8 de junio de 2014

Oración del Papa Francisco en Jerusalén por el Holocausto

El Papa Francisco ha estado hace poco en Tierra Santa. Entre su apretada agenda, figuraba una visita al Memorial del Holocausto en el museo de Yad Vashem en Jerusalén. Allí pronunció un discurso impresionante que transcribo íntegro a continuación:

Quisiera, con mucha humildad, decir que el terrorismo es malo. Es malo en su origen y es malo en sus resultados. Es malo porque nace del odio. Es malo en sus resultados porque no construye, destruye. Que nuestros pueblos comprendan que el camino del terrorismo no ayuda. El camino del terrorismo es fundamentalmente criminal. Rezo por todas esas víctimas, y por todas las víctimas del terrorismo en el mundo, por favor nunca más terrorismo, es una calle sin salida.

* * *
“Adán, ¿dónde estás?” (cf. Gn 3,9). ¿Dónde estás, hombre? ¿Dónde te has metido? En este lugar, memorial de la Shoah, resuena esta pregunta de Dios: “Adán, ¿dónde estás?”. Esta pregunta contiene todo el dolor del Padre que ha perdido a su hijo. El Padre conocía el riesgo de la libertad; sabía que el hijo podría perderse… pero quizás ni siquiera el Padre podía imaginar una caída como ésta, un abismo tan grande. Ese grito: “¿Dónde estás?”, aquí, ante la tragedia inconmensurable del Holocausto, resuena como una voz que se pierde en un abismo sin fondo…

Hombre, ¿quién eres? Ya no te reconozco. ¿Quién eres, hombre? ¿En qué te has convertido? ¿Cómo has sido capaz de este horror? ¿Qué te ha hecho caer tan bajo? No ha sido el polvo de la tierra, del que estás hecho. El polvo de la tierra es bueno, obra de mis manos. No ha sido el aliento de vida que soplé en tu nariz. Ese soplo viene de mí; es muy bueno (cf. Gn 2,7). No, este abismo no puede ser sólo obra tuya, de tus manos, de tu corazón… ¿Quién te ha corrompido? ¿Quién te ha desfigurado? ¿Quién te ha contagiado la presunción de apropiarte del bien y del mal? ¿Quién te ha convencido de que eres dios? No sólo has torturado y asesinado a tus hermanos, sino que te los has ofrecido en sacrificio a ti mismo, porque te has erigido en dios. Hoy volvemos a escuchar aquí la voz de Dios: “Adán, ¿dónde estás?”.

De la tierra se levanta un tímido gemido: Ten piedad de nosotros, Señor. A ti, Señor Dios nuestro, la justicia; nosotros llevamos la deshonra en el rostro, la vergüenza (cf. Ba 1,15). Se nos ha venido encima un mal como jamás sucedió bajo el cielo (cf. Ba 2,2). Señor, escucha nuestra oración, escucha nuestra súplica, sálvanos por tu misericordia. Sálvanos de esta monstruosidad. Señor omnipotente, un alma afligida clama a ti. Escucha, Señor, ten piedad. Hemos pecado contra ti. Tú reinas por siempre (cf. Ba 3,1-2). Acuérdate de nosotros en tu misericordia. Danos la gracia de avergonzarnos de lo que, como hombres, hemos sido capaces de hacer, de avergonzarnos de esta máxima idolatría, de haber despreciado y destruido nuestra carne, esa carne que tú modelaste del barro, que tú vivificaste con tu aliento de vida.

¡Nunca más, Señor, nunca más!

“Adán, ¿dónde estás?”. Aquí estoy, Señor, con la vergüenza de lo que el hombre, creado a tu imagen y semejanza, ha sido capaz de hacer. Acuérdate de nosotros en tu misericordia.

Hace un par de días, un amigo al que mandé este discurso me mandó una interesantísima reflexión que transcribo a continuación:

Hola Tomás: Quería compartir contigo, al hilo del discurso del Papa en el Memorial del holocausto de Yad Vashem, la reflexión que nació inmediatamente con la lectura del texto en aquellos días.

[…] estoy en Viena y con esto quiero decir que he vivido en un ambiente que sufrió el Nazionalsocialismo y donde los judíos fueron duramente castigados. En ese contexto es donde la pregunta del Papa "¿dónde estás Adán?" me resultaba sencillamente genial.

Te dejo la reflexión que escribí a mis amigos por whatsapp hace unos días:

***

"No sé si habéis leído el discurso de Francisco en el memorial del holocausto... Es muy interesante... Sobre todo porque, desde mi punto de vista, ha dado un giro de 180º al discurso que hasta ahora se había hecho.
Desde la segunda guerra mundial, con las barbaridades del exterminio, se planteó la pregunta Teodicea: "¿Existe Dios? ¿Dónde está Dios?"

Cuando visitas Mauthausen, el campo de concentración cercano a Linz, en Austria, en el video introductorio dicen que todavía se pueden leer en los muros de las celdas de la cárcel del campo frases del tipo: "¡Si Dios existe, me tiene que pedir perdón!" Son frases comunes en los campos de concentración... y la pregunta ¿dónde está Dios? nacía de un modo u otro en quienes han vivido o han conocido de alguna forma el horror de la persecución Nazi.

Sin embargo en esta visita al memorial de la Shoah en Jerusalén, el Papa Francisco ha dado la vuelta a esta pregunta. Un texto hermoso que nos cuestiona a todos: "¿dónde estás Adán? ¿dónde estás hombre?"

Con esta pregunta, el Papa, basándose en el texto del Génesis en el cual Dios sale en busca del hombre tras la caída, redirecciona la responsabilidad del mal que ha cometido el hombre. No es Dios el culpable, no es Dios quien no ha hecho nada por evitar el mal... Es el hombre quien ha traicionado, quien ha desfigurado la imagen según la cual había sido creado.

"¡No te reconozco!" Son las palabras que el Papa pone en boca de Dios Padre cuando ve el mal obrado por el hombre, quien se ha erigido a sí mismo en dios.

El Papa acaba el discurso/reflexión con una oración, pidiendo a Dios la gracia de avergonzarnos por lo que como hombres hemos sido capaces de hacer, avergonzarnos de esa máxima idolatría.

Avergüénzate Adán de tu idolatría, de tu degeneración, del horror y del mal causado a tus hermanos a quienes te has sacrificado a ti mismo, porque te has constituido dios.

Y eso ¿sólo ha ocurrido en la Shoah? Esa idolatría de la cual habla Francisco, ¿es algo exclusivo de los Nazis o es algo que nos atañe también a nosotros? ¿Acaso no intentamos someter a los demás en favor de que cuadren nuestras ideas, nuestros proyectos, a fin de que las cosas sean como según nosotros deben de ser? ¿A cuántas personas sacrificamos con nuestras exigencias? En nuestras relaciones personales ¿a cuántos hemos sometido por nuestra ideología totalitaria?

"¿Dónde estás Adán?

-¡Aquí estoy, Señor, con la vergüenza de lo que el hombre, creado a tu imagen y semejanza, ha sido capaz de hacer!"

Este discurso del Papa es un llamamiento claro a que, avergonzados por mal que hemos causado a otros y a nosotros mismos, seamos hombres de verdad, es decir, hombres que reproduzcan la imagen original con la que habían sido modelados. Hombres reflejo del AMOR. ¡Que el hombre sea hombre!

***

Nada más Tomás...
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Quizá a mi amigo se le ha pasado lo más lacerante de la oración del Papa. En el “Adán, ¿dónde estás?”, el Papa dice que está todo el dolor de un padre que ha perdido a su hijo. Dios, en esa pregunta, llora, por la desgracia de que su hijo amado se haya ido por derroteros espantosos. Cualquier padre que sufra que un hijo haya caído en los tentáculo de la droga sabe de este sufrimiento. Ese es el sufrimiento de Dios, nuestro Padre. ¿Dónde estaba Dios en Auschwitz? A alguien le he leído contestar: “En las filas de los que entraban en la cámara del gas Zyklon B. Era ese niño que lloraba”. Recomiendo a quien se anime que lea mi entrada en este blog del 26 de Octubre del 2008, precisamente con ese título: “¿Dónde estaba Dios en Auschwitz?”

P.D. En su viaje a Tierra Santa el Papa Francisco invitó al Presidente Palestino, Abu Mazen y al Israelí, Shimon Peres a que fuesen a su casa, el Vaticano, para rezar juntos por la paz. Ambos aceptaron, pero yo pense que las agendas de los dos Jefes de Estado y la del propio Papa harían difícil que este encuentro tuviese lugar antes de unos cuantos o bastantes meses y que, tal vez, en ese tiempo, el propósito se enfriase. Cuál no ha sido mi sorpresa al enterarme que ambos Jefes de Estado han ido este Domingo de Pentecostés, menos de quince días después de la invitación, al Vaticano para rezar juntos. Increíble, pero cierto. No puedo dejar de ver el soplo del Espíritu Santo detrás del viento que ha hecho posible este viaje al Vaticano. Y como tengo una confianza inmensa en el poder de la oración, no me cbe duda de que esta oración conjunta dará sus frutos. Tal vez (o tal vez sí) no los que nuestra mente humana pueda esperar o desear, pero, sin duda los frutos que el Señor de la Historia sepa que son los que la Humanidad necesita. Bendito sea Dios Espíritu Santo, que nos ha suscitado este Papa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Saludos Tomás:
Es necesario, cara a los judíos, reformular la famosa pregunta por Francisco, que pronunció como citas, BXVI “¿Dónde estaba Dios en Auschwitz? Puede que si.
A mi sin embargo me cautivó, sin necesidad de preguntar nada a Dios, lo que cuenta Viktor Frankl, en "El Hombre en busca de Sentido", que supongo habrás leído.
Un psiquiatra que sufrió la dureza del Holcausto en sus propias carnes, además de perder allí a toda su familia, que escribe sin un sólo reproche.
Saludos cordiales.
Juan