28 de octubre de 2016

Sobre la sesión de investidura de ayer

Si a alguien le quedaba alguna duda, ayer quedo meridianamente claro que la única razón del PSOE para abstenerse es que algunos, más perspicaces que el resto, se han dado cuenta de que ir a terceras elecciones sería una catástrofe descomunal para ellos. Lo demás son disfraces. Ayer quedó claro que, a partir de la investidura, se iban a hacer perdonar su “pecado” ante la inquisición de Iglesias (qué astuto el tío, cómo conoce de qué pie cojea el PSOE, cómo le provoca y cómo éste entra al trapo) y ante sus radicalizadas bases, haciendo España ingobernable. El PSOE, que siempre ha sido desde su fundación por el primer Pablo Iglesias, un partido radical, tuvo una breve primavera con Felipe González que pudo haberlo convertido en un partido socialdemócrata homologable. Pero aquella primavera quedó ¿definitivamente? barrida por el gélido invierno zapateril continuado por Sánchez.

En cambio, un 10 a C`s.

Rajoy dejó muy claras sus líneas rojas: No aceptará nada que frene el descenso del paro, es decir, no derogará la reforma laboral y no aceptará nada que desvie a España de la senda de equilibrio presupuestario. Aplaudo ambas líneas rojas, aunque me temo, ojalá me equivoque, que estamos ante una legislatura muy breve. El tiempo lo dirá.