8 de febrero de 2009

Richard Dawkins, un cruzado sin causa

Tomás Alfaro Drake

Otra vez el inefable Richard Dawkins, el mal científico que tiene que buscar notoriedad en su polémico ateísmo en vez de en su ciencia, salta a la palestra sin réplica, boxeando con el aire, haciendo fintas y filigranas sin un rival. Esta vez, eso sí, sube de nivel, al pasar de los autobuses a la prensa. Me refiero a una entrevista en el diario “El mundo” de ayer. La verdad es que me produce una mezcla de asombro y diversión las cosas que dice, si bien es cierto que en alguna destila una mala voluntad palpable. Señalaré sólo algunas perlas cultivadas.

“Nadie puede demostrar que no existe Dios. Solo que no hay una sola evidencia de ello. Pero la carga de la prueba debe recaer en aquellos que creen en algo que tiene las mismas probabilidades de existir que un hada o un unicornio”. No, desde luego que no se puede demostrar la existencia ni la no existencia de Dios. Jamás lo he intentado. Eso no quiere decir que no se pueda tener certeza de esa existencia, pero esa certeza, aunque racional, no es del tipo silogístico ni empírico, sino existencial. En otras entradas de este blog he hablado de la fuente de esa certeza y no quiero repetirme aquí. Pero comparar la posibilidad de la existencia de Dios con la de las hadas o el unicornio es de una simpleza tal, que en un debate abierto, a poco hábil que fuese su oponente hubiese cubierto al señor Dawkins de ridículo. Las hadas y el unicornio, sencillamente, no existen. Punto. Pero el mundo que observamos, con su orden, su belleza, su exquisito equilibrio y su sutileza, reclama, para una mente abierta e inquisitiva, una explicación. Aristóteles se la dio. Era necesaria una causa primera. No digo que esto sea una prueba de la existencia de Dios, digo que fenomenológicamente, las hadas y los unicornios son innecesarios para la razón, mientras que la postulación de una causa primera, llámese como se llame, parece que es algo requerido por la insaciable mente humana desde que el hombre empezó a pensar. Decir que el universo ha aparecido sólo y es fruto del azar es una muestra de irracionalidad, porque uno de los tres postulados en los que se basa la capacidad de razonar es el de que “no hay efecto sin causa suficiente”. Y no está nada mal el dicho que afirma que la ciencia se remonta de los efectos a las causas. El hecho de que la estupidez de la creencia en el azar como causa de todo sea hoy día un dogma de fe para mucha gente, es tan sólo porque se ha repetido muchas veces y ha tenido mucho eco de “el coro de los grillos que cantan a la luna”. Pero un sabio dicho popular afirma que “una tontería repetida millones de veces no deja de ser una tontería”. El propio Darwin, a quien Dawkins venera –y a quién yo respeto y apoyo, como se puede ver en otras entradas de este blog– afirma en “El origen de las especies”, refiriéndose al recurso al azar: “Hasta aquí he hablado como si las variaciones (mutaciones) [...], fuesen debidas a la casualidad. Es sin duda una expresión totalmente incorrecta, pero se utiliza para confesar francamente nuestra ignorancia de la causa de cada variación particular. [...] Consideraciones de este tipo me inclinan a atribuir menos peso a la acción directa de las condiciones ambientes, que a una tendencia a variar debida a causas que ignoramos por completo[1]. Por tanto no parece ni muy científico, ni muy acorde con alguien que busca la verdad, elevar la ignorancia a dogma de fe. Así que el sentido común no requiere ni hadas ni unicornios mientras que sí exige una explicación de cuál pueda ser esta causa primera. Que eso pruebe la existencia de Dios no es cosa que yo defienda, pero que es una simpleza indigna de un buen científico poner a Dios a la altura de los unicornios es algo evidente.

Lo del peso de la prueba es un término jurídico que, sacado de su contexto –es mejor que un culpable quede libre que que un inocente sea condenado, de donde procede la presunción de inocencia y la necesidad de probar la culpabilidad–, es irrelevante. Pero si queremos aplicarlo, creo que la afirmación tajante de que el universo es fruto del azar es algo que debe ser probado. Y que yo sepa, ni Dawkins ni nadie que lo sostenga, lo ha hecho. No creo que requiera esa prueba con la misma urgencia la afirmación de que parece racional pensar que todo esto debe tener una causa primera, se llame como se llame. Porque Dios puede ser una respuesta a las grandes preguntas del ser humano. Quienes somos, para qué estamos aquí, qué va a ser de nosotros. El ciego azar da una respuesta también a estas preguntas. La pone Shakespeare en labios de Macbeth: “La vida es un cuento sin sentido, contado con gran aparato por un idiota”. ¿No es más racional lo primero? Así lo han creído hasta la aparición del dogma ateo la inmensa mayoría de las mejores mentes de la humanidad.

Preguntado insistentemente por el periodista si había educado a su hija en los principios ateos que profesa y tras varias respuestas esquivas, ni sin cierta agresividad, Dawkins aclara su método educativo: “Yo le escribí una carta, cuando tenía 10 años, en la que le animaba a pensar por sí misma y eso es lo mejor que un padre puede hacer por su hija”. La frase suena en los oídos modernos como cargada de tolerancia y respeto por otra persona. Pero no deja de ser una simpleza estúpida, aunque su mucha repetición haya hecho que cale en la mentalidad actual. Claro, lo mejor para educar a un hijo es dejarle que él descubra por sí solo el teorema de Pitágoras, o los principios del derecho, o que matar y robar es malo. Lo mejor es no llevarle al colegio, no vaya a ser que le enseñen algo que no descubra él por sí mismo, ni a la universidad. Tal vez, lo mejor sea dejarle en la jungla de pequeño, como al Mowgli de Rudyard Kipling, a ver si se convierte en un buen salvaje. Así las ideas de los siglos anteriores a él que ha ido creando la humanidad, las iría descubriendo él solito, en vez de ir a hombros de gigantes. Al fin y al cabo, así lo hizo Rousseau con sus hijos dejándoles en la exclusa. Se dirá que Dawkins no se refiere a eso, sino a ser neutral en cuanto a lo que se le explica sobre Dios. Pero apuesto mi brazo derecho a que, aparte de esa carta tan aséptica Dawkins se habrá ocupado personalmente de adoctrinar a su hija y de llevarla a los colegios en los que le adoctrinasen como él quería. Y está en su derecho. Lo que pasa es que me parece un hipócrita doble rasero decir que él es neutral y respetuoso por aquello de la carta y que los padres que educan a sus hijos en la fe son adoctrinadores y manipuladores. ¡Venga ya! La neutralidad no existe y los padres tienen derecho a educar a sus hijos en los principios que ellos creen y respetan. Y lo tienen, sencillamente, porque les quieren y quieren para ellos lo mejor. Naturalmente, tanto Dawkins como un padre creyente pueden equivocarse, pero eso no les quita ese derecho. Y me parece mejor método de educación el del amor que la educación por carta. “Yo le puse una carta a mi hijo en la mesa del desayuno el día que cumplió diez años en la que le decía que le quería”. ¿Os imagináis el engendro que saldría? Pero, dicho en una entrevista queda muy bonito, aunque sea una simpleza.

En un momento de la entrevista, el periodista le hace una pregunta clave: “Hay gente que no entiende su voluntad de extender el ateísmo. ¿Qué les diría?”. A lo que contesta Dawkins: “Les diría que lo que de verdad me apasiona es la verdad científica y que lo que deseo es abrir los ojos a la gente sobre el hecho maravilloso de su propia existencia. Mientras el adoctrinamiento religioso interfiera con el conocimiento de la verdad científica lo combatiré. No le quede duda”.

A Dawkins le sale de dentro el caballero andante justiciero. Pero un caballero andante justiciero de una causa inexistente es, sencillamente, patético. Le apasiona la verdad científica. Desea abrir los ojos a la gente sobre el hecho maravilloso de su propia existencia. Combatiré el “adoctrinamiento” religioso mientras interfiera con la verdad científica. Pues podría dejar de hacerlo ya, porque NUNCA la religión católica ha interferido con la verdad científica, más allá de una leyenda urbana. Y cuando digo NUNCA, digo NUNCA. Ni con heliocentrismo y Galileo, ni con la evolución ni con nada. Sobre la evolución y la fe he hablado ya en bastantes entradas de este blog y JAMÁS la Iglesia católica lo ha condenado. Sobre el caso Galileo, he escrito un libro; “La victoria del sol[2] y, para ahorrar comprárselo a los lectores de este blog, dedicaré alguna entrada a este tema, pero tampoco la Iglesia católica condenó JAMÁS el heliocentrismo salvo, insisto, en leyendas que faltan a la verdad y que de repetidas, han llegado a hacer que mucha gente se las crea. Cierto que hay fanáticos creacionistas que niegan la evolución, pero no son católicos, salvo excepciones ni, JAMÁS, el magisterio de la Iglesia les ha apoyado. A esos creacionistas también los combato yo. A Kepler, a Galileo y a Newton también les apasionaba la verdad científica y eran creyentes convencidos. Einstein no era un creyente practicante, pero sí creía en una causa primera. Ante el universo que había descubierto, decía sentirse “como un niño que entra en una biblioteca inmensa cuyas paredes están cubiertas de libros escritos en muchas lenguas distintas. Entiende que alguien ha de haberlos escrito, pero no sabe ni quién ni cómo. Tampoco comprende los idiomas. Pero observa un orden claro en su clasificación, un plan misterioso que se le escapa, pero que sospecha vagamente. Esa es, en mi opinión, la actitud de la mente humana frente a Dios, incluso la de las personas más inteligentes”. Sobre todo de las personas más inteligentes y honestas, diría yo. Otro gran científico, Max Planck afirmaba: “el progreso de la ciencia consiste en el descubrimiento de un nuevo misterio cada vez que se cree haber descubierto una verdad fundamental [...]. La ciencia es incapaz de resolver el misterio último de la naturaleza”. Podría citar decenas de frases de grandísimos científicos –mucho más grandes que Dawkins, desde luego– que no veían ninguna razón para una cruzada antirreligiosa por defender las verdades científicas, sino más bien al contrario. Pero acabaré con una cita que tal vez debiera leer Dawkins –si no lo ha hecho y ha preferido tacharla de su acerbo. Es de un científico ateo, Robert Jastrow que tuvo, sin embargo, la honestidad de reconocer que la ciencia del siglo XX parece confirmar muchas cuestiones dichas desde hace siglos por la Revelación, naturalmente, con otro lenguaje. “Para el científico que ha basado su vida en la fe en el poder de la razón, la historia acaba como un mal sueño. Ha escalado las montañas de la ignorancia, está a punto de conquistar el pico más alto y, cuando se alza sobre la roca final, es recibido por un grupo de teólogos que estaban sentados allí desde hace siglos[3]. Así es que parece que el pobre Dawkins se ha quedado sin causa para su cruzada. De forma que ya puede abandonarla o buscarse otra excusa mejor para su fijación obsesiva.

Otra cosa, distinta de la ciencia, es el cientifismo. El cientifismo parte de un dogma bastante poco razonable. O, mejor, totalmente irracional. Afirma como axioma de partida que no hay más realidad que la que se puede pesar, contar, medir y someter a modelos matemáticos. Es evidente que esto no es así. El amor y el odio, el heroísmo y la cobardía, la belleza, la bondad y la maldad, son realidades que no caen en la categoría cientifista. También hay algún que otro gran científico, como Edwin Schrödinger, que parece tener ideas claras sobre esto. Nos dice: “La imagen científica del mundo es muy deficiente. Proporciona una gran cantidad de información sobre hechos, reduce toda la existencia a un orden maravillosamente consistente, pero guarda un silencio sepulcral sobre [...] todo lo que realmente nos importa. [...]... no sabe nada de lo bello o de lo feo, de lo bueno o de lo malo, de Dios y la eternidad. A veces la ciencia pretende dar una respuesta a estas cuestiones, pero sus respuestas son a menudo tan tontas que nos inclinamos a no tomarlas en serio [...]. La ciencia es incapaz de explicar mínimamente por qué la música puede deleitarnos, o por qué y cómo una antigua canción puede hacer que se nos salten las lágrimas”. Pero es que, además, ¿por qué extraña razón la realidad se va a tener que limitar a las tres dimensiones más el tiempo en el que vivimos los seres humanos y en las que podemos hacer nuestras mediciones? ¿Que razonamiento lógico puede llevarnos a semejante conclusión? ¿No debería ser probada semejante afirmación? Esa mutilación de la realidad por parte del cientifismo, que no de la ciencia, es sumamente empobrecedora y acaba en el irracionalismo más prosaico. Dawkins no es un buen científico. Es un cientifista. Y me temo que hay una relación causa-efecto entre lo segundo y lo primero. Es, en definitiva, un hombre que dice simplezas. Un simple soberbio.

Hasta aquí simplezas. Lo que sigue es una muestra de ridícula mala voluntad. Afirma Dawkins: “Nadie que haya leído su vida [se refiere a la de Teresa de Calcuta] puede decir lo mismo [que era una buena persona como se lo parece a Dawkins Desmond Tutu]. A mí me parece que era una mujer malvada. Ella creía que era muy buena, pero no le importaba nada el sufrimiento de las personas, lo único que quería era convertirlas”. Es una bajeza ridícula y estúpida decir eso de una persona como Madre Teresa. Si había algo que ella hacía, era dejarse la vida por aliviar el sufrimiento de los más miserables de los hombres, aquellos con los que Dawkins, seguramente no ha pasado ni una hora. Y lo hacía sin preguntarles en qué creían y sin intentar jamás convencerles de que se hiciesen creyentes o cristianos. Lo hacía, sencillamente, por amor. Por amor a un Cristo crucificado que le decía desde la cruz “tengo sed” y que ella –y todas sus hijas –identificaba con los más pobres y desheredados. Lo hacía porque Cristo había dicho “tuve sed y me distéis de beber cuando les distéis de beber a los más pobres”. Por un inmenso amor. Por un amor que el ridículo reduccionismo cientifista de Dawkins quiere “desmitificar” reduciéndolo a química. A un alma mezquina, la grandeza ajena le produce sarpullidos. Pobre Dawkins, debe estar muy escocido. La verdad es que me imagino que cualquier persona de buena voluntad, creyente o no, al leer su afirmación anterior, sonreirá con lástima.

Claro, Dawkins no se atreve a discutir estas cosas en terreno abierto y neutral con un buen polemista cristiano, porque le dejaría en ridículo. Jamás aceptó el desafío que repetidamente le lanzó su compatriota católico Paul Johnson. Esas fintas simplistas y mezquinas, con un buen boxeador enfrente, le mandarían a la lona en el primer asalto. En definitiva, que Dawkins no goce de gran prestigio dentro de la comunidad científica es algo que la honra. Que tenga una cátedra en la Universidad de Oxford desde la que predica el ateísmo con tanta simpleza como ligereza, como si de un autobús se tratara, es algo que no dice mucho de esa Universidad. Por mucho prestigio histórico que tenga.
[1] El origen de las especies, Capítulo V, Leyes de la variación. Efectos del cambio de condiciones.
[2] Editorial Palabra.
[3] Dios y los astónomos.

20 comentarios:

CarlosC dijo...

Estimado Tomás, leo con agrado, tus acertadas críticas con respecto a la entrevista realizada al sr Dawkins. No te duraría a tí ni un asalto.
Como siempre tu blog de diez.
Un cordial saludo

Luis y Mª Jesús dijo...

he disfrutado esta entrada un montonazo. Gracias.Luis

mariajo dijo...

Tomás, me indigna tanto Dawkins, que prefiero no entrar a polemizar sobre él por que seguro, segurisimo que me haría caer en la descalificación y falta de caridad ante este pobre hombre que se niega a reconocer su soledad y ausencias, por eso te remito un trocito de una entrevista Teresa de Calcuta y la direccción por si alguien quiere leerla que rezuma AMOR y mitiga mi enfado.
“Nadie que haya leído su vida [se refiere a la de Teresa de Calcuta] puede decir lo mismo [que era una buena persona como se lo parece a Dawkins Desmond Tutu]. A mí me parece que era una mujer malvada. Ella creía que era muy buena, pero no le importaba nada el sufrimiento de las personas, lo único que quería era convertirlas”
Entrevista a la Madre Teresa de Calcuta
http://neuquenoeste.org.ar/node/19
T: Amigos suyos dicen que esta desilusionada porque su trabajo no ha producido mas conversiones en esta gran nación india.
MT: Los misioneros no piensan en eso. Ellos sólo quieren proclamar la palabra de Dios. Los números no tienen nada que ver con ello. Pero las personas ponen la oración en acción cuando vienen y sirven a las personas.
Constantemente vienen personas para alimentar y servir, muchos, vaya y vea. Por todas partes las personas están ayudando. No conocemos el futuro. Pero la puerta ya esta abierta para Cristo. Puede que no haya una gran conversión así, pero no sabemos lo que ocurre en el alma.
T: ¿Qué piensa del Hinduismo?
MT: Yo amo todas las religiones, pero estoy enamorada de la mía. Sin discusión. Eso es lo que tenemos que probarles. Al ver lo que yo hago, ellos se dan cuenta que estoy enamorada de Jesús.
T: ¿Y deberían ellos amar a Jesús también?
MT: Naturalmente, si quieren paz, si quieren gozo, que encuentren a Jesús. Si la gente se convierten en mejores hindúes, mejores musulmanes, mejores budistas por nuestras obras de amor, entonces hay algo que esta creciendo allí. Ellos se acercan más y más a Dios
.
Un abrazo si te veo el lunes te doy mi correo si no pideselo a Isabel W. le dije que te lo pasara.
Un abrazo en la Paz de Cristo

Anónimo dijo...

Vaya por delante, que yo soy más bien tirando a ateo pero en una cosa estoy de acuerdo con usted. Dawkins es un "Cruzado sin causa". Las creencias religiosas son algo muy ligado a la persona, forman parte de su identidad. El intento de Dawkins de intentar convencer a los creyentes de que están equivocados es como intentar explicarle a un esquizofrénico en pleno ataque que lo que ve no es real. Claro que es real. Para él lo es.

Anónimo dijo...

Hola, soy Tomás: agradezco, como no los comentarios elogiosos, pero como soy un animal polémico, prefiero centrarme en el último comentario anónimo. Me hace mucha gracia que compare a los creyentes con esquizofrénicos que ven visiones. Anónimo acaba, de un plumazo de echar en el baúl de la esquzofrenia a millones de personas entre las que están muchas de las personas más valiosas de la historia. No cito nombres porque no acabaría nunca y además entre esos millones hay un 99% de personas anónimas que no por eso son menos maravillosas. Yo podría haber aludido, pero no lo he hecho, aunque ahora sí lo hago, a que los que no ven más realidades que las materiales son "ciegos" espirituales que como ellos no ven, les molesta que otros vean. Hay una novela de ciencia ficción de la que no me acuerdo del autor, que se llama "El día de los trífidos". En ella, por mirar un fenómeno meteorológico, la mayoría de los seres humanos se quedan ciegos. Sólo algunos, que no han podido mirar ese fenómeno, siguen viendo. Naturalmente, la mayoría de ciegos intentan localizar y masacrar a los que ven. Parece que las deficiencias de unos hacen molestas las capacidades de otros. Pues lo siento, no es mi intención molestar a nadie teniendo fe. Pero el que se pica... Pero como no quiero llamar ciego a nadie, prefiero usar unas palabras de Arnold J. Toynbee, un agnóstico de mente abierta:

"Pensar constituye un intento de aprehender la realidad en una red conceptual: y una red suele servir para su fin en virtud de estar hecha de manera tal que deja espacios abiertos entre las mallas. Es ese tejido abierto el que da a una red su elasticidad, su libertad de acción. Si la red estuviera hecha, no de una trama abierta, sino de un género tupidamente tejido, el material sería demasiado compacto para permitir que la red hecha con él fuera efectivamente extensible. Pero el precio de estar hecha con un tejido que hace posible atrapar algo entre las mallas de la red es el hecho inevitable de que otras cosas se escapen a través de los espacios abiertos... y Dios sabe lo que puede o no puede escaparse a través de las aberturas que presentan las mallas de la inteligibilidad. En suma, que hay más cosas en el cielo y en la tierra que las que sueña la filosofía (Hamlet) del racionalista, y el racionalista no puede estar seguro de que la ráfaga que pasa a través de las aberturas de su sistema no sea el viento importuno que sopla de donde quiere (Juan 3, 8) y que, aunque pueda ser invisible a los ojos del racionalista, produce para los oídos del creyente un son que llena el mundo".

Arnold J. Toynbee. El estudio de la historia. Tomo XIV, 1ª parte, EMECÉ. Buenos Aires, 1965, pag.104, 105.

A mí me gusta la armonía que oigo, que llena el mundo, que me hace mejor y que hace mejores a millones de personas cuerdas y sanas.

Un saludo.

Tomás Alfaro Drake.

Anónimo dijo...

Hola, soy Tomás otra vez: Vuelvo a escribir por dos motivos. El primero y menos importante es aclarar que el día de los trífidos es de John Wyndham. El seguno y mucho más importante es disculparme Anónimo que escribió la entrada que dio lugar a la mía. Releida su entrada con más calma, me parece que no era su intento llamarme esquizofrénico ni a mí ni a ninguno de los que somos creyentes, sino que era tan sólo un ejemplo, aunque no fuese muy afortunado. Si es así, como creo, le pido disculpas por mi sobrereacción. Un saludo.

Tomás Alfaro Drake

Anónimo dijo...

Hola Tomás,
Soy el anónimo del equívoco. Efectivamente, no buscaba llamar esquizofrénicos a los creyentes. Desde luego mi osadía no llega a tanto. Siento el ejemplo porque coincido contigo en que no ha sido el más afortunado. Lo único que quería expresar es precisamente lo contrario: las personas tienen derecho a creer, es más, yo las envidio por eso, y dedicarse a intentar convencer a los creyentes de que se equivocan no me parece la mejor forma de aprovechar el talento del señor Dawkins, que seguro que alguno tendrá.
Felicitaciones por tu blog. Era la primera vez que comentaba pero te leo de vez en cuando.

Anónimo dijo...

Querido Anónimo, soy Tomás:

Otra vez disculpas por mi primer mail un poco (o un bastante) excesivo y muchas gracias por tu nueva entrada conciliadora. ¿Me permites una pregunta? Siempre me ha llamado la atención la afirmación de las personas que dicen que les gustaría creer. Y siempre he querido preguntarles: Si te gustaría creer, ¿qué es lo que te impide hacerlo? Creo saber la respuesta. "la razón". Esto quiere decir que para creer necesito una demostración "matemática" e irrefutable de que Dios existe. Permíteme, si quieres, una pequeña reflexión. Creo que hay un equívoco básico hacia lo que es la fe. No es algo que te arrebata cuando estás tranquilamente en un sillón de tu casa y a partir de ese momento crees. Ni es una certidumbre como la del teorema de Pitágoras. Es una adhesión libre de la voluntad. Creo porque libremente quiero creer. Pero no es una adhesión exenta de toda duda. La fe es siempre un clarooscuro. Permíteme que te ponga un ejemplo de fe puramente humana. Si mañana a mí me detectan un quiste en el riñón que sin ser letal me hace la vida incómoda, empiezo a buscar un cirujano. Me informo, veo varios, me entero de sus éxitos y fracasos y, después de darle vueltas, libremente, decido operarme. Creo racionalmente, aunque sin una demostración "matemática" que después de la operación voy a tener una calidad de vida mejor, aunque no descarto el riesgo de que algo pueda ir mal y no sea así. Si me operase a la primera de cambio, sin pensar los pros y contras, sería un insensato, pero después de un análisis razonable (tampoco puedo estudiar a todos los cirujanos del mundo, a lo mejor investigo sólo al de mi sociedad médica), tomo una decisión sensata. Con la fe sobrenatural pasa lo mismo. Si el lado de la fe te parece atractivo (me gustaría creer) hay que analizar razonablemente si esa fe es una estupidez o parece razonable. Es como si tuviese que pasar a un prado más verde saltando sobre un abismo. Mi razón hace el abismo cada vez más estrecho y, en función de lo que me guste lo que hay al otro lado, en un momento salto, porque quiero. Pero nunca podré pasar si pretendo para ello que la grieta se cierre completamente. Además, suele ocurrir que, una vez en el otro lado, uno va descubriendo, poco a poco, que el nuevo territorio es más verde de lo que creía. A veces uno encuentra cosas que no le gustan y se plantea volver atrás, pero generalmente, cuando se ha pisado la orilla de la fe madura, viniendo desde la no fe, no se suele dar marcha atrás, porque uno ha descubierto al único que tiene palabras de vida eterna.

En fin, perdona el atrevimiento y gracias por pasearte de cuando en cuando por mi blog.

Un abrazo.

Tomás Alfaro Drake

Anónimo dijo...

Querido Tomás,

Me gustaría creer por lo confortable que debe ser tener a dónde acudir cuando los problemas llegan. Como todos los seres humanos yo me pregunto cosas, tengo temores y desde luego me sentiría mucho mejor si encontrase respuestas y consuelo. Con esto no quiero simplificar lo que significa el sentimiento religioso, pero atisbo que en buena medida debe ir enfocado en la línea de conseguir respuestas. Pero, y ahí viene el problema, no puedo dejar de pensar que abrazar una fé (la que sea, cristiana, judía, budista) sería una salida en falso. Empezaría a pensar si estoy en la fe verdadera, por qué hay tantos millones de personas en las otras, en base a qué la mía es la verdadera..., por lo que esa grieta de la que hablas en tu ejemplo, no va a disminuir. En fin, el consuelo encontrado por creer volvería a empañarse y al final, al final de todo, las respuestas que podría encontrar profesando una fe las puedo encontrar en otros sitios o símplemente achacar a las limitaciones humanas la falta de las mismas.
Una vez más, gracias por tu blog y por dedicar tu tiempo,tiempo totalmente inmerecido por mi parte, a contestar mis comentarios.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Querido amigo:

Soy Tomás: lo primero, decirte que dedicar mi tiempo a hablar, a través de mi blog con gente interesante como tú sobre las cuestiones esenciales de la vida, lejos de ser una carga, es algo estupendo. Me da un poco de reparo contestarte porque tal vez podrías pensar que esta dialéctica tiene por objeto convencerte de algo, cosa que no pretendo ni de lejos. Míralo como lo que es, como un cordial compartir de puntos de vista.

Debo decirte que, entendiendo tu punto de vista, porque yo también estaba hace años en él, me parece que está cargado de racionalismo. Y suele pasar que, paradójicamente, el racionalismo nos puede llevar a situaciones poco racionales.

Creo que intentar tener ideas lo más claras posible sobre lo que podemos esperar más allá de nuestra existencia terrena, algo entre la nada y el abrazo de un Dios de amor, es lo más importante que tenemos que hacer en nuestra vida. Pero un pensamiento racionalista nos lleva, casi ineludiblemente a la decisión, poco racional de aceptar la premisa, no demostrada racionalmente de la nada o al abandono de la busqueda por considerar imposible la respuesta. Esta situación me parece tan poco racional como, y perdona el ejemplo, clásico por otra parte, y que en modo alguno pretende ser peyorativo, del burro que muere de hambre y sed teniendo heno a la derecha y agua a la izquierda, porque no sabe si es mejor comer o beber lo primero. Este planteamiento lleva a un pensamiento circular. Y los círculos, como los nudos gordianos, si se quiere penetrar en ellos, y creo que no es sensato no racional no querer penetrar en este, sólo se consigue cortándolos. Y este pensamiento circular no se puede cortar por la demostración de la existencia de un Dios amor mediante un razonamiento incontestable. Esto es imposible. La existencia de un Dios amor que ha preparado nuestro destino final en Él, sólo se puede experimentar. Como dijeron Pascal y el pequeño príncipe, "El corazón tiene razones que la razón no entiende" o "las cosas importantes no se ven más que con el corazón". Y para esto, hay que aparcar nuestro deseo de una demostración incontestable previa. No para abrazar una creencia irracional, sino para dejarse conquistar por una certeza de otro tipo, llamémosle existencial, que analizada a posteriori no es irracional, pero a la que no se puede llegar por silogismos incontestables. Te puedo decir esto porque este camino lo he recorrido yo hace años y hay millones de personas que lo han recorrido. Y, hablandote de mí, jamás me atrevería a hablar de otros, he encontrado un tesoro. Un tesoro que no te ahorra ni una sola de las penas, sufrimientos y dificultades que tenemos todos los seres humanos. Pero un tesoro razonable, en el sentido de que se puede razonar sobre él y ver su coherencia y su lógica interna. Una lógica en la que nunca se llega al fondo, porque supera todo lo que podemos pensar. Una lógica que hay que alimentar de conocimiento espiritual. Una lógica que convence más cuanto más se profundiza en ella, aunque limite con el misterio.

A veces me siento patético intentando poner el carro antes que los bueyes, porque me enzarzo en razonamientos que creo son muy útiles desde dentro pero irrelevantes desde fuera. Pero es que ese tesoro se enriquece cuando se comparte. Por eso no puedo ni quiero dejar de hacer lo que hago. Por eso, aunque no intente ni de lejos convencerte, no puedo dejar de exponer mi tesoro a ti y a todo el que me pida razón, por si alguien quiere coger algo de él. Por eso no me tienes que pedir disculpas porque le dedique un rato a contestarte. Al contrario, te agradezco tus comentarios.

Un abrazo.

Tomás Alfaro Drake

Guayo dijo...

La verdad ya no puedo decir mucho acerca de Dawkins pues parece ser que para los ateos es mas importante demostrar que están en lo correcto que ofrecer soluciones viables a la problemática global, ojala que sus "seguidores" puedan evaluar cada una de las afirmaciones que él hace con respecto a la filosofía de vida que expone...

Anónimo dijo...

Hola Guayo, soy Tomás:

Sí, verdaderamente, más que intentar demostrar que Dios no existe, podrían usar esas energías en algo más positivo. En fin así están las cosas.

Un abrazo.

Tomás

Anónimo dijo...

Incluso Epicuro podría decirse que en vez de ateo con la paradoja del mal,era al final una especie de politeismo deista, la creencia en muchos dioses que ni se ocupan ni se preocupan de los asuntos humanos, Edwin Shrodingüer dormia en su cama y debajo de la almohada tenia los upanishad, los vedas y el baghabad gita , incluso Einstein lo leyo, decir un ateo que jesucristo es un mito cuando historicamente existió y murío al tercer dia para él es una soberana estúpidez, pues tambien me parece una estúpìdez lo que dicen los ateos de que el universo se hizo por mero azar, eso no me cuadra, ni aunque se creará por burbujas cuánticas que dieron origen al universo y produjo el big bang

En el Rig veda Carl sagan un astrónomo escéptico ateo y quizás agnóstico comento estas palabras del RIG VEDA del hinduismo:

"Entonces no había existencia o inexistencia. No existía la región luminosa, ni el espacio que se encuentra más allá. ¿Qué había? ¿Dónde? ¿Bajo qué protección? ¿Qué sustancia estaba allí, —profunda e insondable?



No existía la muerte ni la inmortalidad. No había distinción entre la noche y el día. ESO respiraba sin aire, por sí mismo. No había otra cosa más allá.



En el principio había oscuridad oculta en la oscuridad. Todo era sustancia sin distinción. ESO, que estaba cubierto de vaciedad, surgió a través del calor generado por si mismo.



En el principio, el deseo, la primera semilla de la mente, surgió en ESO. Los sabios, investigando en su corazón con sabiduría, hallaron las ataduras de la existencia en la inexistencia.



Sus visiones abarcaron lo mas profundo. ¿Qué había debajo?, ¿qué había encima? Existía la causalidad; había poderes: fuerzas descendentes, impulsos creadores.



¿Quién conoce la verdad? ¿Quién puede pronunciarse sobre el origen del nacimiento, sobre el origen de la creación? Los Dioses son posteriores a la aparición de este mundo. ¿Quién, entonces, sabe de donde surgió?



¿De dónde surgió esta creación?, ¿se creó a si misma, o no? Quien la contempla desde el espacio más elevado, ciertamente lo sabe. O quizás no lo sepa".



Rig-Veda X.129.1-7

Dios,quíen o qué creo a Dios una de las grandes preguntas. Los upanishad van más alla y dan una respuesta Dios surgió del vacio y ese vacio produjo tapas (calor)y fue creado por el mismo, y de él surgió todo lo demás.

Anónimo dijo...

Hola anónimo, soy Tomás. La verdad es que no entiendo ni jota de tu comentario. No se si estás de acuerdo con mi tesis, no lo estas o ni sí ni no, sino todo lo contrario. Pero, en cualquier caso, eres bienvenido al blog.

Un saludo.

Tomás

Anónimo dijo...

El vaticano hace oro con dios, Richard Dawkins es un genio ald arse cuetna de que tambiens e puede hacer muchi dinero con el ateismo, ademas para el solo. Pero por supuesto que todo lo que dice son estupideces que el dice a proposito porque es lo que quieren oir sus elctores, no porque realmente lo piense asi.

Anónimo dijo...

Bien quiero aportar unas reflexiones como ateo-agnóstico-creyente. Puede parecer que me estoy burlando pero no es así, no quiero que se me malinterprete. A lo largo de mi vida he pasado por estas 3 etapas pero me he dado cuenta de que todos somos creyentes. El creyente cree en Dios, el ateo cree en la nada y el agnóstico también cree en la ciencia porque dice que hasta que no se demuestre que Dios existe o no, no se puede pronunciar, sin embargo quien demostraría una cosa u otra es la ciencia, que por su propia naturaleza puede demostrar que Dios no existe y después demostrar que sí existe, puesto que había cosas en distintas épocas que estaban "demostradas científicamente" hasta que se cambió de paradigma. El problema es que si alguien cree que Dios no existe y otro cree que sí, alguno de los dos tiene que estar equivocado, pero el ejercicio de la racionalidad me lleva a dar más vueltas y pensar que la nada también es un concepto metafísico indemostrable empíricamente y fuera de la razón, a la cuál la ciencia enarbola como bandera y sacraliza. Existe una tendencia humana a proyectar lo que no nos gusta de nosotros en los demás, y desde mi punto de vista eso es lo que hace la ciencia con la religión, porque visto desde otro prisma creer en animales que se convierten en humanos o en explosiones que provocan un orden brutal es bastante fantasioso, considero a la ciencia la nueva religión. Lo cuál me lleva a creer sólo y exclusivamente en el absurdo y hago mías unas reflexiones del genial cineasta Woody Allen: Si se demuestra que el universo no es infinito eso será un alivio para quien nunca se acuerda de dónde pone las cosas. Reitero que no me estoy burlando de nadie pero es que son temas que me producen tal angustia existencial que veo necesario recurrir al sentido del humor para pensar sobre ello.
En cuanto a las críticas a Dawkins, nada que objetar, creo que su actitud mesiánica lo deja en evidencia.

Anónimo dijo...

Querido Anónimo, soy Tomás. Ni se me ocurre que te puedas estar burlando. Yo también he pasado por algunas de las etapas por la que tú. Pero no he sentido angustia existencial desde el momento que encontré a un Dios que es amor, que me esperaba con los brazos abiertos a lo largo de mi periplo, que todavía sigue, porque la peregrinación hacia Dios dura toda la vida, pero con paz. Al final, nada puede demostrar nada, pero la fe no es demostración, sino encuentro existencial con Dios encarnado por nosotros, por ti. Y eso trae la paz. La fe en el absurdo, y te lo digo con todo cariño, es, creo, el mayor absurdo.

Un abrazo y ánimo en tu búsqueda. San Anselmo dijo, en su búsqueda: Te buscaré deseándote, te desearé buscándote, amándote te encontraré, encontrándote te amaré.

Tomás

Ana Márquez dijo...


Hola a todos, feliz año :-) Llego un poco tarde, pero estaba buscando en la red información sobre el caso Galileo y, de sitio en sitio, me han remitido a este interesante blog.

Sobre Dawkins se podría escribir tanto que mejor no empiezo porque no sabría cuándo acabar :-D Tengo que seguir con Galileo, así que, por si os interesa, os dejo enlace a mi sitio "Dios y la Ciencia" donde podréis encontrar artículos muy jugosos sobre lo que piensan otros científicos sobre mister Dawkins :-) Os prometo que no tiene desperdicio.

http://frasesdedios.blogspot.com.es/search/label/Richard%20Dawkins

Lo dicho, feliz, venturoso y provechoso 2017 para todos.
Ana

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Tomás Alfaro Drake dijo...

Hola Ana. Si quieres conocer a fondo el tema Galileo lee mi libro "La victoria del Sol", editado por Palabra

Tomás Alfaro Drake dijo...

El del comentario anterior soy yo, Tomas Alfaro