10 de mayo de 2009

Posturas ante la fe; la parábola de La Isla Misteriosa II

En la introducción del tomo II del libro “Literatura del siglo XX y cristianismo” de Charles Moeller, Editorial Gredos, leo una introducción esclarecedora sobre las diferentes posturas que los seres humanos podemos tomar ante Dios, basándose en una comparación con la novela de Julio Verne “La isla misteriosa”. La reproduzco en el blog en dos entregas de las que esta es la segunda.

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V. LOS TRES ASPECTOS DEL ACTO DE FE

Con pena he de dejar a Julio Verne para llegar al objeto concreto de este libro. Es necesario emplear palabras sabias y distinciones complejas; es preciso ponerse la pesada armadura de Saúl para hacer frente al Goliat de la incredulidad. Hay que hacer un poco de teología.

¿Qué es pues, la virtud teologal de la fe, que nos hace adherirnos con certeza a la Palabra de Dios propuesta por la Iglesia? La vida en la fe aparece, sin duda, en el testimonio de los santos (y hay muchos santos en este siglo. por ejemplo, los mártires que mueren por Cristo, bastante cerca, por cierto, de la Europa del Pacto del Atlántico); pero no es precisamente esto lo que preocupa a nuestros contemporáneos, muchos de los cuales dicen: estos santos tienen fe; pero nosotros no tenemos fe o no estamos seguros de tenerla. ¿Cómo llegar a la fe? ¿Cómo volver a encontrarla y consolidarla?

Así pues, lo que preocupa sobre todo al hombre de la calle es el problema del acto de fe, por cuya virtud el hombre se obliga y compromete todo él, en cuerpo y alma, bajo la garantía del testimonio divino. No se trata de un gesto hecho de una vez por todas en el pasado, sino de un compromiso que hay que renovar todos los días, ya que todos los días hay que renovar el acto de fe; y esto, no sólo de palabra, con la fórmula ad hoc, sino de todo corazón.

La teología responde que la fe es sobrenatural, libre y razonable. La fe es sobrenatural, porque todo a lo largo del camino, desde el principio al fin, es llamada de Dios que solicita al hombre, le sostiene y le hace llegar a la fe. Es libre, porque sin el consentimiento de la voluntad, todo el océano de la divinidad no lograría a franquear el umbral de nuestro tabernáculo interior. En fin, es razonable, porque todo a lo largo del camino, desde su comienzo a su final, el acto de fe es una actividad eminentemente digna de la inteligencia humana.

Estos tres aspectos son complementarios: se sostienen mutuamente, se implican continuamente y la vida de fe consiste, entre otras cosas, el mantener vivo el equilibro de los tres polos ente los que oscila la fe, como en un campo de fuerzas eléctricas.


VI. LOS TRES ASPECTOS DE LA FE, Y EL ATEISMO

Para los no cristianos, estos tres aspectos de la fe no son más que tres facetas del mismo absurdo. El hombre moderno abriga la pretensión de construir un humanismo que prescinda de Dios.

Lo sobrenatural de la fe no puede ser más que una “enajenación” de la dignidad humana. No dejan de repetir que las “iglesias” han explotado ya suficientemente al hombre, engañándole con el espejuelo de la eternidad. La religión es el “opio del pueblo”.

El existencialismo ateo no puede admitir tampoco que la religión sea libre, y por la misma razón: el hombre es un ser solitario y abandonado; su única dignidad reside en su libertad; cierto que esta libertad no sirve “para nada”, pero es. Y he aquí que le reclaman al hombre esta libertad; ¿En nombre de qué?

En nombre de una cosa absolutamente irrazonable, afirma el existencialismo. No hay verdad objetiva, sino sólo valores que el hombre crea con su propia libertad. Admitir que la absurdidad de este mundo sea el revés de un mundo trascendente, “creer porque es absurdo”, es perpetrar el suicidio del espíritu, mucho más grave que el del cuerpo. En todo caso, es detestar al mundo.

Lo que más echan en cara los ateos modernos a la fe, es la “facilidad” que esa fe concedería a los que la admiten. En tiempos pasados tildaban a la fe de ser grave y lúgubre; ahora, es al revés; los hombres serios, graves, trágicos, están del lado del ateismo: los vividores, los cobardes son aquellos que “se apoyan y remiten a Dios” en lo que llaman lo esencial, no siendo más que un pretexto para desertar.

Jamás se han hecho afirmaciones en tono tan categórico; nunca se ha proclamado con más audacia que hoy este evangelio al revés. Ello prueba al menos una cosa: los ateos modernos están obsesionados por “el cadáver dentro de casa”.


VII. LOS TRES ASPECTOS DE LA FE Y LOS CRISTIANOS

¿Tienen todavía fe los cristianos? Se ha hablado de la “incredulidad de los creyentes” y de su “mala conciencia”. Simone de Beauvoir ha dicho que los sacerdotes no predican ya sobre el infierno “porque ellos mismos han dejado de creer en él”. Esto es juzgar un poco a la ligera; pero yo me pregunto si la fe viva de algunos cristianos va más allá de un deísmo abstracto, apoyado en una moral que aceptan a regañadientes y en un orden social por el que sólo se interesan cuando lo ven amenazado...

Es necesario (una vez más) volver a las fuentes y preguntarse que piensa el promedio de los cristianos acerca de estos tres aspectos. La fe es sobrenatural, es decir, nos introduce en una verdad trascendental y única, la verdad de Jesús. Estoy espantado del relativismo dogmático que fascina a algunos creyentes. [...] Le fe es sobrenatural, lo que quiere decir que hay que tomar al Dios revelado como centro y no al hombre, por muy apoyado que se sienta en el en el entusiasmo más ardiente por los “valores” cristianos: no puedo menos que sentirme perplejo ante el naturalismo de algunos. La fe es sobrenatural, es decir, se inserta armoniosamente en una naturaleza “a la que perfecciona sin destruirla”: me siento preocupado ante otra desviación del espíritu cristiano, el sobrenaturalismo. Dios, ¿para qué?, preguntan algunos escritores; separemos los “acontecimientos” y “la fe”, pues la coyuntura temporal ha de servirse por medios temporales, al tiempo que la fe es negocio puramente interior entre Dios y el alma.

La fe es libre: muchos creyentes tienen la impresión de lo contrario; abrigan el sentimiento de estar continuamente atados por preceptos, entorpecidos por voces alertadoras y prohibitivas; tienen la impresión de que se les hostiga y acorrala sin darles punto de reposo. La Iglesia aparece a sus ojos como la ciudadela de esas prohibiciones. Según el pensar de muchas personas, el católico es el que no puede...hacer esto, pensar aquello, participar en lo de más allá. ¿Cómo hablar todavía de la libertad de la fe? ¿Cómo tomar en serio la afirmación de san Pablo acerca de “la libertad que Cristo nos ha otorgado”? Muchos, demasiados, católicos permanecen menores de edad en materia religiosa; lo son el domingo, al oír a su párroco (aunque, como es sabido, se compensan durante la semana); lo son cada vez que intentan penetrar en el dominio del pensamiento o de las responsabilidades cristianas: con razón o sin ella, se sienten intrusos, “de más para la eternidad”.

En fin, ¿están convencidos todos los cristianos de que su fe es razonable? Lo dudo; algunos no se atreven a mirar este problema cara a cara, viven con el espíritu recubierto de una capa de polvo de objeciones mal digeridas y de oscuridades mal aclaradas. Y estas objeciones y esas oscuridades versan sobre detalles cómicamente secundarios a veces, pero también, y ello es ya más grave, sobre puntos esenciales: la divinidad de Jesús, la resurrección de la carne. En todo caso, muchos se sienten incómodos. Entonces se limitan a la “fe confianza” o a la fe del carbonero. Es el fideísmo, más extendido de lo que se cree. Cierto que mejor es esto que nada; pero una fe basada casi exclusivamente en el sentimiento y en el hábito no puede informar la vida de un hombre. Ahí radica la falta de gallardía de muchos cristianos.


VIII. BAJADA DE LA FE EN LA MASA DE LOS CRITIANOS

El malestar de muchos cristianos ante la libertad, la sobrenaturalidad y la razonabilidad de la fe, proviene, en la inmensa mayoría, de una baja de fervor religioso. Cierto que el tiempo de los grandes congresos de Acción Católica ha pasado, pues hoy se trabaja en profundidad; pero la audacia de afirmarse, ha pasado también. Hay demasiados católicos “del domingo”.

No olvidaré fácilmente la respuesta que me dio un joven de quince años, por otra parte encantador y amable, educado y todo... Le dije, al pasar, que al día siguiente era la fiesta del Santísimo; como se sabe, cae siempre en jueves; por tanto, no es obligatoria. Y añadí, volviéndome hacia él, que haría bien en ir a misa ese día (pues le conozco lo suficiente para permitirme darle tal consejo). Me respondió: ¿hay obligación de oír misa mañana? [...] Como he dicho, el muchacho era bueno; sólo que había sido formado en una piedad “del domingo”. Quizá si yo le hubiese dicho más claramente que fuese a comulgar, habría comprendido mejor, que no se trataba de una obligación, sino de un consejo fraternal ¿No es harto frecuente tropezar con jóvenes como éste?

Quien más quien menos, todos hemos encontrado jóvenes de una piedad ferviente y fresca, sin pizca de gazmoñería; comulgan y confiesan entre semana, hacen deporte... Ahora bien; rara vez se plantean el problema de la vocación religiosa, o lo resuelven negativamente. La crisis de vocaciones [...] es un hecho palpable que pone de manifiesto una disminución de la fe sobrenatural, pues estos mismos jóvenes siguen siendo excelentes cristianos; sólo que no piensan en ser sacerdotes, porque, instintivamente, creen más en los valores cristianos (que existen, sin duda alguna) que en las verdades sobrenaturales, las únicas en las que puede fundarse una vida religiosa. [...].

[...]


IX. RESURGIMIENTO DE LA FE EN LAS MINORÍAS SELECTAS

En las minorías selectas se produce un retorno a la fe auténtica. Los innumerables “círculos” de cristianos, ya se ocupen de la Biblia, de la liturgia, del apostolado, de la espiritualidad conyugal o de todo lo que se quiera, se caracterizan todos por una sed intensa de formación religiosa y de verdad revelada.

Redescubren la fe sobrenatural, puesto que piden la Palabra de Dios, la liturgia de la Iglesia (por ejemplo, en la Vigilia pascual, que constituyó una verdadera iniciación para quienes participaron en ella), el pensamiento de los Padres. Su fe es digna de la de los primeros cristianos: éstos no tenían, que yo sepa, otro motivo de fe que la certidumbre de la Resurrección de Jesús.

Redescubren la libertad de la fe, ya que quieren obligarse por entero a Cristo, el domingo y entre semana. La voluntad de penetrar la masa para infundir en ella la levadura de Cristo, constituye una característica de las minorías selectas cristianas. Estas minorías son gallardas y fuertes. Saben el riesgo al que se exponen; saben que, humanamente, la fe “no paga”, al menos inmediatamente y, en todo caso a aquéllos que quieren ser pagados en moneda de este mundo. Pero, así y todo, se entregan libremente a Cristo, en un intercambio personal.

Redescubren el carácter razonable de la fe; o por mejor decir, piden que se les ayude a ver mejor este aspecto razonable en sus creencias. Piden luces teológicas a sus pastores que, frecuentemente, no esperan tal petición, antes bien, se quedan al pronto desconcertados, para terminar al fin ganados por este espíritu juvenil de sus ovejas...


X. DIVORCIO ENTRE LAS MINORIAS SELECTAS Y LA MASA

El drama radica aquí en el divorcio entre estas minorías y la masa de los cristianos. [...] Parece que sólo aquéllos que tienen el suficiente valor para pensar por cuenta propia, reflexionar, consultar y estudiar llegan, si son leales, a descubrir la verdad de Cristo. La masa, enloquecida por la vida “rápida y angustiada”, abrumada de preocupaciones de “lo material”, fascinada por las carteleras de los cines, las consignas publicitarias, las agencias de propaganda, se deja ir a la deriva. Entre la masa, la parte no creyente, no dispone, para formarse una idea de la fe, más que del espectáculo de los cristianos “del domingo”.

¿Cuál es la explicación de esta evolución contradictoria (una minoría selecta ascendente, una masa a la deriva)? Sencillamente la siguiente: hoy en día no se puede ya descubrir la verdadera faz de la Iglesia, el auténtico cristianismo, más que por el estudio, por la investigación personal. Es imposible descubrir el verdadero cristianismo con sólo contemplar a los cristianos. Los no creyentes con quienes nos codeamos a diario, ¿observan sobre nuestras frentes aquella irradiación de serena alegría que seducía, hace dos mil años, a los paganos del Imperio? ¿Ven brillar n nuestra conducta a aquella caridad fraternal que les hacía exclamar “ved cómo se aman” y les hacía desear formar parte de este hogar?

“He aquí por qué se convierten las minorías selectas: se convierten porque pueden estudiar, reflexionar, consultar los documentos del pasado y descubrir así, bajo la corteza, el calor de la vida de la Iglesia. Pero esto no le es posible hacerlo a la masa: ésta tiene que contentarse con mirar y ver, con mirarnos y vernos a NOSOTROS; y es bien seguro que este espectáculo no la decidirá a los sacrificios impresionantes que exige una conversión, con la ventaja, por todo resultado, de parecérsenos. ¡Qué hermosa sería la Iglesia y que atractiva, si no hubiera cristianos! (L. Evely, Témoignage chértien).


XI. OBJETO DE ESTE LIBRO

Este libro va destinado a los que disponen de tiempo para leer, estudiar y encontrar así la verdadera faz de la Iglesia de Cristo. Si puedo con él llevarles un poco de luz, ayudaré a consolidarse a algunos cristianos; si estos cristianos, como una luz en la montaña, pueden iluminar a su vez a otros, consideraré que mi labor no ha sido baldía.

Yo creo en el poder de las verdades que se transmiten de boca en boca y de corazón a corazón. Basándome en el testimonio de autores modernos, confío en despertar en mis hermanos en humanidad el interés por estas verdades y llevarles a cobrar una conciencia más clara y más íntima de los fundamentos de su fe.


XII. EL MÉTODO DE ESTE LIBRO

[...]


XIII. EL CENTRO DE ESTE LIBRO

“ ‘¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?’. pregunta Jesús. Los discípulos respondieron: ‘Unos que Juan el Bautista, otros Elías, otros Jeremías o alguno de los profetas’. ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’, les dice. Entonces, Simón Pedro, tomando la palabra, respondió: ‘¡Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo!’ Jesús, tomando la palabra, le dijo: ‘Bienaventurado tú, Simón, hijo de Juan, porque ni la carne ni la sangre te han revelado esto, sino mi Padre, que está en los cielos’”.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Tomás. Soy el pesimista que ve negro el futuro de la humanidad. Pesimista en general. Te cuento: Nuestro Padre me ha regalado, sin merecerlo en absoluto, conocer ese calor, esa luz original de la Iglesia. La alegría de los cristianos. En mi infancia y adolescencia he sido de los del domingo, de los que cumplen por miedo y por tradición, pero sin pensar ni por un momento en la resurrección y el amor al enemigo. A pesar de ello siempre tuve la intuición de que había mucho más, por eso no abandoné la Iglesia y busqué esas minorías. Cuando por fin encontré mi sitio tenía ya 20 años y la mente muy contaminada del materialismo, el edonismo y la frivolidad del mundo, además de muchas heridas y frustraciones. Cuando Dios me llamó a su Iglesia estaba al borde del abismo, a punto de tirar la toalla. Quizas tuve que llegar a ese punto para reconocer que no era el Dios de mi vida y pedir a Jesus que me sacara de donde estaba. Y asi se manifestó. Y he podido "tocar" el Reino de Dios en medio de este mundo depravado viendo a Cristo resucitado en el amor y la unidad de los hermanos, en la misión de evangelización. En Obispos y presbíteros que pierden si vida y se dejan matar por llevar a Cristo a sus ovejas. Me ha permitido conocer esta realidad sobrenatural y además me ha invitado a participar en ella. Acepté con ilusión, inicié ese proceso de estudio, de penetración en la Escritura, de vivir la Palabra. Poco a poco la llama de la fe iba creciendo e iluminaba y transformaba mi pensamiento y mis acciones. Como ya te contaba en otro artículo llegó un punto en que sentía que no avanzaba, que el camino de Fe me llevaba a una entrega a la que me resistía. He descubierto que en el fondo aún hay mucho de esa idolatría al dinero y al mundo, de duda del poder de Dios para darme la vida. De poder llegar a vivir esa vida sobrenatural de entrega total. Hay una fuerte división en mi, lo viejo no quiere dejar entrar lo nuevo...No se por qué comparto esto contigo...Ya me dijiste que es una actitud soberbia, que es Dios quien hace y quien modela, y es verdad. Pero creo que hay una parte que me corresponde a mi, un asentimiento para que Cristo pueda hacer morada en mi, y no puedo. Soy pesimista y soberbio. G

Juan GM dijo...

Hola G.
Me permito hacer un comentario en el blog de Tomás. ¿No te estás exigiendo demasiado? Dios no machaca en medio de una exigencia imposible de cumplir, y todo tiene un sentido, aunque sea difícil de ver o no andemos buscándolo a todo. Recuerdo unas palabras de San Agustín sobre lo que debería hacer cada uno según sus dones o capacidades, y eran algo así: "El que sea prudente, que nos dirija. El que sea sabio, que nos aconseje. Y quien sea creyente, que rece por nosotros".
¿Estás sólo en medio de esa búsqueda? Creo que una persona que sepa guiarnos es importante, pues hay misterios en la fe que no vemos siempre. Y esta se convierte en realidad, pero ¿cómo? Ahí está lo de cada uno tiene que ir viendo, en medio de la vida, pero no estamos solos. Hay más personas, y dios siempre.
Bueno, un par de pinceladas....
Un abrazo
Juan GM

Anónimo dijo...

Querido Anónimo pesimista, soy Tomás: Lo primero de todo, decirte que es para mí una enorme gracia que me otorgues la confianza de hablarme de estas cosas. Dicho esto; No te flageles. Por Dios, en ningún caso quise decirte que tú fueses soberbio. Al menos, no más soberbio que cualquiera. Todos tenemos la tendencia a aplicar a la vida de relación con Dios lo que hemos mamado en la vida cotidiana. Que lo que quieras conseguir te lo tienes que ganar a pulso. Esto, que es verdad en la lucha día a día, no lo es en nuestra relación con Dios. La Buena Noticia es que Dios nos ama gratis. No nos ama más por que seamos la pera, ni menos porque seamos mediocres. Nos ama porque somos. Nos ama porque nos ha creado. Nos ama porque nos ama. Pero el Acusador, el Príncipe de la mentira, que miente aún cuando dice la verdad, no quiere que lo veamoa así. Quiere hacernos creer que tenemos que ganarnos a pulso el amor de Dios, como si fuera un aumento de sueldo. Y nos hace ver que no nos lo merecemos y nos dice que somos una mierda. Bueno, pues ni puto caso. Buscaté algunos pasajes de la biblia que te ayuden en esos momentos, los hay a miles. Te sugiero unos párrafos del libro de Oseas: 11, 1-4; 11, 7-8; 14, 5, 9. O Isaías 49, 14-15 o 66,13. O el cortísimo salmo 131.

Una última palabra. Relájate y disfruta. Descansa en este Dios. Tú no eres el salvador del mundo. Tú eres un granito de arena que aportas lo que puedes, mejor dicho, como todos, mucho menos de lo que podemos. Y podemos también rezar por el mundo. Eso le basta a Cristo para hacer su parte. Él sí es el Salvador del mundo. Déjale a Dios ser Dios. Ya hará Él lo que tenga que hacer cuando lo tenga que hacer. Déjale a Él ser Dios. Descansa el Él.

Un abrazo.

Tomás

mariajo dijo...

Queridos amigos: estás cuestiones suscitan en mi un gran interés, sin entrar en si formo parte de esa minoría selecta o de la masa de los cristianos, solo puedo hablar desde mi propia experiencia
.
La relación de Dios y el hombre a través de todos los tiempos siempre ha sido una relación compleja , con tantas complejidades como personas hay…. Yo misma he vivido a “mi manera” este tema de la fe, por que cada uno de nosotros es único.
Yo puedo hablar de que he estado separada de la Iglesia más de 17 años y a pesar de ello he mantenido la Fe en el Dios de los cristianos, y he vuelto a la Iglesia
Esto puede llegar a que alguien se pregunte si realmente mereció la pena subir de nuevo a esta nave?, “atarme” a sus preceptos, la respuesta tajante es SI.
Ante esta Fe, hay que tomar una decisión: Jesucristo y con Él su Iglesia se puede aceptar o rechazar pero no como si se decide beber un café o tomar mejor leche ; no es algo más profundo, por que de la respuesta va a derivarse toda una forma de vivir , toda una manera de vivir mi vida , abarca toda mi realidad vital, decidir vivir con Dios o contra Dios es en definitiva la cuestión principal sobre la que gravita la Libertad del hombre esa dada por Dios, El no obliga Él invita , Él no oprime Él libera. Sobre todo:
EL NOS AMA
He llegado a ello por un camino que solo a Dios a y a mi nos pertenece, Jesús dijo “Yo soy la verdad, el camino y la vida” hay un solo camino, pero este es tan ancho que puede ser el camino de cada persona .Y para mi el catolicismo , seguir a Cristo y formar parte de su Iglesia la que Él creó, es una forma concreta de vivir que me ha proporcionado un gran enriquecimiento y una nueva forma de ver las cosas y sobre todo de ser LIBRE, además me proporciona Paz y sobre todo ALEGRIA no a la risa superficial y al buen rato sino a esa Alegría que es compatible con las dificultades de la vida, como recuerda el Papa : “ La Historia de Jesucristo empiezan con la palabra que el Angel dirigió a Maria: “Alegraté ,llena de Gracia” en la Nochebuena , otro Angel se presenta a los pastores: “Vengo a anunciaros una gran alegría” y el mismo Jesús dice que el portador de una buena nueva.
Puedo afirmar que quizás el acto concreto de hacer el propio Fiat es complicado en el hecho de dar el primer paso pero que cuando al instante de decir SI con todo tu ser te sients tocado, AMADO INCONDICIONALMENTE se siente una gran alegría interior que nunca te abandona, podrás caer, tener malos momentos, tristezas, perdidas , dolores pero se viven de otra forma.Por ello siento la necesidad de transmitir mi "Buena Nueva" :El cristiano el seguidor de Cristo solo tiene la tarea de dejarse hacer por Él así, esa masa, podrá ver en cada uno de nosostros un atisbo de su divinidad, fuimos hechos a su imagen y semejanza , dejemos pués que Él se muestre desde nosotros es parte de nuestro FIAT y de nuestra libertad : Más de ti y menos de mi Señor.

Hoy por hoy tener trato con Dios es una necesidad para mí , algunos piensan que la religión es un sustituto de una terapia psicológica, algo como hacer yoga, o deporte algo que te hace sentir bien o mejor dicho que crea en ti esa sensación, bien la verdad es que la religión te da cierta energía positiva como dirían los seguidores de la New Age, es cierto también da muchas respuestas a las verdades eternas intrínsecas en nuestra naturaleza, por eso en todas las épocas ha existido una tendencia natural a lo divino, por que el hombre necesita de alguien que le trascienda , necesita a Dios :
Voltaire decía que si no existiera Dios habría que inventarlo.

Como escribió cierto místico: somos demasiado pequeños para pensar en la grandeza de Dios; demasiado ocupados para ocuparnos de él; demasiado olvidadizos para recordarle; demasiado tarde para llegar a él cuando llega la muerte; demasiado felices para agradecer lo que hace por nosotros y demasiado sabios para buscar su sabiduría.

Anónimo dijo...

Hola Mariajo, soy Tomás:

Te agradezco la entrada. Nunca pensé que este post iba a producir una respuesta tan estupenda. Gracias. Quiero aclarar que yo tampoco sé hasta qué punto estoy en esas minorías de que habla el post, que, como indico, no es original mío. Lo que me gustaría es que todos los cristianos formásemos parte de esa "minoría" que entonces ya sería mayoría. El mundo sería mejor y haríamos muchos conversos. Pero...

Un abrazo.

Tomás

Anónimo dijo...

Queridos Juan, Tomás y Mariajo.
Soy G, o sea, Gonzalo (no escribí el nombre completo por error). Vuestros comentarios han sido una sorpresa que no esperaba, os doy las gracias. Es emocionante y extraño al mismo tiempo experimentar la comunión a través de algo tan impersonal como internet. Justamente es eso lo que me impulsa a escribir en este blog, a exponer mis sentimientos a pesar de no conoceros de nada: cuando alguien se expresa con corazón y con verdad abre una vía de comunicación al otro, si éste anhela y busca la misma verdad. Eso es lo que siento cuando leo tus reflexiones Tomás. Después leo lo que he escrito aqui y se me suben los colores, me siento ridículo. Pero se pasa rápido al ver que vuestras respuestas son auténticas.
Gracias a Dios, aclarando un poco a Juan, no estoy sólo en mi búsqueda. Si no tuviera pastores y hermanos en la fe que me ayudaran y me llevaran a Cristo habría tirado la toalla hace tiempo y estaría siguiendo cualquier corriente filosófica antropocéntrica; o simplemente estaría fumando porros y bebiendo.
A pesar de mi falta de fe, de como bien decís vivir aun en la mentalidad del tener que ganar el Amor por mis méritos, Dios ha hecho tantas cosas y me ha dado tanto que no tengo mas remedio que reconocer que es Él quien lleva la historia. Me identifico mucho con el protagonista de un libro maravilloso, que creo que has mencionado alguna vez aqui Tomás y que me regaló uno de esos ángeles que me ayudan a llegar a la fe: el librero de Varsovia. Soy un Pawel Tarnowski de la vida, menos culto y profundo por desgracia. No se si el Señor tendrá designios tan altos para mi. Espero al menos que me de paciencia para esperar en Él y que pueda hacer algo con este pesimista neurótizado.
Un abrazo a todos y gracias de nuevo.
Gonzalo.

Anónimo dijo...

Querido Gonzalo, soy Tomás:

La verdad es que tienes mucha razón, cuando hay verdad y amor, hasta el medio más impersonal como internet se vuelve personal y humano y aunque no haya rostros, hay personas. Yo doy gracias a Dios porque este modesto blog mío pueda ser un vehículo de todo esto.
Lo que distingue la comunicación de la comunión es que en la primera se habla de cosas que no afectan al fondo del ser humano y en la segunda se habla de lo esencial. Hace tiempo leí una frase de Jean Guitton, que coleccioné rápidamente, que decía:

“cada uno de nosotros en la vida privada, en la vida familiar, en la vida nacional y en la vida internacional, no habla nunca de lo que es esencial. Dicho de otra manera; lo que es esencial queda escondido para siempre en nuestro corazón. Sin embargo, en mi opinión, no deberíamos guardar silencio sobre lo esencial”.

Y si no se habla de lo esencial, por cualquier tipo de pudor, la comunicación es imposible y estamos solos por mucha gente que haya a nuestro alrededor.

Tengo la completa seguridad de que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Un plan misterioso, que no podemos conocer de antemano, que puede tener fases duras (cruces) y fases de luz, en la que el rostro de Dios brilla sobre nosotros. Las primeras suelen ser largas, las segundas son como flashes que nos impulsan a seguir caminando a través de las primeras. Y eso que entrevemos en esos flashes, es lo que ni ojo humano vio, ni oído humano oyo, ni mente humana pudo jamás imaginar lo que Dios tiene preparado en el cielo para los que le aman, como nos dejó dicho san Pablo.

Pero si nos dejamos llevar por el plan de Dios, lo mejor de nuestra vida está todavía en el futuro. Lo mejor para el objetivo de nuestra vida. Si el objetivo de nuestra vida fuese divertirse, sería lo más divertido, pero el objetivo de nuestra vida es la Luz y lo mejor que está en el porvenir es lo que nos acerca a esa luz, que puede no ser divertido sino duro, incluso muy duro. Porque, citando otra vez a Guitton:

"Una cosa es el objetivo que yo me propongo y otra el propósito de Dios al inspirarme el deseo de ese objetivo".

Si entendiésemos los planes de Dios, no sería Dios. Así es que ánimo, Gonzalo. Animo en Dios. Y quiero que sepas que no hay nadie que no tenga que luchar con su dosis de neurosis.

Un abrazo.

Tomás