17 de julio de 2013

Frases 17-VII-2013

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

La Iglesia es sin duda inmutable, como todo lo que viene del cielo. No hay duda de que también innova, como conviene al paso del tiempo, ese gran innovador. Pero ocurre que lo que cambia en la Iglesia no comparte la esencia de lo que nunca cambia. Su parte ósea queda inalterada, mientras que los cambios se quedan en la superficie. Sus modificaciones se realizan solamente a flor de verdad.


Frase citada por Jean Guitton en su libro “Un siglo, una vida” como anotada en el cuaderno malva de su madre y atribuida al P. Didon, un dominico del siglo XIX adelantado a su época.

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