24 de noviembre de 2013

Frases 24-XI-2013

Debido a un problema técnico de acceso al blog, he estado cierto tiempo sin publicar en mi blog y sin responder a los comentarios que se me han hecho. Espero poder continuar con normalidad.

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

En un congreso de escritores comunistas, después de horas de discursos sobre el mejor de los mundos en construcción, André Malreaux preguntó con impaciencia: “¿Y el hombre que es aplastado por un tranvía?” Se encontró con un estupor general y no insistió. Pero en cada uno de nosotros hay una voz que insiste. Se nos ha arrancado de nuestra fe en la otra vida, en la inmortalidad de un yo al que amamos y detestamos más íntimamente que cualquier otra cosa, y esta amputación no ha cicatrizado nunca. Morir en una trinchera o mártir de la ciencia, produce alguna compensación. ¿Pero el hombre que es aplastado por un tranvía o el niño que se ahoga? El hombre medieval tenía una respuesta para esta pregunta. Lo que en apariencia era un accidente, se integraba en un designio superior. La suerte no era ciega: las tempestades, los volcanes, los diluvios, la peste, todo obedecía a un mismo designio. Allá arriba, alguien se ocupaba de uno. Los caníbales, los esquimales, los hindúes y los cristianos tienen una respuesta para esta pregunta de las preguntas que, rechazada, escamoteada, vergonzantemente escondida, sigue siendo, a fin de cuentas, la regla última de nuestras acciones. La única respuesta que pudo obtener Malreaux, después de un penoso silencio, fue: “En un sistema de transportes perfectamente socializado no habrá accidentes”.

Arthur Koestler, El yogui y el comisario. Leído en la obra literatura del siglo XX y cristianismo, de Charles Moeller.

Puntualiza Charles Moeller: “[...] la respuesta a la pregunta de Malreaux no está en la “inmortalidad del alma”, creída por caníbales, esquimales, hindúes y cristianos, sino en la “resurrección de todo el hombre”, la reescritura de la Historia y la instauración de, un cielo nuevo y una tierra nueva, tras la segunda venida de Cristo, objetos, únicamente, de la fe cristiana. Sin eso, “la historia es un cuento sin sentido contado con gran aparato por un idiota”, como dice Shakespeare por boca de Macbeth cuando ve que sus ambiciones tocan a su fin, y el universo, con toda su grandeza, no es sino un salto de pulga entre la nada y la nada. (La cursiva es mía)


2 comentarios:

Rafael Angel Marañón dijo...

Este artículo no sé si gusta a la gente
A mí me ha encantado. Por eso escribo que no tengo costumbre de hacerlo.

Anónimo dijo...

Me alegro que te haya gustado Rafael. Bienvenido al blog.

Tomás