24 de diciembre de 2014

Los bueyes, Sartre y la Navidad

El Bajísimo

Una Nochebuena, cuando Thomas Hardy era un niño, alguien se refirió a los bueyes del pueblo y le dijo: "Ahora estarán de rodillas". Mucho más tarde, teniendo 75 años, escribió estos versos:

Todavía, si alguien me dijese en Nochebuena
“vamos a ver a los bueyes de rodillas,
dentro de la cabaña solitaria de aquel valle lejano
que solíamos visitar en la infancia”,
iría con él por la oscuridad
esperando encontrármelos así.

¿Qué se puede añadir a estas palabras? Que no es necesario que lo descuelguen y lo bajen de las paredes de las aulas: Él mismo, Altísimo como es, con una grandeza que no puede contener el Universo entero, se abajó más de lo imaginable hace 2000 años, en una fecha que dividió la Historia en dos. Y eso lo saben hasta los bueyes. Desde entonces, ha sido y es.

Texto de José Ramón Ayllón.

***

Extracto de "Barioná, el hijo del trueno" de Jean Paul Sartre. (El que esté interesado en la obra de teatro completa, está editada por la editorial "Voz de Papel".

Escena VI
(Barioná, los tres reyes magos)

Baltasar
¿Estás aquí, Barioná? Sabía que te encontraría.

Barioná
No he venido para adorar al Cristo.

Baltasar
No, has venido para castigarte a ti mismo y quedarte solo al margen de nuestra feliz multitud. Lo mismo harán un día los hombres que esta noche han acudido a su cuna de paja; le traicionarán como te han traicionado a ti. Hoy le cubren con sus regalos y su ternura, pero no hay ni uno solo entre ellos, ni uno, me oyes, que no le abandonase si conociese el porvenir. Porque les decepcionará, Barioná, les decepcionará a todos. Esperan de él que expulse a los romanos, y los romanos no serán expulsados, que haga crecer flores y árboles frutales sobre las rocas, y la roca permanecerá estéril, que ponga fin al sufrimiento humano, y dentro de dos mil años la humanidad sufrirá como lo hace ahora.

Barioná
Eso es lo que les he dicho.

Baltasar
Lo sé. Y por eso te hablo a ti ahora, porque tú estás más cerca del Cristo que todos ellos y tus oídos pueden abrirse para recibir la verdadera buena noticia.

Barioná
¿Y cuál es esa buena noticia?

Baltasar
Escucha: El Cristo sufrirá en la carne porque es hombre. Pero es también Dios y toda su divinidad está más allá del sufrimiento. Y nosotros, los hombres, hechos a la imagen de Dios, estamos también más allá de nuestros sufrimientos en la medida en que nos parecemos a Dios. ¿Ves?, hasta esta noche el hombre tenía los ojos cegados por el sufrimiento como Tobías por el excremento de los pájaros. No veía más allá de él y se tenía por un animal herido y loco de dolor que galopa a través de los bosques para huir de su herida y que lleva su dolor con él a todas partes. Y tú, Barioná, tú eres el hombre de la antigua ley. Has considerado tu dolor con amargura diciéndote: estoy herido de muerte. Y querías tumbarte sobre tu costado y consumir el resto de tu vida en la meditación de la injusticia que se te había hecho. Pero hoy, el Cristo ha venido para redimirnos; ha venido para sufrir y para enseñarnos como hay que tratar al sufrimiento. Porque no hay que rumiarlo, ni poner el honor en sufrir más que los demás, ni tampoco resignarse a él.

El sufrimiento es una cosa completamente natural y corriente y conviene aceptarla como algo que nos fuese debido. Es malsano hablar demasiado de él, aunque sea con uno mismo. Ponte en regla con él lo antes posible; instálalo cálidamente en el hueco de tu corazón, como un perro tumbado junto al hogar. No pienses nada sobre él, sino que está ahí, como esta piedra está en el camino, como la noche está ahí, alrededor de nosotros.

Entonces descubrirás esta verdad que el Cristo ha venido a enseñarte y que tú ya sabías: tú no eres tu sufrimiento. Hagas lo que hagas y lo afrontes como lo afrontes, le sobrepasas infinitamente, porque no puede ser más que lo que tú quieras que sea. Tanto si le arropas con tu cuerpo, como una madre que se acuesta sobre el cuerpo helado de su niño para calentarlo, como si, al contrario, le das la espalda con indiferencia, eres tú quien le da su sentido y le haces ser lo que es. Porque, en sí mismo, no es nada sino materia humana. Y el Cristo ha venido a enseñarte que eres responsable ante ti mismo de tu sufrimiento. Es de la naturaleza de las piedras y de las raíces, de todo aquello que tiene gravidez y que tiende naturalmente hacia abajo. Es él el que te enraíza en la tierra, es por él por el que te aplastas pesadamente sobre el camino y presionas el suelo con la planta d tus pies. Pero tú, que estás más allá de tu propio sufrimiento y que le das forma a tu voluntad, tú eres ligero, Barioná. ¡Ah!, si supieras cuan ligero es el hombre. Y si aceptases tu ración de sufrimiento como el pan de cada día, entonces estarías más allá. Y todo lo que está más allá de tu dote de sufrimiento y más allá de tus preocupaciones, todo eso, te pertenece. Todo. Todo lo que es ligero, es decir, el mundo entero. El mundo y tú mismo, Barioná, porque todo tú eres un don  gratuito a perpetuidad.

Sufres, y no tengo ninguna compasión de tu sufrimiento: ¿por qué debieras no sufrir? Pero tienes alrededor tuyo esta bella noche de tinta y tienes esos cantos en el establo y tienes este frío seco y duro, hermoso, implacable como la virtud. Y todo esto te pertenece. Esta bella noche henchida de tinieblas y de fuegos que la atraviesan como los peces hienden el mar, te está esperando. Te espera al borde del camino, tímida y tiernamente, porque el Cristo ha venido para regalártela. Lánzate hacia el cielo y serás libre –¡oh! criatura superflua entre todas las criaturas superfluas– libre y palpitante, asombrada de existir en pleno corazón de Dios, en el reino de Dios, que está en el Cielo y también en la tierra.

Barioná
¿Es eso lo que el Cristo ha venido a enseñarnos?

Baltasar
Tengo también un mensaje para ti.

Barioná
¿Para mí?

Baltasar
Para ti. Ha venido a decirte: deja nacer a tu hijo. Sufrirá, es verdad. Pero eso no te incumbe. No te compadezcas de sus sufrimientos, no tienes derecho. Sólo él tendrá que tratar con ellos y hará de ellos exactamente lo que quiera, porque es libre. Lo mismo si es cojo, si tiene que ir a la guerra y pierde sus piernas o sus brazos, incluso si la mujer que ama le traiciona siete veces, es libre, libre de regocijarse eternamente de su existencia. Me decías hace un momento que Dios nada puede contra la libertad del hombre, y es verdad. ¿Entonces? Una nueva libertad va a lanzarse hacia el Cielo como un pilar etéreo ¿y tú tendrás la osadía de impedirlo? El Cristo ha nacido para todos los niños del mundo, Barioná, y cada vez que un niño va a nacer, el Cristo nacerá en él y por él, eternamente, para ser golpeado con él por todos los dolores y para escapar en él y por él, eternamente, de todos los dolores. Viene a decir a los ciegos, a los parados, a los mutilados, a los prisioneros de guerra: no debéis absteneros de hacer niños. Porque incluso par los ciegos, para los parados, para los prisioneros de guerra y para los mutilados, existe la alegría.

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