4 de enero de 2009

Regalos añadidos a la inteligencia

Tomás Alfaro Drake

Llevaba desde el 29 de Noviembre sin retomar la serie sobre Dios y la ciencia que venía publicando. Hoy la continúo.

Este es el 30º artículo de una serie sobre el tema Dios y la ciencia iniciada el 6 de Agosto del 2007.

Los anteriores son: “La ciencia, ¿acerca o aleja de Dios?”, “La creación”, “¿Qué hay fuera del universo?”, “Un universo de diseño”, “Si no hay Diseñador, ¿cuál es la explicación?”, “Un intento de encadenar a Dios”, “Y Dios descansó un poco, antes del 7º día”, “De soles y supernovas”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? I”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? II”, “Adenda a ¿cómo pudo aparecer la vida? I”, “Como pudo aparecer la vida? III”, “La Vía Láctea, nuestro inmenso y extraordinario castillo”, “La Tierra, nuestro pequeño gran nido”, “¿Creacionismo o evolución?”, “¿Darwin o Lamarck?”, “Darwin sí, pero sin ser más darwinistas que Darwin”, “Los primeros brotes del arbusto de la vida”, “La división del trabajo”, “La explosión del arbusto de la vida”, “¿Tiene Dios una inmoderada afición por los escarabajos?”, “Definamos la inteligencia”, “El linaje prehumano”, “¿Un Homo Sapiens sin inteligencia?”, “El coste de un cerebro desproporcionado”, “Si no hay nada que decir, hablar es muy peligroso”, “El regalo de la inteligencia”, “¿Cuántas Evas hubo?”, y “El lado oscuro de la inteligencia”.

Cuando vemos al ser humano, nos damos cuenta inmediatamente de que, además de ser el único ser inteligente del mundo que conocemos, es también el único libre. Una piedra no puede hacer otra cosa que seguir ciegamente la ley de la gravedad. Su “comportamiento” es perfectamente predecible con una sola ecuación. Una estrella sigue esa misma ley, además de las leyes de la termodinámica, las de la física nuclear, las de la radioactividad y algunas más. Las ecuaciones que rigen su “comportamiento” están perfectamente definidas, aunque resolver esas ecuaciones pueda ser matemáticamente imposible y no se pueda, en consecuencia definir exactamente cuándo va a estallar como una supernova. Pero a nadie se le ocurriría decir que una estrella es libre. Un leopardo al acecho de su presa, actúa según un instinto que está grabado en sus genes. Cuando le falta glucosa en sangre, se disparan determinadas hormonas que ponen en marcha un mecanismo que le impulsa a cazar de la única forma que sabe hacerlo, que está condicionada por su carga genética. Los mecanismos de estas leyes son tan complicados que ni siquiera se conocen sus ecuaciones y, desde luego, no se pueden resolver, por lo que su “comportamiento” nos parece más libre que el de la piedra o la estrella, pero realmente no lo es. El leopardo es incapaz de hacer nada que vaya contra esas complejas leyes del instinto grabadas en sus genes. El ser humano, por el contrario, sí que puede ir contra su instinto. Tiene también grabados en sus genes comportamientos instintivos, pero puede ir contra ellos. Puede arriesgar su vida por un desconocido simplemente porque le parece que hacerlo está bien. Puede no aceptar la decisión de un jefe autoritario porque cree que está equivocado. Es capaz de dedicar una parte de su escaso tiempo a escribir un poema, simplemente por placer estético. El ser humano puede elegir en contra de su instinto, guiado por esos tres aspectos que su inteligencia única le permite percibir: Verdad, Bondad y Belleza. Es el único que realmente tiene un comportamiento, sin comillas. Creo, sin embargo, que hay una cosa para la que ni siquiera el ser humano es libre. No es libre para no buscar el Bien. Su inteligencia, buscando la Verdad, le indica, entre los posibles bienes inmediatos a su alcance, cual es el mejor para buscar el mayor bien a corto o largo plazo. Por supuesto, puede equivocarse en este juicio y perseguir un bien equivocado. Puede creer que el bien de la vida de otro ser humano es menor que el de disponer él de una cierta cantidad de dinero. Si este error es debido a condiciones insalvables, sea esto lo que sea, no es responsable de ese error, por grave que sea. Pero si ese error se debe a su obcecación o a su ignorancia salvable, sí lo es. Por supuesto, al elegir un bien, tiene que dejar otro y esto le produce insatisfacción. Necesita voluntad para ello. Una voluntad hecha para buscar el bien que le presenta la inteligencia, acertada o equivocadamente. Un animal no necesita voluntad. Siempre actúa de acuerdo con lo que le exige su instinto. El hombre sí. Así, mirando al mundo que nos rodea, parece que Dios, junto con el regalo de la inteligencia dotó al hombre de otro don, el de la libertad y de un tercero, el de la voluntad para seguir el camino elegido. Permítaseme, a partir de ahora, de nombrar con una palabra a ese conjunto de regalos, inteligencia, libertad y voluntad: Alma.

No falta quien opina que ni siquiera el hombre es libre, que también al “comportamiento” del hombre habría que ponerle comillas, que nuestra firme convicción existencial de que somos libres no es sino un fruto de nuestra ignorancia frente a la inmensísima complejidad de nuestras ecuaciones. Con unas leyes de la física deterministas, el hombre, aún dotado de un alma, tal vez libre en el mundo platónico de las ideas, sería incapaz de interactuar con su parte física para “obligarla” a actuar de una forma distinta a la exigida por esas leyes. Abordaremos esto en el próximo artículo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Tomás:

En uno de tus últimos comentarios, proponías un nuevo método, basado en diálogos generales sobre tus posts. Es por ello que me atrevo a dialogar sobre este último.

Creo que los animales más complejos, incluyendo entre ellos al hombre -salvando, por supuesto, su extrema singularidad-, tienen un "comportamiento" influido no sólo por sus genes, por su genótipo, sino por más bien por su fenotipo, entendiendo como tal ese instinto genético más cierto nivel de aprendizaje. El leopardo caza por instinto, pero caza también como su madre le enseñó y según sus propias experiencias. Por ejemplo, todo el que haya criado y vendido camadas de perros sabe que "sus" cachorros serán más o menos equilibrados según quien los crie y como los eduque.

Sólo quiero decir con ello que creo que es más complejo que la simple genética.

Por lo que respecta a que el hombre no sea libre para no buscar el bien, no sé si te he entendido bien, pero creo que el hombre es completamente libre, también para no buscar el bien. Creo que es cierto que, cuando no busca el Bien, en sus diversas formas, experimenta el vacío, la insatisfacción, y que esta experiencia puede "guiarle", si se deja, si quiere. Pero creo sinceramente que el hombre, salvando esa "guía", es completamente libre para buscar el mal, si quiere hacerlo, y que puede querer hacerlo.. ¿y por qué puede querer hacerlo?.. por su aprendizaje cultural, por la seducción innegable del mal, por la atracción del poder, por la codici del dinero. O por simples adicciones, en cuyo caso se altera incluso la voluntad, ya que parece claro que se "fijan" en los circuitos neuronales.

Sé que todo lo que digo es un poco desordenado pero, aún sí, quisiera enunciar una última cosa: el alma es un concepto muy griego y muy poco hebreo, muy platónico. Como concepto, sirvió para explicar una realidad muy compleja con las palabras y los conceptos de la época. Todo lo que entendemos por alma creo, modestamente, que era perfectamente correcto en el pasado. No sé si lo seguirá siendo. Las facultades del alma: memoria, entendimiento y voluntad, son claramente cerebrales, residen en el cerebro y probablemente tengan su esencia en la persona, no fuera de ella. He visto magníficas personas a las que un derrame cerebral ha anulado su memoria, su entendimento y su voluntad pero su "alma" estaba ahí, en ellos, porque la persona es una sóla cosa.

Muchas veces, al ver la típica película en la que, al morir uno de los protagonistas, el alma sube al cielo, no he podido evitar recordar el artículo de nuestro credo: "Creo en la resurrección de la carne". En esto sí que yo creo fírmemente, en que "la carne" resucitará. Y es que en el cristianismo la persona es una sóla cosa, el cuerpo y el alma son una sóla cosa.. ¿una misma cosa? Sé que decirlo así suena a puro materialismo pero no lo es, al menos para mí, ya que pienso que, hasta que llegue la resurrección del ultimo día, los que nos han precedido están, de alguna manera, resucitados en Jesucristo, participan ya de su victoria.

Como ves, yo lo mezclo todo. Pido perdón por ello.

Atticus.

Anónimo dijo...

Hola Atticus: Soy Tomás. Interesante y complejo lo que me dices, por eso es imposible no mezclar y por eso es difícil responder.

1º Inteligencia. Para no volver a escribir aquí cosas ya escritas en el blog, te sugiero leas un artículo de esta serie sobre Dios y la ciencia, aparecido en el blog en Julio 2008. Añado, o tal vez repita, algunos puntos. Claro que un leopardo aprende a cazar porque le enseña su madre. Pero su madre no "sabe" enseñarle a cazar más que como cazan los leopardos. que es como ella lo ha aprendido y así en una cadena que se remonta de leopardo en leopardo hasta el inicio de la especie leopardo. Y, ¿de dónde le viene esa habilidad? Del instinto, que es igual para todos los leopardos. Y, ¿en donde está almacenada esa memoria de la especie? Hasta donde lasciencias naturales saben hoy día, la única memoria DE LA ESPECIE, no de un individuo de la especie, está radicada en los genes. Luego la forma de cazar de los leopardos es genética. La madre le enseña a la cría lo que "sabe" genéticamente, que ha su vez lo ha aprendido de su madre que se lo ha enseñado porque lo sabía genéticamente. Por supuesto que un animal puede ser enseñado por un human a hacer cosas distintas de lo que le dice su instinto. Lo aprende por puro conductismo. Si hace lo que quiere el humano, premio, si no, castigo. Pero eso no es inteligencia tal y como la "defino" en el artículo ants citado.

2º Libertad. ¿Somos libres para buscar el mal? ¿Qué es la libertad? Cuando publiqué este post de los regalos añadidos a la inteligencia, estaba convencido de que en dos atículos sobre la libertad que había publicado en junio del 2008, había hablado de ese tema de la posibilidad de elegir el mal y de la esencia de la libertad. Al ir a referirte a él en esta respuesta, me he dado cuenta de que no lo había hecho, por lo que quedo emplazado para hacerlo en el próximo post.

3º El alma. Desde luego, los griegos tenían un cierto concepto del alma, pero no viene al caso. Me interesa hablar de lo que dices del alma y el cuerpo. Efectivamente el hombre es un cuerpoalma, no un cuerpo y un alma. Por tanto, me parece una pregunta muy interesante la de qué pasa con el alma en ese interregno en el que hemos muerto, pero tdavía no se ha producido la resurrección de la carne. La única respuesta es que no lo sé. Es un misterio. Y cuando hablo de misterio, no hablo de una cosa IRRACIONAL, sino de algo TRANSRACIONAL, es decir que está más allá de donde nuestra razón puede llegar, sencillamente porque nuestra razón no puede penar desde fuera del tiempo, que es lo que es la eternidad. La eternidad no es un tiempo infinito sino que es más bien un NO TIEMPO, pero eso está fuera del alcance de nuestra inteligencia temporal. El hombre es un ser misteriosamente entrelazado entre el tiempo y la eternidad. Intuye la eternidad, la "palpa", pero no puede razonar sobre ella. Por eso, el lapso de ¿? en que los restos muertos de nuestro cuerpo físico están en el tiempo y nuestra alma está más allá de él, ese lapso de lo que sea, cae en el campo de lo TRANSRACIONAL, es decir, del misterio. Es una de las muchas cosas que me apetce saber cuando vea a Dios cara a cara. ¿A ti no? ¡Cuántas cosas que ahora son TRANSRACIONALES serán meridianas. Para mí, ese es uno de los aicientes del NO TIEMPO/ETERNIDAD junto a mi Dios.

Un abrazo.

TomásAlfaro Drake

Anónimo dijo...

Tomás: soy consciente de que la principal dificultad para entender está precisamente en el factor tiempo, tan propio de nuestra realidad, de ésta, nuestra conciencia actual, pero no puedo desprenderme de ella.
Por eso, me siento cómodo cuando hablas del cuerpo-alma, una sóla cosa, una misma cosa, e incómodo cuando se separan y se vuelve a plantear esa dualidad. Dualidad que, por otra parte, es perfectamente real en nuestra conciencia, pero quizá como paradigma del combate entre el bien y el mal que en nuestro interior se libra, al menos en el mío, casi a cada instante.

De todas formas, yo de nada estoy completamente seguro. Y, para contribuir al misterio del alma, citaré lo siguiente:

-Jesucristo dijo al buen ladrón: "hoy, HOY, estarás conmigo en el paraiso".. ¡¡que misterioso, por claro y tajante, este hoy!! parece aludir al alma, por separado.
-Cuando los apóstoles acuden al sepulcro, se encuentran las vendas y el sudario tan intactas que inmediatamente creen en la resurrección. Jesucristo resucita en la carne, es una resurrección plena, desde luego carnal. Pero su "carne", carne que come, carne con llagas que pueden tocarse, atraviesa el sudario sin rozarlo y las paredes.. parece que Jesucristo es el mismo pero que ya no es "lo mismo" ¡¡que misterio!!
-La carne de tantos santos, como signo de que, a los que se asemejan a Cristo, la muerte no puede tocarlos de manera definitiva, no experimenta la corrupción.. ¡otro misterio que apunta a esa unidad plena del cuerpo-alma!
-La Virgen María también es llevada al cielo en plena unidad de cuerpo y alma.

Como ves, sigo mezclándolo todo (espero no generarte melancolía). Por eso, espero con interés tus siguientes comentarios.

Atticus.

Anónimo dijo...

Querido Atticus. Hola, soy Tomás.

¿Melancolía? Ninguna. Buscar la verdad en la niebla entre todos, ayudándonos unos a otros no puede generar melancolía, sino alegría. Lo que genera melancolía es el que se jacta de haber encontrado la oscuridad y nos quiere dejar a todos a oscuras. La nube luminosa no deja distinguir bien los objetos, pero sí la luz. El que cree que todo lo tiene claro es un iluso.

Efectivamente, el tiempo y eternidad y su trama y urdimbre son un misterio. Pero un misterio no tiene el cartel de prohibido el paso. Al contrario, aunque exceda a lo que nuestra mente pueda percibir, tenemos la obligación de acercarnos a él, si no para resolverlo (entonces no sería un misterio, sino un problema) sí para contemplarlo.

Te cuento mi aproximación a ese misterio con un ejemplo un poco prosaico. Yo veo el espacio-tiempo como un salchichón. Un ama de casa está preparando un bocata y está cortando rodajas del salchichón. Cada rodaja es un instante de ese espacio-tiempo. Pero el salchichón entero esta ahí. El ama de casa mira el reloj que marca SU tiempo. Es un tiempo distinto del del salchichón, el tiempo de la COCINA. Pero la COCINA también está en un espacio-tiempo de más dimensiones que es la COCINA DE LA COCINA. Así, en un interminable conjunto de salchichónes dentro de cocinas que son salchichones de una cocina de más dimensiones, etc, etc, etc. Y fuera de todo el el espacio-tiempo, que no es ya espacio-tiempo de infinitas dimensiones, sino la eternidad está Dios. Volvamos al buen ladrón. Esa misma tarde, su cuerpo, que saldrá del salchichón glorificado cuando se corte la última rodaja, pero que ya está fuera del salchichón en la cocina, se reunirá con su alma, en el paraíso de la eternidad y verá todas las cocinas y salchichones desde ahí, formando parte de Dios a través del Hijo y asistiendo a los fuegos artificiales de la Trinidad.

No sé si con algo tan prosaico como salchichones y cocinas habré quitado belleza a la contemplación del misterio. Por eso pongo una frase de Einstein que me apasiona:

“La experiencia más bella que podemos tener es sentir el misterio [...]En esa emoción fundamental se han basado el verdadero arte y la verdadera ciencia [...] Esa experiencia engendró también la religión [...] percibir que tras lo que podemos experimentar se oculta algo inalcanzable a nuestro espíritu, la razón más profunda y la belleza más radical, que sólo son accesibles de modo indirecto – ese conocimiento y esa emoción es la verdadera religiosidad. En ese sentido, y sólo en ese, soy un hombre religioso. Pero no puedo concebir un Dios que premia y castiga a sus criaturas”.

Mejor así, no.

En cuanto a lo del bien y en mal en lucha, en ti y en todos, también te voy a citar una frase, esta vez de Solschenizin en Archipiélago Gulag, que dice:
La línea que separa el bien del mal pasa por el corazón de cada ser humano. [...] Mientras dura la vida de un corazón, esta divisoria se desplaza por él, ora reducida por el gozoso mal, ora cediendo espacio a la bondad radiante. El mismo hombre, en sus distintas edades, en distintas situaciones vitales, es un hombre totalmente diferente. Unas veces está más cerca del diablo. Otras del santo. Y su nombre no cambia, y a él se lo atribuimos todo. Sócrates nos legó: ¡Conócete a ti mismo!

Nosotros mismos, ¡otro gran misterio!

Un abrazo.

Tomás Alfaro Drake