19 de mayo de 2013

Sobre la clonación humana

Tomás Alfaro Drake


Este jueves pasado, 16 de Mayo, ha aparecido en el periódico la noticia de que, por fin, se ha llevado a cabo la primera clonación humana similar a la que “creó” a la oveja Dolly. En “El Mundo”, periódico en el que la he leído, hay un recuadro en el que se califica a esta clonación como “Un ‘hito’ que llega una década tarde”.

Creo que esta noticia y el recuadro, requieren una explicación. Desde que en 1997 el Dr. Ian Wilmut clonase a la oveja Dolly, no se ha parado de tratar hacer algo similar con seres humanos. Básicamente el método para crear a Dolly consistía en la sustitución del núcleo de un óvulo de oveja, por el núcleo de una célula normal. El óvulo es una célula muy especial. Tiene la facultad de reproducirse hasta generar un organismo completo. Pero el problema estriba en que sólo tiene la mitad de cromosomas de una célula normal. Necesita ser fecundado por un espermatozoide, que también tiene la mitad de cromosomas, para, una vez completa, formar un embrión y poderse desarrollar hasta formar un organismo completo. Ahora bien, como los óvulos solo los producen las hembras y los espermatozoides los machos de cada especie, y no hay dos organismos que tengan una carga genética igual, el organismo resultante tenía que ser distinto de los de ambos progenitores, al tener la mitad de la carga genética de cada uno de ellos.

Pero el Dr. Wilmut solucionó el problema. Tomó un óvulo de oveja y, tras quitarle el núcleo con la mitad de los cromosomas, le implantó el núcleo de una célula normal, convirtiéndolo así en un embrión capaz de reproducir un organismo completo. Esta célula normal podía provenir de un individuo distinto del que se sacó el óvulo. Tanto de una oveja como de un carnero. Por tanto la oveja resultante podría ser tanto macho como hembra. A un óvulo de oveja pudo haberle insertado el núcleo de una célula normal de un carnero y haber producido el carnero Puppet en vez de la oveja Dolly.

Cuando se llevó a cabo este experimento, yo lo recuerdo perfectamente, mucha gente empezó a soñar con la creación de un ser humano igual a otro previamente existente. Se expusieron toda clase de razones por las que esto podría ser bueno, pero pronto fue evidente para casi todo el mundo que semejante clonación, llamada reproductiva, no era éticamente justificable. No obstante, quedaba la llamada clonación terapéutica. Con ésta, no se trataba de generar un organismo completo, sino de crear un embrión idéntico al organismo del que proviniese el núcleo y, de este embrión, en alguna fase de su desarrollo, poder sacar células madre embrionarias con las que regenerar tejidos dañados o enfermos del organismo del que procedía el núcleo. Esto le parecía a mucha gente algo benéfico para la humanidad. Y realmente lo sería si no fuese porque a otras muchas personas creen que un embrión humano, se haya producido como se haya producido, es un ser humano que tiene una vida que es suya y que nadie tiene derecho a destruir. Y esta convicción no es una convicción religiosa, aunque las religiones que defienden esta postura, meramente humana, estén en contra de esa destrucción de embriones.

Naturalmente, que había, ya entonces, alternativas a esta producción de embriones por clonación. Se pueden utilizar células madre adultas en vez de células madre embrionarias para fines terapéuticos. Todos tenemos en nuestro organismo, en una proporción muy pequeña, células con capacidad de reproducir tejidos, aunque no un organismo completo. Estas células no son embriones y no hay, por tanto, ningún reparo ético en utilizarlas. Parece ser que son menos eficaces en su multiplicación que las embrionarias pero, por otra parte, las células madre embrionarias son tan eficaces multiplicándose que es fácil que degeneren en cancerígenas. Sea como fuere, la inmensa mayoría de los tratamientos con células madre se ha llevado a cabo con células adultas no embrionarias, por lo que el conocimiento empírico de su utilización es mucho mayor.

Pero ninguno de estos reparos éticos y alternativas ha hecho que se pare la investigación tendente a producir embriones humanos por clonación. Desde que el Dr. Wilmut produjese a Dolly, muchos científicos intentaron hacer lo mismo con óvulos y células humanos. Pero hay en los primates unas enzimas que impedían que se llegue a desarrollar un embrión siguiendo la técnica del Dr. Wilmut. En el año 2004, el científico coreano Woo Sung Huang engañó a toda la comunidad científica con un informe falso en el que decía que había conseguido la clonación humana. Esto hizo que la mayoría de los investigadores abandonasen el proyecto. Sólo el equipo del Dr. Shoukhrat Mitalipov continuó en el empeño. En el año 2007, consiguió la clonación de primates y entonces pareció que la clonación de humanos estaba a la vuelta de la esquina.

Pero en el mismo 2007, el Dr. Shinya Yamanaka, consiguió una auténtica proeza; la reprogramación inducida de células adultas. Hablando en plata, el Dr. Yamanaka consiguió convertir una célula adulta, sin la utilización de ningún, óvulo en una célula madre adulta no embrionaria. Y el coste y la rapidez del proceso de reprogramación para producir células madre, es mucho más fácil y barato que producir un embrión por el sistema iniciado por Wilmut. Y, por supuesto, este procedimiento no presenta ningún problema ético. Esto debió ser suficiente para paralizar el proyecto de clonar seres humanos que, según se decía, era por motivos terapéuticos. Si ya existía un método más eficiente, ¿para qué continuar? A menos que el objetivo sea, realmente, la clonación con fines reproductivos, de lo que se había dejado de hablar para vestir la investigación con el traje respetable del fin terapéutico.

Sin embargo, a pesar de que su impacto científico era mucho mayor, el descubrimiento de Yamanaka tuvo un impacto mediático infinitamente menor que la creación de Dolly. Prácticamente pasó desapercibido fuera de la comunidad científica. Cosas de los medios. No obstante, el Dr. Yamanaka obtuvo reconocimientos mucho más importante para un científico que los titulares de los periódicos. En el año 2011 obtuvo por su hallazgo el premio “Fronteras del Conocimiento” de la Fundación BBVA y, un año más tarde, el premio Nobel de medicina. El Dr. Wilmut tuvo su premio mediático, pero no el Nobel. (Fronteras del conocimiento no existía en 1997)

Y ahora, en el 2013, seis años después del descubrimiento del Dr. Yamanaka, el Dr. Mitalipov, consigue la clonación humana. Evidentemente, llega tarde. Y me pregunto: ¿si desde 2007 ya se sabía que iba a llegar tarde, por qué no se empleó el dinero de esa investigación en cosas que pudieran ser realmente pioneras para curar enfermedades? Para mí la respuesta es clara. Porque lo que se quiere es la clonación humana con fines reproductivos, aunque esto no sea útil para nada más que para el afán humano de jugar a ser Dios “creando” vida humana... o para cosas todavía peores. Además, tras la producción de Dolly, se descubrió algo bastante frustrante para la clonación reproductiva. Dolly se hizo vieja a un ritmo muchísismo mayor que las ovejas de su edad. Me explico. Las células tienen fecha de caducidad. En el extremo de cada cromosoma, hay unos apéndices, llamados telómeros, que se acortan en cada división celular. Y, cuando se han acortado demasiado, la célula muere. De esta forma, si a mí se me ocurriese mañana la infausta idea de clonarme para tener un “hijo” como yo, nacería con un organismo de 62 años. ¡Pobre hijo mío, viejo de nacimiento! Claro que ello no sería problema si para lo que quisiera el clon fuese para que se hiciese un muchachito y cuando fuese un viejo de 10 años y yo uno de 72, pudiese ser útil para arreglarme el hígado si me empieza a fallar. O el riñón si fuese este órgano el que me diese problemas. Porque no tendría importancia que fuese tan viejo como yo. Naturalmente, habría que tener una especie de “prisión” donde tener a ese nuevo ganado de esclavos. Sería caro, desde luego, pero, si soy suficientemente rico… Sugiero que, para ver lo bonito que podría llegar a ser eso, se vea la película “La isla” de Ewan McGregor y Scarlett Johansson. Es una entretenida película de ciencia ficción. Pero si se llega a la clonación reproductiva será de ciencia ficción sólo en la manera de obtener los organismos de repuesto. Y, entonces, por la lección moral que da, será una película de ética elemental.