. Tendrían que denunciar y abominar de la conducta de Mahoma y desechar, declarándolas falsas y despreciables todas las páginas del Corán en las que se predica la violencia religiosa. Lo que ocurre es que si hiciesen esto, la religión que saldría del proceso, ya no sería el islam. Tal vez fuese una buena noticia el nacimiento de esta nueva religión para la que habría que buscar un nuevo nombre. Pero, por supuesto, esa nueva religión no nacería sin una inmensa cantidad de mártires. Algo de esto suena en el cristianismo.

Así que el día que eso ocurra diré que hay musulmanes moderados que, asqueados del islam, han fundado una religión de paz y concordia. Pero, lo siento, no veo posible nada parecido a esto en el futuro.

Comento ahora las tres breves observaciones en relación con el viernes negro con que acaba el artículo.

Es evidente que las bestialidades cometidas en Siria por el régimen de Asad y más tarde por Daesh y otros extremistas, no se iban a quedar limitadas a Siria. Pero es que esto ha ocurrido siempre, desde el inicio del islam. Y en el lapso de mi vida, podría citar sin esfuerzo bastantes ocasiones en las que esa extrema violencia y bestialidad (en el sentido etimológico de la palabra) se ha llevado a cabo a lo ancho y largo de todo el mundo. Que Siria en particular y el islam en general se ha convertido en un cáncer es algo más que evidente. Lo que me gustaría preguntar al autor es que entiende él por actuar en consecuencia.

También es evidente que quienes quieren hacer fracasar el experimento tunecino para que no sirva de precedente están golpeando donde más duele… ¿Va a permitir la UE que se salgan con la suya en el vecindario? Mucho me temo que la UE no va a hacer nada para impedirlo. Pero me gustaría saber qué medidas propone el autor para que sean tomadas por la UE.


El tratamiento mediático en Occidente de las atrocidades de Daesh. La repetida difusión de imágenes de decapitaciones está teniendo un efecto imitación. […] ¿Habrá llegado el momento de dejar de hacerle publicidad a estos profesionales del sadismo? Pues la verdad, no lo sé. Pero lo que ocurre es que en el conjunto de aspectos que dan forma a una sociedad libre, está la libertad de expresión. Creo que deberían evitarse las imágenes más descarnadamente sensacionalistas y truculentas, pero eso deberá hacerse desde la libertad y no desde la censura. Por otro lado, creo que los ciudadanos occidentales tenemos el derecho a estar puntualmente informados de lo que pasa. ¿Debería intentarse hacer que viviéramos en el limbo escondiendo la cabeza debajo del ala como los avestruces? Me niego en redondo a semejante cosa.

21 de junio de 2015

Frases 22-VI-2015

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

El lujo entre los lujos consiste en el desarrollo y libre uso de una conciencia delicada.

François Mauriac. El cordero.