13 de febrero de 2016

La gran apuesta

El otro día fui a ver la película “la gran apuesta”, una entrega más en la que se explica el escándalo de los productos tóxicos que desencadenaron la terrible crisis que hemos vivido y de la que luchamos por salir. La película me pareció muy buena. Creo sin embargo que para quien no tenga unos conocimientos sólidos de finanzas es difícil de seguir, más allá de lo de “los bancos son todos unos ladrones”. Todos los que me leéis con cierta frecuencia sabéis que creo en el capitalismo. Por eso, porque creo en él, me producen especial repugnancia los que le echan mierda encima. Porque eso hace que la gente confunda lo que realmente es el capitalismo con la mierda de los que se la han echado encima. Nada de lo que se dice en la película es mentira, todo es verdad. Y estoy totalmente de acuerdo en que debería haber cárcel, y cárcel dura, para los sinvergüenzas que hacen ese tipo de cosas. Pero, hay algunos aspectos de la película que merecen ser puntualizados.

En primer lugar, creo que se exagera el carácter apocalíptico de lo que pasó. No, antes de que nadie empiece a mandarme a la mierda, me apresuro a aclarar que no le quito ni un ápice de gravedad a lo que pasó tras esa serie de actividades y prácticas lamentables. Hubo, y sigue habiendo, millones de personas inocentes que han sufrido y sufren terriblemente por lo que pasó. Pero eso no es el final del sistema. Porque, a pesar de todos los sinvergüenzas que lo usan de forma desaprensiva, el sistema seguirá creando riqueza como lo ha hecho en los últimos 250 años. Sería muy deseable –y es, además, en principio, posible– que esa creación de riqueza fuese una línea recta que se va elevando paulatinamente sin caídas ni dientes de sierra, que crean sufrimiento. Pero ciertamente, cada varios decenios se produce una crisis, para gran alegría de los marxistas que auguran el fin del sistema y salen a pescar con bastante éxito en río revuelto. Hace ya más de 150 años Marx profetizó que esas crisis acabarían con el capitalismo, pero hasta ahora no sólo se ha equivocado sino que ciertas predicciones, tanto de marxistas como de economistas neoclásicos como, por ejemplo, la llamada ley de hierro de los salarios[1], han sido siempre pulverizadas y creo que lo seguirán siendo. Por tanto, nada de apocalipsis. El sistema seguirá creando riqueza en todo el mundo, como lo ha hecho desde hace 250 años. Desgraciadamente me temo que con crisis periódicas. Y cuando estas crisis tienen lugar, los Podemos de cada época sacan tajada, ayudados por medios de comunicación y productores cinematográficos para crear esa visión apocalíptica. Veremos más tarde por qué se producen esos dientes de sierra, por qué son posibles de evitar y por qué es muy difícil que lleguen a evitarse. Pero para ello, tengo que hablar de otros aspectos que debo puntualizar de la película.

El cine nos tiene acostumbrados a que en las películas haya un villano que tiene la culpa de absolutamente todo, sin matices, y gente sencilla e inocente que sufre, sin haber hecho nada, la maldad del malo malísimo. El malo malísimo, en esta película son los bancos. Todos los bancos sin distinción. Pero ocurre que los productos tóxicos sólo los crearon unos cuantos bancos. Esos y otros pocos más los vendieron (incluso, insensatamente, algunos bancos los compraron). Pero la mayoría de los bancos no hicieron ni una cosa ni otra. Se dedicaron durante esos años, y se siguen dedicando hoy al viejo y aburrido negocio bancario que, en muy pocas palabras, consiste básicamente en: a) obtener depósitos, b) prestar ese dinero con prudencia a la gente y las empresas que van a poder devolverlo, para que los depositantes no pierdan sus ahorros pero logrando que la gente pueda comprarse un piso sin tener que esperar a ahorrar antes el dinero y que las empresas inviertan en hacer más y mejores productos y c) dar algunos servicios como guardar el dinero, dártelo cuando lo pidas, hacer transferencias para que no tengas que ir a pagar tú a todas partes, y un largo etc. y hacerlo cada vez de forma más cómoda. Ese ha sido el aburrido negocio de los bancos. Y eso ha contribuido enormemente a que el sistema funcione, a que la riqueza del mundo vaya en aumento y a que la ley de hierro de los salarios no se cumpla. Para la mayoría de ellos, ese sigue siendo su negocio. Si eso no es economía real, que baje Dios y lo vea. Pero no, esos bancos no existen en la película. Ni tampoco las personas que, tal vez sin ser villanos, sí han echado gasolina a la maquinaria para que haya pasado lo que ha pasado. Es decir, personajes que puede que no sean villanos, pero tampoco son pobreticos inocentes. Por supuesto que también hay gente, millones de personas, totalmente inocentes que han sufrido enormemente con la crisis. También hablaremos de ellos. Pero vamos a ver los no tan inocentes.

Los primeros, los reguladores –que ojo, son “benéficos” poderes públicos– que, para que los ciudadanos estén contentos, hicieron –y ¡cuidado!, siguen haciendo, pero por distintos motivos– que los tipos de interés estuvieran artificialmente, no bajos, bajísimos, por los suelos, de coña. ¿Cómo? Falseando un mercado, el del dinero, que debería ser un recurso escaso con un precio razonable pero que como para los reguladores es gratis crearlo, se pusieron a producirlo a lo loco porque era popular que los tipos de interés estuvieran bajos. Y, claro, con los tipos de interés por los suelos, empezaron, algunos “avariciosillos” de a pie a comprar pisos como quien compra churros, pagando TODO el precio del piso con dinero que algunos bancos les prestaban sin mirar qué riesgo tenían. Cuando las viviendas subían, cosa que hacían “siempre”, los “avariciosillos” los vendían y sacaban rentabilidades astronómicas porque, si ganas dinero sin poner nada, la rentabilidad es infinita. Y, claro, los precios de las viviendas “siempre” subían, impulsados por una demanda ficticia, ya que esa gente no quería los pisos para vivirlos, sino para especular con ellos. Y muchos de los que hacían esto eran gente “sencilla”, nada de villanos, que presumían ante su vecino de su “habilidad” financiera. Pero empezaron a hinchar la burbuja. ¿Inocentes? No del todo. La avaricia no es nueva, ni ha nacido con el capitalismo. Por desgracia está en el corazón del hombre desde que existe sobre la tierra. ¿Los bancos que les ayudaron en su “aventura” tenían parte de culpa? Sin duda. Pero hay una cosa que la gente “sencilla” debe aprender a hacer: debe aprender a usar su libertad. Puede que haya gente que le ayude a usarla mal. Entonces esa gente se hace cómplice, pero esa complicidad no hace inocente al que usa mal su libertad. Lo que pasa es que, como sociedad, nos estamos deslizando peligrosamente, poco a poco, hacia una libertad desligada de la responsabilidad para la gente “sencilla”. Los bancos que mejor han salido de la crisis son los que menos entraron en esa complicidad, y los hubo.

Pero esos bajísimos tipos de interés creados por los reguladores de los probos poderes públicos tienen otro efecto perverso. Un honrado “dentista”[2], no un poderoso multimillonario, no, millones de honestos “dentistas”, que llevan toda la vida trabajando y han logrado reunir, con sangre, sudor y lágrimas unos ahorrillos, quiere, y hace bien, sacarle una honesta rentabilidad a esos ahorrillos para tener más cuando le llegue la jubilación y la vejez. Pero, claro, con los tipos de interés tan bajos, no hay manera de sacarles a sus ahorros –sin riesgo, con las cosas de comer no se juega– más que una rentabilidad ridícula. Y, evidentemente, a muchos de ellos se les ocurrió ir a los investment banks que administraban sus ahorros para decirles que les gustaría una inversión sin riesgo pero con una mayor rentabilidad. Eso es algo imposible, pero los dentistas no lo saben y lo piden. Imagino que recibirían respuestas del tipo: “eso que usted busca es imposible”. Pero, indefectiblemente, enseguida se encontró gente, con impresionantes MBA’s en Finanzas o en Ingeniería de alto rendimiento o en matemáticas, que trabajaban en los Leheman Brothers o el los JP Morgan o en los Goldman Sachs, que pensó que la cuadratura del círculo era posible. Y, al principio de la historia –incluso hasta bien avanzada la misma–, esa gente lo creía de verdad. Los antiguos griegos tenían un aforismo que decía que “cuando los dioses quieren perder a un hombre, le ciegan con un éxito deslumbrante”. Hoy en día alguien ha adaptado ese aforismo haciéndole decir que “cuando los dioses quieren perder a la sociedad les dan una fe ciega en los modelos matemáticos”. Y así fue. Los financieros, ingenieros de alto rendimiento y matemáticos, elaboraron complejísimos modelos que predecían cómo agrupando de una manera ingeniosa y creativa, millones de hipotecas que iban desde las muy buenas hasta las NINJA[3], dando a cada tipo una ponderación adecuada, se podían diseñar bonos que diesen una rentabilidad apetecible sin apenas riesgo. Y creyeron ciegamente en ellos. Así nacieron los llamados CDO’s. Por supuesto, los dentistas no iban a discutir lo que les decían gente tan brillante. Y los analistas de las agencias de rating, que estaban dos escalones por debajo de los superstar, no iban a discutir lo que éstos decían y se apresuraron a poner calificación AAA a la capa mejor de los CDO’s que salían de la cocina de los modelos matemáticos. No lo entendían, el modelo era demasiado complicado para ellos pero, lo aceptaban a ojos ciegos. Recuerdo un vídeo de Emilio Botín que decía, en un inglés macarrónico, pero con sabiduría: “if you don’t understand it, don’t buy it”. Así de sencillo. Pero… ¿quién se resiste?

Así, cada vez más dentistas se apuntaban a comprar CDO’s. A los dentistas se sumaron otro tipo de inversores como ayuntamientos, países, empresas, fondos de inversión, bancos comerciales incautos, etc., etc., etc., de todo el mundo. Y, claro, los investment banks que al principio no entraron, lo hicieron con el entusiasmo del que llega tarde y quiere recuperar el terreno perdido. Porque los modelos matemáticos funcionaban. Para que se produjese el default de esos CDO’s pata negra tenía que producirse una conjunción astral de situaciones cuya extremadamente baja probabilidad la hacía, a juicio de los artífices de los modelos, imposible. Pero confundir lo altamente improbable con lo imposible es un error que puede ser garrafal. Además, pasaban años y, efectivamente, las propiedades inmobiliarias subían y los CDO’s funcionaban. Los seres humanos nos acostumbramos a pensar que si algo lleva años saliendo bien, eso significa que va a salir bien siempre. Otro error garrafal. Pero animados por estos dos errores, los bancos minoristas daban cada vez más hipotecas NINJAS y cada vez de peor calidad[4], y los investment banks las mezclaban en sus CDO’s cada vez en mayor proporción. Y como nunca pasaba nada, los modelos se iban relajando, atribuyendo cada vez menos probabilidad a la conjunción astral que podía producir el desastre. El volumen de CDO’s crecía como la espuma y, para poderlos crear, era necesario seguir generando hipotecas, por lo que muchos bancos minoristas pisaron el acelerador en la concesión de las mismas y se las daban a todo lo que se movía, no ya a NINJA’s sino a NINJA’s al cuadrado. Así se llegó a que de una cartera hipotecaria total de 9 trillions (El trillion americano es de un millón de millones) 0,8 trillions eran NINJA’s y otros 0,7 trillions rozaban esa categoría. Es decir, un 17% eran hipotecas a las que, siendo benévolos, se les podía aplicar el calificativo de dudosas.

Un día, la morosidad de las hipotecas empezó a aumentar. Primero ligeramente pero cada vez más rápidamente. Sólo unos pocos analistas financieros externos a los bancos se dieron cuenta al principio de que lo que estaba empezando a pasar podía llevar a la temida conjunción astral. Estos externos más perspicaces empezaron a utilizar unos instrumentos financieros llamados CDS’s para cubrirse contra el fallo de los CDO’s. CDS’s son las siglas de Credit Default Swaps. De la misma manera que un seguro te paga el valor de tu casa si esta se quema, un CDS es un seguro que paga a quien lo tenga, sea o no propietario de CDO’s, el valor de un CDO si éste falla. Siento que dos cosas que no tienen nada que ver, los CDO’s y los CDS’s tengan nombres tan parecidos. No se los he puesto yo. En la jerga financiera eso se dice tomar posiciones cortas. Pues bien, estos analistas externos fueron a asegurar CDO’s que no tenían a los mismos investment que los habían emitido. Prueba de la fe que estos investment banks tenían en sus modelos es que aceptaron asegurarlos. Ninguna compañía de seguros aseguraría contra incendios una casa si creyese que se va a quemar mañana. Pero si cree que es imposible que se queme, la asegura con una prima bajísima. Esto es lo que hicieron los investment banks. Esto indica que, sensata o insensatamente, creían ciegamente en sus modelos. Pero poco a poco, muchos de los investment banks que habían creado y vendido CDO’s se fueron dando cuenta de lo que estaba pasando y empezaron a apostar contra los productos con los que ellos mismos habían inundado y seguían inundando el mercado. Ante esta situación, los primeros poseedores de CDS’s se alarmaron porque empezaron a pensar que, si mañana todos los CDO’s fallaban, las compañías de seguros y los bancos que garantizaban esos CDS’s podrían quebrar y ellos se quedarían, por tanto, sin cobrar. Esto llevó a la mayoría de ellos a venderlos por una fracción de su valor.

Y, efectivamente, las hipotecas siguieron fallando y pronto se alcanzó el punto, que parecía imposible, de la conjunción astral[5]. Y entonces los CDO’s pasaron a valer 0 y los inversores –dentistas, ayuntamientos, países, empresas, fondos de inversión, bancos comerciales incautos, etc., etc., etc.– que habían puesto todo su dinero en ello, se arruinaron o perdieron una parte importante de su patrimonio. Y esto se tradujo en quiebras, que crearon paro, que hicieron que disminuyese el consumo, lo que a su vez creo más paro, lo que hizo que más préstamos se dejasen de pagar, lo que precipitó a algunos bancos a la quiebra… El resto fue la pesadilla de la que a duras penas estamos empezando a despertar. Pero no hay apocalipsis. Al menos no por esto. Saldremos de esta terrible crisis como se ha salido de otras (si China lo permite, pero eso es otra historia).

Así pues, además de los bancos villanos, que son sin duda los principales, hay otros como reguladores; gobiernos; avariciosos que compran viviendas de varias en varias con dinero ajeno para especular, bancos –otra vez– que les facilitan ese dinero; “dentistas” que no se conforman con una baja rentabilidad para sus ahorros y piden peras al olmo; investment banks que les crean productos de ahorro ad hoc para sus sueños imposibles; Fannies Maes y Freddie Macs buenistas que instadas por los gobiernos empiezan el proceso de las hipotecas NINJA’s; etc.; etc.; etc. Ciertamente, también hay inocentes del todo. Millones de ellos. E inocentes del todo que han pagado el pato. Terrible.

Pero me voy a permitir una vuelta de tuerca más en el análisis. Salvo cuando ya se sabía que los CDO’s iban a colapsar y se seguían produciendo y vendiendo al tiempo que se apostaba contra ellas, no hubo al principio conductas abiertamente inmorales. Cegazón con los modelos matemáticos, sí. Si esto es insensatez, que lo es, y la insensatez es inmoral, que puede llegar a serlo, entonces sí hubo inmoralidad. Pero en el principio del asunto no había voluntad de fraude. Muy diferente fue lo que pasó poco después con Madoff, donde sí había una intención premeditada de fraude a través de la creación de la vieja pirámide de Ponzi. Por eso Madoff está en la cárcel. Luego, cuando ya fue patente que todo se iba a hundir y los investment banks seguían vendiendo CDO’s con una mano y comprando CDS’s contra los mismos CDO’s que vendían, sí que las conductas fueron gravemente inmorales. El problema es que al hacerlo, siendo una inmoralidad como la copa de un pino, no se infringía ninguna ley, puesto que había un vacío legal. Ya en el derecho romano había un aforismo que decía: “Nulla poena sine lege”. En un Estado con garantías jurídicas no se puede condenar a nadie si no vulnera una ley preexistente. Aunque en este caso a todos nos pide el cuerpo que los desaprensivos que así actuaron acabasen en la cárcel, habría que haber hecho antes una ley para ello. Ignoro si se ha reformado el código penal en este sentido, pero espero que sí porque, como dije al principio, detesto a todos los que echan su mierda en un sistema en el que creo.

Y ahora vamos a eso, al sistema. ¿Es perverso en su esencia? Veamos ¿Está mal dar hipotecas de forma sensata y prudente? Sostengo que no. Si lo es, todo el que haya pedido una hipoteca está “pringao” ¿Está mal crear productos financieros para que los dentistas sensatos puedan invertir con una relación rentabilidad riesgo razonablemente alta? Sostengo que no. Si lo es, todo el que haya buscado inversiones razonables para sus ahorros está también “pringao”. ¿Está mal que alguien que cree, por su análisis y trabajo, que un activo, que no ha creado él, va a bajar, no por su acción, sino por causas absolutamente ajenas a su voluntad, gane dinero por esa bajada? No sólo sostengo que no está mal, sino que creo que quien así actúa, está haciendo un bien. Si no fuera por ellos, la burbuja hubiese seguido hinchándose durante más tiempo, hubiese alcanzado proporciones aún mayores y el daño hubiese sido mucho mayor. Pinchar el globo de mierda antes ahorra mucho sufrimiento y eso es lo que hicieron los independientes que compraron CDS’s los primeros. Si dar hipotecas en forma sensata y prudente es una cosa buena, si crear productos financieros sensatamente rentables es una cosa buena, si ganar dinero apostando contra un globo de mierda que se hincha limitando su hinchamiento y es bueno, entonces, no son los mecanismo del sistema capitalista, que son buenos en sí mismos porque cumplen una función positiva, los que hacen que ocurran estas cosas. Es el corazón oscurecido del hombre por la avaricia y el egoísmo. Y éstos existen, por desgracia, desde que el hombre es hombre. Por tanto, no culpemos a la llave inglesa si alguien la usa para abrirle la cabeza a otro. La llave inglesa no tiene la culpa. La tiene la mano que la empuña. La llave inglesa es una herramienta enormemente útil. Tipifiquemos como delitos las conductas que despojan a inocentes de sus bienes por los desmanes de otros y hagamos que la ley se cumpla implacablemente.

Concluyo. La película, que es muy buena, presenta una situación apocalíptica del fin del sistema falsa y demagógica. Contribuye a crear un caldo de cultivo que hace el agosto de los populistas antisistema. El sistema capitalista, a pesar de tanto sinvergüenza, se sigue sosteniendo porque reposa en la inteligencia de quienes tienen ideas para crear productos que crean bienestar, en la libertad e iniciativa de quienes asumen riesgos para hacer realidad esas ideas. En el trabajo responsable de todos los que participan en ello. En definitiva, en una inmensa mayoría de personas que colaboran en crear una tupida red de empresas que generan productos que crean bienestar y riqueza. Eso es lo que vemos a nuestro alrededor en cada momento si miramos como hay que mirar. Esa es lo normal, lo otro la excepción. Lástima que esas diversas conductas de bancos, dentistas y especuladores que, a pesar de lo que ensucian son sólo excepciones, produzcan esos dientes de sierra que tanto dolor crean. Sin esas conductas que nacen de lo hondo del corazón del hombre, el sistema crearía la riqueza y bienestar el bienestar que crea a largo plazo de una manera continua y sin sobresaltos. Pero la naturaleza del hombre seguirá haciendo que haya profundos baches de dolor. Lástima. A pesar de todo, la película es buena y merece la pena verla.


[1] La ley de hierro de los salarios, enunciada entre otros por David Ricardo (1772-1823), predice que los salarios se estancarían para siempre en el nivel mínimo de subsistencia del trabajador. Supongo que si ahora levantase la cabeza se volvería a morir de la vergüenza por el estrepitoso fallo de sus previsiones.
[2] Utilizo a los dentistas, con todo el cariño del mundo, para designar a cualquier profesional que logra reunir unos ahorros y les quiere sacar rentabilidad, cosa que es totalmente lícita y razonable.
[3] Las siglas NINJA, ya tristemente famosas, responden a No Incom, No Job, No Assets, es decir, las hipotecas NINJA se daban a personas sin ingresos, sin trabajo y sin más activo que su casa. Para que pudieran pagar, se les subvencionaba el tipo de interés y se les permitía no amortizar la hipoteca, sino, antes bien, aumentar el préstamo a medida que subía el valor de su casa, aplazando también el pago de intereses. En el lenguaje más técnico, las hipotecas NINJA pueden considerarse equivalentes a las subprime. Esta práctica fue empezada por las empresas, soportadas por el Gobierno de los EEUU, Fannie Mae y Freddie Mac, para ayudar a la gente más pobre a acceder a una vivienda. Posteriormente muchos bancos privados entraron en este mundo de las hipotecas NINJA y dieron una vuelta de tuerca a las condiciones en las que las ofrecían. Cuando llegó la crisis, ambas empresas soportadas por el Gobierno de los EEUU quebraron y éste las rescató.
[4] El sistema bancario americano es muy distinto del español. Allí las hipotecas no siempre las dan directamente los bancos. Las dan unos agentes independientes que, después, se las venden a los bancos que se las quieran comprar. A menudo estos agentes no toman las precauciones necesarias para documentar adecuadamente las hipotecas.
[5] Una de las razones por las que las hipotecas fallaron tan estrepitosamente es que en EEUU las hipotecas incorporan la llamada dación en pago. Esta dación en pago supone que si el dueño de una casa hipotecada que vale 70 le debe al banco 100, le da al banco la casa y la deuda queda totalmente cancelada. En esas condiciones, todos los que estaban en esa situación hicieron precisamente eso porque no tenín ningún aliciente para seguir pagando la casa. En España (y en toda Europa) la dación de pago no existe. En el caso anterior, el que le diese la casa al banco seguiría debiéndole los 30 que no están cubiertos por el valor de la casa. Esto da aliciente para intentar seguir pagando la hipoteca. ¿Qué hubiese pasado si en EEUU no hubiese dación en pago? Probablemente la crisis hubiese sido mucho menor. Ahora, muchos en España quieren que se implante la dación en pago. ¡Ay, qué despropósito demagógico!