17 de octubre de 2010

Tomás Alfaro Drake

Mi entrada de hoy va a ser un cruce de comentarios con una persona que me dejó un comentario a mi entrada "Cuando la ciencia deja de ser ciencia". Ese comentario y mi respuesta, puede verse en el bloque de comentarios de esa entrada, pero para mayor facilidad la reproduzco aquí.

Anónimo me dice el 10 de octubre: Solamente entrar para dar las gracias. Me ha encantado esta entrada. No soy experta en Física, pero sí científica en otro campo, y esta entrada me ha parecido , además de magníficamente clara, extraordinariamente bella.
!Muchas gracias de alguien, con muchas dudas, pero que no deja de buscar y espera sinceramente encontrar!


A lo que le contesté:

Querida Anónima, soy Tomás:

Soy yo quien te agradece tu comentario y, sobre todo tu lectura de mi blog. ¿Qué es lo que se escribe si no hay nadie que lo lea?

Todos tenemos dudas. Quién no las tenga es que no entiende la grandeza de Dios. La vida es búsqueda. Búsqueda en la que a veces se ven avances y retrocesos, pero que sólo acabará cuando veamos cara a cara a Dios. Es cierto que no es búsqueda en la oscuridad, sino en una especie de niebla resplandeciente que a veces brilla más y a veces menos, a veces se oscurece y a veces se hace cegadora. Sólo muy de cuando en cuando, un rompimiento de gloria entre las nuves nos deja ver rayos de luz. Todos nos movemos en esa niebla más o menos esplendorosa. Todos somos peregrinos. Una maravillosa oración de san Anselmo, que te mandaré encantado si me das tu mail, acaba diciendo, tras reconocer los clarooscuros de la búsqueda mientras añora contemplar el Rostro de Dios, Cristo: Te buscaré deseándote, de desearé buscándote, amándote te encontraré, encontrándote te amaré. Ánimo en tu búsqueda. Es ella la que da sentido a la vida. Buscar sabiendo que encontraremos.

Un fuerte abrazo.

Tomás

Unos días más tarde publicó un comentario al que no di entrada al blog porque es el que transcribo a continuación:

Muchas gracias por la rápida y amable respuesta a mi comentario.

Creo que ha descrito a la perfección cómo me siento caminando en tinieblas y, sobre todo cómo, de vez en cuando, aparecen esos rompimientos de gloria extraordinariamente luminosos, aunque no demasiado duraderos. Algunos de esos rayos de luz, esos huecos entre nubes, se han producido gracias a sus entradas en el blog, y es por eso, que al menos alguna vez, quería darle las gracias y pedirle que no deje de escribir. Aunque no le llegue el retorno siempre, estoy segura de que ayuda a través de su blog a muchas personas. Sobre todo a las que la fe maravillosa que nos inculcaron de niños se nos ha quedado algo estrecha porque hemos madurado, leído, estudiado…y necesitamos por tanto, madurarla, hacerla compatible con nuestros conocimientos técnicos y científicos…con nuestra vida de adultos…aunque tengamos que seguir suplicando a Dios que volvamos a verlo como cuando éramos pequeñitos…Por ello me decidí a dejar el comentario.

Con toda la lluvia de comentarios que se generado en diversos foros en la red en relación con las declaraciones de Hawking, leí una frase que me gustó especialmente y me hizo pensar: “La sed existe porque existe el agua”. Como sabe, uno de los principales argumentos contra la existencia de Dios es el de que nos lo hemos inventado porque lo necesitamos. Reconozco que el argumento tiene fuerza, porque a mí en algunos momentos casi me ha llegado a convencer. Porque realmente NECESITO a Dios. La vida sin un futuro de encuentro con un Dios bueno y justo me parece tan absurda que me da náuseas. NO quiero que estemos abocados al vacío, a la nada…esa idea me repugna. Ansío que exista la Verdad, la Justicia y el Amor con mayúsculas, y no sólo “mi verdad”, “mi justicia” y “mi amor”, que me sirven en algunas ocasiones para manejarme en la tierra, por un tiempo…pero lo relativo no me vale para la eternidad a la que aspiro. Y ese deseo, esa necesidad acuciante es la que me da miedo. ¿Quizás porque la deseo tanto, igual que el resto de la humanidad, me estoy inventando, consciente o inconscientemente, el Agua que la sacia? Pero últimamente, afortunadamente, me inclino a pensar que NO. Quién me ha puesto ese deseo? Por qué tengo, desde chiquitita tan arraigado el sentimiento de justicia…en definitiva por qué tengo esa SED sino es porque existe el AGUA. Concretamente el Agua de los Evangelios, esa que quita para siempre la sed…En definitiva, Jesús, ¡!!!!DIOS!!!!!.

También es verdad, que esos pensamientos triunfantes y tranquilizadores no me duran a veces demasiado, porque minutos más tarde me veo pensando ¿y si el tener una sed insaciable fuese el defecto FATAL de la humanidad? Algo así como el defecto de fábrica de unos pobres humanos, que intentamos parchearlo como podemos con la idea de Dios…Pero, por otra parte, tampoco me cuadra mucho, si somos superiores al resto de la creación por qué deberíamos ser inferiores sólo en esto. Los animales, en este sentido no tienen sed insaciable. Sencillamente no tienen sed de Dios. Y entonces vuelvo otra vez a lo mismo… Si nosotros la tenemos es porque SÍ existe la posibilidad de ser saciada.

Como verá, estoy hecha un verdadero lío, pero como muy bien me decía, creo que entre avances y retrocesos siempre al final el resultado neto es que avanzo un poquito…Por eso no quiero descansar, ni desanimarme, ni dejar de seguir buscando…Ojalá de verdad, lo deseo con todas mis fuerzas, sean ciertas las palabras del Evangelio, y el que busca…ENCUENTRA.

Por supuesto, estaría encantada, si es tan amable, de que me enviase la oración de San Anselmo. Me ha parecido precioso ese fragmento. En los momentos en los que intento rezar, pero no me sale porque me parece que estoy sólo hablando conmigo misma, como una tonta, repetir esas bonitas palabras me puede ayudar.

De nuevo, muchísimas gracias por sus palabras y su valioso tiempo

xxx (omito el nombre para mantener el anonimato, así como el mail que me adjuntaba).


Naturalmente, le respondí, enviándole, no sólo la oración de san Anselmo que le había prometido, sino el relato autobiográfico del largo proceso desde la fe perdida a la fe recuperada de Sheldon Vanauken, un escritor americano. Se lo envié porque en él hay argumentos muy lúcidos acerca de esa peregrina idea que los ateos militantes esgrimen de que el hombre se ha inventado a Dios porque lo necesita. Este relato lo publicaré en varias entregas próximamente en este blog. Reproduzco ahora la oración de san Anselmo que le envié:


Oración de san Anselmo en añoranza y búsqueda del Rostro de Dios:

Deja por un momento tus preocupaciones habituales, hombre insignificante; entra por un instante dentro de ti mismo, alejándote del tumulto de tus pensamientos confusos y las preocupaciones inquietantes que te oprimen. Descansa en Dios por un momento, descansa sólo un instante en Él.

Entra en lo más profundo de tu alma; aleja de ti todo, excepto a Dios y lo que te pueda ayudar a encontrarlo. Cierra la puerta de tu habitación, y búscalo en el silencio. Di a Dios con todas tus fuerzas, díselo al Señor: "Busco tu rostro. Tu rostro busco. Señor".

Y ahora. Señor y Dios mío, enséñame cómo y en dónde tengo que buscarte, en dónde y cómo te alcanzaré.

Si no estas en mí. Señor, si estas ausente, ¿en dónde te encontraré? Si estás en todas partes, ¿por qué no te haces aquí presente? Es cierto que habitas en una luz inaccesible, pero ¿en dónde está esa luz inaccesible? ¿Cómo me acercaré a ella? ¿Quién me guiará y me introducirá en esa luz para que en ella te contemple? ¿En qué huellas, en qué signos te reconoceré? Nunca te vi. Señor y Dios mío, no conozco tu Rostro.

Dios Altísimo, ¿qué hará este desterrado Iejos de Ti? ¿Qué hará este servidor, sediento de tu amor, que vaga lejos de Ti? Desea verte, y tu Rostro está muy distante de él. Desea reunirse contigo, y tu morada es inaccesible. Arde en deseos de encontrarte, e ignora dónde moras. No suspira, sino por ti y nunca vio tu Rostro.

Señor, Tú eres mi Dios. Tú eres mi Señor, pero no te conozco. Tú me creaste y me redimiste. Tú me diste cuanto tengo, pero aún no te conozco. Fui creado para verte y aún no pude alcanzar el fin para el que fui creado.

Y Tú, Señor, ¿hasta cuándo nos olvidarás, hasta cuándo esconderás tu Rostro? ¿Cuándo mirarás hacia nosotros? ¿Cuándo nos escucharás? ¿Cuándo iluminarás nuestros ojos y nos mostrarás tu Rostro? ¿Cuándo responderás a nuestros deseos?

Señor, escúchanos, ilumínanos, revélate a nosotros. Atiende a nuestros deseos y seremos felices.
Sin ti, todo es fastidio y tristeza. Compadécete de nuestros trabajos y de los esfuerzos que hacemos para llegar a Ti, ya que sin Ti nada podemos.

Enséñame a buscarte, muéstrame tu Rostro, porque si Tú no me lo enseñas no te podré encontrar. No te podré encontrar si Tú no te haces presente. Te buscaré deseándote, te desearé buscándote. Amándote te encontraré. Encontrándote, te amaré. Amén.

San Anselmo. (basado en el Salmo 26)

Por supuesto, estoy enormemente agradecido a la apertura y sinceridad de esta seguidora anónima de mi blog. Su comentario me da ánimo para no cejar en las estradas de mi blog. Este agradecimiento será también oración.

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