25 de agosto de 2010

Frases 25-VIII-2010

Tomás AlfaronDrake

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

Lo que también necesitan los jóvenes de Occidente es otro Occidente, distinto del que han visto reflejarse en el rostro de sus padres y de sus madres, y en el de sus compañeros y compañeras; no un Occidente que vacila y duda de sí mismo, que pasa alternativamente por crisis de masoquismo, durante las cuales se revuelca en el sentimiento de su impotencia y de su aburrimiento, y por momentos de exaltación convulsa en los que todavía se cree el dueño del mundo. Hubiese hecho falta que los jóvenes occidentales hubiesen encontrado un Occidente humilde, consciente de que sólo le queda una carta que jugar en el mundo, pero una carta definitiva, la de lo espiritual, lo verdadero, que no es quintaesencia abstracta, sino fuerza puesta al servicio de los otros, capital financiero, técnico, cultural, entregado al mundo. Nos hace falta un Occidente humilde y fuerte, sin espíritu hegemónico, sin voluntad de crisparse sobre privilegios, sin banderas que hacer ondear a pesar de todo.

[...]

Ninguna obra reciente# nos produce la impresión de un mundo humano abandonado en un planeta extraterrestre, el planeta del aburrimiento. ¿Y qué hemos hecho nosotros para que la esperanza de Pentecostés irradie sobre estos seres tan atemorizados por la vida que se sienten extraños a sí mismos y han renunciado al combate antes de haberlo comenzado, antes de haber nacido? A los jóvenes de Occidente no podemos señalarlos con el dedo en una especie de conmiseración farisaica, porque –lo repito– cada vez que nos dejamos arrastrar por la fantasía y nos desanimamos, nosotros, los que soñamos con darnos a los pueblos hambrientos, cada vez que dejamos que se relaje en nosotros el ímpetu de nuestra fe en la fuerza operante de Dios, por nuestra parte, en el mundo, nos hacemos semejantes a ellos.

Debemos rogar a Cristo que salve a estos seres que se aburren en su juventud, porque estos “muertos-vivos” son también, cuando tenemos miedo y perdemos la esperanza, nosotros mismos.

Leído en “Literatura del siglo XX y cristianismo” de Charles Moeller en el capítulo IV, dedicado a Françoise Sagan, del tomo III que lleva por título “La esperanza humana”. Me he tomado la libertad de sustituir los nombres de los protagonistas y de sus compañeros por la juventud de Occidente y Europa por Occidente.

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