5 de marzo de 2014

Frases 5-III-2014

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

La gracia es el ofrecimiento del TÚ absoluto, la llamada que resuena constantemente a través de la vida, de la condición humana. La misión de la libertad es abrirse a la gracia como, en el amor humano, abandonarse al encanto. El gesto por el cual, en el plano del “misterio” humano, “invocamos” las cosas y los seres, en vez de rehusarlos so pretexto de su nada. Ese gesto de invocación que hacemos al acoger al huésped es, en el plano religioso, la oración. [...]. Si Dios no nos concede lo que le pedimos en la oración, no nos turbamos porque, si en el plano del amor humano, la persona amada puede traicionarnos, [...], tratándose de Dios esto es imposible. [...]. Ningún amor humano puede hacer realidad totalmente este anhelo, que realmente, se dirige a Dios: espero en Dios para ti; he ahí el verdadero sentido del “espero para ti”. Por eso, aunque Dios no nos conceda lo que le pedimos, sabemos que nuestra oración ha sido escuchada; es escuchada siempre. Somos nosotros los que, volviendo a caer en el plano de lo material, no escuchamos a Dios. [...] La invocación es una oración de adoración, es la apertura de un crédito ilimitado, el ofrecimiento del alma amante, que se da y se crea al darse.

Charles Moeller, Literatura del siglo XX y cristianismo. Tomo IV; La esperanza en Dios, nuestro Padre. Capítulo dedicado a Gabriel Marcel.

Añado yo. Qué diferencia entre esta oración y la que a menudo hacemos, en la que convertimos a Dios en una especie de chico de los recados al que le decimos: “¡niño!, tráeme un café!” y nos enfadamos si no nos lo trae al instante y hasta dejamos de creer en él porque no nos obedece.

1 comentario:

Anónimo dijo...

En efecto Tomás, en el Padrenuestro ya rezamos "hágase tu voluntad", quedando sobreentendido, "y no la mía" Lc 22, 42.
Texto muy interesante, la oración de petición, no es para invocar al Dios "paracaidista" que resuelva nuestro problema, es más bien para pedir al E. Santo que actúe en nosotros y nos de la fuerza necesaria para que, de una manera cristiana podamos, con nuestras flacas fuerzas, sobrellevar la situación que nos acosa. Así la entiendo yo.
Abrazos
Juan