18 de septiembre de 2013

Frases 18-IX-2013

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

Este verano he encontrado una nuevas idea que están relacionadas con la brevedad de la vida humana y la esperanza teologal. Una de ellas la publiqué el pasado 9 de Septiembre en el blog. Pero como está íntimamente relacionada con la que publico hoy, publico las dos juntas aunque me repita.

El itinerario de cada persona es el itinerario de todo el cosmos. Regresamos al punto del que habíamos partido. Al final del recorrido volvemos a encontrarnos en Dios, llenos de experiencia de amor y de conocimienbto. Es como decir con una confianza feliz: “Todas las cosas, sean las que sean, acabarán bien”.

Jesús Sánchez Adalid. Últimas palabras de la nota del autor al final de su libro sobre san Francisco de Javier.



El tiempo es más largo que nosotros, y una vida parece no bastar para cumplir un destino. Una vida humana parece casi siempre incompleta. Es como un fragmento aislado de un largo mensaje del que sólo se entrega una pequeña parte, frecuentemente indescifrable. […] ¿Se trata de las mismas personas renacidas con siglos de distancia o, simplemente, de un hombre y una mujer que redescubren, en el fondo de sí mismos, como las parcelas de una herencia olvidada, los gestos, las palabras y los gritos de las generaciones desaparecidas?


Julian Green

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