15 de mayo de 2022

Otro sinsentido de Juan Manuel de Prada

Soy tan contrario al aborto como Juan Manuel de Preda, me he batido el cobre y he escrito contra él, tanto como Juan Manuel de Prada, aunque claro, no con tanta audiencia como él, si Juan Manuel de Preda es católico ortodoxo, yo no lo soy menos que él, aunque no le arrogo el papel de distribuidor de certificados de buen católico como sí hace él. Pero en cuanto habla de temas económicos y de ciertos temas políticos, desbarra. Anteayer, 11 de Mayo publicó en ABC un artículo con el título de “La piedra angular del sistema” en el que vierte una serie de afirmaciones que rayan en el ridículas. Estas líneas llevan por título “Otro sinsentido de Juan Manuel de Prada. Porque no es el primero. A botepronto recuerdo dos. Uno con la reforma laboral de Rajoy sobre la que escribió, textualmente, que era demoníaca. Otra con la invasión de Ucrania en la que se apuntaba a lo que Ana del Palacio llamaba el “siperismo”, por aquello del: “sí, pero…”. De alguna manera justificaba la invasión cargando las tintas sobre la maldad de las democracias liberales. Pero creo que lo mejor es leer textualmente el artículo al que me refiero. Ahí va:

 

La piedra angular del sistema (Las negritas son originales)

 

Ha causado gran revuelo la filtración interesada de un documento donde se anuncia que una mayoría de los magistrados del Tribunal Supremo de Estados Unidos estaría dispuesta a revocar la sentencia Roe vs. Wade. Si esta revocación se produjese (pero la filtración se ha realizado, precisamente, para que tal cosa no ocurra), el aborto no sería prohibido en Estados Unidos, sino que cada estado tendría capacidad para limitarlo o ampliarlo dentro de su territorio. Se trataría, pues, de un aspaviento característico de la relativista justicia ‘liberal’, que no se funda en juicios objetivos sobre la naturaleza del aborto ni en la defensa del bien común, sino que confía a la mayoría la determinación del bien y del mal, al más puro estilo ponciopilatesco.

 

Así y todo, la filtración ha desatado una campaña rabiosa contra los jueces dispuestos a favorecer el aspaviento, desatada por toda la izquierda caniche mundial. Es natural que así sea, pues la izquierda es hoy la vanguardia ideológica del turbocapitalismo global, que para poder imponer los designios de sus élites necesita realizar lo que Lippmann denominaba eufemísticamente un "reajuste necesario en el género de vida" de las masas. Y, dentro de ese "reajuste en el género de vida", el crimen del aborto ocupa un lugar medular; podríamos decir, incluso, que se trata de la piedra angular del sistema, que, por tratarse de un crimen nefando, requiere ser envuelta con rebozos doctrinales campanudos (emancipación, libertad individual, autonomía de la voluntad, etcétera) que hagan sentirse 'empoderadas' a quienes, con sus vientres yermos, son instrumentos del turbocapitalismo global, que necesita, para mantener su sistema de producción, el deterioro de las condiciones laborales.

 

Al turbocapitalismo global no le convienen los vínculos indestructibles que genera un hijo; pues sabe -ya lo explicó David Ricardo en su ley de bronce de los salarios- que si los trabajadores tienen hijos se vuelven más pugnaces en la exigencia de subidas salariales. Las sociedades fecundas luchan con ardor por el porvenir de sus hijos; las sociedades estériles se raspan el útero, mientras miran las pantallitas de Apple o Netflix.

 

El capitalismo, como nos enseña Hayek, tiene hecho su 'cálculo de vidas'; y a asegurar el 'cálculo de vidas' que necesita el turbocapitalismo global se dedica la izquierda sistémica hoy, convertida en caniche de la plutocracia (hacía mucho que no oía esa palabra, ni siquiera a la izquierda). Nada más natural, pues, que haya movilizado a todas sus fuerzas de choque, después de filtrarse la noticia de la tímida palinodia del Tribunal Supremo estadounidense. Por supuesto, en este artículo hemos explicado tan sólo las causas 'naturales' de su reacción rabiosa; la causa sobrenatural no podemos explicarla a fondo porque nos han recortado mucho la extensión. Pero ya se sabe que la nueva alianza de Dios con el hombre, que se sella en la Cruz, se inicia en el vientre de una mujer; y el vientre de la mujer se convierte así en el epicentro de una guerra sin cuartel (Gn 3, 15).

 

Publicado en ABC. 

https://www.religionenlibertad.com/opinion/535895801/piedra-angular-sistema.html?utm_source=onesignal&utm_medium=push&utm_campaign=2022-05-11-Aborto-la-piedr

Empiezo por el tono. El artículo tiene el tono de soflama más propio de un mitin anticapitalista de la CUP que de un artículo que pretenda tener un mínimo de rigor intelectual. Esto es algo bastante habitual en de Prada. Esta falta de seriedad intelectual del artículo hace muy difícil, si no imposible, una respuesta razonada. No tengo tiempo ni ganas para ello, ni el artículo lo merece. Su fraseología, inventada con palabras que no sé de donde saca y que suenan a demagógicas y ridículas, es grotesca. Lo del turbocapitalismo global lo podría inventar mañana Echenique si no se hubiese adelantado de Prada. Pero en estas frases no hay derechos de autor, así que, con un poco de suerte, bien puede robársela Echenique. U Otegui, ¡quien sabe! Y lo de la plutocracia llevaba mucho tiempo sin oírselo ni siquiera a la más casposa izquierda. Y lo de la alianza judeomasónica entre la izquierda convertida en la vanguardia ideológica de ese misterioso turbocapitalismo global es, sencillamente, delirante. Muy ajustado a la lógica aristotélica, que es algo de lo que hablaré en unas líneas.

Eso sí, para intentar darle un cierto tono intelectual al artículo de lenguaje asambleario, de Prada trae a colación unas cuantas citas sueltas y fuera de contexto, que pretenden ser cultas. Primera, David Ricardo, y su ley de hierro de los salarios. Esta supuesta ley es uno de los ridículos más grandes que existen, parida por él y por su contemporáneo, Malthus, y a la que se apunta Marx, pero a ningún economista liberal. Sacar de ahí que al mentado “turbocapitalismo global no le convienen los vínculos indestructibles de un hijo” es de una precisión silogística que maravillaría al propio Aristóteles.

Otra cita. Lippmann fue un periodista/economista de la primera mitad del siglo XX. No ocupa ningún ligar de relumbrón, ni de ningún tipo, en la historia del pensamiento económico. Pretender que lo que se supone que dijo sobre el " ‘reajuste necesario en el género de vida’ de las masas. Y, dentro de ese ‘reajuste en el género de vida’, sólo Dios sabe en qué contexto se hace esta cita, que “el crimen del aborto ocupa un lugar medular; podríamos decir, incluso, que se trata de la piedra angular del sistema, es como una broma si por “sistema” se entiende al capitalismo, como parece. También es un silogismo cuya conclusión se desprende con naturalidad de la premisa mayor y la menor. Pura lógica aristotélica. De Prada cita sin citar a gente como Soros y otros. Pero pensar que el sistema capitalista se identifica con Soros, del que yo también abomino, se podría calificar de candidez, siendo muy benévolo. Yo defiendo muy a menudo a la Iglesia impidiendo que se la identifique con una exigüísima minoría de curas u obispos pederastas, como se pretende a menudo. Pues bien, los curas y obispos pederastas son a la Iglesia lo que Soros al capitalismo, y esta es una regla de tres infalible. Y Prada lo sabe. O debería saberlo. Hasta donde yo sé, Soros no ha fundado ninguna empresa y su fortuna se remonta al expolio de judíos con el beneplácito nazi. Seguramente de Prada piense que esto es exactamente lo que hace el capitalismo. Pero no es así. El capitalismo no se basa en los Soros. Se basa en la industriosidad y laboriosidad de gente trabajadora y creativa que funda empresas a las que dedica su vida y en las que arriesga su dinero que, si hacen cosas que a la gente le gustan, tienen éxito y se convierten en grandes. Y no son buenas cuando son pequeñas y malas cuando crecen. Crean prosperidad siempre. El capitalismo está sacando a la humanidad de la miseria. A toda la humanidad. Podría alargarme con cientos de datos al respecto, pero no lo haré. Sí diré, sin embargo, que la culpa de que haya países pobres no la tienen los ricos capitalistas. Amancio Ortega no hace más pobre a nadie. Al contrario, hace más ricos a muchos, tanto por la calidad de los productos fabrica y vende Inditex, a precios excelentes, como por los puestos de trabajo que genera. La culpa de esa pobreza es de los tiranos de esos países –estos sí, plutócratas– que impiden la industriosidad, laboriosidad y creatividad de los pueblos a los que someten con su tiranía. Con un poco de la seguridad jurídica de que gozan los países capitalistas, avanzarían en el capitalismo y saldrían de la pobreza en una generación. Hay ejemplos históricos de ello. España o Irlanda, sin mirar lejos. Porque los pobres son pobres, pero no tontos y, en cuanto se les da esa seguridad jurídica, se las apañan para crear riqueza y prosperidad.

Ignoro el lugar y el contexto en el que “Hayek enseña que el capitalismo tiene hecho su ‘cálculo de vidas’ ”. Pero sí sé una cosa: ese supuesto ‘cálculo de vidas’ no es ningún pilar en el que el capitalismo se tenga que basar. Aquí se acaban las doctas citas en las que de Prada se apoya sin riguros razonamientos anticapitalistas de corte populista-neocomunista. Punto. No hay más.

Creo que a de Prada le ocurre que no ha acabado de separar los tres conceptos diferentes, y a menudo antagónicos, que se esconden tras el término liberal. El primero es el que nos viene de USA y que podría identificarse con “progre”. Es el que está a favor del aborto, de la eutanasia, de la ideología woke y de otras aberraciones. Estos “liberales”, curiosamente, suelen ser de izquierdas, aunque no falta algún empresario de éxito. Pero estas excepciones de ninguna manera valen como demostración del contubernio. No creo que haya más de media docena de plutócratas de esos. El segundo es el viejo concepto decimonónico de “liberalismo” filosófico en el que se considera al ser humano libre de cualquier traba, para lo que quiera, lo que le permite definir por consenso el bien y el mal y, de ahí, las leyes. El primer concepto de “liberal” se deriva de este segundo. Tan solo una facción muy minoritaria de los liberales económicos, los libertarians, lo son en este sentido. Y yo, desde luego no estoy entre los libertarians. El tercer concepto es el liberalismo económico que lo que pide es que, actuando dentro del marco de unas leyes civiles justas, que no determinan ellos, se permita que el ingenio, la laboriosidad y el esfuerzo humanos puedan desarrollarse en libertad, dando como fruto la prosperidad. Si no se distingue claramente entre estos tres conceptos del término “liberal”, se cae en una confusión que lleva a identificar a los capitalistas con la izquierda radical y con los progres. Con esta empanada mental, es difícil hilar fino.

Pero si yo tuviese el convencimiento de que el capitalismo es ese espantoso horror demoníaco y que representa el mal, según piensa de Prada, me haría un radical antisistema, o un anacoreta, o me callaría de vergüenza. Porque imagino que de Prada tendrá coche y una casa, fabricado aquél y construida ésta, sin duda, por sucias empresas capitalistas cimentadas sore el aborto y el ‘cálculo de vidas’. Y para comprarse coche y casa, habrá tenido que recurrir a un préstamo de un sucio banco. No me cabe duda de que de Prada debe tener sus ahorros debajo del colchón, para no ensuciar su dinero con ninguna inversión. Y sus libros los editan asquerosas editoriales, vergonzantes empresas privadas capitalistas, al igual que los periódicos en los que escribe, pero cuyo dinero es bueno para él, aunque esté amasado de abortos. Tal vez tenga un ordenador personal, puede fabricado por Microsoft, del repugnante Bill Gates o Apple, del no menos apestoso Tim Cook. Seguramente, cuando él mira su pantalla no está colaborando, como los demás, a crear una sociedad estéril. Posiblemente no compre nada a través de Amazon, porque la tecnología le inspire una profunda desconfianza. Si no lo hace, él se lo pierde. Seguro que compra tomate en lata en templos del capitalismo edificados al demonio como Mercadona con Juan Roig al frente, del que de Prada sabe que es un ser despreciable, como lo es Amancio Ortega al que si él no le compra ropa, seguro que la compra en El Corte Inglés o cualquier otro templo al que van los consumistas, de los que él, claro, no forma parte cuando va a ese templo.

Tal vez se pueda pensar que me estoy pasando. Tal vez. Pero es que si se cree eso que escribe de Prada, se tiene que creer que uno es un mantenido del diablo y que de él vive 24 horas al día, despierto y dormido, 365 días al año, todos los años de su vida. Qué esquizofrenia, ¿no? El que viva en ella, debería hacérselo ver. O hacerse anacoreta. Así es que, y vuelvo al principio, detesto el aborto y todo el horror que supone, tanto como de Prada. Me alegraré tanto como él si el Tribunal Supremo de USA –la detestada justicia liberal– deroga la sentencia Roe vs Wade. Detesto la ideología woke tanto como él. Detesto muchas cosas que él detesta. Pero ya vale de lenguaje de la CUP, de contubernios judeomasónicos inventados y de poner velas a Dios, pero comer del supuesto diablo del capitalismo. Lo dicho, el que piense así, de lo debería hacer ver.

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