11 de febrero de 2015

Explico algunas cosas

Con el título de este escrito no pretendo arrogarme ningún papel de docto profesor que se aviene a explicar su sabiduría a otros. De ninguna manera. Responde al título del poema más terrible de Pablo Neruda. En ese poema Neruda se desahoga transmitiendo su indignación por el levantamiento de Franco en 1936. Empieza con unos versos de una dulzura maravillosa:

Preguntaréis: ¿Y dónde están las lilas?
¿Y la metafísica cubierta de amapolas?
¿Y la lluvia, que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?

Os voy a contar todo lo que me pasa

Y, a continuación se dispara con una terrible diatriba contra la sublevación de Franco. Evidentemente, mi indignación con la situación en la que estamos entrando en España no tiene absolutamente nada que ver con la causa que se la produjo a Neruda. Además, no es indignación sino hartazgo y no alcanza, ni de lejos, el grado de virulencia de la del poeta chileno en ese momento. Pero sí, estoy muy harto de oír cosas que me parecen sandeces en lo que se refiere al fenómeno Podemos y a cómo hacerle frente. Y sí, este escrito va a ser más agresivo de lo que suelen ser los míos. Mejor dicho, va a ser agresivo, porque lo que normalmente escribo no lo es. Pero necesito un desahogo.

Primer hartazgo: Podemos no tiene una ideología, sólo busca la regeneración moral.

Estoy harto de oír que Podemos no tiene una ideología, que lo que quiere es regenerar la vida política y económica de España. Como he sido cocinero antes que fraile, sé de lo que hablo con lo que digo a continuación. Por supuesto que Podemos tiene una ideología. Tiene una ideología marxista radical que ha fracasado en toda regla en la lid para crear riqueza y bienestar en el mundo frente al sistema capitalista y que pretende ganar la victoria de la Historia con una estrategia que incorpora la mentira y el solapamiento. Una estrategia que está escrita y que se llama gramsciana, en “honor” a su ideólogo Antonio Gramsci. Durante decenios, con una paciencia propia de quien sabe esperar agazapado su momento, se ha ido preparando el asalto final. La estrategia gramsciana ha ido conquistando paulatinamente buena parte de la prensa, de la universidad, del arte, del poder judicial, de la Iglesia, etc. Por supuesto, que no todas las personas de estos estamentos comulgan con la ideología marxista radical. Más aún, muchos la rechazan explícitamente y si se les dijese que son marxistas, se rasgarían las vestiduras. Pero en las actitudes y juicios de muchas de ellas, se han ido metiendo subrepticiamente visiones paramarxistas, anticapitalistas y antisistema. La batalla que el marxismo radical ha perdido estrepitosamente en la vida real y en la creación de riqueza, la está ganando en el subconsciente de mucha gente de buena voluntad, colándose por debajo de la puerta gracias a la estrategia gramsciana. Y dentro de esa ideología no se discute si para crear mayor o menor riqueza es mejor subir o bajar impuestos, un poco más o un poco menos de austeridad, más o menos flexibilidad en el mercado laboral, etc. No, esta ideología tiene como objetivo acabar con el sistema, no hacerlo mejor. Y esta ideología es, además, profundamente antidemocrática. Únicamente acepta la democracia para, cuando la estrategia esté madura, usándola, hacerse con el poder y no soltarlo jamás. Hablo de lo que he vivido.

En cuanto a la regeneración moral de la política y la economía, me echaría a reír si no me diesen ganas de llorar. Esta nueva casta tiene una diferencia terrible con la supuesta casta actual. Los que se preparan para ser los mandarines, se creen por encima de cualquier norma moral. Como sus fines, según ellos, pretenden traer el paraíso para la humanidad, todo les está permitido. Por tanto, las normas éticas que denuncian en otros no rigen para ellos. Ya se está viendo en las cosas que salen a la luz con la productora de Iglesias, las investigaciones de Errejón o los trucos fiscales de Monedero. La regeneración moral es tan sólo el banderín de enganche de un estado de ánimo que, al menos en parte, aunque, desde luego no exclusivamente, han creado ellos mismos. ¡Ay de los pobres países que han experimentado o están experimentando en sus carnes los resultados del engaño!

Segundo hartazgo: Dentro de Europa no podrán hacer lo que dicen.

Está claro que no podrían hacerlo si su objetivo fuese el bienestar económico de España. Pero atribuir ese objetivo a Podemos es de una ingenuidad que raya en el ridículo. Podemos no pretende eso. Pretende el triunfo histórico de su ideología. Y para ese triunfo, nada mejor que empezar por hacer que España salga del Euro. Es más que probable que si Grecia sale del Euro, las consecuencias para Europa sean tan sólo una marejadilla. Por supuesto que para Grecia serían trágicas, pero esto es lo que menos le importa a Syriza o a Tsipras. Grecia, con un gran sacrificio, originado por haber vivido durante décadas por encima de sus posibilidades a costa de otros, parecía que estaba enderezando su camino. Syriza ha sabido capitalizar el descontento y va a llevar a Grecia a la ruina. Si no la saca del Euro ahora es porque en la estrategia gramsciana es mejor esperar a que caiga España. Porque si cae España, el Euro se va a la mierda. Grecia intentará chantajear a Europa con la amenaza de su apoyo a Rusia (no se olvide que en la UE hace falta unanimidad para todo) y, con el apoyo de los EEUU, que quieren cuidar sus bases en ese país, caminar por el filo de la navaja para evitar las iras de sus votantes si no cumple sus promesas. Y creo que quiere conseguir que Europa aguante un pelo, hasta Noviembre. Cada minuto que pasa juega a su favor. Esperemos que los líderes de la UE no sean tan tontos como para dejarse engañar por Tsipras ni tan débiles que cedan al chantaje. No las tengo todas conmigo. Pero, si Podemos gana en España, no tendrá esas cortapisas. Podemos hará las cosas que dice que va a hacer y España saldrá del Euro en menos que canta un gallo para entrar en el camino hacia el precipicio.

Tercer hartazgo: A nosotros no nos puede pasar eso.

Este es el síndrome de Occidente. Pensar que lo que hemos conquistado con sangre sudor y lágrimas está asegurado por los siglos de los siglos. Nada hay más falso que eso y una sola mirada a la historia nos haría ver su falsedad. Nunca se debe olvidar que es inmensamente más fácil destruir que construir. Jacinto Benavente estrenó en 1916 una obra de teatro con el título de “La ciudad alegre y confiada” que asistía ciega, o sin querer mirar, a su desastre. Pero en este tema me atrevería a decir que hay un peligro mucho mayor que Podemos, que es el Islam. Y me temo que, salvo un milagro histórico (los ha habido en la historia) esta guerra la tenemos perdida, no por cuestiones económicas, sino por la caída de la natalidad en Occidente con la consiguiente reducción de población. Pero eso es otra historia y, en cualquier caso, el triunfo de Podemos sería un paso más en contra de la victoria de Occidente frente a esa amenaza.

Cuarto hartazgo: Tenemos una corrupción indescriptible.

Espero que nadie me tache de confraternizar con la corrupción por lo que voy a decir a continuación. Detesto la corrupción como el que más y creo que la tolerancia con ella debe ser 0. Pero, dicho eso, esta sensación que tenemos es una buena noticia, porque todo lo que se ve es la pus de una corrupción que viene de antiguo, que no es de ahora, y la primera condición para que una herida se cure es limpiarla de pus, que es lo que está pasando ahora. Pero esto no está pasando gracias a Podemos. Es un proceso de limpieza que ya había empezado antes de que Podemos irrumpiese en escena y en el que, por otra parte, Podemos está aportando su ración de pus. Ya he dicho antes lo de tolerancia 0 y, por tanto, cualquier dosis de corrupción es mala. Pero cuando se habla de corrupción es inevitable comparar. Si miramos a Alemania, Dinamarca, Suecia y algunos países más cuya lista no me atrevo a hacer, es evidente que en España hay más corrupción que en ellos. Pero si miramos a Italia o Grecia, la cosa cambia. Y, eso fijándonos en nuestros socios comunitarios, pero en cuanto nos salimos de Europa o de América del Norte (excluido México), España es un paraíso de transparencia y limpieza. Por supuesto, los países de los amigos populistas de Podemos, además de Grecia, como Venezuela o Argentina, la corrupción es mucho mayor que el resto de su entorno. Desde luego, esto no se puede decir públicamente porque podría llevar a bajar la guardia en la lucha contra la corrupción, pero es así. Sin embargo, si un extraterrestre llegase a España sin saber nada y leyese la prensa, pensaría que había caído en el país más corrupto de la tierra. Y eso, sencillamente, es falso.

Quinto hartazgo: Rajoy es un inútil.

No debo nada, absolutamente nada, ni a Rajoy, ni al PP, ni a ninguno de sus líderes. No considero a Rajoy un gran político ni, mucho menos, un gran hombre de Estado. Creo que hay muchas cosas que debería haber hecho y no ha hecho y viceversa. Creo que nos ha mentido a los que le hemos votado. Pero de ahí a decir que es un merluzo, un inútil o un corrupto, hay una gran diferencia. Todos somos buenos políticos y buenos entrenadores de fútbol mientras no tenemos la responsabilidad de gobernar. Pero hay un hecho evidente que no se puede negar. Cuando el gobierno del PP llegó y se vio lo que había en el armario, nadie daba un duro por que España se librase del rescate. NADIE. Y si alguien nos hubiese dicho entonces que en el 2014 la economía española iba a crecer al 1,9%, a la cabeza de Europa y que íbamos a ser puestos como ejemplo por la vituperada troika (a la que Dios bendiga) de cómo se deben hacer las cosas, nos hubiésemos reído en las barbas de ese alguien y le hubiésemos tomado por idiota e ingenuo. Y me digo yo que, con honestidad, esto merece un poco, al menos un poco, de reconocimiento. ¿O no? ¿Y tal vez también un poco de indulgencia? ¿O no? Yo, desde luego, con mis brillantes ideas, hubiese salido corriendo si alguien me hubiese propuesto (Dios no quiera que esto ocurra nunca) formar parte del gobierno. Y, probablemente, aunque no soy un mentiroso, me comería mis promesas electorales. Y creo que lo mismo hubiese hecho cualquiera de los que se rasgan las vestiduras por las mentiras de Rajoy. ¿O no? ¿Quién se atreve a decir que no desde la butaca de su casa? Se oye decir, y me enerva bastante cuando lo oigo, que la recuperación no se nota en la calle y que los puestos de trabajo creados son precarios. No sé muy bien qué es eso de la calle que tiene que notar la recuperación, pero que haya casi medio millón de parados menos al acabar 2014 que al empezar o que millones de españoles piensen que su trabajo es más seguro ahora que hace un año y el índice de confianza haya pasado de 77,7 a 99,6 de Enero 2013 a Enero 2014 y esto haya impulsado el consumo, no me parece que sea el patio de mi casa. ¡Los empleos creados son precarios!, claman los sindicatos. Claro. Todos los empleos son precarios. El empleo de por vida es un lastre. Los países en los que el empleo se garantiza de por vida o en el que se penaliza tanto el despido que la flexibilidad del mercado de trabajo es muy baja, son los que más paro tienen. Ese ha sido el caso de España durante toda su historia reciente. Así que también me produce hartazgo esta afirmación.

Sexto hartazgo: No volveré a votar al PP

Ya lo he dicho antes: No debo nada, absolutamente nada, ni a Rajoy, ni al PP, ni a ninguno de sus líderes. Pero me caben muy pocas dudas de que si no gana el PP con mayoría absoluta (o con suficiente mayoría como para que algún partido semi marginal le pueda ayudar con algún diputado), tendremos en España una preciosa coalición de izquierdas con Podemos en una posición predominante. Si en España tuviésemos un partido socialdemócrata al estilo de Alemania, encontraría esa duda razonable. Pero tenemos al PSOE. ¡Al PSOE! El PSOE hará TODO lo que tenga que hacer para estar en el gobierno. TODO excepto aliarse con el PP. Si esto último ocurriese, me comería las hojas de papel en el que esto está escrito en presencia de quien lo haya leído. No creo que lo tenga que hacer. Y creo que si tras los siete años de Zapatero, con sus secuelas económicas, morales y políticas, Cataluña entre ellas, cuando España está despegando tras haber rozado el suelo en el cambio de tendencia, viene un gobierno de izquierda radical, con Podemos en él, aunque no pueda llevar a la práctica del todo, en este caso, sus maravillosas propuestas, la bofetada está completamente asegurada. Una bofetada casi tan irreparable como si Podemos gobernase en solitario, sólo que cocinada a fuego un poco más lento. Pero una bofetada. Y esta bofetada sí que la va a notar la calle. Y la vamos a notar todos. Y no sólo en la economía, sino también en la moral, en la educación, en la imagen de España, etc. Todo aquello que hace que mucha gente diga que no va a votar al PP, lo va a tener con creces. Se podrá aplicar el dicho de “si no quieres taza, taza y media”. Pero eso no tiene por qué ocurrir. Por supuesto que si el PP obtuviese los mismos casi 11 millones de votos que obtuvo en las elecciones generales de 2011, volvería a sacar mayoría absoluta. Incluso con menos, porque una izquierda más dividida se vería penalizada por la ley de Hont. Siempre y cuando que esa misma ley no perjudique demasiado a los partidos de derechas. ¿Utopía? De ninguna manera. Sólo hace falta que nos dejemos de pataletas y salvemos los muebles. Es la única manera. Si no, el desahucio. ¿Voto del miedo? Ya me lo han echado a la cara y estoy harto. No, voto del realismo, la prudencia, la sensatez y la madurez. ¿Voto útil? ¡Toma claro! No va a ser inútil. Inútil será el voto que se dé a partidos que no van a sacar ni un solo diputado o a los que lo saquen a base de un brindis al señor Hont. Y el voto, hasta donde se me alcanza, no está para ser inútil. También me lo han echado en cara y también estoy harto. También se me ha dicho que me dejo llevar por lo de más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, y también estoy harto. Perdón, ¿dónde está lo bueno por conocer que tenga opción de gobierno para que lo conozcamos? Yo no lo veo. ¿Alguien lo ve? Por algún lado hay que romper el círculo vicioso, se me dice (y, claro, también estoy harto). No sé cuan vicioso pueda ser el círculo, pero, ¿por qué no esperamos a que los demagogos de Podemos fracasen para romperlo? ¿O es que hay que romperlo ahora para que otros irresponsables tiren del hilo y saquen el ovillo? Y ya, el colmo del hartazgo me lo produce lo de la catarsis. ¡Resulta que hay que pasar por el desastre y la ruina para que se produzca una catarsis liberadora y, así, ver la luz! ¡¡¡No gracias!!! El que quiera catarsis que se la busque en su casa. Así que, como mucha gente me echa en cara mi voto por cobarde, apocado, circular o anticatártico, yo también digo: Todos somos libres. Todos podemos hacer con nuestro voto lo que queramos. Pero por eso mismo somos responsables. Si dentro de unos meses tenemos un gobierno de coalición de izquierdas, yo haré responsable de ello a los que se han dejado llevar por el voto libremente inmaduro, irresponsable, visceral, rompedor de círculos a destiempo o catárticos. Por supuesto, esto no tiene ninguna importancia. No dejaré por ello de ser amigo suyo (y espero que ellos no dejen de serlo míos por estas palabras), pero a eso es a lo que me lleva mi hartazgo.


Como he dicho al principio, he sido agresivo. Y no me importa. El que avisa no es traidor. La poesía de Neruda con la que empecé acaba repitiendo tres veces ¡Venid a ver la sangre por las calles! Yo espero no tener que decir eso (aunque en Venezuela sí pasa), pero si esto que digo ocurre, sí diré: ¡Venid a ver la pobreza por las calles!