19 de octubre de 2017

Siguiente jugada del rey solo frente a rey, alfil y caballo o cómo reacciona el toro manso Puigdemont

Pues sí. Puigdemont se mantiene en sus trece y el 155 ya está en marcha. El sábado se celebrará un Consejo de Ministros Extraordinario en el que se decidirán las medidas que se tomarán una vez esté en vigencia y se mandarán al Senado. Se espera que el Senado acabe los trámites a finales de mes. No sería de extrañar alguna jugarreta de Puchi de aquí a que el Senado lo apruebe. Bueno, el gobierno estará a la que salte y responderá con su movida. Pero el toro manso sigue siendo peligroso y la partida de rey, alfil y caballo contra rey solo, continua imperturbable. Paciencia y astucia.

Por su parte Puchi, en la carta que ha mandado hoy, y cuyo link podéis ver más abajo, sigue como toro manso, pero astuto, intentando evitar ser acusado de rebelión por los fiscales y jueces y cuida mucho sus palabras. Atribuye al pueblo de Cataluña, es decir, a Fuenteovejuna, el mandato de la independencia y de él mismo sólo dice que “El 10 de octubre, el Parlament celebró una sesión con el objeto de valorar el resultado del referéndum y sus efectos; y donde propuse dejar en suspenso los efectos de aquel mandato popular”. O sea, del que puede decirse, según Puchi, que declaró la independencia es del pueblo de Cataluña. Él se limitó a dejar en suspenso el mandato popular, suspensión que, dice, continua vigente. Pero, “si el Gobierno del Estado persiste en impedir el diálogo y continuar la represión, el Parlament de Cataluña podrá proceder, si lo estima oportuno, a votar la declaración formal de independencia que no votó el día 10 de octubre”. (Las negritas son mías) Es decir, no se da ningún plazo para que se reúna el parlament, ni afirma que éste declarará la independencia.

Nada de esto tiene importancia para la puesta en marcha del 155, pero sí la tiene, y mucha, para la causa penal que puedan iniciar jueces y fiscales contra él y otros miembros del Parlament. Analizo los dos planos, el político y el penal.

En el político, el 155 está en marcha. Pero lo que veo es miedo a convocar el parlament y que la independencia sea declarada por alguien con cara y ojos, distinto de abstracto pueblo de Cataluña. Y creo que lo hace porque tiene miedo de que en el parlament no se apoye esta declaración, por defección de alguno de sus miembros que sepan que, si lo hacen, sí que pueden verse incursos en el delito de rebelión. Y eso, claro, acojona a los parlamentarios y, de paso, a Puchi, por el doble miedo a las consecuencias penales y a que le dejen con el culo al aire.

En el plano penal, Puchi pisa sobre piedras resbaladizas, pero no acaba de meter el pie en el agua. Porque las palabras, para los temas penales, importan, y mucho. Supongo que muchos habréis visto la película “Un hombre para la eternidad” que narra el juicio de Enrique VIII contra Tomás Moro para acusarle de alta traición y cortarle la cabeza. Alguien le dijo a Moro que qué importancia tenían las palabras. A lo que éste respondió algo así como: las palabras lo son todo. Sólo me pueden acusar de traición por lo que diga. Y Puchi cuida sus palabras porque intenta a la desesperada que no se le pueda decir que ha declarado la independencia. A Tomás Moro le cortó la cabeza Enrique VIII, a pesar de su silencio, porque no había un Estado de Derecho. Pero en España sí lo hay y las palabras cuentan. Sin embargo, el día en el que se convoque al parlament, se vote y se apruebe la independencia (o tal vez aunque no se apruebe paro haya quien vota a favor), entonces sí que habrá posibilidad de acusar no por lo que se diga, sino por lo que se haga. Porque las palabras cuentan, pero lo hechos más y en ese caso el delito sería tan flagrante como el de Tejero. De ahí las dudas de Puchi. Pero, tarde o temprano, espero, la piedra en la que pise se moverá y se caerá al agua. Y entonces vendrá el llanto y el crujir de dientes. Veremos.

Ahí va el link a la carta de Puchi.

18 de octubre de 2017

Manejar el "incómodo" Estado de Derecho

El Estado de Derecho es uno de los inventos más grandiosos de la humanidad. Es, como le oí decir el otro día en el Congreso a Albert Rivera, el poder de los que no tienen poder. Gracias a su entramado de leyes, jerárquicamente organizadas, son posibles la convivencia, la creación de riqueza y la democracia. Porque no es la democracia la que engendra el Estado de Derecho, sino al revés, es éste el que hace posible aquella. Sin la seguridad jurídica que proporciona el Estado de Derecho, la vida sería un infierno. Una de las funciones de éste es la defensa del individuo y sus libertades frente a otros individuos pero, sobre todo, frente al estado. Porque el estado, sin su apellido “de Derecho”, puede ser, y normalmente es, un Leviatán –como le llamó Hobbes– que atropelle y pisotee todo y todos los que se le pongan por delante. Es cierto que, demasiado a menudo, el esqueleto de leyes que lo sustentan se parece más a una tela de araña que nos dificulta movernos. Además, la democracia, hija del Estado de Derecho, genera un sistema de mayorías o minorías parlamentarias que hacen que para actuar, los gobernantes tengan que llegar a muy incómodos pactos. ¡Qué engorro para quien gobierna! Es también cierto que, a veces, a pesar del Estado de Derecho, las libertades e intereses de los individuos, sobre todo de los más débiles, son vulnerados por los de los más poderosos o por el propio estado. Pero eso son tan sólo vicios de esta magnífica institución. No hay creación humana que no tenga sus vicios y el Estado de Derecho no es una excepción. Pero con todo, ¡bendito sea el Estado de Derecho!

Hay un tipo de personas a los que detesto con toda mi alma. Son aquellos que, conociendo a la perfección esa tela de araña –cuando el entramado de leyes se convierte en eso– se aprovechan de ella precisamente para destruir el Estado de Derecho. Saben esconderse en los recovecos legales para salirse con la suya. Quien se enfrenta con estas personas, sus taimadas argucias puede acabar por machacarle. Entre estas personas a las que detesto se encuentra, en general, la izquierda antisistema, que participa para destruir. Pero, desde hace al menos cuarenta años, en España, también el nacionalismo independentista se ha sumado a esta táctica. Y lo que nació para defender a los individuos del estado, se puede convertir en el instrumento para acabar con el Estado de Derecho. Por eso, los gobernantes, cuando se enfrentan con este tipo de personas o grupos, tienen que andarse con pies de plomo. Porque una metedura de pata de un ciudadano o un grupo de ciudadanos en esta pugna, es muy fácil de enmendar. A veces basta con que cambie de nombre. Véase si no el cambio del CDC por PDeCAT. Pero cuando el gobernante, actuando para defender el Estado de Derecho contra estas personas, corta uno de los hilos de la tela de araña o pisa una de sus líneas rojas, las consecuencias suelen ser nefastas para éste, causándole un daño irreparable y dejándole a los pies de los caballos. Esta guerra es una guerra de astucia y de nervios que puede parecer exasperante al que la ve desde fuera y que, sin darse cuenta de la complejidad de la lucha, y llevado por su impaciencia, quiere que el gobernante entre cual caballo en cacharrería. Y ¡ay del gobierno que ante esta presión, que puede llegar a ser tremenda, apresura el paso y se salta etapas y procesos tan exasperantes como necesarios! No soy, ni mucho menos, un experto en ajedrez. Pero sé que el final más difícil de una partida es dar jaque mate con sólo un alfil, un caballo y, por supuesto, el rey, cuando el contrario se ha quedado sólo con el rey. Requiere seguir un tedioso protocolo contra el que el rey contrario puede engañar al jugador inexperto con aparentes atajos que conducen a consumir jugadas. Y si se llega a las cincuenta, el rey solitario fuerza tablas, para desesperación del contrario.

Es evidente que me estoy refiriendo a la situación actual. Desde que empezó la democracia en España, unos partidos que, de forma más o menos explícita, tenían el objetivo de independizarse, tejieron una paciente estrategia a largo plazo. Empezó por un diseño de estado autonómico aberrante. Después se hizo una ley electoral que, por misterios insondables de la naturaleza, hacía que los partidos autonómicos consiguiesen muchos más escaños por el mismo número de votos que los partidos de ámbito nacional. Siguieron aprovechándose de la ingenuidad o ansia de gobernar de los distintos partidos que ganaban las elecciones sin mayoría absoluta. Éstos fueron cediendo, de forma insensata, más y más competencias a las CCAA cuyos partidos independentistas aplicaban esa estrategia encubierta. Especialmente graves fueron las cesiones en educación y en control de los medios públicos de comunicación. Felipe González que, como todos, cedió muchas competencias, supo ver esa estrategia. La ilustró con un ejemplo gráfico: El ejemplo del salchichón. Venía a decir: Negociar con los nacionalistas –entonces no se declaraban independentistas– es como tener un salchichón que éstos miran con ansia. Te piden que les des la mitad y, a base de negociación, consigues darles sólo un tercio y te crees muy listo por ello. Pero, no bien les has dado “su” tercio, se lo guardan y siguen mirando ansiosamente el trozo que te queda, del que te piden la mitad. De nada sirve que les digas que les has dado ya un tercio. Ese tercio es suyo, sin discusión posible. Ahora están en juego tus dos tercios, de los que te piden la mitad. Otra vez, negociando hábilmente –te crees– consigues darles sólo un tercio de lo que te queda, para que el proceso se repita indefinidamente hasta que te quedas sin salchichón. Así han caído en la trampa, llevados por su afán de gobernar, por su ingenuidad o por ambas cosas Adolfo Suárez, Felipe González –a pesar de su cuento del salchichón– y Aznar. Caso aparte es el de Rodríguez Zapatero, que concedió lo que concedió gratis et amore, sin mediar presión, simplemente porque sí. De ahí nace el insensato Estatuto de Autonomía que ahora tiene Cataluña. Que sería más insensato de lo que es si no fuese porque, en el 2006, el PP de Mariano Rajoy interpuso un recurso de inconstitucionalidad. Dijo en su día Rajoy del Estatuto: “Ha liquidado unilateralmente el modelo de Estado, desde el actual estado de las autonomías a una confederación asimétrica que privilegia a Cataluña. Y ello sólo con el apoyo del 35% de los votantes de una comunidad autónoma y sin que opinen todos los españoles”. Curiosamente, ahora, el PSOE, tras las huellas de Zapatero quiere una reforma de la constitución que permita un “estado federal asimétrico”, lo que sea que quiere decir ese engendro. Gracias a aquel recurso, el Tribunal Constitucional, pudo recortar los artículos claramente anticonstitucionales del Estatuto. Tampoco fue una mala jugada que, en los últimos compases de su legislatura en mayoría, Rajoy hiciese aprobar de urgencia, con el único apoyo de UPN y Foro Asturias, la ley de Reforma del Tribunal Constitucional (entonces no estaba Cs en el Congreso). Sin esta reforma de la ley, la lucha que estamos viendo en los últimos meses tendría un cariz muy distinto. Es decir, Mariano Rajoy puede decir que es el primer Presidente de gobierno de la democracia que no ha caído en las trampas en las que cayeron sus antecesores. De estas cosas vienen, como nos han recordado estos días Puigdemont y compañía, por si lo habíamos olvidado, el odio africano (Por el odio eterno de Aníbal a los romanos) que los independentistas catalanes le tienen a Rajoy. Odio que, por supuesto, no comparte con ninguno de los anteriores Presidentes y, mucho menos, con Zapatero, que es para ellos el proveedor de maná. Ese odio es, todo entero, para Mariano Rajoy. No es, sin embargo, el único odio que concita el actual Presidente del gobierno. Otra buena dosis le viene de la izquierda radical, que saboreaba las mieles del éxito explotando el malestar de la crisis desencadenada y mal atajada desde el principio por Zapateo. Pero, su salivación se quedó en agua pura, porque, a base de los “insociales” recortes, Rajoy les quitó la miel de los labios, sacando a España de su mayor crisis en, tal vez, ochenta años. Cierto que los recortes podían haberse hecho de otras maneras. A mí también me hubiese gustado que hubiese adelgazado el aparato del estado monstruoso que tenemos. Pero salimos de la crisis. Y esto le ha generado la antipatía –no sé si atreverme a llamarle también odio– de muchas personas de derechas. Y también el uso y abuso mediático de esos recortes ha creado la imagen de un ser odioso por buena parte de las clases medias. Pero es más fácil decir lo que hay que hacer desde el sillón de casa que hacerlo en la palestra. ¿Por qué será que, a pesar de sus lacras, que también las tiene, y graves, me cae bien un personaje que es odiado por hacer lo que cree y hacerlo razonablemente bien?

Pero ocurre que lo que queda de salchichón, que todavía ansían los ya abiertamente independentistas, es un trozo que está guardado en la caja fuerte de la Constitución. Por supuesto, esa caja fuerte se puede abrir, pero sólo mediante un proceso de modificación de la Constitución que a los independentistas se les antoja, con razón, imposible. Pero es imposibilidad no les arredra en absoluto. Su plan es volar la caja fuerte, y con ella el Estado de Derecho, para conseguir el último trozo del salchichón. Y para ello están dispuestos a usar torticeramente todos los mecanismos pensados para defender a los individuos de buena voluntad de la acción arbitraria del estado.

Y el ubicuamente odiado Rajoy se afana por seguir con el tedioso proceso de dar jaque mate con sólo alfil y caballo. Y, por si fuera poco, el caballo –el PSOE– sigue aferrado a una reforma constitucional de estado federal asimétrico. De momento, a duras penas, se ha conseguido un tenso enterramiento de las diferencias para ganar una importante batalla de la primera de una larga serie de guerras que pueda llevar a España a ganar la Gran Guerra de recuperar las competencias en educación y medios de comunicación públicos. La importante batalla sería ser capaces de quitar de en medio a Puigdemont y su pandilla, a través de la aplicación del 155 –o de cualquier otro medio–, y convocar nuevas elecciones en Cataluña. Veremos en los próximos meses si esa batalla se gana o se pierde. Mañana, 19 de Octubre de 2017, tendrá lugar una carga importante de la misma. Pero si se llega a las elecciones de que he hablado antes, habrá que poner velas a quien sea necesario para que no vuelvan a tener mayoría en el Parlament los independentistas y la izquierda radical. ¡¡¡¡Uffffff!!!!


Sin embargo, quien crea que, en el maravilloso escenario de que en Cataluña se instale una mayoría de Cs, PSC y PP, se habrá ganado la Gran Guerra, es que no ve más allá de sus narices. El independentismo no acabará hasta que no pase, al menos, una generación que no haya estado sometida al adoctrinamiento y a la intoxicación mediática. Esta es la Gran Guerra. Y en esta Gran Guerra espero que haya un apoyo entre Cs y PP, porque el apoyo del PSOE sería una ridícula ingenuidad esperarlo. Esa reversión, como ya he dicho en alguna cosa que he escrito estos días y que no voy a repetir ahora, puede lograrse sin ninguna reforma de la Constitución. Se puede lograr a base una mayoría del 50% de los Diputados en el Parlamento español y en el autonómico. Y cuando digo mayoría, me refiero a PP y Cs, porque el PSOE no acudirá a la cita. De momento, no se tiene en ninguno de los dos. Pero hay al menos una esperanza, muy remota sin el PSC, de que se pueda tener en unos meses en el catalán –pongamos una vela a santa Rita– y algún día, con las fuerzas de Cs y PP unidas también en el español. Y que esta situación se mantenga, al menos en el Parlamento de España. No sé si será posible. Lo deseo con toda mi alma. Si esto no ocurre, la Gran Guerra, me temo, también con toda mi alma, que estará perdida. Pero, en cualquier caso, en este camino, también será necesaria una enorme dosis de astucia para evitar los señuelos que, a buen seguro, lanzarán los enemigos del Estado de Derecho para desviar a sus adversarios, los verdaderos constitucionalistas, de la ruta que se deben trazar a largo plazo. Es una Gran Guerra de estrategia, no de impulsividad. Necesitaremos líderes astutos. Y sería deseable una ciudadanía que quiera acabar con el independentismo y que entienda el juego de astucia de esos líderes en vez de azuzarlos a la búsqueda de una victoria rápida pero pírrica. Mañana, una carga de la caballería en la batalla de quitar de en medio a Puigdemont. Veremos qué pasa.

14 de octubre de 2017

Hay que joderse con radio macuto

He dudado mucho si enviar esto, porque podría estar contribuyendo a su difusión. Pero como me temo que ya es viral, no creo que el que yo hable de esto aporte mucho a su difusión y, tal vez, si lo haga a su valoración.

Desde anteayer por la noche me ha llegado algo así como por diez o veinte sitios distintos una “noticia”, que por desgracia parece estarse convirtiendo en viral y que tiene, a mi modo de ver, menos valor que el pedo de un violinista, con perdón para los violinistas. Unas veces ma ha llegado pidiéndome mi opinión y otras como una piedra lanzada. La cosa arranca, al menos desde donde yo sé, de un programa de radio de César Vidal con “sólida base” porque viene de que al contertulio de Vidal se lo ha dicho un periodista, también amigo de Vidal, muy próximo a la Moncloa. Como se ve, la fuente, muy fiable. Desde luego, si esto fuese verdad, a este periodista, tan cercano a Moncloa como para ser el único enterado de la “noticia”, le han dejado con el culo al aire Vidal y su amigo. Porque alguien tan próximo es inmediatamente identificable. Pero lo más probable es que esa “fuente generalmente bien (o mal) informada” sea el amigo de un amigo de un periodista que estuvo un día en una rueda de prensa de Rajoy. Según esta “noticia”, el “traidor” Rajoy, junto con el no menos “traidor” Sánchez van a vender España a Puigdemont concediéndole nada menos que: Un cupo superior al de las vascongadas o Navarra, una agencia tributaria propia, el reconocimiento de Cataluña como nación, el reconocimiento de embajadas catalanas en el extranjero y puede que alguna cosa más que se me haya olvidado. Voy a dar tres razones en las que me baso para decir que le doy a esta noticia menos credibilidad que al pedo de un violinista, insisto, con perdón de los violinistas.

1ª Don César Vidal, que era hace años una cabeza pensante que, al menos a mí, me movía a la admiración, se ha ido deslizando al tremendismo mediático. Ha creado una simbiosis con una audiencia que gusta de las noticias truculentas y se ha metido en una espiral para dar más truculencia cada vez en busca de una audiencia que, sin lugar a dudas, le hace ganar dinero. Cosa enormemente digna y sana cuando uno gana audiencia exponiendo noticias fundadas y verdaderas. Pero no es tan digna cuando las noticias no pasan de se meros rumores nacidos de no se sabe dónde. Es decir, un macutazo para ganar una audiencia que necesita tremendismo en sangre para no aburrirse. Una pena que un cerebro como el de Vidal se haya echado a perder así. Por supuesto, este tipo de cosas se hacen virales. El 90% de las cosas que se hacen virales no pasan de ser gilipolleces. Así son las redes sociales.

2ª Aunque sé que esto no le va a hacer gracia a los seguidores de Vidal, no me corto un pelo en decirlo. Desconfío profundamente de la noticia porque creo que Rajoy ama a España. Sí, como suena: AMA A ESPAÑA. Y me apoyo para decir esto en dos razones de peso: a) Es de los pocos políticos que podría ganar el doble con su carrera de Registrador de la Propiedad con la centésima parte de problemas. b) Ha sacado a España de una de las crisis económicas más duras por las que ha pasado, salvándola del rescate y devolviéndole la dignidad, haciendo que pasase de ser la S del acrónimo PIGS, al país que más crece de la Unión Europea y buena parte de los países democráticos más grandes del mundo. Además de ser respetado por todos sus socios comunitarios, los EEUU y muchos países de Hispanoamérica. Menos por Maduro, es cierto. Ninguna de las dos cosas puede ser aducida por Vidal ni otros que le jalean. ¿Qué coño ha hecho Vidal por España?

3ª Vidal podrá creer que Rajoy es un cobarde, un sinvergüenza, un traidor y alguna que otra cosa más. Pero lo que no creo que pueda pensar es que es gilipollas. Y tendría que ser un gilipollas de tomo y lomo para hacer algo que daría al traste con su carrera política, amén de condenar al PP a la insignificancia política. Porque yo, votante del PP –sí, no me avergüenza decirlo– y orgullosos de serlo, pero no militante ni deudor de ningún favor ni al PP ni a Rajoy, si pasase lo que ellos dicen, dejaría inmediatamente de votarle. Lo que no es importante en absoluto, salvo por la razón de que a la mayoría de los votantes del PP les pasaría lo mismo que a mí. Y Rajoy que, repito, puede ser cualquier cosa menos gilipollas, lo sabe y no creo que, al margen de su amor por España, le apetezca. Pero, además, le podría pasar lo que a Sánchez con su partido hace unos meses, con la diferencia que no tendría una militancia que le rescatase.

Por todo ello, vuelvo a decir, le doy a esta “noticia” menos valor que a una mierda. Si estuviese en prensa escrita, no perdería valor por que me limpiase el culo con ella. Y me sorprende que este burdo tremendismo sea difundido. Pero el mundo es como es y no creo que sea evitable. El tremendismo es algo que va muy unido a la naturaleza humana y siempre habrá quien saque tajada de ello.

¡Ah! Otra cosa que me importa una mierda es que Vidal me meta en el saco de cobardes y traidores

12 de octubre de 2017

Lo de ayer (11-X-2017... y algo más

Bueno, pues me parece que a Puigdemont se le ha cerrado ayer cualquier vía de ambigüedad, al tiempo que se ha dado el primer paso para la aplicación del 155, paso requerido expresamente por este artículo. En este sentido se le han hecho a Puigdemont no sólo uno, sino dos apercibimientos.

El primero le insta a decir, claramente, sin ambigüedades, si el día 10 de septiembre declaró la independencia o no, independientemente de que posteriormente la suspendiese. La redacción no deja lugar a dudas. La no respuesta o cualquier respuesta ambigua será considerada como un sí. Esto es muy importante, además de para la aplicación del 155, porque, si contesta que sí, su delito de rebelión será tan flagrante como el de Tejero cuando entró en el Congreso pistola en mano. El tiempo para responder termina el lunes 16 de Octubre a las 10h de la mañana.

El segundo apercibimiento, de aplicación sólo si contesta que sí, por activa o por pasiva, al primero, le insta a que “revoque u ordene la revocación de dicha declaración de independencia, a fin de restaurar el orden constitucional y estatutario, ordenando el cese de cualquier actuación dirigida a la promoción, avance o culminación del denominado proceso”. El plazo finaliza el 19 de Octubre, también a las 10h.

En el caso de que la respuesta a la primera pregunta sea positiva y no actúe como se le requiere en el plazo anunciado, se reuniría el Senado para activar el 155.

Y esto se ha hecho con el apoyo explícito del PSOE y Ciudadanos.

Hasta aquí, nada que no supierais todos. Pero ahora doy mi punto de vista y otras opiniones.

Lo primero que debo decir es que me parece una jugada maestra, planteada en el momento en el que debía producirse, obligando a Puigdemont a definirse, a efectos políticos y judiciales y con el apoyo, probablemente hasta ahora negado, del PSOE.

El hecho de que se le den amplios plazos a Puigdemont, también me parece parte de la jugada maestra, porque ahora empieza un proceso de ebullición en el bloque soberanista, que ya mostró grietas el día 10, y que puede acabar con su fraccionamiento.

Sin embargo este apoyo no ha sido incondicional. Por parte del PSOE hay dos condiciones explícitas, a mi modo de ver perfectamente asumibles. Por parte de C’s hay también dos condiciones implícitas, expresadas por Albert Rivera. Una de ellas, excelente, que requerirá un camino a largo plazo de tan difícil como necesaria culminación. La otra, buena, me temo que de dudosa posibilidad de aplicarse.

Pero vayamos por partes. Primero las condiciones del PSOE. La primera es la constitución de una comisión para el estudio del modelo territorial. Esto es algo que ya estaba en marcha desde antes, pero le permite al PSOE salvar la cara. Pues qué bien. Estudiemos el modelo territorial. El segundo es el compromiso de abordar tras el fin del trabajo de esta comisión, en un plazo de seis meses, una reforma de la Constitución. Se entiende que se trata de una reforma del Título VIII que es el que regula el modelo territorial. Bien, abórdese, pero cada uno es libre de decir en qué dirección quiere que vaya esta hipotética reforma. Desde luego, de ninguna manera hay ningún compromiso de nadie para apoyar el engendro del Estado federal asimétrico propiciado por el PSOE, ni, mucho menos lo de España como Nación de naciones.

Veamos ahora las condiciones implícitas de C’s. Pa primera: esa reforma no debe ir en la dirección de dar más privilegios a quien ya ha acumulado demasiados. Y, sobre todo, debe ir orientada a evitar el control mediático y de la educación por parte de la Generalitat. La segunda es la de convocar nuevas elecciones en Cataluña. ¡Magnífico! Apoyo con toda mi alma estas condiciones.

Primero vamos a ver qué dice la Constitución sobre su reforma. Se prevén dos posibles vías. La primera es un camino difícil, muy difícil. Supone nada menos que lo siguiente: 1º Aprobación de la reforma propuesta por 2/3 de cada Cámara, Congreso y Senado. 2º Disolución de ambas Cámaras y elecciones generales. 3º Ratificación de la reforma por las nuevas cámaras surgidas de esas elecciones, con 2/3 de cada una de ellas. 4º Referéndum de todos los españoles para aprobarla por mayoría simple. Este camino arduo es necesario para cualquier modificación de la Constitución que afecte a:

a)     Título preliminar
b)     Título I, Sección 1ª Capítulo 2
c)     Título II

Es tedioso describir aquí a qué se refieren estos aspectos de la Constitución. Recomiendo fervientemente su lectura. Pero para quien no quiera hacerla, en el apéndice I doy algunas pinceladas. A mi entender, estas restricciones no son aplicables a lo que se pueda decir sobre la ordenación territorial, salvo, tal vez, lo de España como Nación de naciones. Creo que para esto sería necesario aplicar esta primer vía. Por tanto, para la reforma del modelo territorial queda expedita la vía fácil.

Esta vía, que tampoco es tan fácil, requiere la aprobación de la reforma por 3/5 (menos exigente que los 2/3 de cada Cámara). (Hay algunas consideraciones cuando no hay acuerdo entre las dos cámaras) y, después, un referéndum entre todos los españoles, sólo si lo pide un 10% de los miembros de cualquiera de las Cámaras. Entiendo que es usando esta vía cómo se aprobó la última reforma de la Constitución sobre la estabilidad presupuestaria, donde no debió haber, deduzco, un 10% de ninguna cámara que pidiese el referéndum. O sea, la vía fácil, tampoco es tan fácil. Pero creo que es la que sería de aplicación. Por tanto, está muy bien eso de estudiar la organización territorial del Estado y de abrir un proceso de reforma de la Constitución, como relama el PSOE, pero dudo muchísimo que se llegue a ningún acuerdo. Pero sólo así ha debido ser posible que la caña quebrada del PSOE apoye el 155, cosa que me parece altísimamente conveniente. Por supuesto, esto traerá discusiones y, en el camino, la caña quebrada nos herirá la mano, pero…

Mucho más importante me parece el maratón que propone con gran acierto C’s para evitar la manipulación mediática y educativa en Cataluña. La buena noticia es que, a mi entender, con una lectura ingenieril, que no jurista, de la Constitución, no es necesario, para correr este maratón, ninguna reforma de la Constitución y, por tanto, se puede ir andando ese camino con leyes aprobadas por mayoría simple. ¿De dónde deduzco esto? Otra vez sería muy tedioso explicarlo aquí. Otra vez recomiendo fervientemente la lectura de la Constitución y, otra vez relego al apéndice II mi referencia a esta ley maestra.

Naturalmente, con la composición actual de las Cámaras, es imposible, dada la posición del PSOE, avanzar en este camino, para el que, además, aunque la ley no lo exige, sería conveniente contar con un apoyo lo más amplio posible. Tal vez sea posible en otras legislaturas. Pero lo que se haga deberá estar suficientemente blindado por acuerdos como para que no se pueda desandar en una legislatura lo que se avanzó en la anterior. Ello no obstante, creo que debe ser un objetivo irrenunciable a largo plazo para los partidos realmente constitucionalistas, avanzar en esta vía. Sinceramente me parece la única posibilidad política, de la que tanto se habla, para que el problema catalán se resuelva. No se resolverá dando más y más cosas a Cataluña.

La segunda condición implícita de C’s es la de la convocatoria de elecciones en Cataluña tras la aplicación del 155. Me parece bien, a pesar del riesgo de que se volviese a reproducir la situación actual, lo que sería gravísimo. Pero para poder hacer nuevas elecciones habría que disolver el Parlament y (aquí ni me atrevo a decir nada como ingeniero), los juristas expertos en la Constitución parecen no estar de acuerdo en si esto es algo que entra o no en las facultades que atribuye este artículo al gobierno. Nadie duda que permite asumir las funciones del ejecutivo de Cataluña, pero no está claro que permita disolver el poder legislativo. Es lo que tiene la separación de poderes. Porque el 155 faculta para “adoptar medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general” y para “dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas”. Pero no está claro que en estas facultades esté disolver el Parlament. Lo que sí podrá ocurrir es que el poder judicial inhabilite a Puigdemont y su gobierno para cualquier cargo político, si tiene base jurídica para ello, que la tendrá si Puigdemont dice, por activa o pasiva, que ha declarado la independencia. Pero esto no llevaría a la disolución del parlament, sino a que el actual parlament eligiese un nuevo president y éste eligiese un nuevo gobern… ¿y? ¡Vaya culebrón! En fin, veremos. ¿Maldito Estado de Derecho? ¡No!, ¡bendito!, aunque haga las cosas lentas y difíciles.

Pero, más allá de las posibilidades jurídicas que se puedan abrir y de las sendas estratégicas que se puedan recorrer, hay algo del debate de ayer que me preocupa sobremanera. Me gustó la lección magistral que dio el Presidente del gobierno sobre por qué la democracia se sostenía en el respeto a las leyes libremente sancionadas –que pueden también ser libremente modificadas– por el Parlamento democráticamente elegido (perdón por que lo definido entre en la definición).  Pero me hizo rechinar los dientes el concepto de democracia que expresaron el diputado Joan Tardá, de ERC y el diputado Carles Campuzano, con el apoyo del diputado Aitor Esteban y la aquiescencia del diputado Pablo Iglesias. El diputado Tardá dijo, casi textualmente, que la democracia se basaba en la aquiescencia voluntaria de la mayoría a las leyes. ¡Magnífico! Así es que, si mañana no hay aquiescencia voluntaria a, pongamos, la ley que dice que matar a un negro o a un judío es delito, la ley no es válida. O si no hay aquiescencia generalizada al derecho de propiedad, éste queda abolido. Esta absurda irracionalidad, que no merecería ni un segundo de atención si no fuese porque habita en lo más hondo de muchos millones de personas, catalanas, españolas, europeas y americanas, nos llevaría al más absoluto caos. A un mosaico de leyes aceptadas por unos y rechazadas por otros, cada una de aplicación para según quien. La jungla más absoluta. Me encantó, en cambio, hasta ponerme la carne de gallina, la definición que hizo de la ley el diputado Albert Rivera cuando dijo que la ley es el poder de los que no tienen poder. ¡Toma ya!

He dicho que esta forma de pensar me hizo rechinar los dientes, pero no me sorprendió lo más mínimo. Porque en Occidente, que existe sobre la base de la fuerza de la razón,  llevamos ya varios siglos en un proceso que empezó con la vaca sagrada de la Ilustración, en el que la razón ha perdido la guerra contra el sentimentalismo. Este resultado está perfectamente definido por Paul Valéry[1], ya en 1919: “Y, ¿en qué consiste ese desorden de nuestro Occidente[2] mental? En la libre coexistencia, dentro de los espíritus cultivados, de las ideas más dispares, de los más opuestos principios de vida y conocimiento. Esto es lo que caracteriza a una época moderna... Occidente de 1914 ha llegado, quizá, al límite de este modernismo. Cada cerebro de cierto rango es una encrucijada para todas las razas de opinión; cada pensador, una exposición universal de pensamientos... [...] El Hamlet europeo contempla millones de espectros. Pero es un Hamlet intelectual, un Hamlet que medita sobre la vida y la muerte de las verdades. Tiene por fantasma todos los objetos de nuestras controversias; tiene por remordimientos los títulos de nuestra gloria”. Se puede decir más alto, pero no más claro. Y eso era en 1919. Valery tenía la esperanza de que Occidente hubiese llegado, “quizá, al límite de ese modernismo”. Pero se equivocaba. A la vuelta de la esquina estaba la posmodernidad, que ha llevado esa locura al paroxismo. Y, allí vamos, todos juntos, en la idea de que la ley es un estorbo en vez de ser el sustento de la convivencia, hacia el precipicio de la ley de la selva. Ley, la de la selva, en la que, dicho sea de paso, vive como pez en el agua la izquierda radical. Porque ha demostrado sobradamente en la historia saber cómo deben hacer las minorías más fuertes y atrevidas para imponerse cruelmente a las mayorías que confían en que la ley sea su poder. Ahí están las CUP y Podemos esperando su momento para desembarazarse de los tontos útiles, compañeros de viaje, entre los que están el diputado Campuzano y el diputado Esteban. Porque los diputados Tardá e Iglesias están en el lado de los que se harán con el poder cuando se haya liquidado el imperio de la ley con la ayuda de los idiotas. No fue estúpida la astucia del diputado Tardá, cuando amenazó a la diputada Margarita Robles con que ellos, el PSOE, serían corresponsables con el PP y C’s cuando la policía fuese a detener a Puigdemont. Sabía muy bien dónde puede estar la falla de ruptura del bloque constitucionalista.

Y, sí, la culpable de iniciar este proceso fue la vaca sagrada de la Ilustración. No es éste el lugar para explicar este proceso. Pero al que haya llegado hasta aquí y me lo pida, le mandaré algo que tengo escrito y que lo describe con pelos y señales.




APÉNDICE I

¿Qué dicen estos Títulos de la Constitución?

Título Preliminar Cito sólo los artículos que pueden afectar a situación actual.

Artículo 1 (Esencia). La soberanía reside en el pueblo y España es una monarquía.
Artículo 2. Cito textualmente: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.
Artículo 8. 1. Cito textualmente: “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.

Título I Sección 1ª Capítulo 2.

Este título se denomina: “De los derechos y deberes fundamentales” y su sección 1ª tiene el epígrafe de “De los derechos fundamentales y de las libertades públicas”. Apunto lo que el texto de la Constitución dice como resumen de cada apartado de la sección 1, capítulo 2º: Derecho a la vida (donde se dice explícitamente que todos tienen derecho a la vida y se deroga la pena de muerte, pero que se conculca cada día con el aborto. El paréntesis es mío). Libertad ideológica y religiosa. Derecho a la libertad personal. Derecho a la intimidad y a la inviolabilidad del domicilio. Libertad de residencia y circulación. Libertad de expresión. Derecho de reunión. Derecho de asociación. Derecho de participación. Protección judicial de derechos. Principio de legalidad penal. Trabajo remunerado para los reclusos. Prohibición de los tribunales de honor. Libertad de enseñanza. Derecho a la educación.

Título II. Se refiere exclusivamente a la Corona.


APÉNDICE II

El Título VIII de la Constitución expresa, entre otras muchas cosas, en qué materias el Estado tiene la competencia exclusiva. Es una larga lista que se detalla en el apartado 1 del artículo 149. Me interesan especialmente las posiciones 27ª y 30ª de esa lista:

27º. “Normas básicas del régimen de prensa, radio y televisión y, en general, de todos los medios de comunicación social, sin perjuicio de las facultades que en su desarrollo y ejecución correspondan a las Comunidades Autónomas”.

30º “Regulación de las condiciones de obtención, expedición y homologación de títulos académicos y profesionales y normas básicas para el desarrollo del artículo 27 de la Constitución, a fin de garantizar el cumplimiento de las obligaciones de los poderes públicos en esta materia”.

En el artículo 150 se establece en sus puntos 1 y 2 que el Estado podrá dar atribuciones a las Comunidades Autónomas para que regulen y legislen sobre aspectos de esas competencias que le son propias y exclusivas. Cito estos puntos

1. “Las Cortes Generales, en materias de competencia estatal, podrán atribuir a todas o a alguna de las Comunidades Autónomas la facultad de dictar, para sí mismas, normas legislativas en el marco de los principios, bases y directrices fijados por una ley estatal. Sin perjuicio de la competencia de los Tribunales, en cada ley marco se establecerá la modalidad del control de las Cortes Generales sobre estas normas legislativas de las Comunidades Autónomas”.
2. “El Estado podrá transferir o delegar en las Comunidades Autónomas, mediante ley orgánica, facultades correspondientes a materia de titularidad estatal que por su propia naturaleza sean susceptibles de transferencia o delegación. La ley preverá en cada caso la correspondiente transferencia de medios financieros, así como las formas de control que se reserve el Estado”.

Pero es importante señalar que una ley autonómica o, incluso, una ley orgánica no son la constitución y, por tanto, no es necesaria más que la mayoría simple de las cámaras para modificarlas. Así lo dice el punto 3 de ese mismo artículo 150:

3. El Estado podrá dictar leyes que establezcan los principios necesarios para armonizar las disposiciones normativas de las Comunidades Autónomas, aun en el caso de materias atribuidas a la competencia de éstas, cuando así lo exija el interés general. Corresponde a las Cortes Generales, por mayoría absoluta de cada Cámara, la apreciación de esta necesidad.

Para un ingeniero esto es bastante claro, a expensas de lo que pueda decir un jurista.



[1] Paul Valéry, Variedad.
[2] Valéry habla de Europa. Yo me he permitido sustituir Europa por occidente. Tal vez tenga él razón. Tal vez sea en otras zonas más jóvenes de Occidente que no son Europa donde más fácilmente pueda surgir la minoría creadora que necesitamos.

10 de octubre de 2017

El toro manso Puigdemont, no embiste

Esta mañana decía que Puigdemont iba a comparecer ente el Parlament de Cataluña para… ¿DUI, o retirada, o… qué? Y apostaba por el “qué”. Escribo recién terminada la charada. Y ha sido “qué”. ¿Ha declarado él, Puigdemont, la independencia? No lo sé. Ha dicho: “… como presidente de la Generalitat, asumo al presentar los resultados del referéndum ante el Parlamento y nuestros conciudadanos, el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república”. Es decir habla como presidente de la Generalitat, pero únicamente “asume” un mandato del pueblo. Pretende decir que él no hace nada, sólo asume lo que otros han mandado. Dicho de otra manera, se esconde cobardemente en las supuestas decisiones de otros, nada menos que del pueblo de Cataluña. ¡Joder con el toro manso! Eso sí, inmediatamente, en un afán de clarificar dice: el Gobierno y yo mismo proponemos que el Parlamento suspenda los efectos de la declaración de independencia”. O sea, que todo el gobierno, en fraterna y santa unión, propone que el Parlamento suspenda los efectos de la declaración de independencia, no la independencia. Pero, ¿ha aprobado el parlamento esa suspensión? Yo no lo vi. Pero, ¿qué más dan unos trámites inútiles? ¡Pelillos a la mar!

O sea que tú simplemente pasabas por allí, asumiste lo que otros habían mandado. Y, junto con tus amiguetes del gobierno, propusisteis que otros suspendiesen, temporalmente, eso sí, lo que los otros otros habían previamente mandado. Y no sabemos, aunque parece que no, si, luego, el parlamento suspendió o no lo que los primeros otros habían mandado. ¿Qué mente retorcidamente enferma habrá redactado semejante cosa? La de un toro cobarde y manso. “¡Ahora que venga un juez y diga si he cometido delito de rebelión!”. Psicodélico. Y todo esto te costó el papelón de retrasar una hora la sesión para ver si con un par de frases rocambolescas más, lograbas calmar a tus cabreados socios de la CUP. Y, claro, no los has calmado.

Pero, ¡ay!, Puchi, torito manso, es posible que le hagas un lío al juez que tenga que decidir si has cometido delito o no. ¿Pero sabes qué? Que tu gente, esa que has enardecido con la DUI, tampoco ha entendido una mierda. Y en la duda, es más que posible que piensen que te has cachondeado de ellos. Y, si no piensan eso, ya se encargará la CUP de que lo hagan. Y tal vez no te lo perdonen. Y, qué te voy a decir de los turnos de réplica. No te voy a hablar de las réplicas de Inés Arrimadas, Miquel Iceta o Xavier García Albiol. Han dicho, mejor o peor, lo que podría esperarse. Pero tu amigo de JxSí, uno de los dos que ha hablado, Lluís (no me acuerdo de su apellido, el que no es Lluís Corominas, que comía en tus manos, dímelo tú Puchi) te ha dejado con el culo al aire. Ha reconocido desde la tribuna –¡joder!, debo reconocer que me ha dejado atónito– que el sedicente referéndum no tenía ninguna validez y que, por tanto, no procedía ninguna declaración de independencia. Con amigos así, no necesitas enemigos. ¡Si es que no puedes descuidar tu espalda, aunque estés aculado a tablas! ¿Y la CUP? A Ana Gabriel sólo le ha faltado llamarte traidor. Pero, no importa, mañana se lo dirá a su gente para que se lo digan a la tuya. Porque tienen que sacar rédito a la calle hasta que sea sólo suya ¿Has oído alguna vez cómo llama la izquierda radical a la gente como tú, que les hace el caldo gordo? Les llaman tontos útiles y compañeros de viaje. Y cuando llegan al final del trayecto, los tiran como a una colilla y los pisan. Con esa gentuza te has mezclado. Saben manejar la calle mejor que tú. Te has buscado socios que no son de fiar. En fin Puchi, que en las paredes de tu casa hay grietas y la calle, si te descuidas, la has perdido.

Después ha venido el esperpento del papelito dirigido al “Poble de Catalunya y a tots els pobles del món”. Eso, que se enteren en Zimbabwe. Ahí sí. Ahí sí que habéis dicho todos a una, como Fuenteovejuna, que “CONSTITUIM la República catalana”. Pero, por si sirve para esconderse, lo habéis firmado en un papelito, sin anagrama del parlamento, con una chapa sin más membrete que una barrada y sin ninguna identificación, en el que al principio os identificáis como “Representants de Catalunya”. Eso, os arrogáis el título de únicos representantes de Cataluña en un papel que podría ser la servilleta de papel de un bar al que hubieseis ido a tomar unas cañas a comentar la jugada con risotadas. Muy institucional y democrático.


No tengo ni idea de si será en esta o en otra ocasión cuando un juez te trinque en delito grave, pero no creo que seas capaz de esquivarlo mucho tiempo con tus cobardes triquiñuelas. En fin, Puchi, que creo que estás en el principio del fin. Se te está viniendo abajo el chiringuito. Y, al final, creo que seguirás también solo unos añitos en la cárcel. Porque estás jugado a ser héroe. Y los héroes no juegan a serlo. No lo buscan. Lo son porque se encuentran, muy a menudo sin quererlo, en una situación que les saca el heroísmo que llevaban dentro sin pretenderlo. Y tú estás jugando a serlo. Y los que juegan a serlo, casi siempre, acaban en el más espantoso de los ridículos. Así es que, nada, sigue así, sin embestir, aculado en tablas, como un toro manso, a ver cómo acabas.

Un símil taurino para esta tarde con Puigdemont

En primer lugar, debo decir que me equivoqué en lo de que Puigdemont llevase a cabo la DUI el día 6 de Octubre, emulando a Companys. Pero, esta tarde se espera su comparecencia en el Parlament de Cataluña para… ¿DUI, o retirada, o… qué? He ahí la cuestión. Dbería no hacer ninguna apuesta, pero soy un ludópata compulsivo que le gusta jugar al póker y perder. Preveo, con grandes probabilidades de equivocarme, que va a ser “qué”. Para llevar a cabo la DUI, creo que le faltará valor y apoyo y, retirarse, no puede.

Creo que le faltará valor porque sabe que, o logra realmente la independencia, cosa harto dudosa, o le esperan unos cuantos años de cárcel por flagrante delito de rebelión, establecido en el artículo 472, punto 5º del código penal: “Declarar la independencia de una parte del territorio nacional”. Delito con una pena de 15 a 25 años de prisión e inhabilitación por este mismo periodo. Podría, en su disparatada y ciega chifladura, declararse en rebeldía y escudarse detrás de sus sediciosos mossos o sus enfervorecidas turbas, durante un tiempo. Pero más pronto que tarde daría con sus huesos en la cárcel para una temporadita. Si no es por chifladura, necesitaría tener las narices que tuvo un ya olvidado por muchos, o no conocido por los más jóvenes, Marcelino Camacho, que se pasó casi 20 años en las cárceles de Franco. Y no le veo yo suficientemente bragado para esperar vanamente en el trullo una irrealizable temprana independencia que le libere.

Creo que, tal vez, le pueda faltar apoyo. Para llegar a la DUI necesitaría mayoría absoluta en el Parlament. Y la tiene. Cuenta con los 61 diputados de JxS, los 10 de la CUP y, especulativamente, con los 11 de la sucursal de Podemos, porque ayer por la tarde se vio al lamentable Echenique, y a la impresentable Colau dicendo que los de Podemos no son partidarios de la DUI, aunque no esté nada claro de qué son partidarios. Mal augurio, Puchi. Con todos, serían 82 en total. Muy por encima de los 68 que hacen falta para la mayoría absoluta. Pero eso si le quitamos 11, quedarían 71. Pero, eso de la locura, o de los huevos si es que es cuestión de huevos, no es generalizable. A la vista de lo que se ha podido traslucir esta semana pasada. Hay, dentro de las filas del PDeCAT, hasta Mas dixit, gente que pueda tener un poco más de lucidez, o un poco menos de huevos o una mezcla de las dos cosas. A la vista de esta situación, podría haber, dentro del PDeCAT, quien rompiese la disciplina de voto y se abstuviese. Por supuesto, sin avisar o, incluso, sin asistir, como en el tamayazo[1]. Con 4 de estos, y si Podemos se abstiene, la DUI no saldría. Y eso sí sería una cagada espectacular, Puchi. Claro, en estas cosas, nadie se retrata demasiado y Puigdemont puede no saber con qué fuerzas cuenta realmente. Así que…

Pero, tampoco tiene fácil retroceder. Si después de todo el tinglado que ha montado, ahora se achanta, sus bases callejeras le van a crucificar políticamente. De hecho, parece que pretenden tomar los alrededores del parlament para “ayudarle” a tomar la decisión. Así que está entre la espada y la pared. O entre las tablas y el descabello. Y es aquí donde viene el símil taurino.

Los que entienden de toros saben que no hay toro más peligroso que el toro manso. A un toro bravo se le torea y el torero puede lucirse y hasta salir por la puerta grande. Pero con un toro manso eso es imposible. El toro manso, se acula a las tablas y parece decir al torero: “ven tú a por mí. Entra en mi terreno. Y, antes que te des cuenta, lanzaré un arreón, no una embestida, y te ensartaré hasta la cepa del pitón. Pero si esperas que yo vaya a tu terreno, puedes esperar sentado”. Cualquier torero sabe perfectamente que intentar lucirse con un toro manso es peligrosísimo. Pero la presión del público puede inducir a error al más pintado. Manolete y Joselito intentaron lucirse, presionados por su ego y el público, con dos mansos, Islero y Bailaor, y acabaron empitonados y muertos. El buen aficionado a los toros sabe, cuando aparece un manso, que el matador debe hacer una faena de aliño, llevar al toro al caballo, aunque no entre, que se le pongan banderillas reglamentarias, aunque sea a una mano y de paso, hacerle una faena de aliño y despacharlo de la manera más apañada posible. Pinchazo y descabello. Luego, el toro será silbado en el arrastre y, a esperar una mejor tarde con mejor ganado. Y el taurino sabe encontrarle la grandeza escondida a esta lidia sucia y, a menudo, larga. El turista, o el espectador que no sabe de toros, en cambio, le pedirá al torero que se luzca, que para eso ha pagado. Y si el torero le hace caso, ¡ay!, puede acabar como Manolete o Joselito. En este caso, el toro manso, aculado en las tablas de su callerío que no le deja retroceder, se llama Puigdemont. Pero el matador no es ni Rajoy ni el gobierno. Es España. Rajoy no es sino la inteligencia y voluntad del matador. Y, si no quiere que corneen a España, deberá andarse con ojo ante el toro manso, por nombre Puigdemont. Creo que éste no embestirá. Se aculará a tablas con un sí es no es, a ver si el torero se mete en sus terrenos y da el arreón. Una declaración de independencia simbólica, le soplan al oído alguno de sus compañeros de partido. DUI en diferido se lee en los periódicos. ¿Mandé? ¿Qué demonios serán esas cosas? Por haber, hay un tipo llamado Tramosa, eurodiputado él, que le dice que hay que declarar la independencia y suspender sus efectos durante un tiempo a la espera de poder sentarse en una mesa, sin condiciones previas, con el Gobierno español para negociar un referéndum acordado”. Y dice haberlo copiado de la independencia Eslovena, como si España y la antigua Yugoeslavia tuviesen algo que ver. ¡Vaya caos! Pero creo que Puigdemont, basándose en tanta confusión, intentará decir  sin decir, manteniéndose en la ambigüedad esperando que se le acuse de traición. Y lo hará con la esperanza, es lo que tiene el Estado de Derecho, de que, si se juzga mal la situación, presionados por el vocerío de las gradas, un juez, aplicando la ley, diga que no ha habido delito. Y entonces, la cogida para España sería mayúscula. Por eso yo, taurino harta la médula, le pido a la inteligencia y la voluntad del matador que mida bien los terrenos y los tiempos, que España es el muslo, en dónde viene a clavarse siempre el pitón, interesando a menudo también el escroto, o sea, los cojones, lo que es especialmente doloroso. Y continua, inmisericorde, la fuga de empresas. Hasta la del independentista Víctor Grifols amenaza con irse con su empresa si hay una DUI. Pero, mejor no envistas Puchi que, si te saben lidiar, acabarás con pinchazo y descabello, sin pena ni gloria, arrastrado entre pitos, sin haber podido empitonar a España. Y yo, taurino, ¡disfrutaré con la lidia!



[1] Para quien no lo sepa, el día 10 de Junio de 2003, iba a tener lugar mediante el voto de 47 diputados del PSOE y 9 de IU frente a los 55 del PP, la investidura del socialista Rafael Simancas como Presidente de la comunidad de Madrid. Sin previo aviso, los diputados del PSOE Eduardo Tamayo y Mª Teresa Sáez, no se presentaron a la votación, con lo que Simancas no pudo ser investido y se convocaron nuevas elecciones. Las especulaciones son muchas pero la hipótesis más plausible parece ser la de que estos dos diputados lo hicieron porque se vieron excluidos de posibles cargos para lograr el pacto del PSOE con IU.

8 de octubre de 2017

Hoy es un gran día

Efectivamente, lo es. Hoy se ha visto a un pueblo oprimido quitarse el yugo y los miedos a la vista de todo el mundo, apoyado por sus compatriotas españoles de otras regiones de España que les han dicho que no están solos. Un espectáculo que me ha puesto la carne de gallina y los pelos como escarpias. Me ha puesto al borde de las lágrimas el discurso de Vargas Llosa y me ha hecho reflexionar con la razón el de Borrell, cuando se preguntaba dónde había estado este pueblo hasta ahora y por qué han guardado silencio las empresas que ahora se han ido. Lo ha visto o lo va a ver el mundo entero. Desde la Tierra de Fuego en Hispanoamérica hasta Alaska. Desde Siberia hasta Estados Unidos. Desde Sudáfrica y la India hasta el norte de Noruega. Me da rabia que tenía pensado estar allí y no he podido. Tenía billetes para el AVE, pero un inoportuno ataque de gota me ha dejado en casa. Pero las sensaciones que he experimentado delante de la televisión, aún no siendo las mismas que las que hubiese vivido allí, han sido enardecedoras. El jueves, si la gota no me lo impide tengo otra vez billetes para celebrar con mis hermanos catalanes el día de la Hispanidad.

Creo que se ha producido algo muy importante. Un punto de inflexión. Más aún, el paso de una marea que bajaba sin cesar a una subida de marea que, esperemos, con el tiempo, llevará a la pleamar. Queda mucho por recorrer. No será fácil recuperar la educación, clave para revertir cuarenta años de envenenamiento falaz. Pero, hasta ayer, creía que era imposible. Más aún, creía que ra cuestión de tiempo que el independentismo acabase venciendo. Hoy no. Hoy creo que todo es posible. Sin duda, ha ocurrido un milagro. Muchos españoles llevábamos mucho tiempo rezando por España. Me caben muy pocas dudas de que nuestra oración ha sido escuchada. Yo, desde luego, pienso seguir rezando con toda mi alma y os pido a todos que, cada uno con su fe, lo sigáis haciendo. No pedimos una victoria militar al dios de la guerra. Pedimos una victoria de la paz al Dios del amor y la justicia. Pedimos, parafraseando a Bergson, que esta España, el patriotismo español que se ha ido formando durante los últimos 500 años, con el recuerdo de una realidad anterior lenta, piadosamente, con los recuerdos y esperanzas, con la poesía y amor, con un poco de todas las bellezas morales que hay bajo el cielo, como la miel con las flores […] pueda vencer a un sentimiento tan profundo como el egoísmo de la tribu. Necesitamos seguir rezando para que esto que ha nacido no sea efímero. Os pido a cada uno que rece al Dios en el que crea y, si n o cree en ninguno, que rece a las fuerzas de la vida, pero que recéis. Que no sea todo espuma. Que no se caiga otra vez en el silencio. Que se exija igualdad de derechos, verdad y libertad para todos los catalanes y todos los españoles. ¡Qué dolor si esto se quedase en aguas de borrajas!

No será así. Hoy empieza una nueva etapa en la historia de España. Lo creo, lo espero, lo pido.


Amén