16 de diciembre de 2007

Diálogo entre ciancia y teología

El cosmólogo Gerhard Börner y el teólogo Hans Küng[1] dialogan con Reinhard Breuer y Götz Hoeppe, director y redactor, respectivamente, de Spektrum der Wissenschaft, la edición alemana de Scientific American[2], sobre las relaciones entre ciencia y teología.

Spektrum: Profesor Küng, ¿cómo se encuentra hoy la relación de la teología con las ciencias naturales?

Küng: Vista en conjunto, la relación de la Iglesia con la física es hasta cierto punto distendida. Es más delicada con la biología, y aún más difícil en ciertas cuestiones de psicología a e investigación del cerebro.

Spektrum: Profesor Börner, ¿son ciencia y teología niveles totalmente diferenciados, para los cuales lo el mejor es mantenerlos alejados entre sí?

Börner: Preferiría decir que ciencia y teología abordan esferas distintas de la realidad. Hay una esfera donde la ciencia es competente. Está restringida a la objetivación. Acepto que hay un mundo real, que está frente a mí. Se prescinde del sujeto, del que se ocupa la religión; en la física no figura. Sobre si aparece en alguna otra parte, la física tampoco tiene lada que decir.

Spektrum: ¿Es nítida o imprecisa esta separación?

Küng: En cualquier caso se ha de considerar como una cuestión de principio. Hay temas en los que la religión sencillamente no es competente, así la manera en que se constituyó el cosmos. Pero lo mismo vale a la inversa, en lo que toca al origen mismo, el sentido originario de todo, las normas éticas, nuestra patria espiritual. Este es sólo un aspecto. En ambos lados hay innumerables cuestiones que obligan a cada disciplina a ponerse al día con la otra.

Spektrum: ¿Es uno de estos temas la creación, que usted trata con detalle en su libro “Der Anfang aller Dinge” (“El principio de todas las cosas”)? ¿Aborda mejor la religión esta cuestión, donde la física topa con sus límites?

Küng: Admiro lo mucho que se ha profundizado en cosmología desde Copérnico y Galileo. Tengo curiosidad y quisiera saber cómo se desarrolla. Es independiente de mi fe, que se remonta a otra fuente. Pero me pregunto también cómo se relacionan los sucesos de los “tres primeros minutos” con el relato bíblico de la creación en los primeros siete días.

Spektrum: ¿No se trataría de una teoría para tapar los agujeros, la búsqueda de un Dios en los resquicios que la ciencia no pueda llenar?

Küng: La teología ilustrada ha aprendido, a buen seguro, de los muchos errores de los teólogos y de la Iglesia en el pasado. Una batalla tras otra en retirada. Siempre existe el riesgo de que se tapen esos agujeros y haya que seguir retrocediendo a zonas cada vez más reducidas. De ahí las connotaciones negativas de un Dios que tapa los agujeros.

Börner: Yo también tengo la impresión de que la mayoría de los teólogos considera mala teología colocar a Dios en las lagunas de las ciencias de la naturaleza. De ahí que me parezca tan interesante el origen del cosmos y el relato de la creación: es un punto de encuentro de ambas disciplinas.

Spektrum: ¿Cómo?

Börner: Dicho de la manera más llana: la religión habla de la visión del mundo, de la humanidad y del lugar del ser humano en el mundo. La visión científica del mundo ha de tener todo esto en cuenta.

Küng: Estos contactos se dan. Pero proyectos como la búsqueda, quizá vana, de la fórmula del mundo son propiamente cuestiones de la arquitectura intramundana; otras son las que a la religión le interesan. En el origen primerísimo del espacio y el tiempo la física ya no es competente.

Spektrum: Doctor Börner, ¿es así?

Börner: Los modelos del cosmos son sumamente sencillos. El modelo de la gran explosión explica con precisa exactitud las observaciones astronómicas. Pero con una extraña característica: una singularidad en el pasado, el comienzo del tiempo. Establece ahí los límites de su propia validez y del alcance de la teoría de la gravitación. Confiamos, no obstante, en que una asociación le la teoría de la gravitación y la física cuántica nos explique un día ese estado inicial.

Spektrum: ¿Y qué espera usted que se diga entonces a propósito del tiempo?

Börner: El tiempo no estaba dado al principio tan absolutamente como en nuestra vida cotidiana. El tiempo se origina en la gran explosión junto con el espacio. La idea anda cerca le algunas reflexiones teológicas, por ejemplo las de Agustín. Decía que Dios, al crear el mundo, no se encontraba en el tiempo, sino fuera del espacio y el tiempo.

Spektrum: ¿Qué concepciones físicas de la creación deberían tener en cuenta los teólogos, y viceversa?

Küng: También a mí me parece el modelo de la gran explosión un logro grandioso, porque tiene un sólido fundamento empírico.

Börner: Pero en los límites señalados, donde queda autoconfinado.

K,üng: En este momento no me interesan los límites intracósmicos, que la física puede y debe seguir ensañando. Me importa ese “andar cerca” de que usted habla. Para Leibniz, la cuestión fundamental de la filosofía era: ¿por qué existe algo en vez de nada? ¿Por qué se dio una gran explosión en vez de ninguna?

Spektrum: ¿Tiene algún sentido esta pregunta?

Borner: Es realmente difícil dar un sentido a esta pregunta desde la física. Pues, evidentemente, nosotros partimos de lo que nos es dado, de lo que está ahí, de lo factual. La pregunta por la causa de que se diera esta gran explosión transciende la física. Queda un resto inexplicable.

Spektrum: ¿Va más lejos la religión?

Küng: No es en absoluto mi intención abordar una prueba de la existencia de Dios. La mayoría de los científicos y los teólogos están de acuerdo con Kant, quien decía que las cuestiones que están fuera del espacio y tiempo transcienden el horizonte de nuestra experiencia

Spektrum: ¿De qué hablamos, pues?

Küng: La razón teórica “pura”, como la llama Kant, no es competente en cuestiones transempíricas, sino la razón práctica; por eso prefiero hablar de confianza razonable. Nos situamos aquí ante planteamientos netamente religiosos.

Börner: El modelo cósmico nos muestra muy claramente la limitación que estamos sujetos. Los científicos pueden ordenar el mundo sólo en el espacio y tiempo. Pero cabe contemplar la posibilidad de que existan otras ordenaciones, que no captamos con los métodos científicos. Lo creo esencial, porque elimina obstáculos que, en caso contrario, se levantarían ante las concepciones religiosas.

Küng: Me alegra. Pues algunos de sus colegas se declaran materialistas y sólo hablan de la religión en un tono irónico. También los científicos deberían hablar de religión con tanta información como yo, teólogo, lo hago sobre la ciencia.

Spektrum: Ustedes dos utilizan con frecuencia metáforas, a veces las mismas palabras, pero, que por lo visto, tienen significados muy distintos. Hasta a cosmólogos como Stephen Hawking les gusta mencionar a Dios. ¿Qué función desempeña el lenguaje en el diálogo entre ciencia y religión?

Börner: En los libros de divulgación es una especie de deporte. Se intenta desarrollar una imagen del mundo que lo abarque todo. Es lógico que utilicen conceptos teológicos. Pero carece de un significado más profundo. Cuando Hawking dice que Dios ahora ya no es necesario, porque ha encontrado unas condiciones iniciales que no requieren una gran explosión, no hay que tomarlo realmente en serio.

Küng: Estoy de acuerdo. Sólo que muchos caen en la trampa, porque los científicos hacen uso, en este caso, de la autoridad de su especialidad para improvisar afirmaciones teológicas, filosóficas o éticas. Afortunadamente, Hawking ha rectificado no hace mucho.

Börner: Intenta transgredir las fronteras; es humano. En cualquier caso, no se deberían considerar tan absolutas esas fronteras, como si no pudieran hablarse los unos con los otros porque el lenguaje fuese muy diferente o los conceptos no encajaran En este punto se pueden hacer progresos dialogando, como estamos haciendo aquí.

Spektrum: ¿Cree posible que algunos conceptos de la física pueden ser útiles también en la teología?

Küng: Pongamos un ejemplo. Me o interesa, por supuesto, lo que dice la física sobre la luz (un ente que es a la vez onda y partícula, es decir, ti que tiene características complementarias). Mas esto no excluye que también yo use ‘luz’ como metáfora en la religión. Se adecua para una descripción plástica de atributos divinos complementarios, como la justicia y e la compasión.

Börner: Yo daría un paso más. La física moderna nos muestra un mundo más singular que el de la imagen mecanicista del siglo XIX. La realidad que se ve en ella está muy lejos del racionalismo ingenuo que dimana de las experiencias cotidianas.

Spektrum: ¿Usted también tiene un ejemplo?

Börner: Sigamos con la luz. Nos hemos acostumbrado a la idea de onda, pero no por ello deja de ser muy peculiar: una pura forma, que actúa sobre las partículas materiales pero puede propagarse por el espacio y el tiempo sin un medio material, por otra parte, la luz consta de cuantos de luz o fotones. El tiempo que transcurre para estas partículas luminosas es igual a cero; para ellas no pasa el tiempo. Fueron emitidas hace miles de millones de años en una galaxia lejana y captadas después aquí con un telescopio. Pero estas partículas que se mueven a la velocidad de la luz no tienen tiempo propio, como decimos en física. Para ellas todo ocurre simultáneamente, están siempre en el presente. Lo que no está afectado le materia, no experimenta el tiempo. Me parece estupefaciente.
Spektrum: ¿Y qué tiene que ver con la religión?

Börner: Directamente, quizá nada. Pero hay ahora en la física moderna conceptos que muy bien se podrían emplear como metáforas en la teología; es el caso de la ya mencionada complementariedad. Hay objetos que son a un tiempo onda y partícula, que tienen, por tanto, propiedades contrarias. Incluso en este mundo limitado de la física, se dan cosas así de singulares.

Küng: Me agrada que la física también trabaje con metáforas por ejemplo, al tratar de las partículas más pequeñas, los quarks, es notorio que sólo se puede hablar de ellas con metáforas o fórmulas matemáticas.

Spektrum: ¿Cómo abordan ustedes, en su calidad de teólogo y de cosmólogo, la realidad?

Börner: En la física, como paradigma de las ciencias de la naturaleza, pretendemos descubrir algo sobre el mundo con el que nos encontramos mediante la formulación de teorías y la realización de experimentos. Las predicciones ni siquiera son lo más importante. Sobre todo se aspira a una orientación y a hallar nexos.

Spektrum: Señor Küng, ¿no aspira acaso la religión a lo mismo?

Küng: A los teólogos nos incumben la orientación fundamental y los nexos globales. La metodología es radicalmente diferente. Partimos siempre de un núcleo central, el mensaje religioso, la revelación. El teólogo contempla la realidad desde ese centro, y, con todo, es el mismo mundo que el físico ve ante sí. Por eso los teólogos deberían tomar buena nota de lo que investiga la ciencia.

Spektrum: A diferencia de la física, la religión sí se cree en posesión de a verdad.

Küng: Evidentemente, sería peligroso decir que los teólogos poseen la verdad. Pueden aproximarse a la verdad. Cuando trata de la verdad última, la verdad de Dios, también la teología topa con sus límites.

Börner: En la física, las hipótesis que se hacen están sujetas a experimentación. Si ésta lleva a contradicciones, sustituyen a esas hipótesis otras nuevas. En la teología, determinados enunciados de fe sí deben considerarse irrenunciables, dogmas.

Küng: El primer artículo del credo dice: “Creo en un solo Dios, creador .el cielo y de la tierra”. Cierto que nosotros partimos de la revelación, al igual que un jurista parte de la constitución: no quiere redactar una nueva constitución, como tampoco el teólogo una nueva revelación. Pero si sólo se pudieran repetir tales dogmas y no cupiera inquirir e interpretarlos, entonces estaríamos ante un malentendido fundamentalista. Para comprender la ascensión de Cristo al cielo, no puedo partir de un concepto premoderno de cielo; o, en el contexto de la Navidad, hablar del nacimiento virginal con la simplicidad biológica de antaño.

Spektrum: Pero también la física tiene sus verdades absolutas. No se va a cambiar mañana la ley de la gravitación universal de Newton.

Börner: También en la física nos aproximamos a la verdad; las leyes de a naturaleza, no el hermoso mundo de los fenómenos, son lo absoluto. Nunca se ha de apelar a las explicaciones sobrenaturales. Con esta actitud se llega tan lejos como se pueda, que es asombrosamente lejos.

Küng: Cuando uno entra en el ámbito de lo metaempírico, se requiere cambiar por completo de modo de pensar. Si, pongamos por caso, digo que Dios es amor, entonces se ha de interpretar y caracterizar de nuevo el concepto de amor.

Börner: Físicos como Heisenberg, que eran también creyentes, buscaban un fondo originario de las leyes de la naturaleza como fundamento de todas ellas. Por supuesto sólo como extrapolación de reflexiones científicas, pero tengo la sensación de que así se llega a la teología. Esto afecta a un punto muy fundamental. La física tiene una dificultad en su manera de abordar el mundo, a saber, la de considerarlo como algo objetivamente dado. Obtener una imagen comprensible sólo se logra al precio de dejar de lado a la persona, al sujeto, al yo. Por eso, en la visión científica del mundo hay tan e poco lugar para Dios como para mi yo. El sujeto que me configura es quizá, según la neurología, un autoengaño. Pero si no es una ilusión, entonces debería tener una relación con lo que la religión designa con la palabra Dios.

Küng: Creo que yo me refiero a lo mismo que Heisenberg cuando hablaba de un fundamento originario. La diferencia surge cuando, por ejemplo, la Biblia habla de un Dios que actúa. Seguro que aquí tienen los científicos sus problemas. Nosotros no tratamos a toda costa de explicar los conceptos teológicos por medio de nociones científicas. Pero, a la inversa, un astronauta que lea la Biblia en una estación espacial quizá se pregunte por el sentido de todo, por el bien y el mal.

Spektrum: Las preguntas por el y sentido, ¿sólo se pueden contestar fuera de la ciencia? ¿La ciencia se ocupa de los hechos y la religión de sus significados?

Börner: Bien es verdad que se tiende a hablar así. Pero la ciencia esboza imágenes, por ejemplo, del ciclo cósmico: seríamos polvo estelar, con cada átomo de carbono de nuestro cuerpo producido en las estrellas. La teoría de la evolución de Darwin, según la cual el ser humano es parte del desarrollo biológico. Estas imágenes proveen asimismo de significado a los seres humanos.

Küng: Desde luego, la teoría de a evolución consigue explicar, por ejemplo, por qué fue posible y tuvo sentido la formación del ojo. Para eso no se requiere sacar a colación ninguna intervención divina. Yo no sostengo que tan sólo la religión ofrece significados. La religión se ocupa de lo último y lo primero, del origen y sentido de todo, tanto del cosmos como del hombre.

Spektrum: En el caso de la gran explosión, cada vez es más raro manejar teorías físicas contrastables. ¿Cómo ven la función de la especulación en estas reflexiones?

Börner: Este modo de proceder especulativo no es más que el método con el que se busca progresar. Al principio se tiene siempre una idea, que se contrastará experimentalmente. En cuanto a la gran explosión, se intenta concebir qué se sigue de la teoría de las cuerdas acerca del estado inicial. Se llega a un número de posibilidades elevadísimo; todas ellas pueden conducir a un universo propio. Si se logra identificar una de estas posibilidades con nuestro universo, con todas sus constantes y fuerzas fundamentales, sería un potente indicio de que se ha encontrado una verdad.

Küng: Son reflexiones legítimas, modelos matemáticos, pero no deberían confundirse con la realidad. ¿Sigue teniendo todo esto una fundamentación empírica?

Börner: El anclaje de estos modelos en la realidad es muy tenue. Pero incluso estas tesis osadas sirven para dar una orientación. Uno no debería darse por vencido a la primera, limitarse, por ejemplo, a decir: el universo es como es porque nosotros estamos aquí. Hay que llevar más lejos las fronteras, aunque sea con especulaciones.

Küng: En la teología nos hemos vuelto muy precavidos con el concepto de especulación, sobre todo porque ha acabado desacreditado. Hoy apenas suele designar algo más que construcciones totalmente arbitrarias; con Hegel era distinto. Prefiero hablar de reflexión, ya que, al fin y al cabo, queremos dar una justificación racional de nuestra fe.

Spektrum: ¿Hay, pues, una teología racional?

Küng: Si se entiende racional no como racionalista, sino como razonable, entonces sí. La razón no se deja sólo para los científicos; también los teólogos deberían poder justificar cada uno de sus pasos.

Spektrum: Pero este acercamiento entre ciencia y religión, ¿es sólo una fachada retórica o hay algo más

Börner: Para mí, se da una tensión enorme entre las reflexiones religiosas y nuestra descripción científica. Si me miro a mi mismo, soy un sistema de átomos y electrones, en el que cada estado determina al que le sigue, bien con estricta causalidad, bien según las leyes de la probabilidad. Funciona como una máquina biológica. Pero en lo profundo de mi ser estoy convencido de que esto no es todo.

Spektrum: ¿Qué más ha de haber?

Börner: Queda un resto, que mal puedo describir. Tengo la sensación de que subsiste esa tensión entre la descripción física del mundo y la teología. Puedo admitir que el yo, ese yo que me represento, sea una ilusión, pero no tiene por qué ser así. Se deberían mantener estas tensiones y no darse por satisfecho precipitadamente con una conciliación cualquiera. Lo cierto es que la imagen científica del mundo tiene la carencia de que el sujeto pensante, la mente, no aparece en ella. Sin embargo, yo no puedo admitir ningún influjo que no esté condicionado por las leyes naturales. Aquí sitúo yo la gran insuficiencia.

Küng: Para mí, se trata de una convergencia muy real, precisamente porque sé que ambas esferas son muy diferentes. No estoy dispuesto a refrescar viejas confrontaciones, pero tampoco a que tan sólo haya una mera armonización. Vale para ambas partes, tanto para ciertos teólogos, cuando intentan sacar elementos de las ciencias de la naturaleza a favor, por ejemplo, de un “diseño inteligente”, como para los científicos, que aprovechan arbitrariamente elementos de la religión. Sin exigirnos unos a otros algo falso, podemos sin embargo entendernos, ya que todos reconocemos los propios límites y sabemos que no lo sabemos todo, ni unos ni otros. La ciencia me proporciona muchas respuestas a problemas importantes. A la vez me alegra recibir mensajes de la religión sobre las grandes preguntas de la vida.

Spektrum: ¿Cuáles son?

Küng: ¿De dónde vengo? ¿Adónde voy?: ¿a la nada o a una realidad última? ¿ Por qué existen el bien y el mal? ¿Por qué es mejor amar que odiar? Afectan también al científico, cuando, por la tarde, sale del laboratorio camino de casa. ¿Cómo no invitar a que se abran las puertas a una confianza en que no todo acaba con la muerte? De esto no hay ninguna prueba racional, pero sí fundamentos para una confianza racional, por los cuales yo soy de esta opinión. Lo que se cuenta acerca le las vivencias en la cercanía de la muerte me proporciona tan sólo una parte de la información. Me gustaría saber qué hay detrás de la puerta. Ahí, la religión ofrece un consuelo fue excede toda razón. Y, por tanto, sé que el todo tiene un sentido para mí, por más que en la vida he experimentado también el sinsentido.

Börner: Lo que usted dice deja clara la diferencia. El conocimiento que alcanzan los científicos es insobornable. No depende de que yo prefiera que algo concreto fuera diferente; no hay nada que elegir. Yo no he de confiar en las leyes físicas; sencillamente, están ahí. Tienen validez tanto lo quiero como si no. En la religión es totalmente distinto. Sería un error traducir los conceptos religiosos en términos físicos para elaborar una especie de religión fisicalista. No funcionaría.

Küng: Con todo, es maravillosa la libertad que ahí transpira. En la región a nadie se le obliga a nada. Cierto que puedo decir que la evolución tiene un sentido. Pero no lo puedo derivar sólo de la teoría de a evolución. Aquí cada uno es libre. si alguien dice que no sabe de qué sirve Dios, para mí está al mismo nivel que quien dice: no sé de qué me sirve Mozart. Se requiere un poco de esfuerzo, tanto si se trata e Mozart, como de la ciencia o de Dios. La solución no es una teología e sobremesa.

Spektrum: Doctor Küng, doct Börner, muchísimas gracias por la conversación.
[1] En 1979, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe revocó la facultad de Hans Küng para enseñar teología como católico, permitiéndosele enseñar teología desde una posición secular.
[2] La entrevista está leída en Investigación y Ciencia del mes de Junio del 2006. Investigación y Ciencia es la edición española de Scientific American. Scientific American es una revista de divulgación científica seria, escrita por científicos en activo de primera línea. No es raro encontrar en sus páginas la firma de premios Nobel.

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