12 de noviembre de 2012

Estados Unidos y sus elecciones del martes pasado

El martes pasado se celebraron las elecciones en Estados Unidos. Desgraciadamente, ganó Obama. Y digo desgraciadamente porque creo que Obama es lo contrario a lo que ha hecho de Estados Unidos un gran país. Parece que Obama pretende más bien que Estados Unidos se parezca a la vieja, anquilosada, escéptica y decadente Europa que sigue enzarzada en las rencillas que han dado forma a su historia. Indudablemente, Europa es el más bello museo del mundo, pero, ¿basta con eso? Por supuesto que Estados Unidos tiene problemas, pero sigue siendo el país más grande del mundo económicamente y creo que su pueblo tiene el más alto estándar ético, a pesar de sus “pecados”, que los tiene. Y, para “pecados”, uno de los mayores crímenes de la historia, si no el mayor: Las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Ni el hecho de que esas bombas ahorrasen más vidas de lo que costaron, ni el que sin ellas la Unión Soviética hubiese invadido Japón y este país podría haber sufrido la plaga del comunismo, ni ninguna otra cuestión utilitarista puede disminuir un ápice la gravedad ética de la muerte de tantas personas inocentes. No es tampoco atenuante el hecho de que, cuando los EEUU tenían la absoluta superioridad nuclear en la guerra fría, antes de llegar al punto MAD (Mutual Assured Destruction), pudo haber usado la bomba atómica y no lo hizo. Sin embargo, creo poder afirmar que, si la situación hubiese sido la inversa, la Unión Soviética sí la hubiese usado. Pero, insisto, nada de esto atenúa la gravedad ética de semejante acción. Sí pueden encontrarse, en cambio, circunstancias atenuantes no utilitaristas. Harry Truman era un académico que se vio abocado a la presidencia por la muerte de Franklin D. Roosvelt, sin que, como vicepresidente, hubiese sido informado de la bomba y sucumbió a la presión de algunos de sus aliados y su cúpula militar. Pero, en todo caso, no creo que la responsabilidad sea achacable al pueblo americano.


Una amiga mía, española, casada con un americano, que vive en Nueva York y se ha nacionalizado americana, ve con asombro lo que está pasando en España. Me manda el mail que copio más abajo.


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Os invito a leer este mensaje desde la serenidad y la inteligencia:

¿Por qué algunos –sobre todo los autoproclamados progresistas– odian y critican tanto a los Estados Unidos de Norte América?

* Le ganaron la guerra a los nazis y "no se quedaron" en (con) ningún país europeo.
¿Cómo está Europa hoy en día?

* Le ganaron la guerra a los japoneses y "no se quedaron" en (con) Japón.
¿Cómo está Japón hoy en día?

* Recuperaron parte de Corea hasta el paralelo 38 y "no se quedaron" en (con) Corea. (Basta comparar el desarrollo, economía, fuentes de trabajo y bienestar social de Corea del Sur con el de Corea del Norte para evaluar quien salió mejor parado).

¿Y entonces?

Es bastante curioso observar cómo nuestros "intelectuales" al unísono, hablan mal de los Estados Unidos (aunque luego se mueren de gusto cuando les dan el Oscar). Esto ocurre, en general, en todo el mundo.

En los últimos años en América Latina se considera socialmente negativo decir algo bueno de los Estados Unidos. (El colmo es que hasta los latinos que viven allí, no encuentran nada bueno que decir del país pero no regresan a sus países de origen...).

Aquí hay tres ejemplos de respuestas ejemplares a lo comentado...

1) Cuando en Inglaterra, durante una gran conferencia, el Arzobispo de Canterbury le preguntó a Colin Powell si los planes de USA hacia Irak no eran otra cosa que más construcción de "el imperio" por parte de George Bush, este le respondió lo siguiente: “Con el transcurrir de los años, los Estados Unidos han enviado a muchos de sus mejores jóvenes, hombres y mujeres hacia el peligro, para luchar por la causa de la libertad más allá de nuestras fronteras. Las únicas tierras que hemos pedido a cambio han sido apenas las necesarias para sepultar a aquellos que no regresaron”.

Se hizo un gran silencio en el recinto...

2) Durante una conferencia en Francia, en la cual participaba un gran número de ingenieros de diversas nacionalidades, incluyendo franceses y americanos, en el descanso, uno de los ingenieros franceses dijo serenamente: "¿Han escuchado la última estupidez de George Bush?... Envió un portaaviones a Indonesia para ayudar a las víctimas del tsunami. ¿Qué es lo que pretende hacer, bombardearlos?”
Un ingeniero de Boeing se levantó y respondió serenamente:
“Nuestros portaaviones tienen tres hospitales a bordo, que pueden tratar a varios cientos de personas. Son nucleares, por lo que pueden suministrar electricidad de emergencia a tierra, tienen tres comedores con capacidad para preparar comidas para 3.000 personas tres veces al día, pueden producir diariamente varios miles de litros de agua potable a partir de agua de mar, y tienen media docena de helicópteros para transportar victimas desde y hacia el buque. Nosotros tenemos once barcos iguales. ¿Cuántos buques así ha mandado Francia?”

De nuevo, silencio sepulcral.

3) Un almirante de la Armada de los Estados Unidos estaba en una conferencia naval que incluía almirantes de las Armadas americana, canadiense, inglesa, australiana, y francesa. Durante un cóctel se encontró con un grupo de oficiales que incluía representantes de todos esos países. Todo el mundo hablaba en inglés mientras tomaban sus copas, y de repente, un almirante francés comentó que, si bien los europeos aprenden muchos idiomas, los americanos se bastan tan solo con el inglés. Entonces preguntó: “¿Por qué tenemos que hablar inglés en estas conferencias? ¿Por qué no se habla francés?”
El almirante americano, sin dudarlo, respondió: "Tal vez es porque los británicos, los canadienses, los australianos y los americanos nos las ingeniamos para que ustedes no tuvieran que hablar alemán, durante el resto de sus vidas”.

¡Se podría haber escuchado la caída de un alfiler...!


¿Sabéis dónde está el secreto de los norteamericanos? Muy sencillo, hace más de 150 años aprendieron algo que en otros países y concretamente en España, parece que no hemos aprendido ni queremos aprender. Son sólo diez muy simples premisas:

DECÁLOGO DE ABRAHAM LINCOLN

1.- No se puede crear prosperidad desalentando la iniciativa privada.

2.- No se puede fortalecer al débil, debilitando al fuerte.

3.- No se puede ayudar a los pequeños, aplastando a los grandes.

4.- No se puede ayudar al pobre, destruyendo al rico.

5.- No se puede elevar al asalariado, presionando a quien paga el salario.

6.- Nadie se puede resolver sus problemas mientras gaste más de lo que gana.

7.- No se puede promover la fraternidad de la humanidad, admitiendo e incitando el odio de clases.

8.- No se puede garantizar una adecuada seguridad con dinero prestado.

9.- No se puede formar el carácter y el valor del hombre quitándole su independencia (libertad) e iniciativa.

10.- No se puede ayudar a los hombres realizando por ellos permanentemente lo que ellos pueden y deben hacer por sí mismos.

A esto se pudiera agregar otra lección de Abraham Lincoln:

“Un político puede engañar a unos pocos todo el tiempo, y puede engañar a todos por poco tiempo. Pero lo que no podrá lograr es engañar a todos, todo el tiempo”>>.



Estoy bastante de acuerdo con mi amiga.





2 comentarios:

Anónimo dijo...

Por supuesto, el decálogo de Lincoln lo suscribiría cualquiera. He estado varias veces en USA en distintos Estados y por diferentes motivos aunque no he llegado a vivir allá y me gusta el pueblo americano. Son generosos, te intentan ayudar siempre, no como aquí, que nos gusta mucho el "que se fastidie!". De los " 7 pecados capitales de los españoles" del recien fallecido Diaz_Plaja, ellos no tienen ni la mitad, tendrán otros, eso si.
Del decálogo, los Gobiernos lo han incumplido claramente en el 2, 4, 6 y 8. ellos solo miran para si, a los de fuera no les consideran. Agradecer la ayuda a Europa en la IIGM, que por cierto, les dió alas en su despegue, pero la cantidad de insensateces y la persistencia explotación de personas, tramas oscuras, y guerras, en las que están metidos en el mundo, aparentemente por el ansia y adoración del dios dinero, escapa a este decálogo.
Algún día los responsables tendrán que dar cuentas y justificar cosas que a los humanos de a pie hoy no nos alcanzan, cuando tengan que mostrar las manos al Señor.
Abrazos
Juan

Anónimo dijo...

Hola Juan, soy Tomás. No creas que el decálogo lo suscribiría cualquiera. Seguro que Rubalcaba, Zapatero, Llamazares o Cayo Lara no lo suscribirían. Por supuesto que han incumplido el 2, el 4, el 6 y el 8, además del 1, rl 3, el 5, el 7, el 9 y el 10. ¿Cuantos mandamientos hemos incumplido nosotros de nuestro decálogo cristiano? ¿Quién no incumple decálogos? En lo que no estoy de acuerdo es en que ellos solo miran para si, a los de fuera no les consideran. Si lo hubiesen hecho así, a lo mejor el Kaiser Guillermo hubiese ganadp la primera guerra mundial o Hitler la segunda. Ellos se han visto convertidos, en contra de su voluntad, tras la caída del imperio británico en los policías del mundo. Porque, desgraciadamente, el mundo necesita un policía. Y los EEUU son un policía que no tiene por encima ninguna constitución más que la suya. Y claro que han metido la pata y han hecho barbaridades, pero:

1º Menos de lo que lo hicieron los británicos y otras potencias europeas cuando se repartieron el mundo y.

2º No quiero ni pensar que hubiese pasado (o que puede pasar) si los policías fuesen otros, como por ejemplo, la Unión Soviética si hubiese ganado la guerra fría (ganada por EEUU con poca u ninguna ayuda y sí muchas trabas, del resto de occidente). Victoria de la guerra fría de la que se ha beneficiado TODO el mundo.

Claro que la ayuda a Europa en la IIGM dio alas a su despegue económico, pero, ¿eso la hace mala? No lo creo.

Lo de la adoración al Dios dinero, ¿lo adoran más que los franceses, los alemanes o los españoles? Dudoso.

Todos tendremos que mostrar las manos a Dios y todos necesitaremos de su misericordia para pasar el test. Y ellos han tenido (y tienen) sobre los hombros una pesada responsabilidad (Corea del N, Irán, etc.) a la que han tenido que responder y a la que han respondido, con errores, pero que estoy seguro que la misericordia de Dios sabra perdonar. Como los míos.

Un abrazo.

Tomás