8 de diciembre de 2010

Frases 8-XII-2010

Tomás Alfaro Drake

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

Tener paciencia con los demás consiste [...] en no intentar sustituir violentamente el ritmo del otro por el ritmo propio. A este otro no se le puede tratar como una cosa desprovista de ritmo autónomo y que, por tanto, uno podría forzar o doblegar a su antojo. [...], digamos que consiste en otorgar confianza a cierto proceso de crecimiento o de maduración. Otorgar confianza: esto no quiere decir simplemente admitir teóricamente sin intervenir, pues esto sería en realidad dejar al otro sencillamente abandonado a su destino. No, otrogar confianza es desposarse en cierto modo con ese proceso, de manera que se favorezca desde dentro.

Gabriel Marcel; “Homo viator”

4 comentarios:

Otro Victor dijo...

¡¡Maravilloso!! Como profesor de Educación Secundaria, intentaré guardar esa frase en el corazón.

Pedro dijo...

Te animo a que te pases por mi Blog, que aunuque sea de fotos de momento de la zona del Cantábrico, tiene una serie de frases y pensamientos muy interesantes.
Saludos.

Anónimo dijo...

Hola Otro Víctor, soy Tomás. Cierto que es una frase maravillosa. Yo también, como profesor, intento tener presente esta frase siempre en mis clases. Si actuamos según este principio, nuestra profesión es la más grandiosa del mundo. En el libro Literatura del siglo XX y cristianismo, de Charles Moeller, del que he sacado esta frase de Marcel sigue diciendo Moeller:

Del mismo modo, como saben los verdaderos educadores, otorgar confianza al niño es provocar, por un misterioso contagio, un aflujo de vida nueva; aparentemente, esta manera de obrar es una dimisión, que resulta lastimosa frente a la actividad desbordante del educador que tiene "principios"; pero, en realidad, es la única que hace germinar cosechas ubérrimas; el activismo a tambor batiente no consigue más que una educación ficticia, mientras que la paciencia flexible, con un toque tan ligero como el del Príncipe Encantador al rozar el hombro de la Bella Durmiente del Bosque, despierta las energías profundas.

Y más adelante: Es pues, la paciencia la que nos descubre la afinidad entre esperanza y relajación. Veamos en primer lugar cómo se ejerce en relación al otro. La paciencia nos enseña a no tratarle como una "cosa" desprovista de ritmo autónomo y que, por consiguiente, uno podría forzar o doblegar a su antojo. La paciencia se opone formalmente al acto por el cual yo desesperaría de él, declarando que no vale para nada, que no tiene remedio. La paciencia me prohibe atropellarle, maltratarle, sustituir por la fuerza el ritmo que le es propio por otro que no le convendría. Positivamente me invita a otrogar confianza a cierto... [aquí se inserta el texto que has leído en el blog]. Con relación a mí, la paciencia implica igualmente la pluralización temporal de este ser que deviene en mí y del que tengo la responsabilidad. Cuando la prueba me afecta, estoy expuesto a sufrir por su causa una alteración permanente. La enfermedad puede llegar a hacer de mí un enfermo catalogado, profesionalizado, que se piensa a sí mismo como tal y contrae totalmente el hábito del enfermo. Un determinismo interior puede, frente a la prueba, deformarse en algunas de esas expresiones degradadas de la naturaleza humana, engendradas por la fascinación de la desesperación. Cuando tengo esperanza, desarrollo con relación al acontecimiento futuro, un modo de intimidad comparable a la que mantengo con otro cuando me muestro paciente con él. Quizá se podría hablar de una domesticación de las circunstancias que, por su parte, si uno se deja intimidar por ellas, pueden llegar a convertirse en fatum.

En fin, Otro Víctor, gracias por tu comentario.

Tomás

Anónimo dijo...

hola pedro: me encantará pasarme por tu blog, pero necesito el enlace.

Un abrazo.

Tomás