5 de diciembre de 2012

Frases 5-XI-2012

Tomás Alfaro Drake


Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

La esperanza cristiana degradada, lo que muchos cristianos llaman “su” esperanza, para ellos solos, esa certeza reconfortante, ese pequeño cálculo de intereses compuestos, esa esperanza bufa que ha perdido su autenticidad y su potencia activa, esa esperanza, se ha aflojado como un nudo en el agua; ya no es una certeza, sino un seguro, ya no es un esfuerzo, sino una cobardía, ya no es un deseo, sino una coartada. Porque la esperanza cristiana es una certeza inquebrantable, pero no puede ser un cálculo mojigato. Es de un género especial. Es una experiencia “cumbre” en la esperanza, la experiencia de la desesperación. ¿Quién nos salvará de esta cobardía, de este egoísmo? Ninguna energía puramente humana será capaz de hacerlo. Será preciso que una fuerza distinta nos arrastre, a nosotros y al Occidente entero. ¿Una fuerza? “Quizá un amor”, decía el viejo Mauriac, cuando se sintió milagrosamente aliviado, limpio, desprendido de su avaricia de terrateniente, cuando adivinó que el “nido de víboras” que él creía idéntico a su corazón, había sido misteriosamente desatado, y sintió que volvía a respirar.

Charles Moeller; Literatura del siglo XX y cristianismo. Tomo III, la esperanza humana, conclusiones.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy apropiada la lectura, en Adviento, tiempo de espera y esperanza.
Sin desesperación, como dice Moeller, con la alegría del que ha hallado el tesoro escondido, porque la Palabra habita en nosotros, nos renueva y nos acompaña en el presente,... en la espera.
abrazos
Juan

Anónimo dijo...

Hola Juan. Gracias por tu comentario.

En varios pasjes la biblia dice de determinados personajes que esperaron contra toda esperanza. He ahí la cuestión.

Un abrazo.

Tomás