25 de febrero de 2018

Unas pinceladas sobre la actualidad de la semana pasada


Parece que la actualidad de Cataluña sigue su monotonía de los jueces cumpliendo con su obligación de procesar a quien se salte las leyes, de los procesados renegando ante el juez de todo lo que hicieron a finales del año pasado, o huyendo de la justicia etc., etc., etc. Así que poco nuevo que comentar sobre la actualidad de Cataluña, salvo que la caña quebrada del PSOE ya empieza, con su característica mezquindad, a decir que eso de que haya libertad para elegir la enseñanza en español en Cataluña tendrán que decidirlo los independentistas. Mezquindad de mezquindades, todo mezquindad. Pero aparte de eso (que es bastante), nada.

Pero ya puestos a hablar de mezquindades qué decir de las reacciones ante el hecho de que una cantante, Marta Sánchez, haya ejercido su más elemental derecho a su libertad de expresión y haya cantado el himno de España (la marcha real) con una letra suya. “¡Nada de símbolos!” –grita la izquierda–, “la grandeza de España no está en los símbolos” –dicen grandilocuentes–, “sino en la educación pública, el estado del bienestar” y no sé que otras cosas más. Lo que olvidan es que con esos signos de grandeza, consiguieron que España se asomase a la bancarrota y fuese considerada por el resto de Europa como un cerdo (PIG’s). ¿O ya se nos ha olvidado? Y, sin embargo, ahora ha pasado de ser, en vez de uno de los cerdos de Europa, un país enormemente respetado, hasta el punto de que el Ministro Guindos sea el próximo Vicepresidente del BCE con la mezquina oposición, eso sí de los progres sectarios de la propia España. Primero se opusieron porque no era mujer, pero el miércoles Sánchez se descolgó con que no estaba suficientemente preparado. A lo mejor deberían mandar a Bibiana Aído, que es mujer y está sobradamente preparada. ¡Señor, qué cruz!

Si, se nos ha olvidado que a base de que el estado español gastase más de lo que podía durante muchos años, estaba casi en bancarrota. Y ahora vienen los pensionistas. Por supuesto que es importante y bueno que los pensionistas tengan una buena pensión. Cuánta más mejor. Pero la cuestión es: ¿cuánta es posible? Qué importa que un análisis serio diga que para que se pudiese hacer crecer las pensiones de acuerdo con el IPC, la economía española tendría que crecer al 4,5% hasta 2015. No me molestes con los detalles. Ya veremos de donde sale el dinero. Como siempre, de los ricos y de la banca. Y hay que oir a un periodista que se supone serio que cómo la banca tiene la desvergüenza de que no le parezca bien un impuesto especial (que además no resolvería el problema), cuando se le han dado centenas de miles de millones de rescate. Mentira, porque todos esos millones a donde han ido es a las antiguas cajas de ahorros, propiedad de las Autonomías, que lo han hecho magníficamente bien para arruinarlas. Ni un euro a la banca. Pero qué más da al verdad o la mentira. De hecho, la verdad que jamás se dice y que no decirla es, por tanto, la mayor mentira, es que el sistema de pensiones quebrará irremisiblemente debido a la baja natalidad. Y como esto no se dice, no se empieza a poner el remedio. Y esta mentira tendrá gravísimas consecuencias a un plazo de 10 o 15 años. Pero, ¿a quien le importa esos 15 años? Lo importante es ganar las elecciones dentro de 1 o 2 años. ¿Lo demás? Brindis al sol.

¿Otro asunto sorprendente? La CEOE ha propuesto que el contrato de formación y aprendizaje, en un principio pensado para los jóvenes, se extienda a los parados de larga duración, tengan la edad que tengan, que hayan agotado sus prestaciones o que hayan sido despedidos de empresas en sectores en declive. ¿A alguien le puede parecer mal esto? Sí. A los retrógrados sindicatos que opinan que esto aumenta la precariedad del trabajo. ¿Hay mayor precariedad que estar en tu casa sin apenas posibilidad de encontrar trabajo? Vamos hacia un mundo en el que la forma y el tipo de trabajo cambiará a una velocidad exponencial. Para que esto no genere paro sino, al revés, más y mejor empleo, es absolutamente necesaria la formación continua para adquirir la flexibilidad necesaria para adaptarse a los cambios. Y, ante este mundo, los miopes, estúpidos y decimonónicos sindicatos, se niegan. ¿Pero es que estamos todos gilipollas? De los sindicatos no me sorprende nada. Pero que Juan Carlos Girauta, de Ciudadanos, apoye lo de la precariedad y añada que “la patronal quiere convertir a trabajadores con experiencia en aprendices” y que subraye que “es inconcebible, no entiendo qué visión del mundo, de la economía y de la condición humana hay que tener para plantear esta idea”, me parece inaudito. Lo que me parece inconcebible y me sorprende es la visión del mundo, de la economía y de la condición humana que hay que tener para oponerse.


En fin, ¡viva la posverdad! ¡Vivamos como los monitos que ni ven ni oyen ni hablan! Hasta que el desprecio por la verdad nos de una leche que tengan que recogernos con pala.

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