5 de diciembre de 2013

Frases 5-XII-2013

Prometo que no he forzado los acontecimientos. En mi serie de frases hoy le tocaba el turno a esta. Pero justo acabo de terminar de escribir unas líneas sobre mis impresiones de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium que acaba de publicar el Papa y cuya lectura recomiendo (si alguien quiere que le mande un extracto de la misma que me lo diga en un comentario con su mail, que no publicaré, y se lo envío). Me parece que la frase de hoy, que resulta ser mía, y la Exhortación tienen una estrecha relación. ¿Casualidad? Alguien dijo que la palabra casualidad era una blasfemia. Nada pasa por casualidad.

Ahí va la frase que toca y mis impresiones (que no el extracto, mucho más largo que no publicaré, sino que enviaré a quien me lo pida)

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

Dos seres humanos. Uno no ve sino un poco más allá de sus narices. El otro ve hasta más allá del horizonte. Para el miope, las acciones del otro son absurdas, inexplicables. Para el de vista de lince las acciones del primero son ridículas, patéticas. Así son el hombre y Dios. Pero Dios ama al hombre en su patética ridiculez. Y le quiere indicar el camino. Y el hombre, si percibe ese amor, confía en el absurdo comportamiento y los inexplicables caminos de Dios y se abandona a su misterio sin entender. Si lo entendiese, no sería Dios, sería otro miope guiándole. Ésta es la única esperanza de salvación de la humanidad.

Tomás Alfaro.


Mis impresiones sobre la Exhortación Evangelii Gaudium:

Me ha resultado muy difícil decidir cómo orientar este comentario sobre la Exhortación Apostólica Evangelium Gaudium. Es un texto que parte de un pequeño conjunto de ideas luminosas que se van desarrollando orgánicamente con tal profundidad, exhaustividad y prolijidad, que su lectura llega a hacerse densa. Y ello, a pesar de que el lenguaje es absolutamente llano, libre de toda terminología filosófica, lleno de expresiones coloquiales y de imágenes brillantes. Por eso, he renunciado, en un primer intento, a desgranar los temas que toca, siguiendo su desarrollo orgánico. Pero, no obstante, aquellos que quieran seguir este desarrollo de una manera más cercana pueden hacerlo en el apéndice que encontrará al final.

Lo que voy a hacer es intentar –cosa que tampoco es fácil– exponer lo más brevemente posible esas ideas luminosas que constituyen su germen, sin poder ni querer separarlas de mis impresiones personales. El primer párrafo, cuyas primeras palabras dan título a la Exhortación, es su programa básico:

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por él, son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior y del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos, para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar los caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años”.

Creo que la exhortación que hace a los católicos para la renovación de la Iglesia tiene que ver con el reproche que hace Cristo en el Apocalipsis a la iglesia de Éfeso, cuando le dice: “Tienes entereza y has sufrido por mi nombre sin claudicar. Pero tengo contra ti que has dejado enfriar tu amor primero” (Apocalipsis 2, 3-4) y que la cura que propone es el oráculo del Señor a Jerusalén expresado por  el profeta Oseas: “Pero yo la voy a seducir; la llevaré al desierto y allí hablaré a su corazón y ella me responderá, como en los días de su juventud” (Oseas 2, 16-17).

Este Papa ha indicado esos caminos desde antes de ser elegido como tal. Me explico: en la reunión de los cardenales previa a la entrada al cónclave, el entonces cardenal Bergoglio dijo unas palabras que, posiblemente, le valieron su elección y que son, creo, las líneas que están marcando su pontificado y que inspiran esta Exhortación. Al día siguiente, todavía fuera del cónclave por petición del cardenal de La Habana, el Papa puso estas palabras por escrito en un papelito. Decía:

- Se hizo referencia a la evangelización. Es la razón de ser de la Iglesia.
- "La dulce y confortadora alegría de evangelizar" (Pablo VI).
- Es el mismo Jesucristo quien, desde dentro, nos impulsa.

1.- Evangelizar supone celo apostólico. Evangelizar supone en la Iglesia la parresía[1] de salir de sí misma. La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales[2]: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia[3] religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria.
2.- Cuando la Iglesia no sale de sí misma para evangelizar deviene autorreferencial y entonces se enferma (cfr. La mujer encorvada sobre sí misma del Evangelio). Los males que, a lo largo del tiempo, se dan en las instituciones eclesiales tienen raíz de autorreferencialidad, una suerte de narcisismo teológico. En el Apocalipsis Jesús dice que está a la puerta y llama. Evidentemente el texto se refiere a que golpea desde fuera la puerta para entrar... Pero pienso en las veces en que Jesús golpea desde dentro para que le dejemos salir. La Iglesia autorreferencial pretende a Jesucristo dentro de sí y no lo deja salir.
3.- La Iglesia, cuando es autorreferencial, sin darse cuenta, cree que tiene luz propia; deja de ser el mysterium lunae y da lugar a ese mal tan grave que es la mundanidad espiritual (Según De Lubac, el peor mal que puede sobrevenir a la Iglesia). Ese vivir para darse gloria los unos a otros. Simplificando; hay dos imágenes de Iglesia: la Iglesia evangelizadora que sale de sí; la Dei Verbum religiose audiens et fidenter proclamans (“La que escucha religiosamente la Palabra de Dios y la proclama con confianza”. Traducción del transcriptor, probablemente deficiente), o la Iglesia mundana que vive en sí, de sí, para sí. Esto debe dar luz a los posibles cambios y reformas que haya que hacer para la salvación de las almas.
4.- Pensando en el próximo Papa: un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo y desde la adoración a Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser la madre fecunda que vive de "la dulce y confortadora alegría de la evangelizar".

Parece evidente que cuando los cardenales eligieron a Mons. Bergoglio como Papa, sabían a quién estaban eligiendo.

Las 100 páginas de la Exhortación son un desarrollo de este programa, como lo son todas homilías, catequesis, audiencias y palabras dichas en cualquier circunstancia por este Papa. Creo que sabe que tendrá que repetir mucho y de muy diversas formas estas ideas para romper la coraza de siglos que ha atenazado en la burocracia a una parte de la compleja sociedad humano-trascendente-divina que es la Iglesia, liberando más aún la parte radiante de la Iglesia, que siempre ha sabido romper los moldes caducos.

Hay, a mi modo de ver, dos polos en la Exhortación. El primero intenta hacer ver que tenemos el tesoro más valiosos que se puede ofrecer a la humanidad, que el mensaje que debemos transmitir llena de sentido la vida. En definitiva que el prado del cristianismo es verde y jugoso y que quien venga a él, encontrará verdes praderas en las que recostarse y manantiales de agua viva en los que calmar su sed. El segundo intenta hacer que los cristianos cambiemos el dedo en alto anatemizante y señalador de pecados y de errores por la mano que acaricia, allí donde hay dolor y desorientación por causa del pecado. Que da primacía a la gracia sobre la sentencia. Por supuesto, sin que esto quiera decir que nada es pecado y que todo vale.

Todo parte del encuentro con Cristo, de su salvación gratuita, por pura misericordia, de la belleza de ese encuentro y del fuego que nace en el corazón tras él. La misericordia, aunque no aparece explícitamente en el profético texto reseñado, llena por doquier toda la catequesis y, también esta Exhortación. Sólo con un corazón inflamado por ese amor de Dios, por esa misericordia y por esa belleza, podrá hacerse una evangelización creíble.

La lectura de la Exhortación me ha hecho pensar que en la evangelización hay que seguir el consejo de Antoine de Saint Exupéry cuando dice: “Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo, sino que primero has de evocar en los hombres el anhelo del mar libre y ancho”. Y para buscar despertar ese anhelo hay que ver cómo Dios nos ha buscado a algunos hombres, “primereando” en el amor –en palabra acuñada por este Papa– para que ellos “primereen” también en el amor al resto de la humanidad, imitando la bondad de Dios. 

Después me ha sugerido ver proceso de evangelización como si fuese la constitución de una inmensa orquesta y coro, formados por toda la humanidad, para interpretar una grandiosa sinfonía. Sólo con la idea de la belleza final de toda la humanidad interpretando esa sinfonía es posible movilizar con alegría todos los recursos de evangelización y hacer que surta efecto. Una sinfonía coral con un himno de alegría hecho de un poema. Y esa sinfonía existe. La ha escrito Dios. Y ese poema existe, también escrito por Dios. Son su plan de amor y salvación para toda la humanidad, narrados en los Evangelios y en la Biblia.

Y entonces se me ha venido a la cabeza una imagen. El Papa recomienda imágenes poderosas como forma de evangelización. La imagen es la de la coral del último movimiento de la 9ª Sinfonía de Ludwig van Beethoven con la Oda a la alegría de Friedrich von Schiller. La evangelización llevada de la mano de la belleza, produce una alegría que lleva al perdón de cualquier miseria humana y a la superación de las más duras difíciles circunstancias humanas. No me resisto a poner dos links con sendos vídeos que reproducen estos sentimientos de perdón, alegría, superación de toda circunstancia adversa, ambos solapados para completar o casi el cuarto movimiento de esta sinfonía. Recomiendo verlos ambos en el orden en que aparecen.

Transcribo antes los últimos versos de esta Oda.

¡Alegres! ¡Alegres!

Alegres, como vuelan sus soles
a través de la llanura espléndida del cielo,
¡recorred, hermanos, vuestro camino;
alegres, como un héroe hacia su victoria!

¡Abrazáos, millones de seres!
¡Este beso al mundo entero!
Hermanos, sobre la bóveda estrellada
tiene que habitar un Buen Padre.
¿Os postraréis, millones de seres?
¿Presientes al Creador, mundo?
¡Búscale por encima de la bóveda estrellada!
Sobre las estrellas debe habitar”.

Sin embargo, este final está incompleto. Falta Cristo. Pero en el poema de amor y salvación de Dios está Cristo como figura central. Con Él cobran sentido dos de los versos del poema de Schiller.

“¡recorred, hermanos, vuestro camino;
alegres, como un héroe hacia su victoria!”

La victoria es de Cristo. Sólo gracias a Él podemos recorrer el camino de evangelización, alegres, seguros de la victoria, héroes de la debilidad con su fortaleza. Ahí van los dos videos.



Creo que el Papa Francisco sueña –y me hace soñar a mí– con que los cristianos sepamos transmitir la belleza de la Sinfonía de Dios y de su Oda a la Alegría a todos los seres humanos, sepamos evocar en los hombres el anhelo del amor de Dios y de su salvación y así, un día, toda la humanidad pueda interpretar la grandiosa sinfonía desde cada rincón del mundo, juntos el cielo y la tierra, desde todo el espacio y el tiempo, desde la eternidad ya presente en el tiempo.

Pido perdón por esta pérdida de papeles que poco tiene que ver con un resumen de la Exhortación. Intentaré ahora ser más fiel a la letra de ésta y hacer una breve síntesis de la misma. Sólo entresacaré algunos de sus párrafos, los que me han parecido más significativos, con un mínimo de comentarios míos. Sé que no podré competir con otros resúmenes más precisos, pero, ¿quién quiere competir?
  
Si tuviera que resumir en una frase esta Exhortación, diría:

Si no evangelizas con la fuerza, la alegría y la luz de saberte incondicionalmente amado por Dios, gratuitamente salvado por Jesucristo y penetrantemente iluminado por el Espíritu Santo, no conseguirás mucho.


[1] La palabra “Parresía” también proviene del griego, y significa libertad para hablar, valentía, sinceridad, alegría, confianza. Es una palabra muy significativa en los Hechos de los apóstoles y en las Cartas de San Pablo, haciendo referencia a la valentía de San Pablo y de los primeros cristianos para anunciar el Evangelio que habían recibido.
[2] Los subrayados son del cardenal Bergoglio.
[3] Acción y efecto de prescindir.