16 de julio de 2014

Frases 16-VII-2014

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

La diferencia que media entre la sabiduría, que es del orden del saber, y tiene en su base una desconfianza, y la santidad, que es del orden del creer e implica una confianza estriba en una mala metafísica. La verdadera metafísica debiera lograr la unión del orden de la sabiduría desconfiada (por metodología y por deber) y de la santidad confiada. Jacques Maritain, en Les degrés du savoir, ha conseguido esta síntesis en que “distingue para unir” y desemboca, después de una indagación metafísica rigurosamente crítica, en la visión de la vida mística como coronamiento de la investigación filosófica.

No sé dónde lo he leído

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