16 de diciembre de 2012

Diálogo de Mitterrand y Jean Guitton sobre el infierno y el amor de Dios


El filósofo católico francés Jean Guitton escribió, ya casi con noventa años, un curioso libro bajo el título “Mi testamento filosófico”[1]. No es en absoluto un libro de filosofía. Es un libro en el que con una fina ironía, ve lo que pasará después de su muerte. Imagina su funeral y pone en el libro, sin ningún recato lo que piensa que dirían de él personas reales de su tiempo. Después ve con aprensión cómo es citado al juicio personal tras la muerte. Nos cuenta lo que cree que será su juicio. En un momento dado, su abogado defensor llama a declarar al, ya fallecido en la realidad, ex Presidente de la República Francesa François Mitterrand. Jean Guitton tuvo una serie de conversaciones con François Mitterrand poco antes de la muerte del primero, cuando su enfermedad estaba muy avanzada. Guitton cuenta en este libro cómo fue la conversión de Mitterrand en sus últimos días, en la que sus conversaciones parece que tuvieron influencia. Por una serie de circunstancias conozco de primera mano a una persona que fue testigo de esas conversaciones y que ratifica su autenticidad. La conversación, larga y sin desperdicio, puede leerse en ese libro. Si algún lector del blog quiere que le mande la transcripción de la conversación completa, no tiene más que pedírmelo en un comentario en el que me mande su mail. Para que su mail no sea público, no publicaré el comentario. Ahora transcribo una parte de la conversación que trata sobre el infierno y el amor de Dios. Me he permitido hacer alguna pequeña interpolación que pondré entre corchetes:

Mitterrand: Si Dios es un Dios bueno, ¿por qué existe el infierno?

Guitton: Porque ama al hombre.

Mitterrand: No lo entiendo. ¿Existen las penas eternas del infierno porque nos ama? Perdóneme, pero no lo entiendo. Estoy dispuesto a escucharle con mi mejor voluntad, pero no creo que logre entender eso.

Guitton: ¿Conoce a alguien que rechace enérgicamente a Dios?

Mitterrand: Sí, conozco a gente que te tiene fobia. La historia está llena de gente con fobia a Dios. [Hace poco, sin ir más lejos, se ha estrenado en Madrid, lo he visto desde aquí, una obra de teatro con el bonito título de “me cago en Dios”].

Guitton: ¿Querría una de esas personas ir al Paraíso?

Mitterrand: No, creo que muchos no querrían.

Guitton: Dígame entonces qué puede hacer Dios con ellos después de su muerte. ¿Tal vez meterlos en el Paraíso a la fuerza?

Mitterrand: Ese paraíso sería infernal para ellos.

Guitton: Estoy de acuerdo.

Mitterrand: Sí, pero existe el purgatorio.

Guitton: Uno no se queda allí, es la antesala del Paraíso. Dígame, ¿cuánto tiempo tendría que pasarse una de esas personas en el purgatorio para que quiera ir al Paraíso? ¿Tal vez cincuenta años? ¿Cien? ¿Mil? ¿Al cabo de cuántos años dirían: ¡Oh, mi Dios, llévame al cielo contigo!? ¿O, tal vez, su fobia por mí aumentaría?

Mitterrand: Tal vez si Dios les explicase bien por qué están allí…

Guitton: ¿Cree usted que querrían entenderlo? ¿Por qué habrían de querer si no han querido hacerlo en la tierra? ¿Tal vez porque en el purgatorio se sufre más que en la tierra? Respóndame, ¿cuántos años de purgatorio serían necesarios?

Mitterrand: La verdad es que creo que nunca dirían; ¡mi Dios, llévame contigo! Pero, ¿por qué los que van al purgatorio sí quieren ir al cielo?

Guitton: Porque ya querían antes de ir al purgatorio. Porque ya querían en su vida. Porque ya amaban a Dios en su vida. Tal vez sólo un poco, tal vez inadecuadamente, tal vez mal, pero le querían. Y para el amor de Dios por nosotros eso es más que suficiente. De hecho en el purgatorio se sufre de amor, se sufre de ganas de ir con Dios. Sólo que los ojos cargados de hollín tienen que lavarse y acostumbrarse poco a poco a la luz antes de poder entrar en ella. Pero, volvamos a los que odian a Dios. Si no quieren ir al Paraíso ni les sirve el purgatorio, dígame, ¿qué puede hacer Dios con ellos?

Mitterrand: Podría aniquilarlos.

Guitton: Sería contradecirse. Los ha hecho eternos. Dios no puede ir contra sí mismo. Es algo que ni su omnipotencia puede hacer.

Mitterrand: Sin embargo, en algún sitio tendrá que meterlos.

Guitton: ¿Pero, dónde?

Mitterrand: En otro lugar distinto del Paraíso.

Guitton: Evidentemente, dicho de otra manera, en el infierno.

Mitterrand: Entonces el infierno es: otro lugar distinto del Paraíso.

Guitton: Exactamente. [Los hombres hemos imaginado que el infierno es una especie de prisión perpetua. ¿Qué espíritu bondadoso, que corazón aceptaría sin asco semejante imagen? Cuando esa imagen nos molesta, nos resulta fácil eliminarla[2]. Pero el infierno no es eso. Es otro lugar distinto del Paraíso].

Mitterrand: Pero, en el infierno se sufre.

Guitton: Claro, pero, ¿de qué se sufre?

Mitterrand: ¿De qué?

Guitton: Pues, de no estar en el Paraíso.

Mitterrand: Pero acabamos de decir que sufrirían si estuviesen en el paraíso y también si no están. Es absurdo.

Guitton: Tan absurdo como el pecado. No queremos cometerlo y lo cometemos. Lo sufrimos, pero lo gozamos. Querríamos no sufrirlo, pero bien que nos abstenemos de evitarlo. [San Pablo decía: “No hago lo que quiero, sino lo que aborrezco. [...]  En efecto, el querer el bien está a mi alcance, pero el hacerlo no. Pues no hago el bien que quiero, sino el mal que aborrezco”[3].]

Mitterrand: Es verdad. Así es la experiencia de la falta.

Guitton: Y así es también la del infierno. El pecado es el infierno en la temporalidad. El infierno es el pecado en la eternidad.

Mitterrand: Pero, ¿por qué en el infierno se sufre más?

Guitton: Se sufre más, pero sobre todo se sufre de otra manera. Se sufre definitivamente, eso es todo.

Mitterrand: Pero si se sufre más, deberían poder ponerse en movimiento, reflexionar y querer salir de allí.

Guitton: No es así. El que tiene fobia a Dios en el tiempo, le tiene más fobia en la eternidad. Y su fobia en la eternidad aumenta más de lo que aumenta el sufrimiento. Pero aunque no fuese así, el movimiento y la reflexión suponen tiempo. Ahora bien, en la eternidad uno ya no está en el tiempo y ya no es tiempo. Dios podría crear más tiempo, ciertamente, pero entonces volveríamos a la situación en la que estaba el que rechaza a Dios en el tiempo. [Esto es lo que dijo Cristo, el Hijo de Dios, con dolor cuando nos contó la parábola de Epulón y Lázaro: “Si no escuchan a Moisés y los profetas, aunque un muerto resucitase, tampoco le escucharían”[4].]

Mitterrand: Entonces, ¿el que está en el infierno está atrapado?

Guitton: No artrapado, pero sí realizado. Mal realizado, pero realizado.

Mitterrand: ¿Y nuestra libertad?

Guitton: Consumada ella también.

Mitterrand: Entonces, ¿el que esté en el infierno tendrá libertad para estar allí?

Guitton: Sí.

Mitterrand: Pero no es libre de no estar.

Guitton: No quiere estar en el otro sitio y no hay más que dos sitios donde estar. [Lo dice bastante bien Dante hablando por boca de lo que diría el infierno de sí mismo si hablase:

“Hiciéronme divinas potestades
el saber sumo y el amor primero.
No fue cosa creada de mí antes,
sino lo eterno, y yo eterno perduro:
¡Dejad toda esperanza los que entráis!”[5]]

Si no existiese la felicidad infinita, no existiría el infierno. Pero no puede haber felicidad infinita sin infierno.

Mitterrand: Pero ellos querrían la felicidad absoluta en el infierno.

Guitton: Seguramente, pero es que la felicidad absoluta está en la contemplación de Dios, porque Dios es la felicidad absoluta.

Mitterrand: Sí, pero no. ¿Por qué quiere Dios  hacer sufrir a esos hombres?

Guitton: ¡Pero si no quiere! Al contrario, quiere su felicidad absoluta. Sólo que ellos no la quieren. Él es la felicidad. Pero ellos dicen que no le han pedido nada. Creen que Dios ha violado su libertad al crearlos sin su autorización, que es un dictador por haber creado el mundo sin haber obtenido previamente una resolución favorable de la ONU. Pero ningún padre tiene que pedir autorización a sus hijos para darles el magnífico don de la vida. Entre otras cosas porque, obviamente, antes de existir no existían y porque si existiesen no tendrían ningún elemento de juicio para decidir. O, ¿tal vez querrían que les hubiese creado absolutamente condicionados para tener que llegar necesariamente a Dios? ¿Sería Dios entonces menos dictador?

Mitterrand: Eso es precisamente lo que les escandaliza, que una vez creados sin su permiso, Dios respete su libertad, ¿no? Les saca de sus casillas. ¿Son absurdos?

Guitton: Más bien no. Todo se vuelve lógico si admitimos que ellos querrían ser Dios.

Mitterrand: Pero eso no es posible.

Guitton: Exacto. Pero ellos no admiten que exista ese imposible.

Mitterrand: En definitiva, querrían ser todopoderosos.

Guitton: Usted lo dice.

Mitterrand: ¡Así pues, querrían ser Dios!

Guitton: Eso es.

Mitterrand: Entonces el infierno es el panteón real de todos los dioses imaginarios.

Guitton: Exactamente.

Mitterrand: Pero ellos no paran de hablar de la libertad. Entonces cuando dicen: “quiero ser libre...”

Guitton: ... piensan: “Quiero ser Dios”.

Mitterrand: Nunca había visto las cosas así. Se les oye decir que no quieren que Dios sea su felicidad absoluta.

Guitton: Pero Dios no puede dejar de ser la felicidad absoluta. Sería como si dejase de ser Dios.

Mitterrand: Pero eso es lo que piden. Querrían que Dios no fuese Dios, y hasta que Dios no fuese.

Guitton: Y, ¿quién sería Dios entonces?

Mitterrand: Nadie. O ellos, quizás. Digamos, el hombre.

El que quiera la continuación y el antecedente, ya sabe lo que tiene que hacer. Comprarse el libro o pedirme la transcripción completa de la conversación.


[1] “Mi testamento filosófico”, Jean Guitton. Ediciones Encuentro, Madrid 1998, pags. 174 – 177.
[2] Georges Bernanos. Diario de un cura rural, Ediciones Encuentro, Madrid 1998, pag, 158.
[3] Romanos 7, 15-20.
[4] Lucas 16, 31.
[5] Dante, Divina comedia, Infierno, Canto III, versos 5-9

2 comentarios:

M Victoria dijo...

Hola Tomás. Como es habitual, me encantan sus post. Este especialmente me ha dado la sensación que caía del cielo porque hace unos días estaba dándole muchas vueltas a la aparente contradicción "Misericordia infinita y condenación eterna".
Le pido el libro a los Reyes Magos, pero por si ya nos les da tiempo a cargarlo en los camellos ¿le importa mandarme la transcripción completa?.
Muchas gracias y !FELIZ NAVIDAD y 2013!,
Mª Victoria

Anónimo dijo...

Me alegro que te haya venido bien. Por supuesto, te envío la conversación completa, pero espero que te lo puedan traer los Reyes porque es muy interesante.
Yo también te deseo todo lo mejor para lo que queda de Navidades y para todo el año 2013.
Un abrazo.
Tomás