14 de junio de 2009

Corpus Christi en Pozuelo

No puedo por menos hoy, día del Corpus Christi que manifestar mi profunda alegría. Y eso que me he desayunado con bastante indignación viendo en El Mundo las fotos de una manifestación, ayer sábado, en la plaza de Oriente, en la que unas decenas de personas, se supone que para reivindicar el uso de la bicicleta, se manifestaban completamente desnudas. ¿Qué tendrá que ver –me pregunto– el culo con las témporas. En otra foto se veía a una joven que se cruzaba con la manifestación tapándose los ojos con las manos. Evidente falta de respeto para con los pacíficos manifestantes en cueros. Es, por supuesto, el sacrosanto derecho a la libertad de expresión que, desde luego, no tiene por qué tener en cuenta la libertad de otros de pasear una mañana de sábado por la plaza de Oriente sin tener que taparse los ojos para no ver las poco estáticas vergüenzas de unos cuantos pirados.

Así las cosas, he ido a misa de 12 a la Parroquia de Santa María de Caná, en Pozuelo de Alarcón, donde vivo. Todos los niños que este año han hecho la primera comunión estaban invitados a ir a esa misa, a los primeros bancos, vestidos de primera comunión con pétalos de rosa. La avenida de Europa, delante de la parroquia estaba decorada con altares hechos por los propios feligreses. Al final de la misa, todos hemos salido en procesión, con los niños en primer lugar, los sacerdotes después, el palio con el Santísimo Sacramento en su custodia y todo el pueblo asistente a la misa detrás, cantando distintas canciones. En cada uno de los siete altares instalados, un sacerdote daba la bendición con el Santísimo Sacramento, mientras los niños lanzaban sus pétalos de rosa. Todo con un respeto tremendo a no invadir la calle, para no entorpecer el tráfico, salvo, inevitablemente, al atravesar los pasos de cebra, derecho que asiste a cualquier transeúnte o a cualquier grupo de un colegio. Todo era alegría y simpatía.

Yo iba entre los fieles de la procesión. Me parecía –no, no me parecía, realmente lo hacía, pues Cristo está realmente en la Eucaristía– estar siguiendo a Jesús, que hubiese venido a recorrer las calles de Pozuelo. Me sentía como Zaqueo –aún sin subirme a una higuera– viendo pasar a Cristo a mi lado, mirándome a los ojos. Perdonándome tantas cosas por las que debo ser perdonado. Diciéndome que esta tarde estaría en mi casa. Yo me preguntaba qué pensaría la gente que pasaba por la calle con el coche o andando y que no fuesen creyentes. ¿Se preguntarían por qué hacíamos esto? ¿Qué se contestarían? En general me parecía percibir miradas de simpatía. Sólo un coche que tuvo que pararse dos minutos en el paso cebra, bajó la ventanilla y gritó: “Eso se hace en la iglesia”. Nadie le contestó ni le dijo nada, salvo una persona que, con una sonrisa, le dijo: “Estamos sacando a Jesús a pasear por la calle, es nuestra fe”. Con gestos de indignación el conductor le espetó: “Pues la fe, dentro de la Iglesia”.

Eso, los ciclistas tienen derecho a salir desnudos a la calle sin otro ánimo que el de provocar (por la desnudez, no por la manifestación que me parece fenomenal). Pero los católicos tenemos que quedarnos en las catacumbas para no ofender la fina conciencia de algún que otro ciudadano con más amargura que amor en el cuerpo, con independencia de la fe que tenga o no tenga. Pues no. Con todo el respeto, pero con toda libertad y con todo orgullo, los católicos tenemos el derecho –y me atrevería a decir que la obligación– de mostrar a Cristo al mundo, de sacarlo de la iglesia para que santifique las calles, para que le puedan ver, aunque tan sólo sean algunas personas que tal vez no le hayan visto nunca. Hace cuarenta años, esto era normal, después, no sé qué especie de vergüenza religiosa ha tenido atenazados a los cristianos. Ahora parece que algunas parroquias, como santa María de Caná, están volviendo a revitalizar esta costumbre. Ojalá dentro de cuarenta años lo hagan todas. Tendremos así una religión vigorosa y viva, capaz de revitalizar el mundo. ¿Quién sabe qué milagros puede obrar en más de un alma ese fortuito encuentro con Jesús? ¿Cuántos Zaqueos o Saulos o Levís-Mateos o Nicodemos pueden obtener la salvación por este inesperado cruce?

Así que hoy estoy alegre. He paseado con mi Dios y Señor que está vivo y actúa en el mundo, por las calles de mi ciudad y, así, la he santificado un poco para todos los que vivimos en ella.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que hermosa mañana , la que compartimos, yo también estuve , para llenarme de alegría y de amor.
“¡Qué mundo espantoso, oscurecido por el miedo, cargado por el dolor es el mundo en que vivimos! [...]
Es el contraste con la noche del jueves en el que una panda de "colocados" pegaban a mi hijo , por que sí, delante la policia impasible, a quien mi hijo recurrió para nada ......

Anónimo dijo...

Hola, soy Tomás

¡Qué tristeza y desaliento que ocurran estas cosas! ¿Ha sido grave? ¿Se encuentra ya bien?

Un abrazo.

Tomás