29 de julio de 2016

Esta guerra tiene nuevos combatientes

Éramos pocos y parió abuela. Por si no fuese suficiente con los terroristas yihadistas, se les ha unido ahora una cohorte de locos de distintas tipologías que deciden que si no quieren continuar con una vida que se les antoja inútil y sin sentido, lo mejor es suicidarse llevándose por delante a cuantas más personas mejor. No es fácil trazar la frontera entre los yihadistas y los simples pirados. Desde luego, los yihadistas también están pirados, pero tienen otro tipo de pire. Es un pire organizado que les encuadra en ciertos grupos y es esta organización y este encuadre lo que hace que sea posible detectarlos preventivamente con unos sistemas de inteligencia eficaces. Pero no debe confundirse a los lobos solitarios con los simples pirados. Porque, por muy lobos solitarios que sean, tienen relaciones con la organización central del IS y, aunque sea más difícil que con las células, se puede trazar su actividad tirando del hilo de esas vinculaciones con el IS u otras organizaciones terroristas. Pero, ¿cómo se detecta al pirado no encuadrado, al pirado que mata para conseguir con su muerte una celebridad aunque sea tan efímera como macabra? ¿Era un lobo solitario el terrorista de Niza? Más bien creo, por lo que se ha sabido de él a través de su familia que era un pirado en estado puro. ¿Lo era el del centro comercial en Baviera? ¿Lo era el que se hizo estallar causando “sólo” heridos, por mucho que se hiciese un vídeo casero para escenificar la liturgia de su suicidio? Desde luego al IS le da igual que sean lobos solitarios hibernados que simples pirados, ellos se apuntan en tanto de una u otra forma y, también de una u otra forma, sirve para sus intereses.

¿Y cómo podemos encarar esto los ciudadanos? Lo peor de todo es hacerlo visceralmente. La visceralidad es la base de los populismos. De todos los populismos de cualquier signo. Estamos en guerra, no puedo estar más de acuerdo. Cuando todavía daba pudor decirlo, el 14, 29 de Noviembre y el 6 de Diciembre de 2015 colgué tres posts con los títulos “Pray for Paris”, “Ha empezado la “Tercera Guerra Mundial” y “Avatares de la verdadera Primera Guerra Mundial, que empezó en 629 y no ha terminado todavía”. Alguno se rasgó las vestiduras por estos artículos. Suscribo punto por punto lo que dije entonces. Y parece que ahora algún que otro Jefe de Estado europeo piensa lo mismo también. Pero hoy quiero subrayar un punto. Esta guerra no va a tener nunca un armisticio. Y, si estamos en guerra, tenemos que admitir que habrá bajas y que cualquiera de nosotros puede ser una de ellas. Y que, por supuesto, no podemos desertar de ella. Desde luego, no se puede decir “que paren el mundo que me apeo”. Pero hay otras maneras de desertar.

Una manera de desertar es el miedo. Los perros peligrosos huelen el miedo y les excita a atacar. Los perros yihadistas también. Tienen que entender que no tenemos miedo. Que sabemos que las bajas son consecuencia de cualquier guerra, pero no nos vamos a batir en retirada. Esto incluye seguir golpeando los bastiones del IS, su infraestructura de reclutamiento y de generación y distribución de fondos, detectar y destruir sus células y a los lobos solitarios y soportar a los locos indetectables. Y, al mismo tiempo, despreciarles cómo lo que son, como locos despreciables y perros rabiosos. Nunca se conseguirá una eficacia del 100%, es imposible. Que se enteren: NO TENEMOS MIEDO, NO VAMOS A DESERTAR Y, AL FINAL, AUNQUE NO HAYA ARMISTICIO, OS VAMOS A REDUCIR A LA MARGINALIDAD Y A LA IMPOTENCIA. El yihadista, o lo que sea, que se hizo explotar en un festival en Alemania decía amenazante a los alemanes. “Nunca tendréis paz”. La respuesta alta y clara tiene que ser: Y TÚ Y LOS DE TU RALEA, TAMPOCO LA TENDRÉIS. ADEMÁS DE MORIR SIN IR A ESE PARAÍSO EN EL QUE CREÉIS, NO CONSEGUIRÉIS NADA. NUNCA. JAMÁS. Cada noticia que se de sobre este tema, noticias que hay que dar porque para eso está la libertad de expresión, deberían ir impregnadas, empapadas,  de estas ideas.

La segunda manera de desertar es la división. Y los principales agentes de división son los partidos que explotan la visceralidad para revolver el río esperando sacar ganancia de pescadores políticos de ello. No podemos ceder a sus expresiones de venganza política y social inmediata e indiscriminada. Estas posturas de atizar la visceralidad no deberían darles votos. Esto no quiere decir, desde luego, que no haya que tomar medidas drásticas de defensa preventiva y ataque selectivo, pero no medidas que atenten contra las libertades que han hecho que Occidente sea lo que es. Tampoco caer en el extremo opuesto del buenismo, definiendo una línea de libertades nunca han sido las de Occidente y que impiden una defensa eficaz, como la acogida indiscriminada y masiva de todos los refugiados, por mucha pena que nos den la inmensa mayoría de ellos. No sé dónde está esa frontera, pero ahí se juega la batalla. Sí sé, que esa frontera se encuentra con la cabeza fría, sin aspavientos ni críticas oportunistas que nacen del interés político más que de la búsqueda de la victoria final y sin un buenismo que cierra los ojos a la realidad o se inventa una que no existe.

El último –¿lo será todavía cuando termine estas líneas?– ataque terrorista a un sacerdote, tres religiosas y un feligrés, no sé si es el fruto de dos locos o es realmente yihadista. El armamento y el escaso éxito apunta a la simple locura, el hecho de que sean dos y un cómplice, al yihadismo. Zona gris. Pero me importa muy poco su signo. Quiero decir de él dos cosas.

La primera que acciones como esa, de ataques a iglesias, se han producido de forma mucho más masiva en los últimos años. Pero como no han sido en Europa… (hubo hace cosa de un año una en Madrid de un loco que no era yihadista ni nada que se le parezca).

La segunda es que, si este atentado es la exportación a Europa de las prácticas de asesinato a católicos en iglesias o de degüello masivo de cristianos, tal vez eso sí que nos brinde a los católicos una oportunidad de ser testigos afianzados en nuestra fe y, si nos toca, mártires. Hace poco me indignaba contra un sacerdote que decía que si en España vencía la izquierda radical por votar lo que él consideraba voto en conciencia, mejor porque así seríamos mártires, como ocurrió en España en el 36. Eso no es martirio, es insensatez. Pero si llegase la situación, que no creo que llegue, en que ir a Misa sea una actividad de riesgo, habrá que ser testigos –eso quiere decir mártir; testigo– y seguir yendo a Misa. Ese martirio, ese testimonio, aunque no llegue a convertirse en muerte, sí puede ser, como lo fue en los primeros siglos, semilla de cristianos. Sería una manera inmensamente útil y extraordinariamente visible de resistencia.

No puedo terminar estas líneas sin comentar unas palabras del Papa Francisco en la JMJ. Dijo:

El mundo está en guerra porque ha perdido la paz (…) hablo en serio de guerra, una guerra de intereses, por dinero, por los recursos de la naturaleza, por el dominio de los pueblos. Pero no es una guerra de religiones porque todas las religiones quieren la paz”.

Amo a este Papa que habla de misericordia y del hospital de campaña y facilitadora de la gracia en la que debe convertirse la Iglesia, olvidando ciertos hábitos de anatemizadora y aduanera de la gracia. Por eso me duele tener que decir que en esta frase se equivoca de medio a medio. No, no es una guerra de intereses, por dinero, por los recursos de la naturaleza. Es una guerra en la que unos locos, por una religión de locos, quiere imponer a sangre y fuego esa religión. Es una guerra en la que hay un agresor y esto la convierte, en una guerra justa para el bando agredido. Punto. Ciertamente no es una guerra de religiones –en plural– porque el cristianismo, a pesar de que los cristianos hayamos podido hacer guerras y otras barbaridades por la religión a lo largo de la historia, sí es una religión de paz. Lo es porque su fundador predicó la paz con sus enseñanzas y con su ejemplo. Es decir, cuando los cristianos hacemos la guerra en nombre de la religión caemos en uno de los pecados más graves que hay: el del segundo mandamiento: “No tomarás el nombre de Dios en vano”. Por supuesto que hay otras religiones de paz. Pero entre ellas no está el Islam. Y no lo está porque su fundador, Mahoma , a diferencia de Cristo, predico, de palabra y con el ejemplo, la guerra, el asesinato y otros vicios. No sé cómo se las arreglan los millones de musulmanes pacíficos para serlo y ser al mismo tiempo personas de buena voluntad. Pero los yihadistas son los que siguen los mandatos y el ejemplo del fundador de su religión. No, alto y claro, el Islam NO ES UNA RELIGIÓN DE PAZ. Por tanto, esta guerra no es no de intereses, no es por dinero ni por recursos naturales. Es una guerra de religión, en singular. De una religión podrida en su raíz. Y siento que el Papa no lo vea así, como es y, en cambio, retorne, por otro camino, a su cantinela, ya expresada en distintos documentos: “El sistema económico –se refiere al capitalismo – mata”. No, el capitalismo no mata. Es la única esperanza de mitigar drásticamente la pobreza en el mundo.

Por último, quiero recordar a los catastrofistas que hace un siglo el mundo estaba en la Primera Guerra Mundial y tenía por delante la Segunda. Guerras que produjeron unos 60 millones de muertos. Pero muchos de los que murieron, soldados y civiles, sabían que lo hacían defendiendo la libertad contra la barbarie y estaban dispuestos a soportar sangre, sudor y lágrimas con determinación, con la V de la victoria en los dedos y aparcando los intereses partidistas ante esto. ¿Sabrá hacer esto nuestra sociedad occidental del siglo XXI?


Acabo refiriéndome al título. La guerra tiene nuevos combatientes: Los pirados que se suman de forma disparatada a la guerra y los ciudadanos de occidente que tenemos que saber resistir a la barbarie con la V en nuestros dedos y con unidad en los asuntos de esta guerra. ¿Desertaremos?

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