10 de septiembre de 2007

¿Qué hay fuera del universo?

Este artículo es el tercero de una serie. Los anteriores, publicados en este blog, son: "La ciencia y Dios" y "La creación".

Tomás Alfaro Drake

En el artículo anterior nos preguntábamos qué había fuera del globo del universo que se estaba hinchando. Decíamos que la ciencia no podría saberlo nunca. Pero esta afirmación suele despertar dudas. Al decir que la ciencia no podrá saberlo nunca, mucha gente replica diciendo que eso mismo se ha dicho multitud de veces a lo largo de la historia sobre muchas cosas y que los avances científicos han llevado siempre más allá las fronteras de la ciencia. Concluyen diciendo que lo mismo pasará con lo que hay fuera del universo. Un día la ciencia nos lo dirá y saldremos de dudas. Pero esa conclusión es falsa en este caso, y son precisamente los científicos los más conscientes de esta limitación. Todo lo que hay en el universo físico en este momento procede de la evolución de la materia dentro del globo de tres dimensiones espaciales que se infla en otras dimensiones superiores. Cuando digo todo, me refiero también a nuestros órganos sensoriales y a nuestros aparatos de medida, que son los sentidos de la ciencia. Y nada que haya sido desarrollado a partir de elementos de tres dimensiones puede salirse de ellas y ver lo que hay en otras. Participa “esencialmente” de la limitación del medio que lo ha hecho aparecer. No es como cuando se especulaba sobre si se podría llegar a saber de qué están hechas las estrellas. La dificultad para saber esto provenía de la precisión y el diseño de telescopios y de la aplicación de determinados principios físicos sobre los datos aportados por estos aparatos. Y se ha llegado a saber. Era un límite que no estaba en la “esencia” de esos aparatos. El límite para saber qué hay fuera del universo sí es un límite “esencial” y, repito, los científicos son los primeros que lo aceptan sin dudarlo. Por lo tanto, la ciencia debe permanecer muda sobre lo que hay fuera del globo. En el artículo anterior, dando un salto en el vacío, decía que yo era libre de llamar Dios a eso que hay fuera. Pero creo que es bueno ir paso a paso en la lógica de esta afirmación. Es una verdad de perogrullo decir que fuera sólo puede haber una de dos cosas: O nada, o algo. Analicemos: Nada. Primero tendríamos que pensar qué es la nada, y la verdad es que la mente humana es incapaz de pensar en la nada. Stephen Hawking, que es de los que creen en esta opción, cuando le dieron el premio Príncipe de Asturias hace unos años dijo: “El universo salió de la nada como una burbuja sale del agua en ebullición”. Bonita contradicción en los términos. Pero aunque pudiésemos pensar en la nada: ¿Podría la nada generar algo? Sería negar el principio de que no hay efecto sin causa, algo absolutamente contrario a la ciencia que consiste, precisamente, en buscar las causas a partir de los efectos observados[1]. La otra alternativa a la perogrullada es: Algo. ¿Qué es ese algo? Uno puede llamar Dios a ese algo pero no, sin más datos, un Dios personal. Podría ser un principio, una fuerza. Algo, un ser superior, pero no alguien. Podría ser algo así como el motor inmóvil de Aristóteles. Podría ser el Dios de los deístas, pero no, desde luego, el de los cristianos. Para que ese algo sea alguien, tendríamos que suponer que al crear el universo, ese algo tenía una intención. Sólo las personas tienen intenciones. Las sillas o las galaxias, no. ¿Puede la ciencia dar indicios –no demostraciones– de que hay una intencionalidad en la creación? La respuesta es rotundamente afirmativa. La ciencia nos da sobrados indicios de que vivimos en un universo de diseño. Y si hay un diseño, hay una finalidad. Y si hay una finalidad, hay una persona. Un Dios personal. Pero no podemos analizar estos indicios en esté artículo, así que habremos de dejarlo para el próximo. Continuará.

[1] La física cuántica parece, en cierta medida, negar la causalidad a favor de la casualidad. Volveremos sobre este tema más adelante. También parece permitir la aparición de partículas virtuales. Pero, ¿de la nada o del agua en ebullición del universo? Más bien de lo segundo. Pero en todo caso esa aparición de partículas virtuales está severamente limitada a fracciones infinitesimales de tiempo por la extraordinaria exactitud matemática y empírica de dicha teoría. Sobre esto no hablaremos en próximos artículos.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Tomás!

Anoche recomendé tu blog a un amigo que, aún desde la fé, está convencido de la existencia de "seres inteligentes, capaces de construir naves espaciales y visitar la tierra, pero sin alma", en la idea de que sólo el ser humano creado por Dios tendría alma.

Yo le estuve rebatiendo haciéndole ver que Cristo no dijo en ningún momento que fuesemos los únicos y que, de descubrirse un ser capaz de tal inteligencia, yo no sería capaz de negar su alma, entendiendo que la evolución que permitió tal inteligencia no puede llevarse a cabo sin un propósito divino... Además, no perdería ningún valor el mandato misionero de Cristo...Ese tema de la diferencia y similitud entre inteligencia y alma sé que es compleja, pues el único ser que conocemos tiene ambas...¿Qué opinas tú?

Por otro lado, la conversación apuntaba tb a que la posibilidad de otros "seres inteligentes" en un universo tan grande era relativamente alta, con aquella célebre fórmula sobre la probabilidad de esa vida...A lo que yo rebatí intentando explicar cuán subjetivamente se había construido esa aparentemente "objetiva" fórmula estadística. A mi juicio, y por todo lo que he estudiado por mi formación de físico, aunque la posibilidad de existencia de vida extraterrestre no puede ser negada, todo parece apuntar a que estamos solos en el Universo. ¿qué opinas?

Un abrazo y gracias por tomarte la molestia de responder a estas cosas!

JoniJnm dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
JoniJnm dijo...

"La ciencia nos da sobrados indicios de que vivimos en un universo de diseño. Y si hay un diseño, hay una finalidad. Y si hay una finalidad, hay una persona. Un Dios personal."

Decía uno que la vida humana podía existir por la suma millones de casualidades, quizá pasa lo mismo con el universo.

Anónimo dijo...

Hola JoniJnm, soy Tomás

Sí, es posible que la vida y el universo sean fruto de la suma de muchas casualidades, pero dejame hacerte una pregunta. Si entrases en una habitación en la que el suelo estuviese lleno de monedas y te dieses cuenta de que TODAS están en cara, ¿sería posible que eso hubiese ocurrido por la suma de millones de casualidades? Sin duda que sí. Pero tú, usando tu sentido común qué creerías, ¿que efectivamente es por casualidad o que alguien se ha tomado la molestia de poner todas las monedas en cara? ¿A qué respuesta apostarías la vida? Me atrevo a decir que a la segunda. Pues aplica el cuento a la vida y al universo. Alguien se ha tomado la molestia de que aparezcan. Ahora, ¿no tendrías curiosidad por saber quién es ese alguien y por qué y parea qué se ha tomado tanta molestia? Si lees toda la serie, a lo mejor encuentras alguna respuesta razonable. Prueba a hacerlo sin prejuicios, como con las monedas de la habitación.

Un abrazo.

Tomás

k47 dijo...

Hola Tomás, sé que este hilo de comentarios es bastante viejo, pero aquí va igual lo que estaba pensando:

En la analogía de las monedas en cara y la forma en la que está hecho el universo,

¿Por qué el diseño del universo tal cual es, corresponde a que las monedas estuvieran todas en cara?

¿Si hubiera varias monedas que no estuvieran en cara, como corresponderías el cambio en el ejemplo en como es el diseño del universo?
¿Como te imaginas un universo en el que una o mas monedas, NO estuvieran en cara?

Ahora, saliendome de observar desde la analogía, para observarla lo que no me cuadra de ella:

¿No son acaso las variables del universo, incontablemente mayores a la cantidad de monedas que podemos imaginar en una habitación? Y además, vaya a saber uno si se trata de variables con nada más que 2 valores (cara o seca).

En una habitación con todas las monedas en cara, el sentido común nos dice que es poco probable de que esten por pura casualidad y no fuera intencionado. Es decir, nadie (o un mínimo porcentaje de la población mundial) realmente arriesgaría su vida a decir que estan así por pura casualidad.

Pero, ¿es el sentido común así de heterogeneo a la hora de hablar de si el diseño del universo es intencional o no?

¿Es la cuestión de la existencia, una cuestión realmente comparable o ejemplificable con cualquier cosa que encontremos dentro de ella?

Mi propio sentido común me señala esto. El tuyo, el de un Ser Creador. El de otros, el de que no existe tal Ser.

Me considero un agnóstico, y según mi punto de vista el error de muchos es creer que la respuesta al porqué de la existencia se puede simplificar con comparaciones y ejemplificaciones de la vida cotidiana. El universo está lejos de ser simple, para lo que nuestra capacidad de comprensión es.

Anónimo dijo...

Hola k47, soy Tomás: Nunca es tarde si la dicha es buena y un comentario tan interesante es bienvenido.

No tomes el ejemplo de las monedas como más de lo que es; un ejemplo. Sería como tomar el mapa por el territorio. El territorio es lo que dicen los científicos, más en concreto Roger Penrose, que es agnóstico como tú. Dicen que el hecho de que exista un universo en el que se den las condiciones para que tú y yo estemos conversando es tan improbable como una cifre que te doy en el artículo, calculada por él. El universo es muy complejo, cierto, pero hay muchas cosas que la ciencia ha desvelado sobre él y esta es una de ellas. ESTE UNIVERSO NO HA SALIDO POR AZAR. ¿Por qué todo el mundo estaría de acuerdo conmigo en que las monedas habían sido colocadas así por alguien y no todo el mundo lo está en que el universo tenga un diseñador? Muy sencillo. Porque las puñeteras monedas no tienen nada que ver con la vida y el hecho de que haya un Diseñador con un designio para ti y para mí, es algo que NOS AFECTA EN NUESTRA ACTUACIÓN y eso nos lleva, si somos coherentes a un compromiso con ese ALGUIEN. Y no todo el mundo está dispuesto al compromiso. Prefieren creerse que no hay designio. Eso es todo. La fe es un acto libre de adhesión de la voluntad guiada por la rezón. Es evidente que hay un diseñador, pero eso no te obliga a hacer ese acto de adhesión. Hay quien no tiene fe porque no quiere adherirse al hecho de que haya un designio creado por un ALGUIEN superior. Punto. ¿Es eso, en el fondo, lo que te ocurre a ti?

Un abrazo.

Tomás

k47 dijo...

Sé que el ejemplo no era más que un ejemplo, mi énfasis en refutarlo es que creo que en la ejemplificación de algo tan complejo, con algo cotidiano, se pierde muchisima información y he ahí como varían y se cambian las conclusiones.

Mi agnostismo no es cuestión de que me guste pensar o no pensar algo, y "punto". Sí una postura religiosa (o no religiosa) puede ser considerada un simple capricho, esta y todas las demás posturas podrían considerar lo mismo del resto.
Y he ahí donde realmente se acaba el verdadero debate, y desde este punto, convencer a alguien de algo se convierte en una tarea mucho más dificil de lo que podría ser.

Admito que sí hay cierta elección a la hora de defender una u otra postura, pero esto pasa en todas las posturas, y dudo de que quienes defiendan una postura (teísta, atea, agnóstica) lo hagan todos por una razón única y homogenea. Disminuyo esta parte del debate a remitirlo a la cuestión de la diversidad que se presenta en el ser humano, no me gustaría irme por las ramas por este tema.

Pienso (porque le encuentro sentido y no realmente porque me guste) que ni la vida entera me alcanzaría para siquiera evaluar todas y cada una de las teorías, descubrimientos y posturas que han existido; y mucho menos, querría (he aquí mi elección) pasarme toda la vida intentándolo. Así que no dedico mi vida ni a la ciencia ni a la teología, y por eso no puedo sino hablar de lo que aquellos que sí lo hacen, dicen.

Ahora bien, desde esta falta de verdadero y profundo conocimiento científico (negarlo sería contradictorio), me puse a leer algunos artículos sobre Penrose, y me remito a señalar y opinar sobre un par de puntos.

Lo que también dice Roger Penrose, añadiendo a lo que ya comentaste, es que ese cálculo de que el universo es tan complejo como lo es ahora, se debe a que las condiciones en las que se dió el Big Bang fueron demasiado exactas como para decir que fue mero azar.


Haré un señalamiento en esto, justamente sobre la palabra azar.
Encuentro 2 definiciones posibles de azar:
1. Sin orden, sin planeamiento.
2. Sin orden, sin planeamiento aparentes.

Cabe añadir, que es una diferencia de definición analizablemente importante.

Teniendo en cuenta las ideas de Penrose, podría entenderse que se refería al 1er significado (que listé) de la palabra azar.

Pero el mismo Penrose también aclara que una de sus teorías es la de el Big Bang no como inicio del Universo (concepción tomada por ateos, fuertemente debatible por el cálculo mencionado) sino que el universo ya existía desde antes, y el Big Bang fue sólo un suceso (de suma importancia, claro).

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Se me acorta el tiempo, por lo que procuraré ir concluyendo lo que escribía.
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Esto tiene sentido, que el universo lo haya creado un Dios personal tiene sentido, que lo haya creado un Dios no-personal también tiene sentido.

En realidad, considero que tanto el ateo como también el creyente (aunque el ateo standard pueda no creerlo) estan de acuerdo en que es útil entender el universo, el mundo, el ser humano.
Yo también, y entendería que el resto de agnósticos también.

Aunque me resulta realmente interesante leer acerca del tema, normalmente no me pongo a debatir yo también, a menos que crea que no hacerlo vaya muy en contra de este último punto en común que implica cualquier postura frente a la existencia.
Criticar hostilmente las posturas ajenas, muy lejos de unificar los esfuerzos de las personas a la hora de aprender sobre la existencia, los llevan en diferentes direcciones.
Y minimizar a un simple capricho una forma ajena de concebir el universo, forma que al fin y al cabo desconocemos la totalidad de su complejidad, considero que es criticar hostilmente.

Saludos.

(Hubo un par de errores al intentar publicar esta entrada, si aparecen fragmentos podes obviarlos y permitir que se publique solo este)

Anónimo dijo...

Querido amigo k47, soy Tomás. Siento de verás que el tono de mi respuesta pareciera tajante por lo de “y punto”. A veces escribiendo no se acierta con el tono, sobre todo si se hace llevado de las prisas, que siempre son malas consejeras. Te aseguro que no es mi estilo. Más aún. Cuando decía que “… prefieren creerse que no hay designio. Eso es todo. La fe es un acto libre de adhesión de la voluntad guiada por la razón”, no me refería –sería una estupidez por mi parte– a un capricho. Al contrario, me refería a un compromiso muy serio que afecta a todo nuestro ser. Quería establecer la diferencia de lo que tú planteabas del porqué con lo de las monedas todos estamos de acuerdo en que no han podido estar en cara por azar y en cambio, cuando lo aplicamos al universo hay desacuerdo. Aceptar que haya un ser superior que ha creado el universo con un designio en el que parece que los seres humanos somos algo muy peculiar que parece tener que ver con ese designio, es muy fuerte. Si lo acepto, mi vida no puede ser igual que si no lo acepto. Y eso es muy serio. Todo lo contrario a creer o no creer por un capricho. Pero para aceptarlo hay que empeñar la vida, cosa que no ocurre con las monedas.

Miles de veces mis amigos agnósticos (que los tengo a puñados y a los que aprecio enormemente) me han dicho que la fe es un invento de los hombres para no aceptar el sin sentido. Cariñosa y suavemente, me llaman cobarde a mí y a todos los creyentes. Yo lo acepto con una sonrisa y, con la misma sonrisa les digo, también con todo cariño, que tal vez, sólo tal vez, la valentía está en admitir un ser superior que espera algo de nosotros y la cobardía en negarlo.

Por otro lado, estoy totalmente de acuerdo contigo en que yo tampoco querría pasarme toda la vida intentando evaluar todas las teorías descubrimientos y posturas que han existido. Y lo mismo me pasa con las discusiones sobre la existencia o no existencia de Dios. No creo que nadie se haya convencido de la existencia de Dios por el análisis de esas teorías. Yo no creo por ninguna de esas causas. Yo creo por una certeza existencial de un Dios cercano que se ha encarnado, que ha entrado en la historia por mí (y, si es así, también por ti, y por todos, creyentes y agnósticos) para enseñarnos cómo hacernos uno con él. Nada más lejos del Dios-idea-filosófica o teoría-científico-teológica o así-me-lo-contaron-desde-pequeño. No quiero –ni creo que se pueda– demostrar la existencia de ese Dios. Lo más que se puede hacer es decir que yo me he encontrado con ese Dios encarnado. Lo de que me he encontrado con Dios encarnado –Cristo–es una manera torpe de expresar algo que no se puede expresar. De la misma manera que no soy capaz de describir, ni siquiera para mí, el color verde, no sé expresar ni para mí cómo es ese encuentro. Cuanto menos para quien no lo ha tenido. Si sólo yo lo hubiese tenido, entonces, tal vez, a pesar de mi evidencia de no estarlo, podría pensar que estaba loco. Pero lo han tenido millones de personas. Y muchos de los que han tenido ese encuentro (no me refiero a los que creen SÓLO porque lo han mamado) se cuentan entre las personas más admirables de la humanidad (y digo entre, porque otras personas que no han tenido este encuentro también se cuentan en ese grupo. O, ¿tal vez sí lo han tenido sin saber qué es lo que han encontrado? ¿Tal vez ven el verde sin saber que es verde?). Por tanto, no creo que todas estas personas estemos locos. (Como no me cabe en un solo comentario lo corto y lo reanudo aparte).

Anónimo dijo...

(Reanudo el comentario anterior) El mundo se divide entre los que han tenido ese encuentro y los que no (tampoco es así de sencillo, pero hay que hablar de alguna forma). Y, básicamente, hay dos posturas (sí, ya sé que hay más, pero hay que hablar de alguna manera): o los que afirman haber tenido ese encuentro están un poco chiflados y los que no son gente seria, o los que lo han tenido ese encuentro ven y los que no lo han tenido son ciegos. Yo, como lo he tenido, (fugaz, transitorio, en clarooscuro, misterioso, pero cierto, brillante INDUDABLE) me decanto por la segunda.

Pero no escribo para convencer a éstos, aunque me encantaría que ellos también tuviesen ese encuentro. Escribo, sobre todo, para apuntalar la fe de los que creen. El mundo es muy agresivo con los que creemos y le parecemos chiflados, necios o ignorantes. Y no somos nada de eso. Por eso me esfuerzo en hacer ver que es más razonable creer que no creer.

Dices que tiene igual sentido que el universo lo haya creado un Dios personal o un Dios no-personal. No lo creo así. Lo segundo sería más probable si viviésemos en un universo carente de orden. Pero un universo con este orden tan altísimamente improbable (Penrose estima la probabilidad de este orden en 1/(10^(10^128) que es un número ante el que palidece un 1 seguido de tantos 0’s como partículas hay en el universo), responde a un diseño, y cuando se diseña algo se diseña para algo, y cuando hay un para algo, hay un designio y sólo las personas tienen designios, los algos no tienen designios.

En fin, que para que los que creen no se dejen convencer por el mundo de que son idiotas y tiren la toalla, es para lo que escribo. Pero la razón de mi fe es el encuentro con ese Dios-hombre, Jesucristo. La razón sólo puede acercar los dos bordes del abismo, pero para que demos el salto sobre él, por mucho que hayamos estrechado los márgenes, sólo ver la Verdad, la Bondad y la Belleza al otro lado nos puede impulsar. Y esa Verdad, esa Bondad y esa Belleza es el Cristo con el que yo me he encontrado. Ojalá tú también puedas encontrarlo.

Termino pidiéndote perdón si mi anterior respuesta te ha parecido una crítica hostil.

Un abrazo.

Tomás

k47 dijo...

Buenas Tomás.

Respeto tu posición entonces, más si lo que escribes es porque tu principal interés al hacerlo es defender tu fé.

Aclaro un malentendido, nada mas: no dije ni digo que la existencia de un Dios personal, y el de un Dios no-personal, tengan el 'mismo' sentido; sino que dije y digo, que ambos tienen sentidos.
Sin duda, es diferente que haya uno o haya el otro. Pero ambas cosas son pensables y creibles por muchos.

En todo caso, fue una útil y buena experiencia cruzarme con tu blog, poder comentar y que estuvieras dispuesto a hacerlo tu también.

Saludos.

Anónimo dijo...

Gracias k47.

Me alegro que tu experiencia con mi blog te haya resultado útil y buena. Si te paseas por él y hay otras cosas que te parecen interesantes y quieres dejar tu comentari, estaré encantado de cruzar impresiones contigo.

Un abrazo.

Tomás