7 de noviembre de 2009

Vida y muerte de las civilizaciones según Arnold J. Toynbee (VII)

Tomás Alfaro Drake

Esta es la séptima entrega de una serie de entradas bajo el título “Vida y muerte de las civilizaciones en la historia”. Recomiendo a quien empiece a leer esta serie desde aquí, que procure empezar por la entrega I, publicada el 6 de Septiembre.

9. El encuentro de civilizaciones en el espacio y en el tiempo.

Las civilizaciones de 1ª generación nacen en zonas geográficas aisladas y, al menos durante las primeras partes de sus vidas, no establecen contacto directo entre ellas. Pero indefectiblemente, ellas o sus hijas, en el proceso de expansión geográfica que suele acompañar sus vidas, acaban estableciendo contacto con alguna civilización próxima.

Ya hemos visto que uno de los resultados de este contacto es la transmisión de religiones superiores de una civilización a otra. Pero Toynbee se preocupa aquí, usando el mismo método científico de siempre, en buscar hechos históricos que permitan elaborar “leyes” generales. La primera ley que descubre es que siempre que una civilización conquista a otra, la conquistada ya ha sufrido el colapso. Cuando una civilización ya colapsada ha intentado asaltar a una en desarrollo, el éxito ha acompañado siempre a la segunda, a pesar incluso del aparente desequilibrio de fuerzas entre ambas a favor de la primera. Es frecuente, aunque no generalizable, que la civilización conquistadora se encuentre en su fase de tiempos revueltos o también haya sufrido el colapso y esté ya en desintegración. Cuando esto ocurre, esta conquista no hace sino acelerar el proceso de desintegración si la conquistadora ya ha sufrido el colapso o llevarla al colapso si está en sus tiempos revueltos. Cuando una civilización en desarrollo se ve asaltada por otra que está en fase de desintegración, aún rechazando la conquista, se ve sometida a una fuertísima incitación a la que, en muchas ocasiones no es capaz de dar respuesta, produciéndose también el colapso de ésta. Tal es el caso del intento de asalto del Estado Universal de la civilización Siríaca –el Imperio Persa– sobre la civilización Helénica en crecimiento. El intento de Darío y de Jerjes de conquistar Grecia en el siglo V a. de C. acabó con la derrota del Imperio persa. Nadie, a principios de ese siglo hubiese dado un duro por la victoria griega. Sin embargo, la incitación que esa guerra supuso para la civilización Helénica fue excesiva para su capacidad de respuesta. En principio fomentó la formación de la Liga Panhelénica que pudo ser la base de la unión de toda Grecia en una unión política espontánea. Pero ya vimos anteriormente cómo esto no fue posible y el proceso desembocó en la guerra del Peloponeso que supuso el primer colapso de la civilización Helénica.

Sin embargo, cuando una civilización, colapsada o no, asalta a otra, se producen reacciones tanto en el cuerpo social como en el alma de los habitantes de ambas civilizaciones. Toynbee analiza ambas, pero aquí sólo vamos a centrarnos en las reacciones en el alma de los individuos de las civilizaciones.

Respuestas del alma a los asaltos entre civilizaciones.

Según Toynbee hay tres respuestas de baja eterealización que pueden darse en el alma de los miembros de la civilización conquistadora y de la conquistada. Son, la deshumanización de los conquistados en el alma de los conquistadores y, el zelotismo y/o herodianismo en la de los conquistados. Pero también puede darse en ambos una respuesta eterealizada que Toynbee llama evangelismo.

a) Deshumanización.

Esta es una reacción que afecta a la visión del alma de los conquistadores sobre los individuos de la civilización conquistada. Es corriente que los conquistadores vean a los conquistados como seres inferiores, deshumanizándolos. Ahora bien, hay distintos grados en esta deshumanización. El conquistador los puede considerar paganos, bárbaros[1] o nativos. (Como siempre en Toynbee, estos términos no tienen en sentido estricto el mismo significado que el que le damos coloquialmente).

Paganos.

En el primer caso, el individuo conquistado es considerado como un ser humano equivocado que debe ser convertido (Toynbee no toma este término en el sentido religioso). Un acto de conversión le restituye sus derechos y lo convierte en un miembro de la civilización conquistadora. Si esta ha sufrido colapso, se convertirá en un miembro del proletariado interno. Si no, será un individuo más que, si tiene capacidad para ello, podrá pertenecer en algún momento a una minoría creadora que de respuestas a nuevas incitaciones.

Bárbaros.

En el segundo caso, el individuo de la civilización conquistada es considerado como un extranjero inadecuadamente preparado para integrarse a la civilización conquistadora en ningún estamento de la misma. Pero esto no supone una condición insalvable. Eventualmente, si el bárbaro adquiere las costumbres y la cultura de la civilización invasora, si “pasa un examen”, será admitido a la civilización invasora. Como en el caso anterior, su ingreso se realizará en las filas del proletariado interno si esta civilización ya ha sufrido colapso o en las de los individuos corrientes con acceso, si son capaces, a la minoría creadora, si la civilización conquistadora está en crecimiento. Es de notar que los papeles se pueden invertir en determinados casos. En los siglos IX y X de la era cristiana, en la naciente Civilización Cristiana Occidental, los normandos asolaron las costas y el interior de Europa y pusieron contra las cuerdas a los reyes carolingios que tuvieron que cederles una buena parte del norte de Francia que todavía hoy se conoce con el nombre de Normandía. Posteriormente estos mismos normandos conquistaron Inglaterra y el sur de Italia junto con Sicilia, instaurando importantes reinos normandos. Eran, pues, los conquistadores. Sin embargo no fue la creciente civilización Cristiana Occidental la que fue considerada como pagana o bárbara. Ellos siguieron siendo los bárbaros hasta que se convirtieron y “aprobaron el examen” de la civilización que habían conquistado en parte. A partir de ahí jugaron un importantísimo papel en el desarrollo de la cultura occidental, formando parte de su minoría creadora en diferentes ocasiones y de diversas formas.

Nativos.

Esta es la más dura forma de deshumanización de los conquistados por parte de los conquistadores. La condición de pagano se puede eliminar con la conversión, la de bárbaro, “aprobando un examen”, pero la de nativo es inherente a la condición del conquistado. Sólo el paso de varias generaciones puede eliminar ese estigma y, si los individuos de la civilización conquistada tienen algún rasgo físico que los diferencie de los conquistadores, ese estigma puede durar siglos.

Aunque en el caso del asalto de una civilización por otra se dan entremezcladas esas tres actitudes de deshumanzación en las almas de los conquistadores, estas diferencias quedan patentes en las conquistas española y británica de América del Sur y del Norte. Los españoles consideraban a los indios paganos a los que había que convertir, a ser posible sin causarles daño[2]. Naturalmente que la codicia de los conquistadores y los colonizadores llevó a la semiesclavización de los indios mediante la creación de encomiendas, pero esos son excesos de conquista, tan inexcusables como inevitables. Pero se produjo un considerable mestizaje, los indios no fueron exterminados sistemáticamente y hoy día el mestizaje forma parte del panorama de toda Hispanoamérica incluso en el caso de los esclavos negros importados, que lo fueron en la misma proporción en el Norte que en el Sur. Por el contrario, en América del Norte, donde sus habitantes eran considerados solamente como nativos por los conquistadores ingleses, quedan muy pocos “pieles rojas” y menos aún fuera de las reservas. También el problema racial con los afroamericanos fue mucho más difícil de paliar en el norte anglosajón que en el sur de herencia española. Es muy cierto, sin embargo, que los españoles encontraron, cuando llegaron a Mexico y Perú civilizaciones, mientras que los anglosajones, en América del Norte encontraron sociedades primitivas, en el sentido Toynbeeano. Tal vez sea más comparable la colonización española en América con la inglesa en la India, donde no hubo genocidios masivos. A pesar de todo, la actitud de los españoles hacia los indios era más bien la de considerarlos paganos, mientras que los ingleses en la India degradaron a los hindúes hasta el rango inferior de nativos. Buena prueba de ello es el amplio mestizaje entre indios y españoles frente al prácticamente inexistente entre ingleses e hindúes.

b) Zelotismo y herodianismo.

Entre los individuos de las civilizaciones asaltadas, pueden darse dos actitudes del alma. El zelotismo recibe su nombre de la secta de fanáticos que en el Israel ocupado por los romanos se oponían a ellos con un nacionalismo violento. El herodianismo toma su nombre de Herodes el Grande, que fue rey títere de Israel en tiempos de los romanos, en las fechas del nacimiento de Cristo. Era un colaboracionista que esperaba que aceptando en parte las costumbres y leyes de los invasores, podría preservar lo esencial del judaísmo. No siempre el herodianismo es una táctica que persigue que algo cambie para que todo siga igual. Ya hemos visto el caso de los normandos en los albores de la civilización Cristiana Occidental, cuyo herodianismo era el de convencidos que quieren adoptar completamente las costumbres de la civilización dominante, incluso aunque ellos fueran los vencedores por las armas. La adopción del zelotismo o el herodianismo por el pueblo sometido está condicionada, en gran parte, por la conducta del invasor. Siempre es posible que existan zelotes irracionales, pero una actitud opresiva por parte de la civilización dominante engendrará muchos más zelotes que herodianos. Los romanos sabían bien esto y procuraban no provocar a los pueblos sometidos. Incluían a sus dioses en su panteón y respetaban sus costumbres. Pero eran una civilización colapsada, gobernada por una minoría dominante no creadora, por lo que en general los habitantes de los pueblos conquistados se veían precipitados al proletariado interno. Las guerras judías de los zelotes contra el Imperio Seléucida primero y contra el Romano después, fueron iniciadas por estúpidos, innecesarios y arrogantes actos de provocación. Sin esos actos los zelotes no hubiesen encontrado el caldo de cultivo necesario para forzar la guerra.

c) Evangelismo.

Toynbee pone a san Pablo como uno de los ejemplos de esta respuesta del alma producida por el contacto entre civilizaciones. Ciudadano romano por su nacimiento en la ciudad de Tarso y de alma siríaca, primero como miembro de la secta de los fariseos de la religión judía y luego como apóstol del cristianismo, supo encontrar la vía de predicar la eliminación de diferencias entre griegos y judíos en base a una superación de estas categorías en un nivel más eterealizado: el cristianismo. No muy diferente a este caso podrían ser los de san Francisco de Javier en relación con la civilización del Lejano Oriente, el intento de san Francisco de Asís con la Islámica, Teresa de Calcuta con la Hindú, santo Toribio de Mogrovejo con la Andina, fray Junípero Serra con la Centroamericana, san Pedro Claver, esclavo de los esclavos negros que entraban en el Nuevo Mundo por Cartagena de Indias o fray Antonio de Montesinos en la isla La Española. Esta actitud de evangelismo es consecuencia, sin duda de la vocación universal en el sentido amplio, no estrictamente Toynbeeano de término. El adjetivo “católica” –que significa universal– que califica a la Iglesia Universal de la civilización Cristiana Occidental, no se limita sólo a su propio ámbito, sino que ésta nace desde sus orígenes con la pretensión de llevar la salvación de Cristo a toda la humanidad. En el plano civil, no religioso, de la conquista española de América, el clamor de un fray Bartolomé de las Casas –que no debemos olvidar que era, además de dominico, un supervisor enviado por la Corona– o un Francisco de Vitoria –también dominico, de la escuela de Salamanca–, cada uno a su modo, fue un precedente de un acontecimiento único en la historia. La de un conquistador que legisla contra su derecho de conquista. Tal es el caso de las Nuevas Leyes de Indias de 1542 promulgadas por Carlos V.

Otro ejemplo de evangelismo, en estricto sentido Toynbeeano, sería la predicación comunista llevada a cabo por Lenin en la civilización Cristiana Ortodoxa Rusa con ideas marxistas tomadas de una minoría creativa fracasada en la Cristiana Occidental. La respuesta comunista, que no fue buena para una civilización en desarrollo, sirvió, no obstante, para sustituir una minoría dominante, la zarista, por otra en el Estado Universal de una civilización ya colapsada, sin que el proletariado interno sacase mucha ventaja de ello. Este evangelismo de ida se tradujo, de vuelta, en un intento de asalto de aquella civilización sobre ésta, para imponer esas mismas ideas. Intento fracasado como todo el de una civilización colapsada que intenta conquistar una en posible desarrollo. Asalto que obtuvo más éxito ideológico cuando se realizó desde la Ortodoxa Rusa sobre la del Lejano Oriente China, También colapsada. Un último ejemplo podría ser el evangelismo llevado a cabo por la civilización Cristiana Occidental, con bastante éxito, al exportar las ideas de democracia y capitalismo al resto de las civilizaciones colapsadas y con éxito muy escaso al intentarlo con la Islámica.
[1] Obsérvese que en principio, el término bárbaro se aplica a los pueblos exteriores a una civilización que no pertenecen a ninguna otra. Aquí se aplica a miembros de una civilización conquistada.
[2] El testamento de Isabel la Católica y diversas bulas papales sobre el trato de los indios acreditan estas buenas intenciones que, sin embargo, pocas veces fueron cumplidas.

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