18 de abril de 2009

Más allá de la ciencia; asomándonos a los planes de Dios

Tomás Alfaro Drake

Este es el 36º y último artículo de una serie sobre el tema Dios y la ciencia iniciada el 6 de Agosto del 2007.

Los anteriores son: “La ciencia, ¿acerca o aleja de Dios?”, “La creación”, “¿Qué hay fuera del universo?”, “Un universo de diseño”, “Si no hay Diseñador, ¿cuál es la explicación?”, “Un intento de encadenar a Dios”, “Y Dios descansó un poco, antes del 7º día”, “De soles y supernovas”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? I”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? II”, “Adenda a ¿cómo pudo aparecer la vida? I”, “Como pudo aparecer la vida? III”, “La Vía Láctea, nuestro inmenso y extraordinario castillo”, “La Tierra, nuestro pequeño gran nido”, “¿Creacionismo o evolución?”, “¿Darwin o Lamarck?”, “Darwin sí, pero sin ser más darwinistas que Darwin”, “Los primeros brotes del arbusto de la vida”, “La división del trabajo”, “La explosión del arbusto de la vida”, “¿Tiene Dios una inmoderada afición por los escarabajos?”, “Definamos la inteligencia”, “El linaje prehumano”, “¿Un Homo Sapiens sin inteligencia?”, “El coste de un cerebro desproporcionado”, “Si no hay nada que decir, hablar es muy peligroso”, “El regalo de la inteligencia”, “¿Cuántas Evas hubo?”, “El lado oscuro de la inteligencia”, “Regalos añadidos a la inteligencia”, “La posibilidad de la libertad I”, “La posibilidad de la libertad II”, “¿Cómo acabará todo? I”, “Cómo acabará todo II” y “¿Todo esto, ¿por qué?, ¿para qué?”.
Hasta ahora hemos visto cómo la ciencia nos llevaba a pensar que lo más racional que podemos hacer es aceptar la existencia de un Dios personal, con una intención al crear el universo. También parece razonable inferir que en esa intención debe jugar un papel importante el hombre, que supone una rendija del universo material hacia la trascendencia. De la mano de la ciencia hemos llegado hasta el límite al que ésta nos puede llevar. Pero no podemos ir más allá de su mano. Con ella, nada más podemos saber de cómo es ese Dios y cuál es el papel exacto del hombre en su plan. Pero no podemos dejar de usar nuestra racionalidad para saber más de ese Dios y de nuestro papel personal en este inmenso y misterioso cosmos. Nos es imposible acallar nuestra sed de saber. Como vimos anteriormente, la inteligencia pone al hombre ante cuestiones como el miedo a la muerte, la angustia hacia el futuro, el sentido de precariedad de sus planes, etc, que le llevan, por una vía negativa, hacia la religión. Pero también vimos que esa misma inteligencia nos capacitaba para buscar y encontrar la verdad, ejercitar la bondad y extasiarnos ante la belleza. De ahí que todos los seres humanos, desde el principio, se hayan visto impelidos a la búsqueda de respuestas trascendentes sobre Dios, el mundo, su papel en él y la relación con sus semejantes. Esas respuestas, a las que llamamos religiones, han sido muchas a lo largo de la historia. Son como torres de Babel que se construyen para llegar al cielo y encontrar esas respuestas. Cada cultura ha construido la suya y todas tienen algo en común porque todas nacen de la misma naturaleza humana y de las mismas necesidades de una idéntica inteligencia, tanto en su vertiente positiva como negativa. Todas las religiones participan, por tanto, de una parte de verdad mezclada con ideas equivocadas aunque dignas del máximo respeto porque todas nacen de la misma necesidad de respuestas honestas a las más vitales preguntas existenciales. Pero la altura hasta la que puede llegar la más perfecta de las torres de Babel es limitada y no hay ninguna que pueda llegar hasta el cielo. Cada hombre, desde la cima de su torre, clama al cielo esperando respuesta. Por eso si Dios es bueno, si Dios es amor, no puede dejar a sus seres humanos, por los que se ha tomado tantas molestias, abandonados, gritando en la oscuridad. Tiene que darnos señales que suplan todo lo que nosotros no podemos saber, que completen nuestra búsqueda. El Dios bueno tiene que revelarse al hombre para indicarle el camino para llegar allí donde él sólo no podría. Tiene que entregarle una revelación. Y no sólo eso. Tiene que darle una escalera para poder salvar la infinita distancia que media entre la más alta cima a la que pueda llegar, incluso con la revelación, y ese cielo que ansía. Y, esa revelación nos dice que esa escalera entre el cielo y la tierra es el mismo Dios infinito, que decidió tomar nuestra condición humana en Jesucristo para que nosotros pudiésemos participar de su naturaleza divina. Y esta revelación nos dice también que esto estaba ya previsto desde antes de la creación del mundo: oigamos a san Pedro: “Cristo estaba presente en la mente de Dios antes de que el mundo fuese creado y se ha manifestado al final de los tiempos para vuestro bien”. (1 Pedro 1, 20). O sea, que por la revelación ya sabemos para qué fue creado el mudo. A partir de este punto la indagación de cada uno deberá tomar la mano de la revelación para seguir el camino. Y ese camino debe empezar por una lectura reiterada, atenta, guiada y con visión globalizadora de toda la revelación, desde el Génesis hasta el Apocalipsis pero, sobre todo, del Evangelio. Y hacer esa lectura pidiendo su luz a ese Dios amor que hemos descubierto. Pero es esta una tarea que yo no haré desde esta serie de artículos que acaba aquí.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola de nuevo,

Terminan sus artículos y con él, comienza mi lectura.

Si el tiempo y el trabajo me lo permiten, procuraré terminar con ellos para verano (son 36 artículos y muchos libros en "la pila").

Un cordial saludo,


Borja

Anónimo dijo...

Hola Borja, soy Tomás. Me alegro mucho que vayas a hacer el esfuerzo de leerlos. Espero que al final no lo consideres baldío. Si no lo acabas antes de verano, ya tienes lectura para el cabo de Gata.

Cuando acabes, me encantará conocer tus comentarios.

Un abrazo.

Tomás

Juan-Luis dijo...

Hola Tomás!
He hecho esto para mí y para un amigo sacerdote que me ha pedido "lecturas" para ponerse un poco al día de ciencia con perspectiva cristiana. Obviamente, me acordé de tí, le recomendé tus libros y le voy a enviar esta lista de links. Que te copio por si sirve a alguien más como forma de encontrar rápidamente los artículos de esta serie. (NOTA: No encuentro el de "La posibilidad de la libertad II")


Abrazo!

Anónimo dijo...

Es que no lo publique. Te lo envío por mail.
Tomas