15 de abril de 2018

Más sobre ecología geopolítica


Esta insistencia de Domingo está a mitad de camino entre la puntualización y la rectificación de lo que dije ayer. Me reafirmo en la lección aprendida en Irak acerca de la ecología geopolítica: Derrocar a un tirano sanguinario suele traer problemas aún mayores. Pero, a medida que tengo más información sobre el ataque de ayer, mi alarma y preocupación disminuyen e, incluso, se convierten en aprobación. ¡Qué le vamos a hacer, me sale el halcón que tengo dormido dentro de mí! Aunque pueda sonar a excusatio non petita, diré que mi cambio de actitud no tiene nada que ver con el hecho de que Podemos y PSOE se hayan apresurado a condenar el ataque. Responde a razones coherentes con los principios.

Ayer, tras las primeras noticias, pensé que lo que se había iniciado era un ataque como el de Irak, para acabar con el régimen de Assad. Y esto iría contra la ecología geopolítica y me alarmaba porque, a buen seguro, generaría una respuesta de Putin. Pero no fue así. Se atacaron únicamente tres instalaciones de producción de armas químicas. Y fueron destruidas sin causar un solo muerto entre la población. Se avisó previamente a Asad, Putin y Jameini. La medida está en el justo punto medio de la prudencia. Es un aviso a Asad, no da pie a que Rusia pueda responder militarmente –¿cómo lo haría?– y destruye la capacidad siria de producción de armas químicas.

Ayer, alguien me dijo que no estaba probado que el ataque con armas químicas se hubiese realizado ni que hubiese sido Asad su autor. Copio una frase de un magnífico artículo de Felipe Sahagún, en El Mundo de hoy. Felipe Sahagún es un analista internacional que merece mi respeto total por su información y seriedad. Su punto de vista discrepa del mío, pero lo que me importa es la frase en cuestión. Dice: “’Nuestros socios sanitarios en la zona aseguran que recibieron en las clínicas a más de 500 personas con síntomas propios de víctimas de gases tóxicos’ dijo el portavoz de la Organización Mundial de la Salud, Tarik Jasarevic. ‘Según estas fuentes, más de 70 personas murieron en el bombardeo del 7 de abril y unas 40 de ellas presentaban esos síntomas’”. Por si alguien quiere contrastar mi opinión con la de Felipe Sahagún, pego más abajo un link a su artículo de hoy de El Mundo. Entonces, si ha habido un ataque con armas químicas contra los rebeldes sirios, ¿quién lo puede haber llevado a cabo? Pregunta nada difícil de contestar. A mi entender de halcón, eso no puede ni debe quedar sin respuesta. Mi lado de paloma y mi conciencia ecológica me dicen que eso no debería desencadenar un ataque masivo. Y mi lado pragmático me dice que se ha dañado muy seriamente la capacidad productiva de gases tóxicos de Siria. O sea, que la respuesta está en el centro de gravedad del triángulo de mis tres tendencias.

A Pablo Iglesias, todo lo que sea ir contra lo que le parece mal a su amado Irán, le parece también mal a él. A Pedro Sánchez le parece muy mal que se haya hecho esto sin permiso de la ONU. Pero la ONU, con su sistema de vetos, es casi, casi, un organismo inoperante. Si hubiese que esperar una resolución suya, podríamos esperar sentados. Y, como cuando se educa a un perro, el correctivo debe venir inmediatamente después de la falta. Si no es así, no sirve para nada.

Y a mí, la verdad, la credibilidad que me ofrecen EEUU, Reino Unido y Francia, supera ad infinitum la que concedo a Siria, Rusia e Irán.



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