14 de julio de 2018

Vídeo de mi charla sobre Bitcoin, Block Chain y criptodivisas

A primeros de Febrero de este año, di el la UFV una charla sobre Bitcoin, Blockchain y criptomonedas que me parece muy interesante. Hace unos días me enviaron el link a la grabación de esa charla. Lo pongo a continuación para quien le pueda intersar.

Bitcoin, blockchain y criptomoneda

11 de julio de 2018

Crónica desde sanfermín

Empiezo esta cónica diciendo que, a mis 67 años, la experiencia vivida este domingo/lunes 8-9 de Julio de 2018 ha sido una de las mejores de mi vida. Y no especialmente por el hecho de haberme sacado la espina de “correr” los toros en el encierro, sino por la experiencia de relación con mis hijos y mi yerno. Pero vayamos por partes, cronológicamente.

Como sabéis, porque os lo conté en el envío del viernes pasado, todo arranca de mi “trauma” juvenil de no haber podido ir a correr los encierros en mis 18 años y primeros veinte por diversos motivos que también explicaba el viernes pasado. Y después, hasta el pasado lunes, por la responsabilidad hacia las personas que dependían de mí. Pero una vez “amortizado”, tras ver en televisión el último encierro de Pamplona del año pasado, decidí que en el siguiente año, es decir, éste, me sacaría la espina. Dicho y hecho. Pregunté a mis hijos y a mi yerno quiénes querían venir y con su respuesta, en el mismo mes de Julio de 2017, reservé tres habitaciones dobles en un hotel. En dos de ellas dormirían mis tres hijos que venían y mi yerno y en la otra, como un majarajá, yo solo. Mi hijo Tomás se ocupó con gran eficiencia de que pudiéramos tener una reserva en un buen restaurante de Pamplona el lunes 9, así como tener entradas para los toros de esa tarde, tarea nada fácil. Contó con la inestimable ayuda de dos grandes personas, navarros ellos, Luis Muro y Raúl Domínguez con los que había trabado una buena amistad a través de una cordialísima relación profesional. Vaya para ellos desde aquí mi más grande agradecimiento. Luis y Raúl se ocuparon, además, de conseguir para mis hijos un sitio de privilegio para ver el encierro en la calle Estafeta, así como de conseguir entradas para el apartado de los toros esa mañana en la plaza. En dos palabras, ¡¡¡IM PRESIONANTE!!! Gracias Luis y Raúl.

Durante este año, vi en youtube cientos de encierros. Todos los años, desde hace… ¡yo que sé cuántos!, los he visto en TVE, entre admirado y envidioso de los mozos que corren entrando y saliendo de entre los toros. Con todo ello, sabía cuáles eran los sitios en los que nunca pasa nada y cuáles los peligrosos. El último mes busqué estadísticas, que ya os conté el viernes pasado pero que os repito ahora. En cada encierro hay una media de 0,9 heridos por asta de toro y corren unas 2.000 personas. Es decir, hay una probabilidad de 0,45 por mil de que un toro te hiera. Además, esas cogidas ocurren en los sitios peligrosos. El numero de personas que tienen que ser atendidas por contusiones cuadruplica el de heridos por los toros. Pero éstos se producen todos en los sitios en los que hay aglomeración de gente que corre. Naturalmente, yo elegí lo menos peligroso de todo. Justo en la parte alta de la cuesta de Santo Domingo, el primer sitio en que los toros llegan a la altura donde hay gente, cuando van ciegos y en un paquete compacto, en el lado izquierdo de la calle (vista según la ven los toros), hay un bordillo. El toro no cabe por ese bordillo, por lo que va siempre más allá del mismo. Porque lo que no hace un toro es ir con sus dos patas izquierdas por encima del bordillo y sus dos derechas por la parte de debajo. Los toros no tienen un pelo de tontos. Por supuesto, si el toro echa el cuello hacia su izquierda, con la envergadura de los cuernos –que hay que verla de cerca para darse cuenta– puede enganchar a quien esté pegado a la pared. Pero, en los cientos de vídeos que he visto, eso no ha pasado nunca. Por lo tanto, desde un punto de vista racional, estar allí, pegado a la pared tiene una probabilidad de percance muchísimo menor del 0,45 por mil. Es más seguro que muchas actividades que hacemos de forma cotidiana y mecánica. Tenía una reserva mental. ¿No habría tortas por estar en un sitio tan seguro? ¿No me echarían de allí los habituales, los “dueños” de esos sitios? También leí cientos de consejos de cómo se debe correr en los encierros. De ellos había dos cosas que me preocupaban. Decían que había que tener en cuanta que los toros eran animales impredecibles y que nuestras reacciones también podían serlo. Yo no podía hacer nada para paliar la imprevisibilidad de los toros, pero sí la mía. Es una cosa estudiada que si quieres, ante una determinada situación difícil, poder prever tu reacción, la tienes que visualizar cientos de veces en tu cabeza, imaginándote teniendo la reacción que te gustaría tener. Pues desde hace un mes empecé a visualizar la situación. Me planteaba dos posibles escenarios. En el primero, el cómodo, veía a los toros venir –otra ventaja del sitio en el que había decidido estar es que al no haber nadie entre donde estás y el paquete de toros y cabestros, los ves venir de lejos y te haces una composición de lugar de la situación– juntos en paquete. En ese caso, me visualizaba a mí mismo de pie, pegado a la pared. En el otro escenario, me imaginaba a un toro viniendo pegado al bordillo y echando derrotes hacia la pared. En ese caso, me visualizaba tirándome al suelo pegado a la pared. También me representaba una visualización negativa de lo que nunca, bajo ningún concepto, debía hacer. Salir corriendo. Cuento todo esto porque hay gente que piensa que soy un irresponsable por haber estado en el encierro. Creo que lo anterior, junto con el hecho de estar “amortizado”, me exculpa de ese delito.

Y así, con esta mentalización, llegó el domingo 8 de Julio de 2018. Mi hijo Tomás iría directamente desde San Sebastián con su coche, mi yerno Pablo iba a ir en tren para poder echar una mano en casa la tarde del domingo. Blanca, mis hijos Pedro e Íñigo y yo, decidimos que, de camino para Pamplona, pararíamos en La Aguilera para ver a mi hija Marta que, como muchos sabéis, está en el convento de san Pedro Regalado, al lado de Aranda de Duero. Blanca, una prima suya y yo fuimos en su coche y mis dos hijos fueron con el mío. Nos encontramos en La Aguilera. Llevábamos unas tortillas de patata para comer de picnic en el convento. Después del picnic, a eso de las cuatro de la tarde, Pedro, Íñigo y yo salimos en mi coche y Blanca se quedó en el convento para volver más tarde a Madrid en su coche, con su prima. La idea era que Pedro, que tenía que estar el martes a las 8 y media de la mañana en Valladolid por motivos de trabajo y no podía quedarse a los toros, se llevase mi coche y el resto, Tomás, Íñigo, Pablo y yo, volviésemos a Madrid después de los toros en el coche del primero.

Sin más historias, a las 8 de la tarde estábamos en el hotel de Pamplona todos menos Pablo, que llegaría en tren hacia las once. Nos informamos de cómo poder ir al encierrillo. En Pamplona, los toros están en un lugar, un poco más a las afueras de la zona donde tiene lugar el encierro, llamado los corrales del Gas. Cada noche, sobre las 9,30 o 10h. los toros van en un encierro desde los corrales del Gas hasta el corral desde donde saldrán al día siguiente para el encierro. En el encierrillo no se puede correr, sólo se puede ver en determinadas zonas en las que la gente no pueda distraer a los toros. Se pide que se guarde silencio, precisamente por la misma razón. Llegamos a eso de las 8,30h a un lugar desde donde podía verse el paso de los toros. Al llegar tan pronto, cogimos un sitio de privilegio. Cuando soltaron a los toros de los corrales del Gas, se hizo un silencio absoluto. Se oyeron los cencerros de los cabestros y pasaron los toros, como una exhalación, tan arropados por los mansos que yo sólo fui capaz de contar tres toros. Eso me dio buena espina. Parecía que los toros tendían a ser gregarios. Los Cebada Gago, una ganadería que ha corrido treinta años en Pamplona, tienen fama de ser terribles. Son, junto con los Vitorinos, Adolfo Martín, el enjabonado encaste Veragua, mantenido por Tomás Prieto de la Cal, y Miura, de las pocas ganaderías realmente encastadas de España. En las estadísticas de los encierros casi triplican el número de heridos por asta de toro. Cuando me enteré, allá por el pasado mes de Mayo, de que el lunes 9 los toros que corrían eran los Cebada Gago, me entró un poco de canguis. Entonces vi los 10 o 12 encierros de esa ganadería de los que hay vídeo. Efectivamente, eran terribles en los tramos avanzados del encierro, pero en santo Domingo se comportaban excelentemente bien. Por lo tanto, me tranquilicé. Y el encierrillo me reafirmó en esa tranquilidad.

Tras el encierrillo, hicimos a pie el recorrido del encierro. Estafeta estaba petada. Música y charangas. Pero no vi otra cosa que buen rollo y buen humor. Las chicas que estaban allí estaban felices y divertidísimas. Ni el menor atisbo de alarma social. Luego, nos fuimos a cenar a un restaurante normalito de Pamplona, el Mercao. Decir un restaurante normalito de Pamplona es decir un restaurante donde se come de cine porque Pamplona, junto con San Sebastián, son, probablemente, las dos ciudades de España en las que mejor se come, con permiso de Bilbao. Así que cenamos impresionantemente bien. Si vais, os recomiendo las torrijas. A mitad de la cena se incorporó Pablo. Y, tras la cena, todos a la cama, a descansar, para estar frescos para el día siguiente. No viví Pamplona la nuit, ni tampoco era algo que me apeteciese lo más mínimo.

Al día siguiente, tenía que salir del hotel, me dijeron, a las 6,15h. Llegamos a dormir a eso de la 1 de la madrugada. Así que tenía sólo 5 horas escasas para dormir. Dormí poco y mal. No por miedo ni nervios, ni por angustia de tener poco tiempo, sino por impaciencia y anticipación del encierro del día siguiente. A las 5,55h, arriba y ducha. Antes de salir, en una hoja de papel del hotel, escribí lo siguiente:

“Mi nombre es Tomás Alfaro Drake. Soy A+. Estoy en ayunas. Soy donante de TODOS mis órganos que a mis 67 años puedan ser útiles. Si me pasase algo, llamar a mi hijo Tomás Alfaro Uriarte, que está en Pamplona”. (Y añadí sus dos números de móvil) Firmé y puse el pie de firma con mi nombre.

No lo hice por miedo, pero… por si acaso. Me lo metí al bolsillo de la camisa y salí de la habitación. Al salir, de la mesa del vestíbulo del hotel tomé un periódico del día anterior. El Diario de Navarra. En portada, una foto del encierro del día anterior, en la que un toro empitonaba por el culo a un corredor justo enfrente de donde yo iba a ponerme. Al cogerlo, la verdad me dio un poco de mal rollo, pero… ¿superstición?... qué chorrada. Estaba corriendo e iba por el lado malo, por la parte de fuera de la ligera curva de arriba de la cuesta de Santo Domingo. Lo enrollé y salí a la calle.

Lo de salir a las 6,15h era una exageración. Por el camino, a lo largo de la calle Mayor, me crucé con los últimos juerguistas que no se resignaban a retirarse. Muy pocos, pero casi todos con un pedo espantoso. Llegué a mi sitio a las 6,30h y me pegué una jartá de esperar. Pero no fue en vano, porque se me quitó una de mis aprensiones. A saber, que los “dueños” de los sitios me echasen. Para nada. Muchos de los que estaban allí les pasaba como a mí, que era la primera vez que corrían. Al contrario, me hice muchos amigos de unos minutos. Dos peruanos pirados, Gerardo y Johny. Guiris de muy distintas nacionalidades, norteamericanos desde California hasta Wyoming, canadienses, sudafricanos, franceses, un polaco, etc. Y, por supuesto, españoles y pamplonicas, algunos de estos últimos experimentados. Un español con la cara desencajada me pidió si le podía dar un trozo de mi periódico. Lo desenrollé y me pareció una buena idea darle las páginas exteriores, con la portada del empitonado, y quedarme con las interiores. Después lo volví a enrollar. ¿Por qué pensé eso? No lo sé, pero debo reconocer que sentí cierto alivio. No le volví a ver. Espero que no le pasase nada. Todos encantadores. Un navarro me quiso meter miedo contándome leyendas urbanas. “Los Cebada –me decía–, desde que salen del corral, ya te han visto y fichado y si te mueves, van a por ti. ¿La acera? Más de una vez corren por encima de la acera, sin dejar un milímetro entre ellos y la pared”, y otras cosas amedrentadoras. Como yo había visto los diez últimos encierros de los Cabada, no me creí ni media. Pero, por supuesto, no le contradije. Poco a poco, los curiosos se iban yendo y venían otros más profesionales. En un momento dado, en medio de un silencio respetuosísimo, colocaron una escalera en el lado opuesto de donde yo estaba, pusieron al santo patrón en su hornacina y encendieron las velas. Cuando se acabó la operación todo el mundo prorrumpió en un cerrado aplauso. Hablé con una peña que iban de verde. Cada encierro se colocan varios grupos en distintos sitios del recorrido que echan a suertes. Poco antes de los cánticos se reúnen como los equipos de fútbol antes de un partido y el más experimentado les dice en qué momento tienen que echar a correr a todo lo que den y por qué lado de la calle debía correr cada uno. “¡Hostia!, cuando van a menos de la mitad de la cuesta –les decía –, a mi señal, ya tenéis que poneros a correr como cabrones, porque van a toda hosssstia y si no sales cagando hostias llegan a ti antes de que te enteres te atropellan y te dan la hostia. Si corréis como putas a toda hostia, podréis aguantar su ritmo diez o doce metros, no más. Pero la peor hostia es la de los que vienen por detrás de ti y te empujan. Y vosotros lo mismo, a hosssstias con los de delante si se paran”. Conté siete u ocho veces las que dijo que todo había que hacerlo todo a toda hostia y repartiendo más de lo mismo –con las eses silbadas . Y es que, así como para quedarse pegado a la pared del lado izquierdo de los toros en Santo Domingo es lo menos peligroso de todo el encierro, correr en esa zona es peligrosísimo. Me acordé de la portada del periódico y, después de oír al capitán de la peña, pensé: “ese no debió echar a correr a toda hostia a tiempo”. Se notaba la crispación en los que iban a correr de verdad. Ejercicios de estiramiento, señales de la cruz, saltitos y movimientos de descontracción, miradas fijas en el suelo.

Y, de repente, a eso de menos diez el primer cántico, con sendas chuletas sostenidas en la pared, a izquierda y derecha del santo, saludándole con el periódico enrollado como si fuese un hisopo para aspergerle agua bendita:

A san Fermín pedimos
por ser nuestro patrón
nos guíe en el encierro
dándonos su bendición

y luego, en vascuence.

Entzun arren san Fermín
zu zaitugu patroi
zuzendu gure oinak
entzierro hontan otoi

Y un grito seco: ¡¡¡¡Viva san Fermín!!!! Coreado por un potente y multitudinario ¡¡¡¡¡¡¡Viva!!!!!!!, y ¡¡¡¡Gora san Femín!!!!, ¡¡¡¡¡¡¡Gora!!!!!!!

Un rato, con más nervios y… segundo cántico. Tensión en aumento y tercer cántico. Se acabaron las bromas, todo el mundo a su sitio. Debo decir que, tal vez por la cantidad de veces que había visualizado le escena, la visualicé una vez más y no tenía ni rastro de nervios. Puede que también mi sentida y auténtica oración a san Fermín ayudase. Y, por qué no decirlo, el hecho de estar en estado de Gracia habitual te da una gran tranquilidad. No porque pienses que si te pasa algo irás al cielo, sino porque así es el estado de Gracia habitual. ¡Cohete! Se abren las puertas y aparecen los morlacos, como ciento cincuenta metros calle abajo. El cordón de policía que hasta ese momento evita que la gente baje calle abajo, sale del recorrido por unas puertas del vallado. Algunos mozos bajan por la calle unos metros para coger a los astados unos metros antes y cambian bruscamente de dirección para empezar a correr calle arriba a toda hostia, como ellos dicen. ¡¡¡Hay que estar pirado!!! Pero eso no me incumbe. En ese momento oigo más que veo al líder de la peña gritar con toda su alma: “¡¡¡¡Ahora!!!! ¡¡¡¡Y ni miedo no hossssstias!!!!” Yo miro a los toros que vienen. ¡Horror! Un toro negro corre pegado a la acera. Sin echar derrotes, pero pegado a la acera. ¿Y si ya me había visto y al llegar a mi altura empieza a derrotar? Las leyendas urbanas del pamplonica me comen el tarro por un efímero instante. ¿Me tiro al suelo? Pero, a mitad de cuesta, un cabestro salvador se pone delante del toro negro. El toro sigue pegado a la acera, pero con un cabestro delante de él no puede verme. En mucho menos de lo que se tarda en leer lo anterior, los toros ya han pasado. El toro negro pasó a escasamente un metro de mí. Lo que cuento ahora sólo lo entenderán los que tengan más de sesenta años y hayan visto la película Moby Dick de Gregory Peck de 1956. Recuerdo cuando la vi –años después de su estreno, no soy tan viejo– una escena en la que el capitán Ajab arponea a la desesperada a la enorme ballena blanca. En un momento dado, el enorme ojo de la cetáceo, lleno de odio, copa completamente la pantalla. Pues bien, en la escasa décima de segundo en que el Cebada negro estuvo delante de mí, vi su enorme ojo negro mirándome y llenando todo mi campo de visión. Pero, una décima de segundo después, sólo vi la grupa del último cabestro, doblando la pequeña curva a la izquierda y desapareciendo de mi visión. ¿Fue alivio lo que sentí? No lo sé. Creo que no. Creo que fue una cierta decepción. ¿Eso era todo? ¿Ya se había acabado el encierro para mí? Pues sí. Reservé una pequeña esperanza, totalmente carente de deseo, de que un toro se hubiese dado la vuelta y me deparase una emoción más fuerte. Eché a andar calle arriba y no, ningún toro de dio la vuelta. Al cabo de un rato, oí los dos chupinazos que indicaban que todos los toros estaban ya en la plaza de toros y que todos habían entrado en los toriles. ¡Se acabó! ¡No hay para más! Mandé un WhatsApp a mi familia y otro al grupo que había constituido en el móvil. ¡Safe!

Por si alguno piensa que me estoy marcando un farol, mando dos capturas de pantalla de la TVE1. En la primera puede verse mi cabeza encima de la del segundo policía por la izquierda. En la segunda soy esa figura borrosa pegada a la pared que he señalado en el pantallazo con un trazo rojo.





Pero dejado atrás el encierro, quedaba lo mejor del día: el plan con mis hijos. Había salido del hotel en ayunas. Habíamos quedado en la plaza del Castillo para pegarnos un desayuno de los de levantar a un muerto. Delante de un plato de huevos fritos con patatas, chistorra y tomate, nos contamos nuestras impresiones. Ellos, invitados por los amigos de mi hijo Tomás, habían visto el encierro en Estafeta. Los comercios de esa calle tienen el sistema de cierre al revés. En vez de tener una cortina metálica que se cierra de arriba abajo, se cierra de abajo a arriba. Y si se cierra sólo hasta la altura de los hombros, se ve el encierro como si se estuviera en la mismísima calle… pero sin estar, ¡he ahí la diferencia! Tras el desayuno, fuimos a dejar libre la habitación del hotel y, siempre invitados por los amigos de Tomás, al apartado de los toros. Las entradas al apartado de la plaza cuestan tres euros y son casi imposibles de conseguir, pero para Luis y Raúl, todo era posible y tuvimos las nuestras. El apartado se trata de separar a los toros de uno en uno para ponerlos a cada uno en su chiquero en espera de la lidia. En un recinto rectangular estrecho, abierto por arriba, por uno de los lados pequeños del rectángulo se abre con cuerdas una puerta y entran en el recinto un cabestro delante y un todo detrás. Enfrente hay otra puerta abierta por la que pasa inmediatamente el dócil buey, pero que es cerrada con una pértiga antes de que el toro le siga. Entonces se abre una puerta en el lado largo del rectángulo y el toro sale por ella. Todo se maneja desde arriba y allí, acodados en una barandilla, se puede ver toda la operación. Uno no puede dejar de imaginarse lo que le ocurriría si cayese en ese recinto y un escalofrío le recorre la espalda. Pero no, la barandilla es lo suficientemente alta como para que eso no pueda ocurrir. Así pasan, de uno en uno, todos los toros. En las esperas, se puede tomar un vinito y un rico pincho de chistorra. Una gozada.



De ahí fuimos con Raúl y su mujer, Marta –Luis estaba trabajando–, a tomar el aperitivo a un sitio de pinchos muy típico de Pamplona, el Gaucho. Unos pinchos de aspecto suculento, pero no nos entregamos a ellos y nos conformamos con unos vinos porque, tras el aperitivo, nos esperaba una opípara y copiosa comida en el restaurante del hotel Europa. Ambientazo. El bar y la calle de bote en bote. Todo el mundo vestido de blanco, con pañuelos y fajín rojos, de un humor excelente. Risas y buen rollo. Lunes. Las oficinas bancarias, tiendas y otros negocios, abiertos. Pero tanto en las primeras como en las segundas, la gente va a trabajar con el atuendo sanfermín y a la hora del aperitivo todo el mundo se echa a la calle. Sana alegría de vivir y disfrutar por todos lados. No me cabe duda de que, como en todas partes, por los sanfermines pululan indeseables de la peor calaña en busca de experiencias horribles, como los de la tristemente célebre Manada. Pero lo que no ví por ninguna parte, igual que la noche anterior en Estafeta, fue el más mínimo atisbo de alarma social.

El restaurante del Europa está al lado del Gaucho, por lo que, cuando se fueron Raúl y su mujer, entramos directamente al restaurante. ¡Qué maravilla de comida! Al acabar la comida, con tiempo de sobra para llegar a los toros, a mí me entró el típico sueño sestero. Llevaba en pie desde la 6 de la mañana y había dormido poco y mal. Mi yerno, Pablo, hábil negociador, consiguió que en el precio de la comida estuviese incluida la ocupación, durante hora y media, de una habitación del hotel. ¡Como maná caído del cielo! Ni corto ni perezoso, me subí a la habitación y me eché la siesta del fraile, corta pero descansada. Me puse el despertador del móvil y, como una rosa, bajé con tiempo suficiente para que mi hijo Íñigo subiese a tomarme el relevo durante un rato. Tomás afirmó que él se había echado una siesta en la mismísima silla del restaurante, sin echar el más mínimo derrote con la cabeza, al igual que los toros a mi lado por la mañana, y con un ojo abierto y el otro medio cerrado. Parece que es una rara habilidad que desarrolló en un antiguo trabajo seven eleven en el que at three había que regalarse un disimulado sueñecillo. El único que no durmió fue Pablo que es un poco extraterrestre y no lo necesita. Así que el logrador se quedó sin descanso. Porque Pedro se tuvo que ir tras la comida para llegar a Valladolid en mi coche, con tiempo de descansar un poco antes de empezar a currar el martes a las 8,30 de la mañana. Salimos del restaurante no sin que antes nos diesen, esto sí puesto en la cuenta, unos suculentos bocatas de tortilla francesa con jamón, para matar el hambre que, a buen seguro, reaparecería en el viaje de vuelta.

Sea como fuere, a las seis y veinte estábamos en nuestra localidad de la plaza de toros. Cuatro tendidos bajos de sombra, enfrente de las peñas que se achicharraban al sol, sin que eso les impidiese todo tipo de charangas y festejos. No tenía yo muy buen concepto del comportamiento de esas peñas durante la lidia. Me habían dicho que se pasaban la corrida mirando gradas arriba, de espaldas al ruedo, sin importarles una higa lo que allí pasase, con desprecio de la labor de los matadores. Falso. Cierto que entre toro y toro organizaban la mundial atronando con sus charangas, pero durante la lidia, con mínimas excepciones, permanecían en un respetuoso casi silencio y bastante atentos a lo que se cocía en el ruedo.

Sin entender demasiado de toros y sin ir muy a menudo, me considero un buen aficionado. Sé lo suficiente para, aunque la corrida le pueda parecer un rollo a un guiri, disfrutar con una buena entrada al caballo, un buen par de banderillas puestas por un peón, un toro fijado en el burladero con economía de movimientos mientras el matador brinda o los picadores toman posiciones, un par de naturales lentos, bajos y de buena factura, una buena estocada y otros detalles. Y de estos detalles siempre hay varios en toda corrida, por aburrida que sea. Y en esta los hubo. Pero de lo que más disfruto es, cuando la hay, de la pelea del matador por poder al toro. Un matador puede matar al toro sin haberle podido. Para poder a los toros con casta hay que saber torear de verdad. Y los Cebada tenían casta para dar y tomar. Eran lo siguiente a difíciles de torear. Y los matadores no les pudieron. Ninguno. Ni siquiera Chacón o Álamo, que cortaron dos y una oreja respectivamente, lo que hizo que se abriera la puerta grande para el primero. Desgraciadamente la mayoría de la gente confunde el espectáculo con el toreo y no sabe ver un bajonazo siempre que el estoque entre hasta el fondo. Y con un par de desplantes, un pase de rodillas, alguna otra cosa para la galería y una estocada mala pero profunda, sacan el pañuelo y abuchean al presidente del festejo si no concede la oreja, cosa que hace inmediatamente. Y así se rifaron las tres orejas. Pero ninguno de los diestros supieron torear a los Cebada que, aunque murieron estoqueados, fueron muy superiores a quienes los mataron. En eso sí me decepcionó Pamplona. Yo creía que era una plaza exigente.

Acabada la corrida, al coche y a Madrid. Efectivamente, el hambre volvió de a poquitos. Y cuando se hizo suficientemente molesta, paramos en una gasolinera, nos zampamos los bocatas y reanudamos camino hacia Madrid, donde llegamos, contentos como unas castañuelas y felices como perdices, a eso de la una de la madrugada. Bueno, a esa hora llegué yo, porque a Tomás le tocó repartir a Pablo e Íñigo en sus casas.

En fin, una experiencia inolvidable que no quiero terminar de narrar sin dar otra vez las más efusivas y emocionadas gracias a Luis Muro y Raúl Domínguez, nuestros maravillosos anfitriones navarros. ¡¡¡¡¡¡GRACIAS!!!!!!



7 de julio de 2018

9 de Julio, San Fermín (al menos para mí)


Sí, para mí, este año, san Fermín es el día 9 de Julio, en vez del 7. Porque este lunes, 9 de Julio, voy a correr en el encierro de Pamplona. Bueno, correr, lo que se dice correr, no. Pero sí que voy a estar en la calle a merced de los toros. Eso sí, muy pegadito a la pared y metiendo tripa para presentar menor superficie vulnerable y rezando para que pasen de largo. Así que os sugiero que el lunes, a las 8h, esteis delante de la televisión para ver los sanfermines. Estaré en la pare de arriba de la cuesta de Santo Domingo, en donde los mozos, y este viejo, le rezan al santo para que los proteja con su capote. Se canta tres veces un canto que dice:

A san Fermín pedimos, por ser nuestro patrón,
nos guíe en el encierro,
dándonos su bendición.

¡Viva san Fermín! ¡Viva!

junto con su traducción al vasco, que no me sé.

Allí estaré y, luego, cuando suene el primer cohete, como he dicho, pegado a la pared, metiendo tripa. Claro, muchos de los que leáis esto no me conoceréis físicamente. Bueno, si veis a uno de unos 180 Kg, calvo y vestido de verde, ese soy yo. ¡¡¡¡Noooooo!!!! Tenéis que buscar a un tío delgado, de 1,90 metros de alto, con melena, vestido de blanco con pañuelo y fajín rojos. ¡¡¡¡¡¡Noooo, tampoco es eso!!!! Un tipo normal, con el pelo tirando a blanco y un poco de tripita, no mucha. Eso sí, vestido correctamente para el encierro. Es decir, uno más, indistinguible. Pero, da igual, aunque los que no me conozcáis no podréis distinguirme, el encierro es un espectáculo que merece verse.

El plan es apetecible.

El domingo 8 salgo de Madrid en coche con tres hijos y un yerno (plan de hombres para indignación de las mujeres de la familia) Por la noche, a las 10h, a ver el encierrillo, en el que los toros que se van a correr al día siguiente por la mañana, se llevan desde el corral del gas, más a las afueras de Pamplona, hasta el sitio de donde arranca el encierro al día siguiente. Y después, al hotel y a la cama. Al menos yo.

El lunes 9, a las 6 de la mañana, ¡en pie!, para, sin desayunar, por si las moscas, estar a las 7 en la cuesta de Santo Domingo para coger sitio y esperar hasta que el encierro empiece a las 8. A mis hijos y yerno no les dejo correr porque ellos están en pleno tirón de la vida con mujeres e hijos. Yo, en cambio, aunque también tengo mujer e hijos, ya estoy amortizado. Soy una máquina que funciona francamente bien y todavía puede seguir cumpliendo su función, pero ya amortizada. Si me pasa algo, ¡que pena!, pero la vida sigue. Llevo desde los 18 años soñando con correr el encierro. A esa edad, todos mis amigos corrieron muchos años, mientras yo, en Julio, estaba en Inglaterra aprendiendo el poco inglés que sé. Luego vinieron las milicias universitarias, el noviazgo y… Desde hace 50 años veo por televisión casi todos los encierros. El año pasado, tras el último, tomé la decisión. El lunes, día en el que hay menos gente, 9 de Julio de 2018 estaría allí. Y empecé a organizar el plan. Pero no estoy chiflado. Como buen banquero, he hecho mi análisis de riesgos. La estadística dice que en cada encierro se producen 0,9 heridos por asta de toro. Como corren unas 2.000 personas en cada encierro, la probabilidad de que me hiera con su asta un toro es de 0,45 por mil. O sea, despreciable. Además, el sitio menos peligroso para quedarse pegado a la pared es precisamente donde yo voy a estar, sitio por el que los toros, que acaban de ser soltados y espantados por el cohete, van ciegos, a toda leche y todos juntos. Por si fuera poco, la calle tiene el bordillo de la acera que los torps evitan y a mí me sirve de protección. Los Cebada Gago, que es la ganadería que se lidia ese día, tienen fama de ser los más peligrosos, pero eso no ocurre en la cuesta de Santo Domingo, sino en Estafeta, donde se separan, se paran, se vuelven y se convierten en bichos que miran y atacan. Pero en Santo Domingo, todos juntos como locos y ciegos. Lo he visto así durante 50 años. Es cierto que en los encierros hay también heridos por golpes, contusiones, caídas, etc. Pero eso les pasa  los que corren. Los que nos quedamos pegados a la pared metiendo tripa, no tenemos esos riesgos. Así que, tranquilo.

Tras el encierro, un buen desayuno, con hambre de lobo. Después, a las 12, a ver en la plaza en apartado de los toros en sus chiqueros para la corrida de la tarde.

Tras el apartado, una opípara comida en el Hotel Europa. Luego, ¡a los toros!

Y, después de los toros, coche y a casa en Madrid.

¿A que os doy envidia? Pues el año que viene, vosotros, que para mí esto es algo de una sola vez en la vida (como para el 45% de los que corren el encierro). Una y no más, santo Tomás.

En fin, os quiero a las 8h del lunes 9 delante de la tele, aunque no me conozcáis.

Si Dios quiere, la semana que viene contaré mis experiencias.

24 de junio de 2018

La muerte de la democracia


No es algo nuevo lo que voy a decir ahora. No es algo que diga por primera vez. No nace de ver a Sánchez en el gobierno. Es un profundo convencimiento que ha ido creciendo en mí y sobre el que publiqué un post con el título de “¿Democracia sin ciudadanos?” el 9 de junio de 2016. Estas líneas son prolongación de aquellas. En aquellas, como hago en éstas, expresé mi admiración por la democracia como sistema político. La democracia no es el hecho de que periódicamente los ciudadanos vayan a votar. La democracia es la garantía que un Estado de Derecho da a todos los ciudadanos de que sus libertades y derechos individuales no se van a ver atropellados por los más fuertes, empezando por el estado. Eso es por lo que yo creo que merecería dar la vida. Por si eso fuera poco, es también el ecosistema –me atrevería a decir, el único ecosistema– en el que se puede producir un desarrollo económico impresionante como el capitalismo. Si para lograr su esencia es condición sine qua non que los ciudadanos voten y que se elija al gobierno que salga mayoritariamente de esos votos, pues bendito sea el sistema de conseguir esa democracia. Pero no se debe confundir el medio con el fin. El sacrosanto principio de cada persona un voto no es sino un medio, no un fin. No es fácil, sin embargo, pensar otro medio mejor. Se podría pensar en un sistema aristocrático, en el que el voto debiera estar reservado a los más preparados. O, en la versión más débil de esta aristocracia, que los votos se ponderen con el grado de formación de los ciudadanos. Pero, más allá de las dificultades prácticas insalvables para conseguir esto, hay una cuestión de principio para rechazar algo así. Los más preparados no son seres angélicos y, como todos los seres humanos, si su voto pesase más, utilizarían el mayor peso que les da su preparación para votar a lo que creyeran que les favorece más a ellos. No niego que algunos pensarían en el bien general, pero la historia ha demostrado que estos algunos son siempre una exigua minoría y que, al final, esa aristocracia acabaría con lo que he definido como la esencia de la democracia. Así es que, por ese lado, es difícil ver la salida.

Pero, por otro lado, y a pesar de lo que pudiera pensarse por el mayor acceso a la educación que nunca se haya visto en la historia –otro fruto de la democracia–, vamos hacia una ciudadanía poco y mal informada, y aún menos formada. En palabras de Arnold J. Toynbee:

“También había obtenido cierto éxito [La Civilización Cristiana Occidental] al verse frente al impacto de la democracia sobre la educación. Al abrir a todos una casa de tesoros intelectuales, que desde los albores de la civilización había sido un privilegio celosamente guardado y opresivamente explotado por una pequeña minoría, el espíritu de la democracia occidental moderna había brindado a la humanidad una nueva esperanza, aunque al precio de exponerse a un nuevo peligro. El peligro estribaba en las oportunidades que una educación universal daba a la propaganda y en la habilidad y falta de escrúpulos con que la habían aprovechado sagaces vendedores, agencias de noticias, grupos de presión, partidos políticos y gobiernos totalitarios. La esperanza estaba en la posibilidad de que estos explotadores de un público semieducado no pudieran ‘condicionar’ a sus víctimas hasta el punto de impedirles que continuaran su educación de modo que llegaran a hacerse inmunes a tal explotación”

Esto lo escribió Toynbee en el segundo tercio del siglo pasado. Si viviese hoy, vería como una educación cada vez más generalizada, pero cada vez más pobre, está perdiendo clamorosamente la carrera contra unos medios de manipulación de masas que no hubiese sido capaz de imaginar en vida. Pero eso, siendo grave, no es lo más grave. Lo peor es que la mayoría de la ciudadanía se ha convertido en un conjunto de niños-buenistas-mal-criados que tienden a votar al que atiende más sus caprichos, sin pensar en las consecuencias a medio y largo plazo de eso que se les da. O, en el mejor de los casos –¿o es todavía peor?–, vota llevada por una especie de buenismo irracional de lo que un sentimentalismo blando e irreflexivo les pide. Y, ¡vaya si hay sagaces vendedores, agencias de noticias, grupos de presión, partidos políticos y gobiernos que, con tal de ganar elecciones adulan y encienden los intereses menos confesables y los sentimientos menos sostenibles. O que empobrecen cada vez más la educación para asegurarse la victoria en la carrera contra ella. Porque como decía otro gran pensador, padre de la democracia en el siglo XIX, Alexis de Tocqueville: “La gente está dispuesta a aceptar antes una mentira simple que una verdad compleja”. En espacial la gente semieducada. Y las mentiras simples suelen llevar, casi siempre, al desastre a medio plazo. Todos los partidos políticos, sin excepción, han entrado en esta dinámica. Pero no todos tienen la misma tolerancia hacia la mentira, ni la misma desvergüenza manipuladora, ni la misma indiferencia –o incluso propensión– hacia el desastre. Un tal Antonio Gramsci definió una estrategia para que la extrema izquierda pudiese ganar con malas lides la batalla que había perdido en campo abierto contra la economía de mercado. Y esa estrategia se basaba en el uso sistemático de la mentira, buscado con ella atraer a los más sagaces vendedores, agencias de noticias, grupos de presión, y con el propósito expreso de crear catástrofes que sirviesen de caldo de cultivo para la creación de lo que llaman “las condiciones objetivas” de su victoria final. Gramsci supo elegir bien quienes debían ser las personas objetivo para convertir en sus compañeros de viaje: la Iglesia en primer lugar y, luego, profesores, jueces y periodistas, fundamentalmente. Esa infiltración no debía, sin embargo, ser tan burda que fuese rechazada de plano. No se trataba de convertir a miembros de estos colectivos en revolucionarios. Más bien había que empaparles de un ideario buenista y falsamente compasivo, transformando el lenguaje, edulcorando las palabras más duras (aborto por interrupción voluntaria del embarazo) o usando torticeramente las palabras más nobles (solidaridad, paz, igualdad) en consignas infinitamente repetidas hasta que calasen en los huesos de una parte de ellos. A esta manipulación la llamó “gramática normativa”. Así parte de estos colectivos se convertían en lo que ellos llaman “tontos útiles”. Pero, con todo, los más útiles de los “tontos útiles” eran los socialdemócratas, a los que despreciaba con toda su alma de marxista. Ellos prometerían y darían lo que es imposible de mantener. Así crearían decepción y descontento y, con ellos, el caldo de cultivo adecuado. Por supuesto, para conseguir esto, había que infiltrar a algunos pocos partisanos sin escrúpulos en esos colectivos y partidos, para asegurar la buena dirección del resto de los “tontos útiles”. ¿Suena a paranoia? Puede. Pero eso es precisamente lo que Gramsci quería que pareciesen los que sacasen a la luz su estrategia. Así es que no soy paranoico. Simplemente, estoy bien informado. Porque los conozco como si los hubiera parido, ya que recibí ese adoctrinamiento en mi juventud y me faltó muy poco para caer en sus garras.

Así, hace tiempo que se ha iniciado un proceso en el que un partido, generalmente socialdemócrata, inicia la huida hacia delante en cualquier campo, económico o social y, de forma más o menos reluctante, de uno en uno, como la caída de las fichas de dominó, los demás le van siguiendo. Y, junto con los partidos, la prensa, la educación, los jueces y, en algunos temas, la Iglesia. Y conseguido eso con un determinado tema, se empieza con otro. Pensiones insostenibles, salarios mínimos imposibles, renta universal, gastos sociales de todo tipo inasumibles, etc., son algunos de esos aspectos en el terreno económico. Aborto, ideología de género, movimiento LGTBI y demás siglas que se vayan añadiendo, inmigración descontrolada, etc., son alguno de los ejemplos en el terreno social. En el desarrollo de estas tendencias ha colaborado no poco el deterioro de una filosofía realista, sustituida por filosofías idealistas, sin contacto con la realidad, que han florecido con la vaca sagrada de la Ilustración. Ya hablé de esta vaca sagrada en un envío anterior. Y a cada paso, nos vamos adentrando un poco más en el callejón sin salida. Es la democracia gramsciana de los ciudadanos-buenistas-niños-consentidos.

Y así, la democracia está entre sus Scilla y Caribdis. Un monstruo que podría acabar con ella –¿Scilla?– sería la limitación de voto. Pero justo a unos metros está el otro monstruo, el de la democracia sin ciudadanos –¿Caribdis?–, o con ciudadanos-buenistas-niños-consentidos. Y, en medio, esperando su oportunidad de recoger los restos del naufragio, los carroñeros totalitarios, que hoy pueden llamarse bolivarianos o podemitas. Y aquí es donde encallo. Me gustaría ser capaz de encontrar aunque sea un atisbo de solución de este paso entre los dos monstruos. El esclarecido Odiseo, con la ayuda de Atenea, fue capaz de pasar entre Scilla y Caribdis perdiendo “sólo” seis hombres de su tripulación. A mí no se me ocurre ninguna estratagema. Por eso acojo con ilusión cualquier idea que pueda arrojar alguna luz sobre cómo evitar el mortal peligro. Así las cosas, el Domingo pasado, 17 de junio, leí con gran atención una entrevista a Jason Brennan, en la sección “Crónica” del diario “El Mundo”, con el título de “El problema de la democracia son los votantes”. Lo busqué en la versión digital de “El Mundo” para añadirlo a este post. Missing. Ignoro los criterios que este diario aplica para decidir qué artículos lleva al digital –la mayoría– y cuáles no –los menos. Éste no estaba. Tal vez sea porque no es lo suficientemente correcto, políticamente hablando. No obstante, lo he localizado en una página web mexicana llamada pressreader.com. En este mundo, nada que se diga o se escriba es ya susceptible de ser escondido. El que quiera puede leerlo entero en el link que pongo a continuación:


Pero, para los que no quieran hacer el esfuerzo de ir a las fuentes, señalo lo más relevante de la entrevista. Brennan aboga por algo a lo que llama la epistocracia, sistema que explica de la siguiente manera:

P. Usted defiende la epistocracia, ¿sólo deberían votar los vulcanianos[1], los bien informados?

R. Esa es una forma de epistocracia, pero no la que yo propongo. Es muy difícil identificar a los vulcanianos y, si pudiéramos hacerlo, un grupo de expertos tendría en sus manos el poder y lo usaría de manera sabia pero en su propio interés. Cuando se concentra el poder en unos pocos, éstos tienden a usarlo en su propio beneficio.

P. ¿Y qué propone entonces?

R. La epistocracia que propongo es lo que yo llamo gobierno por oráculo simulado. Imagínese un oráculo como el de Delfos, capaz de decirnos lo que está bien y lo que está mal… Seguro que lo consultaríamos, ¿verdad? No lo tenemos, pero podemos crearlo. ¿Cómo? Cambiando el modo en que se vota. Con el sistema que yo propongo todo el mundo votaría, nadie quedaría excluido. Haríamos tres cosas. La primera: entender quiénes son los votantes, reunir de manera anónima datos sobre qué tipo de personas son, cuánto ganan, dónde viven…, porque todo esto afecta a su manera de votar. En segundo lugar, haríamos a los votantes un test de conocimiento político como, ¿cuál es el partido que gobierna? ¿Quién es su vicepresidente? Y, tercero, sabiendo quienes son y qué es lo que saben, se puede simular lo que los ciudadanos votarían si estuviesen bien informados.

No sé si me queda claro lo de la epistocracia de Brennan. Me suena a algo así como aplicar la inteligencia artificial al voto. Y la verdad es que no me convence. Además creo que equivoca el enfoque. El meollo del asunto no es –o no es sólo, ni fundamentalmente– una cuestión de información de los votantes, sino de formación básica y de capacidad para juzgar a largo plazo, aunque sea para sus intereses personales, las consecuencias de las políticas que aplique un partido en caso de gobernar. Y no he visto nada de esto en la breve entrevista. Pero si lo comento aquí, no es porque me gusten las conclusiones de Brennan, sino porque es una búsqueda, aunque sea equivocada, de una solución al dilem que yo no soy capaz de encontrar. Los eruditos afirman que Scilla y Caribdis es el estrecho de Messina que separa Sicilia y Calabria. Al menos, la etimología parece similar. Pero, tal vez, para evitar el peligro del estrecho de Messina, fuese mejor, aunque más largo, dar la vuelta a Sicilia. Pero no es fácil saber si existe un rodeo así que pueda salvar la democracia. En cualquier caso, Brennan ha escrito un libro que lleva el título, creo que incorrecto, de “Contra la democracia”. Digo que me parece incorrecto porque en la entrevista, su autor enfatiza desde el principio que él está convencido de que la democracia es un sistema con un enorme valor. Si eso es algo que también ocurre en el libro, creo que su título puede llevar a errores. El libro está editado en español por Deusto, con el auspicio del Instituto Juan de Mariana y de la asociación Value School. En mi opinión, merece la pena leerlo –y así lo haré– por el mérito que supone la búsqueda de la forma de atravesar el estrecho entre Scilla y Caribdis. Tal vez no dé con la solución, pero a lo mejor alumbra nuevas posibilidades.

Y ahora, ¿qué tiene esto que ver con España? Mucho. Porque en España ya estamos empezando el tercer ciclo de desastre-milagro. El PSOE de González nos puso, tras trece años de gobierno, al borde del desastre, gracias al voto de los ciudadanos-buenistas-niños-consentidos. Cuando el lobo empezó a enseñar las orejas, sólo entonces, esos ciudadanos, hobbits incluidos, se acordaron del PP, que nunca había gobernado. Y el PP hizo el primer milagro. No fue perfecto y tuvo muchos fallos, algunos graves, pero evitó el desastre. Pero no bien estuvo más o menos arreglada la situación, ocho años más tarde, los ciudadanos-niños-consentidos se aburrían y se dejaron nuevamente llevar por ese mortal buenismo irracional y aparentemente innovador. A Zapatero le hicieron falta sólo siete años para, ciego a la crisis internacional, meter a España en una situación mucho más desastrosa que la que dejó González. Esta vez el lobo no sólo enseño las orejas, sino los colmillos y parecía que el milagro iba a ser imposible. Nadie daba un duro por que el nuevo gobierno del PP lo arreglase… pero lo arregló. Naturalmente, como no puede ser de otra manera, con errores. Y, algunos de ellos, graves. Y, otra vez el ciudadano-buenista-niño-consentido, presa de su afán de novedades excitantes, decidió dejarle, tras dos elecciones, con el culo al aire. Es decir, con una minoría que hacía a España prácticamente ingobernable. Esta vez, el ciudadano-buenista-niño-consentido fue muy ayudado por el ciudadano que, en la nota al pie de más arriba, he llamado votante draconiano, que no admite ni una sola cosa que no sea perfecta, como a él el gusta. El resultado fue abocar a España a una moción de censura contra toda natura, que ha aupado al gobierno a un presidente lleno de ocurrencias buenistas que, como no podía ser de otra manera, son aplaudidas por el ciudadano-buenista-niño-consentido que está divertidísimo, apoyado por el coro de los grillos que cantan a la luna. Sólo tengo una duda con Pedro Sánchez, que comparto con el caso de Zapatero: ¿Son simples “tontos útiles”  socialdemócratas o partisanos gramscianos infiltrados? La semana pasada, primera del nuevo gobierno, ya hubo una buena tanda de ocurrencias que comenté en el último post. Esta semana… más difícil todavía. Fiesta de recibimiento del Aquarius mientras en el fin de semana más de mil personas llegaban en pateras anónimas. ¡Se acabarán las autopistas de peaje! ¡Viva la Pepa! Se anuncia nueva vuelca de tuerca a la mentira histórica, tal vez acompañada de la exhumación de Franco y de todos los enterrados en el Valle de los Caídos. Fin del concordato con la Santa Sede. Seguro que se me olvida algo. ¿Alguien da más? Y el PSOE sube en las encuestas. A eso se le llama venderse bien y tener una buena política de comunicación, cuando lo que es, es un uso perverso de la mentira y una manipulación de la estupidez. Pero esta fiesta de buenismo y estupidez desbocados tendrá sus consecuencias nefastas. Y me temo que esta vez el lobo no sólo enseñará orejas y colmillos, sino que nos alcanzará. Y es posible que ya nadie pueda arreglarlo. Algunos de los votantes draconianos le llaman a esto catarsis. ¡Qué ingenioso es poner ese nombre a la catástrofe cuando sólo es una idea! Es lo que tiene el mundo de las ideas desconectado de la realidad. Pero yo ya estoy un poco harto. Por favor, que alguien encuentre un paso entre Scilla y Caribdis pronto, porque estos ciclos, auspiciados por el buenismo y el perfeccionismo, si nos llevarán al desastre. Y, por favor, dejemos de lado el purismo draconiano perfeccionista.



[1] Brennan, de una forma un poco simplista divide a los votantes en tres grupos: 1) “Hooligans”; aquellos que votan visceralmente a un partido y que nada ni nadie les puede hacer cambiar su voto, de la misma manera que nadie les hace cambiar de equipo de fútbol. 2) “Hobbits”; aquellos poco interesados en la política que, o bien no votan o bien se dejan fácilmente influir por cualquiera porque, como les pasa a los hobbits en “El Señor de los Anillos”, sólo les interesa su vida tranquila, desayunar varias veces, cuidar sus cosas, fumar sus pipas y creen que en el fondo da igual quien gane, que nada de lo que pase en política va a alterar su tranquila vida cotidiana. 3) “Vulcanianos”, en referencia a la serie “Star Trek”; son los votantes analíticos y racionales. A mí se me ocurre algún tipo más. Permítaseme citar al votante que podría llamar “draconiano”, en memoria de Dracón. Dracón fue un legislador ateniense que desarrolló un código de tal dureza para castigar cualquier delito que despertó tal animadversión popular que hubo de exilarse a Egina, donde murió. Es el votante perfeccionista-intolerante-al-error. Cualquier error o cualquier desviación de lo que a mi juicio debería haber hecho el gobierno que, en principio apoyo, debe ser castigado.

15 de junio de 2018

La primera semana del nuevo gobierno


El nuevo gobierno de Pedro Sánchez ha pedido que, si no 100 días, se le dé al menos una semana de “tregua”. Supongo que esto de las “treguas” es para dar tiempo a un nuevo gobierno a que aterrice y empiece a tomar medidas. Pero dado que a este gobierno le ha faltado tiempo para romper la “tregua” con una ráfaga de medidas entre populistas, mediáticas y de apoyo al independentismo, entiendo que está abierta la veda. Me siento, por tanto, moralmente autorizado a criticarlas. Vayamos por orden cronológico.

Empecemos por la composición del propio gobierno. 18, entre miembros y miembras y, de ellas, ellos, 11 miembras, es decir, más de un 60%. Estoy completamente en contra de los cupos, como lo estoy de la discriminación a las mujeres. Creo en que para cualquier cargo, debería elegirse a los mejores, sean hombres o mujeres, sin discriminaciones, ni negativas ni positivas, en contra o a favor de éstas. Y me pregunto si ese es el criterio que se ha seguido o si, por el contrario, se ha querido demostrar que se trata de ser más feminista que nadie. Porque no sé por qué, me parece que si se eligiesen a los mejores, sería extraño que esa proporción se alcanzase de forma espontánea. Por establecer una comparación, en las Cortes españolas –Congreso más Senado– hay un 38% de mujeres –uno de los porcentajes más altos de Europa–. En la Ejecutiva del PSOE hay 20 mujeres de un total de 49 miembros (41%) y en su Comité Federal hay 54 mujeres de 132 miembros (41%). Y eso porque la ley de igualdad obliga a que ningún sexo tenga menos del 40%. ¿Por qué de un universo así, ya sesgado por cupos, sale un 60% de ministras? ¿Por meritocracia? Parece dudoso. Más bien parece un intento deliberado por ser progres. ¿Qué decir de Maxim Huerta, un ministro de cultura y deporte que odia el deporte y los toros, que sólo escribe twits, que su único mérito es ser uno de los llamados “influencers”, rey del marujeo? ¿Cuáles son sus méritos? Misterio. Pero es muy bueno para el gobierno tener un toque guay y alternativo. Cuando escribí esto, todavía no había saltado el affaire Huerta. Pero corrijo a tiempo la omisión. El pobre ha tenido que dimitir siendo, naturalmente, inocente, por culpa de la “jauría” y por amor a la cultura. No sé de cómo se ganaba la vida el pobre, pero yo no tendría de dónde estafar al fisco ni la mitad de lo que él ha estafado. Pero, claro, él es de izquierdas y ya se sabe lo de la doble vara. Pero no bien acabo de corregir la omisión, se presenta otra. Luis Planas, flamante ministro de agricultura también está imputado por robo de agua. Por supuesto, él dice que es inocente y que le van a desimputar. Puede, pero habrá que verlo. De momento está imputado. ¿Debería dimitir? Creo que es razonable esperar a ver si efectivamente es desimputado. Pero lo que sí debe hacer, sin la más mínima duda, es dar la cara en el Congreso. Pero, ¡ah!, sigue la doble vara: en la tertulia que está teniendo lugar en 24h mientras escribo estas líneas, 18,30h del jueves, oigo por primera vez ante un caso así a los tres periodistas contertulios decir cosas del estilo de: “todos tenemos cosas que no nos gustaría que se supiesen” o “cuánto tiempo tiene que para que uno purgue sus faltas” o “en realidad ya ha pagado a Hacienda lo que debía” o “tal vez nos estemos pasando en exigencias de limpieza” y cosas similares. ¿Cuándo se ha oído algo así antes? Claro, no es lo mismo que esté imputado uno del PP que uno del PSOE y, menos aún si es de Podemos. Pero dejemos la limpieza ética y sigamos con el gobierno. Muy bueno lo de poner a un astronauto de ministro de Ciencia, Innovación y Universidades. No me cabe duda de que Pedro Duque es una persona inteligente, además de ingeniero. Pero ser listo e ingeniero y haber estado en el espacio no le hace necesariamente un conocedor ni de los entresijos del desarrollo y la creación científica, ni experto en el complejo sistema universitario. Tal vez lo suyo sea la Innovación. Pero qué duda cabe que es exótico. Lástima que en España no tengamos mujeres astronautas. Habrá que protestar a la ESA. Eso sí, se nombra ministro de Asuntos Exteriores a Borrell, para dar una garantía de defensa de la unidad de España. A la vista de los primeros gestos de buena voluntad hacia los independentistas, que veremos dentro de unas líneas, más bien parece una venda puesta antes de la herida, una coartada. Yo hubiese pagado una importante suma de dinero para oír el monólogo interior que llevó a Pedro Sánchez a elaborar este gobierno. Por cierto, me parece que tiene un perfil muy bueno el nuevo ministro de Cultura. ¿Por qué no hizo algo así desde el principio? Misterios de la mente progre y volátil de Sánchez.

Primer consejo de ministros. Se levanta el control de las cuentas de la Generalitat. Hay que tener en cuenta que el control de las cuentas no está ligado al 155. Se estableció antes del 155 y bastaba una orden ministerial para mantenerlo. Se hizo lo contrario. Para restablecer la normalidad, se dijo. Muy normal que lo primero que diga el señor Torra que va a hacer con esa barra libre de dinero es volver a abrir las “embajadas” de Cataluña. ¡Viva la normalidad!

Día 2. La ministra Batet, dice que va a intentar reformar la Constitución en la línea del federalismo y de España como nación de naciones. Un brindis al sol, claro, porque para reformar la Constitución necesitaría 3/5 de ambas cámaras y un referéndum si lo pide un 10% de Diputados o senadores, para las modificaciones “light” y 2/3, también de ambas cámaras, más disolución de ambas y nuevas elecciones cuyas nuevas cámaras ratifiquen la modificación constitucionalidad también con 2/3 más un referéndum sí o sí, si se trata de una reforma “heavy”. ¿De qué van? ¿Será el pago de algo o simplemente para recuperar el “talante” de Zapatero?

Por si había dudas sobre el pago de deudas contraídas, se dice que se van a volver a poner en vigencia los artículos del estatuto catalán suspendidos por el Tribunal Constitucional. ¿En manos de quién estamos? ¿Se creerán que el gobierno puede decidir esto en contra del Tribunal Constitucional? Si lo creyesen, tendrían que recibir un curso sobre lo que es el Estado de Derecho. No, no lo creen, son ocurrencias simpáticas. Ocurrencias imposibles pero que, a buen seguro, van a encaminarnos hacia la “normalización” de Cataluña.

¿Y, Borrell? ¿Dónde está Borrell ante todos estos gestos de vuelta a la normalidad? ¿Es un engañado o un falso? Como esto siga así en las próximas semanas, cuanto más tarde en dimitir, más convencido estaré de lo segundo.

Anular la reforma laboral. Nuevo brindis al sol. Ya han rectificado. No pueden. ¡Ah! pero no importa, lo harán por partes. Pues nada, si tienen algo de éxito, otra vez a ver crecer el paro.

17.000 millones para “regar” a las autonomías. ¿Qué querrán decir con esto? ¿De dónde van a sacar ese dinero? Por supuesto de los impuestos. Leña al caballo percherón, las empresas, que lo aguanta todo… hasta que se pare y reviente.

Armonización fiscal. ¿Qué significa esto? Que la díscola Comunidad de Madrid suba los impuestos al nivel de la ejemplar Andalucía. A esto le llaman evitar el dumping fiscal. ¡Magnífico eufemismo! Apliquemos la receta de las comunidades desastrosas a las que van bien. Más FLA para todos y que no haya ni una comunidad que se pueda financiar en los mercados libres. ¿Para qué, si el estado da barra libre?

Las pensiones. Por supuesto, garantizar la subida del IPC en los años de crisis y, si las cosas van bien, subir más. Yo, que ya tengo la jubilación activa, encantado. Pero, ¿es posible? Da exactamente igual que el Informe del Tribunal de Cuentas recientemente publicado señale que la Seguridad Social está técnicamente quebrada tras perder 76.000 millones –sí, no sobra ningún 0, 76.000 millones– desde 2010. Cuanto más se suban las pensiones, antes quebrará el sistema y más estrepitosamente lo hará. Pero no hay que preocuparse, todo lo compensará el omnipotente estado. ¿Qué de dónde sacará el dinero? A la peregrina idea del PP de sacarlo del impuesto a las tecnológicas, le añaden el impuesto especial a la banca. Bueno, que las tecnológicas se vayan de España, ¡total! Apple solita ha creado en los últimos diez años 1,7 millones de puestos de trabajo directos o indirectos en Europa. Pero, ¿quién necesita a las tecnológicas? Y lo del impuesto especial a la banca es una medida tan demagógica como inútil. Los beneficios globales de la banca española son de 13.000 millones de €. ¿Cuánto hay que subirle los impuestos para sacar 17.000 millones para las autonomías más lo que cueste prometer lo que no se puede cumplir de las pensiones? En cualquier caso, una subida de impuestos a la banca encarecería los préstamos. Y si los préstamos se encarecen, peor para los empresarios. No importa, el caballo percherón lo aguanta todo. No es verdad, la subida de impuestos y el encarecimiento del préstamo matan percherones y frenan la economía. Pero, ¡qué más da!, queda bonito. Muy bien, viva la nueva receta económica. Así nos va a lucir el pelo. Cuando estemos a punto de quebrar, ya llamaremos a los fontaneros para que hagan el trabajo sucio y se manchen las manos. Ahora hay que decir cosas que brillen. Pero puede que el tercer milagro no salga.

Y, naturalmente, en lo que a ecología se refiere, vamos a ser, como solemos presumir, más papistas que el Papa. ¿Qué Europa dice que hay que llegar al 27% de producción eléctrica mediante renovables en 2030? Pa chulos nosotros. Nosotros vamos a llegar al 35%. ¡Como suena! En palabras de la ministra de Transición Ecológica, “España va a dejar de ser el lastre de la UE”. En 12 años, del 17,3% actual, al 35%. ¡Así somos nosotros! ¿Queda bonito? Puede, pero Zapatero ya hizo algo parecido. Y, a base de subvenciones, llenó España de tecnologías solares y eólicas que quedaron obsoletas inmediatamente, puso el déficit de tarifa por las nubes y consiguió que, por los impuestos asociados, España tuviese la energía más cara. Y luego hubo que suprimir las subvenciones, y meterse en un cenagal legal con los que invirtieron. Cenagal que todavía no nos ha pasado la factura, pero que nos la pasará. Bueno, pues vamos a repetir la jugada, que fue muy bonita.

Y, por último, el Aquarius. Tema delicado. Aguas profundas. Por supuesto, dejar morir a la deriva a 629 personas, 123 de ellos menores no acompañados, 11 niños pequeños y 7 mujeres embarazadas es algo que ninguna conciencia puede ver impasible. El gesto de Sánchez es, por lo tanto, encomiable y yo lo aplaudo. Pero cuando uno hace un gesto así, tiene que pensar en las consecuencias y tener un plan. En estos momentos hay muchos inmigrantes, en patrulleras italianas –qué malos los italianos, que los rescatan–, que se encuentran en situación parecida a los del Aquarius. ¿Les vamos a acoger también? ¿Y a los cientos que estén en esa situación pasado mañana? ¿Y el mes que viene? No parece que haya nada que se parezca a un plan. La primera reacción del gobierno fue darles a todos, de golpe, es estatuto de refugiados. Pero, otra vez más el derecho se impone a las palabras grandilocuentes y el ministro del Interior ya ha dicho que eso no se puede hacer. Claro. Lo que no se dice es que España, en lo que va de año, ha recibido más de 9.500 inmigrantes ilegales. ¿Se les va a dar a éstos del Aquarius un trato diferente a aquellos más de 9.500? Sí, porque los 9.500 han venido de a poquitos y no son mediáticos. Lo que no se dice es que las mafias que embarcan camino de la muerte a estos pobres inmigrantes, se frotan las manos cada vez que se hacen las cosas más fáciles. ¡Más negocio! El efecto llamada es una verdad como una casa. Pero es una verdad incómoda. Esto de acoger está muy bien, pero, pasados unos meses, estarán vagando por las calles de las ciudades europeas sin nada que hacer. Algunos estarán en Lavapiés diciendo, coreados por Podemos, que la policía los maltrata, desadoquinando el barrio y exigiendo que se legalice el top manta. ¿Que los comerciantes protestan? Que protesten. Sólo son españoles de a pie.

¿Soy xenófobo? En absoluto. Me parece excelente que a todo aquel emigrante que tenga trabajo en España se le abran las puertas de par en par y se le den todos los papeles que necesite de forma inmediata, que coticen a la Seguridad Social y tengan derecho a las prestaciones, exactamente iguales, a las que tienen los españoles con las mismas condiciones de cotización. Cosa que ahora no pasa. Creo que la inmigración de personas que vienen a trabajar en esas condiciones es magnífica para España. Pero acoger a gente que no tiene otra cosa que hacer que vagar por las ciudades no conduce a nada. He oído condenas a la insolidaridad de la UE y sus ciudadanos. Pero nadie elogia que la UE salve tantas vidas como salva. Salvamento que se transforma críticas por no poder ser la tierra prometida. He oído decir que hay que utilizar la cooperación internacional para promover el desarrollo de los países de origen. ¡Magnífico! La única pega es que la cooperación internacional –léase regar dinero en proyectos creados desde arriba artificialmente– es casi absolutamente inútil. Se diluye en la nada en menos que canta un gallo. En cambio, no he oído ni una sola palabra de condena a los verdaderos culpables de la miseria de los países subsaharianos. Sus gobernantes corruptos, con supermillonarias cuentas corrientes en todos los paraísos fiscales. Fortunas formadas con la extracción a la que someten a sus súbditos. Extracción que incluye, por supuesto, las ayudas al desarrollo y parte de los beneficios de las mafias de emigración. Pero denunciar eso es tabú. Es mejor criticar a la UE que denunciar la auténtica causa. No sé si esta causa tiene solución, pero el primer paso para ella es el diagnóstico y ese no se hace desde ninguna instancia. En fin, que por muy encomiable que sea, que lo es, el gesto de Sánchez es también –¿o sobre todo?– un golpe de efecto.

En resumen, una semana de gestos inútiles y mediáticos que, naturalmente, serán tragados por el conjunto de los ciudadanos-niños-mal-criados que forman la mayoría del electorado español y que, al final, son los que dan la victoria electoral. Gestos que, o no se podrán llevar a cabo o, si se llevan, serán devastadores para la economía. Pero a los ciudadanos-niños-mal-criados, la economía ya no les importa, porque se da por garantizado que la vaca lechera del estado tiene leche ilimitada para todos y para todo. Diferencia con los ciudadanos suizos que hace unos años dijeron NO en un referéndum al salario vital universal o que, en uno de la semana pasada, dijeron que NO a acabar con la reserva fraccionaria de la banca. Sabían que algo así supondría el desastre económico. Con una ciudadanía así, este gobierno sería abucheado. Pero… tenemos lo que tenemos. Y este gobierno, en siete días, ya ha dejado claro que va a hacer sólo gestos grandilocuentes y que, ¡por favor!, no le estropeemos ese brillo con la verdad. Sigamos aplaudiendo la posverdad que es un ejercicio muy sano.


13 de junio de 2018

Presentación de mi novela "El lrgo y tortuoso camino"


Hace unos días presenté mi novela "El largo y tortuoso camino" de la que os hablé el 20 de Marzo. Hoy os envío dos links a sendos vídeos, de la presentación y de las preguntas que siguieron.

Si os parecen interesantes, os pido que le deis difusión.

En ese post del 20 de Marzo de que os hablo más arriba, os pedí que lo compraseis en Amazon (Versión papel o Kindle en español o en inglés), lo leyeseis y, si os gustaba, lo recomendaseis. . Hoy os reitero esa petición



9 de junio de 2018

Despedida a Mariano Rajoy y malvenida de Pedro Sánchez


El viernes 1 de Junio, sabido, aunque no consumado, el éxito de la moción de censura, escribí un post en el que expresaba por qué mis enemigos odiaban a Rajoy y por qué eso, además de otras causas, le granjeaba mis simpatías. El día 2, ciertas respuestas a ese post me hicieron escribir, muy en caliente, una cosa con el título de “los otros odiadores”, que no publicaré porque es demasiado dura.

Pero hoy, ya con una semana por medio, no me resisto a hacer el último homenaje a ese hombre para el que, como dijo en su despedida: “Ha sido un honor dejar una España mejor de la que encontré”. Es verdad y de aquello que no tiene de verdad, el estrafalario parlamento español, hay otros que son, al menos, tan culpables como él en hacerla peor sin compartir el hacerla mejor.

Y este homenaje se lo voy a hacer usando palabras de Rudtard Kipling en su poema If. 

Evidentemente ni Rajoy es un niño al que se le den consejos, ni yo soy su padre, pero creo que la poesía es válida. No la pongo entera, sino sólo lo que creo que es pertinente:

Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todo a tu lado es cabeza perdida y te lo reprochan.
Si puedes mantener la confianza en ti mismo cuando todos dudan de ti y, no obstante, ser indulgente con sus dudas.
Si sabes esperar sin desalentarte en la espera, o siendo engañado no contestas con engaño, o siendo odiado no respondes con odio […].
[…]
Si puedes pensar y no convertir tus pensamientos en consignas.
Si puedes codearte con el Triunfo y el Desastre y tratar a estos dos impostores por igual.
Si puedes soportar ver tus palabras falseadas por embaucadores que han hecho de ellas trampas para idiotas o ver rotas las cosas por las que has dado tu vida […].
[…]
Si puedes obligar a tu corazón y a tus nervios y a tus fibras a que te apoyen aún después de haberlos perdido […].
Si puedes hablar con multitudes y caminar con reyes sin perder la sencillez.
Si ni enemigos ni amigos del alma pueden dañarte.
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.
Entonces […], tuya es la tierra y cuanto la llena y –lo más importante–, ¡serás hombre, hijo mío!
(La cursiva del verso anterior y la traducción son mías)

Rajoy podrá volver, si quiere, a ser registrador de la propiedad ganando bastante más de lo que ganaba como Presidente del Gobierno, cosa que no muchos políticos pueden decir. Me extrañaría mucho verle enredando entre bambalinas, como hacen otros que deberían estar calladitos. Como he dicho otras veces, estoy convencido de que, a pesar de esta amarga derrota, la historia juzgará a este hombre como uno de los mejores Presidentes de España. Y estoy más seguro todavía de que muchos de los que le vituperaban desde su misma orilla, le añorarán. Al tiempo.

No bien acabé de redactar este post ayer e primera hora, cuando se reunió el primer consejo de ministros del nuevo gobierno de Sánchez. Lo malo de las deudas es que hay que pagarlas. Pero algunas ofrecen un cierto periodo de carencia. La de Sánchez con los independentistas, no ofrecía, al parecer, esa posibilidad. Al primer tapón, zurrapas. Se levanta el control previo a las cuentas del gobierno catalán independentista. Y mi pregunta, ahora que estoy echando cuentas sobre lo que tengo que pagar de impuestos, es: ¿Cuánto de lo que voy a pagar va a acabar gastándose en actividades separatistas? No es esa la mejor manera de que uno se sienta satisfecho con los impuestos que paga. El levantamiento del control se ha hecho como “un gesto de normalización”. ¿Normalización? ¿Es que el gobierno no ha oído las cosas que ha disco el Sr. Torra en los últimos días? ¿O es que son tan tontos que creen que los independentistas van a responder con un gesto de buena voluntad y normalización a esa medida? No creo que a estas alturas haya alguien tan ingenuo. Sería una ingenuidad frontera con la estupidez.

Pero a mí me gustaría dirigirme, inútilmente, lo sé, al ministro Borrell:

Señor Borrell, usted me entusiasmó con sus palabras en la manifestación pro España que tuvo lugar hace unos meses en Barcelona.
Señor Borrell, a usted le han hecho ministro para dar credibilidad a la pretensión del PSOE de que no se habían hecho concesiones a los secesionistas.
Señor Borrell, a mí se me plantean dos alternativas en lo que a su situación respecta.

La primera es que usted, a pesar de sus palabras en aquella manifestación, sea tan ambiguo y caña quebrada como su partido y sepa nadar y guardar la ropa.

La segunda es que le estén utilizando.

No creo que la primera sea el caso. Creo en su buena voluntad e inteligencia. Me quedo por tanto con la segunda. LE ESTÁN UTILIZANDO para disfrazar el pago de la deuda de algo basado en una supuesta buena voluntad tan falsa como estúpida si fuese cierta.

¿Se va a dejar usted utilizar? Si no quiere que los españoles pensemos que es usted igual de caña quebrada que su partido, sólo le queda una alternativa. DIMITA de ese gobierno que le usa de tapadera. Usted está muy por encima de los manejos de Sánchez para ganarse la pensión vitalicia de Presidente del gobierno de España.

¡DIMITA Señor Borrell! No se haga cómplice de la subasta de España al mejor -o al peor- postor.