3 de abril de 2011

Encontrarás dragones

Hace más o menos una semana fui al preestreno de la película “Encontrarás dragones”. Iba, debo decirlo, con un cierto escepticismo. Me explico. Mis noticias eran que el tema de la película era la vida de san Josemaría Escrivá de Balaguer. San Josemaría es un santo canonizado por la Iglesia católica y, como tal, merece mi veneración y mi respeto. Además me parece magnífica su visión de la santificación por el trabajo cotidiano y el Opus Dei me parece una congregación (sé que canónicamente no es una congregación, pero lo digo así coloquialmente) admirable. Pero, ser humano que soy, tengo mis preferencias de santos y unos me mueven y atraen más que otros. Espero no molestar a nadie del Opus Dei que lea estas líneas si digo que san Josemaría no es de los que más me atraen. Esperaba, además, una película apologética sobre su persona. Debo decir que me equivoqué de medio a medio. La película se centra en un periodo de la vida de José María Escrivá, el de la guerra civil española. Es un flash back planteado como los recuerdos de un compañero suyo de colegio, en su Barbastro natal, con el que la vida hace que se produzcan penosos desencuentros. Es un personaje de ficción, ideado por el director y guionista Roland Joffé, el director de la película de “La misión”.

La película se desarrolla con el telón de fondo de la guerra civil española, presentada con realismo, mostrando claramente la situación de anarquía de Madrid, dominada por bandas de milicianos que campan por sus respetos sembrando el terror con una justicia popular terrible. Aparece también el asesinato de un sacerdote. Pero, a pesar de presentar estas cosas –que, por otro lado son verdades innegables– debo decir que no cae en el maniqueísmo de presentar al bando republicano como los “malos” y a los “nacionales” como los buenos. Y si cae algo en ese maniqueísmo, lo hace mucho menos de lo que lo hacen, en sentido contrario, las películas típicas del cine español sobre la guerra civil, ajenas a la realidad y con buenos buenísimos y malos malísimos.

En ese marco, se nos presenta a un José María Escrivá de Balaguer, primero como un niño sensible, después como un joven decidido y, más adelante, como un joven sacerdote valiente y muy avanzado espiritualmente para su época. A través de la figura de este joven sacerdote, y de otros personajes, la película rebosa de humanidad y de virtudes como el perdón y la misericordia en medio de la violencia. Un joven sacerdote que experimenta el terrible silencio de Dios ante las preguntas lacerantes que esa violencia sin sentido suscita en él. Pero un sacerdote que, en los momentos más duros de ese silencio sabe buscar a ese Dios silencioso, que parece sordo a los sufrimientos de los hombres, en la oración pobre, humilde y confiada. Y Dios siempre da signos elocuentes que hablan a través de su silencio a quien pregunta queriendo con toda su alma ser respondido y hace el silencio en esa alma anhelante para poder escuchar. Alguno de esos signos de respuesta es especialmente conmovedor.

Nos presenta, en definitiva, a un ser humano de carne y hueso, que duda en medio del claroscuro de la fe, sin que esa duda le haga dejar de confiar; que no sabe qué camino seguir en algunas ocasiones y que teme haberse equivocado; que busca esperando encontrar. Pero que también, en medio de esas dudas tiene profundas certezas que defiende con entusiasmo y de las que hace vida. En fin como cualquier ser humano con inteligencia y corazón. Un ser humano, eso sí, que busca la santidad por su camino, sabiendo que la ésta es una llamada universal para todo ser humano, cada uno por su vía hacia Dios, de quien viene toda Santidad.

En la película hay dos personajes femeninos, muy secundarios, que no diré por no desvelar nada, que son una verdadera lección de humanidad. Son como dos brillantes engastados en el mundo. Lo que Charles Moeller llama “ángeles de misericordia”.

En cuanto a la acción, la película no decae en ningún momento y siempre mantiene una tensión que, sin ser trepidante, hace que se te haga corta.

Quizá el personaje menos creíble sea el amigo inventado de Escrivá de Balaguer, que está un poco traído por los pelos, pero que es necesario, tanto para mantener la tensión de la historia como para dar pie a la reconciliación y el perdón. También hay alguna situación cuyo desenlace es muy inverosímil.

Hay un tipo de película, que a mí me gusta, que me mueve a la compasión por el patético género humano, capaz de las más grandes cosas, del más deslumbrante heroísmo, y de las más sórdidas maldades; empeñado, a veces, en negarse la felicidad a sí mismo y al mundo. Son los dragones que todos llevamos dentro los que nos hacen ser así. Cuando veo una película así, la oración por el hombre, por todos los hombres, por mí mismo, me brota del alma como un manantial y me hace mucho bien, porque me ayuda a enfrentarme con mis dragones internos. Yo les llamo a esos dragones, mis Gollums, por el personaje de “El señor de los anillos”. Todos tenemos dentro uno o varios Gollums que sólo necesitan que les pongan delante el anillo adecuado, y son muchos, para que le aparezca en el alma, aunque lo disimule, un semblante como el de Bilbo, cuando estando disfrutando de la paz de Rivendall, Frodo le enseña el anillo. ¿Recordáis esa escena? Conviene verla. Pero, también tenemos todos dentro un Sam. Un Sam inmune a los anillos y que sabe decirle a Frodo en los momentos de desaliento:

Frodo: No puedo hacer esto Sam.
Sam: Lo sé. Ha sido un error. No deberíamos no haber llegado hasta aquí. Pero henos aquí. Igual que en las grandes historias señor Frodo, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros, esas de las que no quieres saber el final porque, ¿cómo van a acabar bien?, ¿cómo volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad como sufrió? Pero al final, todo es pasajero. Como esta sombra. Incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día. Y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón. Porque tienen mucho sentido. Aún cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Pero creo señor Frodo que ya lo entiendo. Ahora lo entiendo. Los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran. Pero no lo hacen. Siguen adelante porque todos luchan por algo.
Frodo: ¿Por que luchas tú Sam?
Sam: Para que el bien reine en este mundo señor Frodo, se puede luchar por eso.

La santidad estriba en pedirle a Dios que su gracia ate en nosotros a los Gollums y libere a nuestro pequeño Sam, que entiende esas historias que llenan el corazón, precisamente por ser pequeño. Esto queda patente en “Encontrarás dragones”.

En definitiva, salí del cine con un excelente sabor de boca y, creo, un poco mejor persona de lo que entré. Solo un poco. Pero eso es mucho. Y san Josemaría tuvo que ver con ello. Por lo tanto, le estoy muy agradecido y le subo muchos puestos en mi escalafón particular de santos.

Evidentemente, os recomiendo ir a verla, a ver si os pasa lo mismo que a mí.

4 comentarios:

Victoria dijo...

Anoche vi la película. Me ha encantado leer esta entrada hoy porque 1º Tampoco estaba S José María entre mis santos "preferidos". Es más, diría que es de los que me caían un pelín antipáticos.
2º Me encantó la película. Sentí los mismo que describe magníficamente en el comentario de la misma. Y también ha mejorado notablemente mi consideración hacia la figura del santo.
3º A mis acompañantes no les gustó la peli, por diversos motivos, y como a mí me encantó, me ha gustado leer que no soy una "rara" por haber experimentado viéndola lo que usted describe.
Muchas gracias, Victoria

Anónimo dijo...

Hola Victoria, soy Tomás:

Me alegro que te gustase. También yo he encontrado personas que no les ha gustado. A algunas por motivos del guión, a otras por motivos diversos, pero también a algunas por sus prejuicios. El saber pasar por encima de nuestros prejuicios es, a mi modo de ver, un sintoma de juventud madira, se tenga la edad que se tenga. Las personas que se atascan en sus prejuicios sin ser capaces de salir de ellos, están como esclerotizadas. Lo siento por ellos.

Insisto, una parte de las personas que conozco y que no les ha gustado ha sido por motivos rezonables, no por prejuicios, lo que digo no va por ellos.

Un abrazo.

Tomás

Anónimo dijo...

Hola, Tomás.
¡qué alegria leer estas impresiones tuyas! Veo que has captado perfectamente lo que es el Opus Dei; porque es eso, sencillo, ordinario, el día a día en la presencia del Señor; ni más ni menos.
Un abrazo
Sagrario

Anónimo dijo...

Hola Sagrario, soy Tomás:

Me alegro que te haya alegrado leer mis impresiones de la película. Bienvenida al Blog.

Un abrazo.

Tomás