10 de enero de 2016

¡Usemos la palabra!

El viernes por la noche me dolió especialmente España. Me entró un ataque de nostalgia por esta vieja piel de toro que se de las que unos tiran para desgarrarla y otros la agujerean como si fuesen polillas y ambos, en siniestra unión se unen para destruirla. Por la magia evocadora de la música se me vinieron a la cabeza dos canciones. Por el milagro de internet, las busqué en youtube y las encontré. Pego aquí sus links:



Por esa misma magia, se me revolvió algo muy dentro de mí y se me saltaron las lágrimas por España en una mezcla de rabia, dolor e impotencia.

De la música pasé a la poesía y encontré cuatro poemas. Los tres primeros son de Blas de Otero, Gabriel Celaya y Pablo Neruda. La cuarta es una poesía que leí hace poco no sé dónde y guardé en mi archivo para releerlo de cuando en cuando.


Blas de Otero

EN EL PRINCIPIO
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.


Gabriel Celaya

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO (Extracto).
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

[…]

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

[…]

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.
[…]
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.


Pablo Neruda

ESPAÑA EN EL CORAZÓN: INVOCACIÓN
Para empezar, para sobre la rosa 
pura y partida, para sobre el origen 
del cielo y aire y tierra, la voluntad de un canto 
con explosiones, el deseo
de un canto inmenso, de un metal que recoja 
guerra y desnuda sangre.
                   España, cristal de copa, no diadema,
sí machacada piedra, combatida ternura 
de trigo, cuero y animal ardiendo.
Mañana, hoy, por tus pasos 
un silencio, un asombro de esperanzas 
como un aire mayor: una luz, una luna, 
luna gastada, luna de mano en mano, 
de campana en campana!
                   Madre natal, puño
de avena endurecida, 
                   planeta 
seco y sangriento de los héroes!

Parece mentira, tres poetas comunistas cantando a España. Y uno de ellos chileno. Podría un tal Pablo Iglesias tomar nota de ello.

La poesía de autor desconocido

¿Qué se ha hecho de ti, España,
quién nos ha engañado,
dónde están tus héroes,
dónde tus aceros?

Debían ser tu luz
pero no existen.

No te reconozco en esta masa
de corderos que siguen, engañados,
a falsos pastores
a mentida majada.

Sólo un pesebre queda
para comprar tu silencio.

Tu juventud, desencantada,
se emborracha en noches
de copas vacías de sentido,
tan sólo protestando.

Debía ser tu savia
y es tu llanto.

Tu vejez, que debía ser
sabia en sus canas
se deja burlar en una
larga cambiada mentirosa.

Debía ser vigía
y se ha dormido.

Tu madurez, que debía ser
tu fuerza y tu pujanza
no quiere asumir su papel,
se ha vuelto niña ñoña.

Debía arrastrar
y tan solo se deja.

Pocas voces te quedan
pobre España.
Pocas y pequeñas.
Nadie ya oye su susurro.

Sólo se oyen grillos luneros,
sólo huecos tenores.

Silencio…

Si quieres, si me dejas
aquí está mi palabra.
Es pobre y habla bajo.
Pero es mía y es tuya.

Tómala y úsala.
Tal vez te sirva.

Ayer, sábado, se consumó un paso más en esa destrucción de España. En una crónica de una muerte anunciada, Junts pel Sí y la CUP, dos de los agentes destructores de rasgamiento y polilla, llegaron a un acuerdo tan previsible como miserable. Les une más su odio a España que cualquier cosa que pueda separarlo. Su duelo a muerte se producirá cuando hayan logrado su objetivo común. Pero ayer también entendí que lo que tuve dos días antes fue una premonición y un envío.

Por eso juro que seguiré usando mi palabra. Aunque parezca inútil, no rendiré mi lengua. El otro día leí un pequeño cuanto de un diminuto colibrí. Descía que en un bosque se desató un incendio devastador. Todos los animales huían despavoridos ante el fuego imparable. Todos menos un pequeño colibrí. Se dedicaba a volar, con la mayor rapidez que podía a un lago cercano, tomaba un poco de agua en su pequeño buche y, de vuelta al frente del incendio, regurgitaba unas pocas gotas en el fuego. Un sabihondo búho que lo vio le dijo con desprecio: “Qué labor más inútil. ¿De qué sirve estúpido esfuerzo?”. El colibrí siguió volando haciendo caso omiso al sabio búho. Cuando pasó junto a él con la boca vacía, camino otra vez de lago, le dijo, sin dignarse a parar o a mirarle: “Por lo menos yo hago mi parte”. Pues eso. Yo haré mi parte y, ojalá desde otros ámbitos haya quien haga la suya. Me da igual si su voz es soez o chistosa o intelectual o poética o musical. Los disolventes de España no callan. Saben aquello de que una mentira repetida miles de veces de miles de maneras, acaba siendo aceptada como verdad. Y lo llevan haciendo desde hace muchos años proclamándose las “fuerzas del progreso y de la cultura”. ¡Hay que joderse! Y lo hacen ante la pasividad de los que amamos a España y a la verdadera cultura de Occidente y no queremos “progresar” hacia el abismo. Porque somos vergonzantes con nosotros mismos. ¡Ya está bien de silencio! ¡Usemos la palabra! Yo haré mi parte.


Una última palabra por hoy. Mi palabra es minúscula, pero la Palabra es inmensa y poderosa. Y la minúscula encontrará su fuerza, su grandeza y su esperanza en la grandiosa y poderosa. Porque nos ha sido dicho que la fuerza del infierno no prevalecerá. Amén.