11 de diciembre de 2016

Peligros y oportunidades de Trump y "teoría" económica de las piscinas y los grifos

Las políticas económicas de Trump son una de cal y otra de arena y, por tanto, representan serios peligros y creo que también posibles grandes oportunidades. Para comentar sus efectos y sus causas es necesario hablar un poco del efecto de la globalización sobre la economía mundial. El 30 de Septiembre pasado hablé sobre esto, pero quiero hoy refrescar algunas ideas al respecto. Hablé de la llamada curva elefante, que tenía la forma que puede verse en el link:

Según el estudio que dio lugar a esta curva


el punto bajo que aparece en la gráfica, el que parece que no ha experimentado ningún incremento en sus ingresos en los últimos 25 años, corresponde a las clases medias y medias bajas de los países desarrollados como Alemania, Francia, Reino Unido, España y, por supuesto, EEUU. Esto ha cuajado en un mito: los países en desarrollo se han beneficiado de la globalización (lomo del elefante) a costa de las clases medias y medias bajas de los países desarrollados. Este mito es, por supuesto falso. Al menos tan falso como el que dice que la globalización ha empobrecido a los países en desarrollo. No hay que ser un lince para ver que las clases bajas españolas han aumentado notablemente sus ingresos en los últimos 25 años y estoy seguro de que puede decirse lo mismo de las clases bajas del resto de los países desarrollados. Esta apreciación subjetiva se refleja también en los datos empíricos cuando se quita del estudio el efecto producido por los países del antiguo bloque comunista, cuyas elites, que evidentemente se han empobrecido, coinciden con las clases bajas de los países desarrollados. Cuando se hace esta corrección, la curva elefante queda como indica la curva roja del gráfico que puede verse en el link:


Es decir, ese supuesto estancamiento de las clases bajas de los países desarrollados, desaparece. Pero no hay nada más tozudo que una mentira repetida millones de veces, que excita el victimismo de una parte de la población y que responde a una mentira simple que parece “razonable”, a saber: Si uno ve el mundo como un juego suma 0 de riqueza, ese enriquecimiento de los países en desarrollo tiene que venir de algún sitio. ¿De dónde? La respuesta falsa y simplista repetida hasta la saciedad es: Ha sido a costa de las clases trabajadoras de los países industrializados. ¡Claro, dicen las “víctimas”! El hecho de que muchos productos ya no se hagan en nuestros países nos ha empobrecido. Y no se dan cuenta de varias cuestiones más complejas que hacen que esto no sea así. Primero: Cómo esos productos que se hacen más baratos en otros países son luego comprados por ellos también más baratos, beneficiándose de esa rebaja. Segundo: Que el enriquecimiento de los países en desarrollo crea nuevos mercados para los productos y servicios generados en los países desarrollados. Es decir que hay un efecto de realimentación positiva que hace que la globalización también redunde en beneficio de las clases trabajadoras de los países desarrollados. Y, tercero, y tal vez el más importante, que el juego suma 0 es totalmente falso. Que, si se deja libertad y se apoya la creación de riqueza por las empresas, siempre habrá nuevas cosas útiles que hacer en los países desarrollados que compensarán, con creces, cualquier déficit que pudieran no cubrirse con las realimentaciones positivas anteriormente descritas.

Pero el victimismo fomentado por esta mentira ha creado un caldo de cultivo para que aparezcan populismos de uno u otro signo que, naturalmente, también realimentan esa mentira con su propaganda engañosa. Y es la explotación de ese victimismo de las clases medias y medias bajas americanas, entre otras cosas, lo que ha dado la victoria a Trump. Ignoro si él se cree o no la falacia de ese victimismo, pero lo ha cabalgado planteando la respuesta falsa y simple al problema falso y simple. A saber: “Evitemos la deslocalización poniéndole barreras legales y aumentemos los aranceles para que no puedan entrar productos procedentes de los países en desarrollo”. Y este es el aspecto gravemente peligroso de las políticas anunciadas por Trump. Porque si algo ha demostrado la segunda mitad del siglo XX es que el comercio internacional enriquece a todos los países. Para seguir con el tema me voy a permitir recurrir a un símil que, lo sé, es también un poco simplista, pero cuyo simplismo intentaré dejar patente en qué consiste. Voy a llamar a este símil el de “las dos piscinas”.

Imaginemos que los países desarrollados forman una piscina cuyo nivel de llenado significa su riqueza. Más abajo hay otra piscina, la de los países en desarrollo, cuyo nivel representa también su riqueza. Hay un grifo que conecta la piscina alta con la baja, de forma que el agua puede pasar de la primera a la segunda. La primera simplificación es, evidentemente, reducir el número de piscinas a dos. Pero, reconociéndola, me parece una simplificación aceptable. Otra simplificación es que he omitido otros grifos que van de la piscina baja a la alta (son las realimentaciones positivas de las que hablé anteriormente). El simplismo de suprimir esos grifos de realimentación hace la imagen más dura que la realidad, lo cual no es malo metodológicamente para mi planteamiento, así que, señalándolos, acepto la simplificación.

Pero hay, además de los anteriores, otros grifos importantísimos. Son los grifos de la creación de riqueza. Tanto la piscina alta como la baja tienen sendos grifos que crean riqueza. Son los que hacen falso el juego suma 0 y de ninguna manera los obvio en mi modelo. El grifo de creación de riqueza de la piscina baja es un grifo que, desgraciadamente, funciona mal. Y lo hace mal porque para hacerlo bien requiere liberad, ausencia de cleptocracia y seguridad jurídica que garantice la propiedad. Si se diesen esas circunstancias, el grifo empezaría a funcionar asombrosa y magníficamente bien. El grifo de la creación de riqueza de la piscina alta ha funcionado de forma impresionante, podría decirse que casi milagrosa, los últimos 200 años. No me resisto a insertar el link a un vídeo que ya he mandado en otros envíos, que ilustra de forma impresionante es milagro:


Sin embargo, desde hace años, en los países desarrollados hemos empezado un proceso que acabará logrando que nuestro grifo de creación de riqueza funcione muy mal. Este proceso empezó en los años 30 del siglo pasado con el New Deal de F. D. Rooseverlt y continuó con la nefasta interpretación que se ha hecho en los últimos cincuenta o sesenta años de las teorías keynesianas sobre el papel del Estado en la economía[1]. Esto ha llevado a un Estado del Bienestar sacralizado y elefanteásico para el que se ha puesto el carro antes que los bueyes, es decir, el gasto público antes de la suficiente creación de riqueza. De aquí se ha pasado a la creación de una carga fiscal asfixiante para las empresas generadoras de riqueza y de ahí a unas políticas de deuda pública inaceptables para el más elemental sentido común que han desembocado en una política monetaria disparatada. Todo esto sazonado con una hiper-regulación para las empresas y para ámbitos cada vez más amplios de la conducta humana. Hiper-regulación alimentada, naturalmente, por el afán protagonista que el Estado se ha creado al verse con más recursos de los que nunca debió tener. Si le das a alguien poder y dinero para que regule la actividad de otro, podemos dar por seguro que el pequeño gendarme que todos tenemos dentro, se crecerá. Eso es lo que ha pasado con la megalomanía del Estado. Y con todo eso, el grifo de la creación de riqueza de los países desarrollados funciona cada vez peor. Quizá la frase que mejor resume esto es una que dijo Ronald Reagan irónicamente refiriéndose a la actuación del Estado en la economía: “Si la economía funciona bien, cárgale un impuesto. Si sigue funcionando, regúlala, y si se para, subsídiala”. Y esto lo han hecho divinamente casi todos los gobiernos de casi todos los países desarrollados durante casi todo el tiempo de los últimos 50 o 60 años. Y, así, el grifo de la creación de riqueza está dejando de funcionar. Digamos que en sus paredes interiores se van depositando incrustaciones, como se depositan las placas de ateroesclerosis en las arterias, hasta que un día se produce el infarto. Todavía es, a pesar de todo, bastante productivo, pero ya presenta síntomas de que la vaca creadora de riqueza está siendo sobreordeñada y puede llegar a colapsar. Y aquí es donde aparecen algunos signos de la política de Trump que pueden ser una oportunidad de revertir esta tendencia. Pocos políticos tradicionales, si hay alguno, se atreven a hacer pasar a sus ciudadanos por el síndrome de abstinencia que supone curarse de esta obstrucción del grifo de la creación de riqueza. Pero tal vez un outsider como Trump se atreva. A fin de cuentas, la política no es lo suyo. No vive de ella. Y puede que en esto encuentre apoyo en el partido republicano.

Permítaseme, antes de seguir adelante, comentar un grifo inútil de la piscina alta y una terrible vía de agua de la piscina de abajo. El grifo inútil de la piscina de arriba son los subsidios. Es un grifo que saca agua de la piscina, tira una parte por la alcantarilla, y mete otra vez en la piscina menos agua de la que sacó. Un desastre. La terrible vía de agua de la piscina de abajo es la guerra. La guerra es un auténtico boquete en la piscina de riqueza de los países pobres y en desarrollo por el que se va una inmensa e irrecuperable cantidad de riqueza. Es, sin duda, la culpable de que la cola del elefante señale hacia abajo en vez de erguirse.

Uno de los aspectos de la política económica anunciada por Trump es precisamente ese, acabar con la hiper-regulación y disminuir drásticamente los impuestos. No me cabe duda de que esto producirá, a medio plazo, un efecto desatascador del grifo de la creación de riqueza en EEUU. Pero la drástica reducción de impuestos que anuncia, junto con el aumento del gasto en infraestructuras, generaría un déficit a corto plazo que sería difícil de soportar. No obstante, como cambio filosófico de perspectiva económica me parece esperanzador. Desde luego, no soy en absoluto partidario del gasto público en infraestructuras. Pero albergo una esperanza de la que no tengo ningún atisbo (o sí) pero que, de ser cierta, supondría otro cambio drástico en la filosofía del gasto estatal en infraestructuras. Sería la aplicación del principio liberal de que las infraestructuras las construya libremente la iniciativa privada y page por su uso quien las utiliza. Es decir, la iniciativa privada hace una vía férrea, pagan por ella los trenes que la transitan y, en última instancia, los que viajan en esos trenes. Si esa vía férrea es realmente necesaria, será rentable. Si no, el que la ha hecho, tendrá que vender a la baja el negocio a otro que, con esa inversión menor, la podrá explotar rentablemente. Y si éste tampoco la rentabiliza, la volverá a vender a la baja. Y así, sucesivamente, hasta que su explotación sea rentable. Quien dice eso de vías férreas lo puede decir de carreteras, etc. No es descabellado. Ya se hace con antenas de telefonía móvil, con oleoductos y gaseoductos y con otras muchas infraestructuras. La separación de RENFE y Adif en España no es sino un intento de arreglar un nefasto monopolio del Estado. Es un apaño. Veremos si funciona. Pero si se hubiese empezado así desde el principio… Si la decisión de invertir, el sitio en el que invertir y el precio de salida si se fracasa son libres, sin que el Estado meta las narices, la cosa no tiene por qué no funcionar. ¿Está pensando Trump en eso? No lo sé, pero en algún momento de su campaña le he oído decir que él es muy bueno construyendo. Evidentemente, si esas infraestructuras se hacen con concesiones estatales, lo primero, el sistema no funcionará por exceso de gasto público y, lo segundo, habrá serios conflictos de intereses entre Trump, Presidente de los EEUU y Trump, empresario. Pero si es la iniciativa privada pura y dura, la cosa es distinta.

En fin, cosas veredes, amigo Sancho. Pero creo que ha llegado a la política americana alguien a quien no le importa una higa si lo que va a hacer gusta o no. Y creo también que los republicanos sensatos, que no le dejarán hacer la bajada de impuestos tan brutal ni poner las trabas que dice que va a poner al comercio internacional sí verá con buenos ojos que otro de fuera se queme con medidas liberalizadoras que ellos no se atreverían a hacer. Si es así, tal vez el grifo de la creación de riqueza de la piscina alta mejore drásticamente su funcionamiento y el nivel de agua de la misma aumente. ¿Defraudará Trump a aquellos que le han aupado a la presidencia? Probablemente sí, porque dudo que esas mejoras, si llegan a producirse, lo hagan antes de cuatro años. Y sí los que le han votado se sienten decepcionados, ¿saldrá Trump reelegido? Vaya usted a saber. Estoy tentado a decir que ni lo sé ni me importa. Ciertamente, no lo sé, pero sí me importa. Y me importa de una forma condicional. Si la cosa fuese por buen camino, me daría pena que Trump no fuese reelegido. Sobre todo si vuelve alguien que se empeñe en volver a atascar el grifo de la creación de riqueza. Pero si la cosa vira al desastre, será un alivio que fracase. En cualquier caso, creo que, en los próximos cuatro años, Trump se atreverá a hacer de desatascador del grifo de la creación de riqueza y que otros republicanos sensatos le dejarán hacerlo, con ciertos límites, mientras le impiden el aislacionismo comercial. Veremos. Por lo menos, me queda la esperanza que no tendría con el “más de los mismo” de Clinton.



[1] En realidad, como nada hay nuevo bajo el sol, estas políticas empezaron en la Alemania de Bismarck. Y estoy seguro de que alguien con una amplia visión de la historia económica encontraría antecedentes más remotos. Pero su generalización y extensión mundial comienza con el New Deal de Roosevelt.