17 de diciembre de 2015

Los vientos y las tempestades, las lluvias y los lodos

Aseguro que lo que viene a continuación está escrito con amor. Con amor a España. Pero a veces, para defender lo que amamos hay que hablar alto y claro, aunque suene acido o, incluso vitriólico.

A veces, el refranero español es sabio. Así me lo parece cuando dice lo de “aquellas lluvias trajeron estos lodos” o cuando avisa: “siembra vientos y recogerás tempestades”. Ya los tenemos aquí. A los lodos y a las tempestades. El soplo de aire viciado que exhaló Sánchez en el debate, como si hubiese puesto en marcha un efecto mariposa, se ha convertido en tempestad en apenas un par de días. Una agresión verbal con la vana pretensión de ganar unos votos que van en declive, se ha traducido en una agresión física de un pobre descerebrado. Se me estremecen las carnes cuando pienso que ese descerebrado, en vez de llevar solo los puños hubiese llevado una pistola. No quiero ni pensarlo, pero podría haber sido así. Es lo que tienen los descerebrados jaleados por twits. Un día de finales de Diciembre de 1170 un rey con incontinencia de ira dijo: “¿No habrá nadie capaz de librarme de este cura turbulento?”, refiriéndose al que ahora es mi santo, Thomas Becket, Arzobispo de Canterbury. Cuatro descerebrados decidieron que los “héroes” iban a ser ellos y el 29 de Diciembre, al anochecer, cuando el Arzobispo de Canterbury asistía al rezo de vísperas, armados con espadas, lo asesinaron. Los vientos, que traen tempestades.

Pero peor son las lluvias que traen lodos. El PSOE era un partido digno hasta que llegó Zapatero. Felipe González, se diga lo que se diga de él, era un hombre de Estado. Bajo su presidencia del gobierno, entramos en la OTAN, se llevó a cabo la reconversión industrial y se hicieron otras cosas que iban contra la ideología del PSOE pero que España necesitaba. Pero bastaron ocho años de gobierno de Aznar para que el PSOE perdiese la sustancia gris cerebral y, en una rocambolesca historia que no es fácil de entender, eligiese como Secretario General al más inepto y demagógico “líder” que pudiera imaginarse: José Luis Rodríguez Zapatero. Desde entonces, el PSOE se ha transformado en un partido que se salió de la más recia tradición socialdemócrata europea para caer en el apetito desbocado de la ingeniería social, el disparate económico y un buenismo regionalista. Este último ha llevado a Cataluña a la situación en que está ahora. Aquellas lluvias trajeron los lodos de Pedro Sanchez, igual de demagógico que Zapatero, pero menos inteligente. Porque en contra de lo que se dice, Zapatero era inteligente. Las personas inteligentes son las que se fijan unos objetivos y saben poner los medios para lograrlos. Y, a fe, que Zapatero logró sus objetivos de crear un deterioro moral sin precedentes en España. Así es que, de tonto, ni un pelo. Pero Pedro Sánchez es otra cosa. No hay más que ver sus maneras en el debate. Como un niño pequeño enrabietado porque ve que se le escapa su juguete de votos, saltó a la arena con la necia idea de que insultando iba a recuperar “sus” votos. Pero, bueno, esto es el viento y la tempestad de que hemos hablado. Los lodos de las lluvias de Zapatero son un deterioro de los más elementales principios éticos, un país crispado que siempre utiliza el recurso a la queja y que espera que sea otro, el Estado o no se sabe quien, el que le resuelva sus problemas poniendo de su parte lo mínimo. Derechos, pero no deberes. Y que, claro, responde a este tipo de estímulos. Si alguien dice que la justicia o la sanidad deben protegerse del abuso indiscriminado o que los jóvenes que no sepan deben suspender, es un fascista insolidario y deleznable. Y el pueblo soberano, acostumbrado al lenguaje de la protección infantiloide se ha tragado el cebo hasta las heces. Victimismo galopante. Bienestar social sin generar riqueza. Populismos impotables que miran a la Venezuela de Chávez-Maduro como un ejemplo. 15M’s de desocupados que se creen con derecho a paralizar la vida ciudadana y a perjudicar a los honestos comerciantes okupando la Puerta del Sol durante meses. Batallas campales de indignados antisistema con las “opresoras” fuerzas de seguridad que dejan policías heridos sin que el país arda de indignación y con el aplauso de quienes ahora pueden tener un peso importante en las instituciones de España. En fin, la receta perfecta para crear un estado fallido. Y en esta situación nos encontramos ahora. Hacia eso nos encaminamos si no lo remediamos. Quien crea que exagero o que soy un poco paranoico, creo que debe hacérselo ver. Y, marchando sobre hombros ajenos, aparecen, limpitos por no haber pisado el suelo, nuevos partidos emergentes civilizados que, sin haber demostrado nada jamás, se presentan como los que van a salvar a España.

Pero lo peor es la duda sembrada en la mente de muchos votantes naturales del PP que, ajenos a la tormenta perfecta que se está formando, hablan de que su dignidad, o su ética, o su limpieza de manos les impide votar a un partido que no es ni mucho menos perfecto, que en muchas cosas huele mal, pero que nos guste o no nos guste, es el único que puede salvar del naufragio a España, si es que todavía estamos a tiempo. Tal vez es que yo no sea, para esas personas puras, suficientemente ético o digno o que sea un guarro que no me importa ensuciarme las manos, pero me atrevo a decir: YA ESTÁ BIEN. Si no nos quedamos en casa, si no nos dejamos engañar por cantos de sirenas, si nos guardamos un poco en el bolsillo nuestra supuesta dignidad, si estamos dispuestos a mancharnos un poco nuestras lindas manos, DAREMOS UNA OPCIÓN A ESPAÑA. Soy tan ético como cualquiera y tan digno como el que más, pero, por favor, dejémonos de bizantinismos absurdos sobre el sexo de los ángeles. La política es el arte de lo posible. Vale ya de confiar en quien nada ha demostrado o de hacernos los puros y mirar nuestra conciencia con lupa buscando pequeñas supuestas manchas para quitárnoslas rápidamente. ¿Por qué será que me suena a fariseísmo? Comprémonos unas pinzas, unos guantes de latex y unas botas de caucho hasta la cadera y metámonos en la mierda para intentar achicarla en vez de mirarla con el morro arrugado desde la orilla, siendo severos jueces de quien se han manchado intentando hacer un país más digno.

Si hay algo que me gusta en el PP entre otras muchas cosas que me disgustan, es que ha concitado el odio terrible del PSOE zapateril. Si hay algo que aprecio en ese partido es que sin ser, ni mucho menos, un elfo sino un hombre de la Tierra Media, está luchando contra la pléyade de orcos que hacen frente común contra él con un odio feroz. Cierto que en ese cuerpo a cuerpo, demasiado a menudo se le han contagiado enfermedades de orco, pero es porque está en la arena. No se puede ganar desde lejos la batalla de hacer una España algo más digna y más próspera. Pero, ¡ay! A muchos les ha entrado el síndrome de Estocolmo y se han dejado convencer por los orcos convirtiéndose en quinta columna sin ni siquiera darse cuenta de ello. Pero convendría recordar que en el 2011 a España se le llamaba país PIGS –o ¿es que ya no nos acordamos?–, es decir cerdo. Ahora Irlanda y España (Spain) están, sin duda, fuera del acrónimo porque, en lucha contra los orcos, han hecho lo que había que hacer, que era duro y manchaba. Portugal, la pobre, tras hacer sus deberes ha vuelto a caer en las garras de una izquierda irresponsable que la volverá a hacer PG, junto con Grecia, de la qué para qué vamos a hablar con lo bien que le va con Syriza. Y España no sólo ya no es PIG sino que es puesta como ejemplo más allá de nuestras fronteras y la inversión extranjera fluye como nunca lo ha hecho. Pero eso no cuenta porque, total, no es más que economía, que es algo que, como nos han dicho los orcos hasta que nos lo hemos creído, no tiene nada que ver con la vida real. Y, por otro lado, para otras gentes, lo que cuenta de verdad es tener las manos limpias. Pues yo creo que la ética implica ensuciarse las manos cuando hay que hacerlo. Lo otro es ñoñería y cogérsela con un papel de fumar. Si hay algo que delata a un defensa que ha hecho penalti es cuando levanta las manos con los diez deditos separados diciendo “yo no he sido”. Pues bien si España se va a la mierda, muchos que tienen las manos limpias, habrán cometido penalti. Si hay una cosa que no me gusta de Ciudadanos es que, aunque es muy valiente en Cataluña defendiendo la españolidad, cosa que admiro, esta coqueteando con la panda de orcos, queriendo ver los toros desde la barrera y ver si, a río revuelto, pesca algo sin demasiado coste. Y si, de paso, puede seguir viendo los toros desde la barrera, pues mejor.


¿Me he pasado? ¿Alguien está escocido por lo que digo? Pues me alegro, porque eso quiere decir que cabalgo. Que cada palo aguante su vela. Aunque no es verdad, porque si España se va a la mierda, la vela caerá sobre todos, yo incluido.