17 de septiembre de 2014

Frases 18-IX-2014

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

La sucia diferencia que separa la inventó Dios como castigo que habremos de pagar tarde o temprano sin tener más que el alma por testigo.

José Larralde Poema “Estatua de carne”


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hago la analogía de los dictámenes en los juicios norteamericanos "Culpable" "No culpable". El jurado no califica inocente porque sepa "en realidad" que el acusado es inocente. Eso no lo va a saber. El jurado dictamina "No culpable" porque las evidencias mostradas por los acusantes no son suficientes. Cuando la ciencia dice que no hay sentido de todas las cosas existen a nuestro alrededor es porque no hay una evidencia de que haya un sentido, más allá del sentido que los humanos les damos a las cosas al convertirlas en símbolos. Los escépticos no vamos por la vida, ni necesitamos hacerlo, tratando de demostrar la "inexistencia" de los unicornios, de las hadas madrinas, porque no aseveramos una inexistencia de dios o dioses. Imagínate que para cada "creencia" en algo sobrenatural tengamos que reunir evidencia de que no exista, se tendría que trabajar con los budistas, los hinduistas, hasta los mismos griegos y egipcios antiguos, para descartar a sus dioses. Son ustedes los que deben proveer las pruebas y no nosotros de la existencia de un dios, un unicornio, fantasmas, diseño inteligente, etc. La nuestra no es una opinión, salvo que diga "no creo en Dios Jehová". Pero si yo digo, no hay evidencia, hasta ahora de la existencia de un dios", es una afirmación hasta ahora irrefutable.
Si yo postulo algo, cualquier cosa que sea, necesito pruebas para convertirlo en una tesis respetable por la comunidad científica, es así como funciona el sistema ahora: postulación luego refutación. Si las creencias en dioses quieren afirmarse como postulaciones y no meras opiniones o creencias, deberán seguir los pasos que todos seguimos para volverlas afirmaciones.
Y sí, la realidad que te rodea no tiene ningún sentido, por ello anillas la realidad y la conviertes en mundo, tu mundo, y le das el sentido que más te convenza.
Saludos, muy buen blog.

Anónimo dijo...

Lo primero, gracias por tu comentario y por tu aprecio a mi blog, a pesar de tus divergencias.

Lo segundo, como la respuesta necesitará ser larga, la distribuiré en varios comentarios porque en uno no cabrán.

Creo que haces dos cosas muy comunes: a) afirmar en nombre de la verdad científica cosas que están fuera de su alcance y, b) confundir verdad con verdad científica.

a) La ciencia ni dice, ni puede decir si el cosmos tiene o no tiene sentido. La ciencia se limita a remorntarse de los efectos a las causas. Ni afirma ni dice nada sobre causas finales. Si algún científico lo dice, lo hace a título de opinión personal, no científicamente probada. Sin embargo, cuando uno ve el devenir del universo es muy difícil no ver en él un sentido. Desde luego no hay evidencia ni pruebas, ni en un sentido ni en otro. Paro, sin evidencias, Einstein afirmó: “Las leyes de la naturaleza manifiestan la existencia de un espíritu enormemente superior a los hombres... frente al cual debemos sentirnos humildes” y dijo sentirse “como un niño que entra en una biblioteca inmensa cuyas paredes están cubiertas de libros escritos en muchas lenguas distintas. Entiende que alguien ha de haberlos escrito, pero no sabe ni quién ni cómo. Tampoco comprende los idiomas. Pero observa un orden claro en su clasificación, un plan misterioso que se le escapa, pero que sospecha vagamente. Esa es, en mi opinión, la actitud de la mente humana frente a Dios, incluso la de las personas más inteligentes”. El hecho mismo de que en el universo haya leyes inteligibles era para Einstein un misterio. ¿Por qué tendría que haber ninguna ley? ¿No podría ser un caos? Por otro lado, el ser humano, tú incluido, tiene necesidad de sentido. ¿Para qué te esfuerzas en la vida? ¿Para qué te levantas cada día? ¿Para qué quieres sobresalir en tú trabajo? Todo lo que haces en la vida lo haces por un sentido, salvo que seas un nihilista, en cuyo caso no hubieras conseguido nada de lo que hayas conseguido, que desconozco. Y la pregunta a la que debes responder ante, esta sí, evidencia de que tú también buscas un sentido, es; ¿de dónde te viene a ti, ese tener que tener un sentido para todo lo que haces? ¿Puede un universo carente de sentido hacer que aparezcan en él unos seres que buscan ese sentido? Y esto me lleva a b)
b) Todas estas preguntas, que son las verdaderamente importantes para la vida, son absolutamente imposibles de responder desde la ciencia. Pero decir que la respuesta es que todos los seres humanos, tú incluido, somos unos ilusos por buscar un sentido donde no lo hay, es una simpleza. Sería aceptar sin motivo la afirmación de Macbeth en el drama de Shakespeare cuando ve que todo su montaje (su sentido) se derrumba: “El mundo es un cuento sin sentido contado con gran aparato por un idiota”. No, no tiene por qué serlo ni la ciencia puede afirmarlo. Me apunto a lo que decía Louis Pawels: Ahora bien, si alguien, abusando de la autoridad científica –la cual, que yo sepa, no tiene por misión desesperar al hombre– me dice: “nada maravilloso puede encontrarse en este mundo”, me negaré obstinadamente a prestarle oídos. Con mis pobres medios, y con toda mi pasión proseguiré mi búsqueda. Y si no encuentro nada maravilloso en esta vida, diré, al despedirme de ella, que mi alma estaba embotada y mi inteligencia ciega, no que no hubiese nada que encontrar”. La ciencia ha hecho un trtade off con la realidad: “Yo, la ciencia, me limito a una pequeña parcela de esa realidad a cambio de unas certidumbres en ese pequeño ámbito”. Pero confundir los límites impuestos por un método con los límites de la realidad es una simpleza. Sigo con Pawels: “La vida del hombre sólo se justifica por el esfuerzo, aún desdichado, para comprender mejor. Y la mejor comprensión es la mejor adhesión. Cuanto más comprendo, más amo; porque todo lo comprendido es bueno”. Acepto la realidad en su totalidad aunque no haya evidencias generales.

Anónimo dijo...

(Continuación, ya no es apartado b), sino general)Sin embargo, yo no me tengo que demostrar nada a mí mismo, porque sí tengo una evidencia personal. Porque yo he “visto”, “oído”, “palpado”, “saboreado” y “olido” a Dios. Naturalmente, pongo esos participios entre comillas, porque no soy un visionario. No he experimentado esas cosas con los sentido corporales. No soy ningún loco. Soy una persona de una normalidad casi anodina. Pero no estoy solo. Hay millones de personas que, siendo normales, han tenido la misma experiencia. Si quieres nos puedes tachar de locos, pero estarías diciendo eso de muchos de los mejores seres humanos que han existido. Porque los seres humanos tenemos algo que excede las res dimensiones en las que se tiene que mover la ciencia. Afirmar que, porque nuestros sentidos y aparatos de medida están limitados a tres dimensiones, la realidad también lo está, es una osadía. La realidad supera esas tres dimensiones y los seres humanos tenemos sentidos para percibirlas. Y ante esto la ciencia queda muda. Con gran cautela, Erwin Schrödinger, uno de los mayores científicos que han existido nunca, decía: “La imagen científica del mundo es muy deficiente. Proporciona una gran cantidad de información sobre hechos, reduce toda la existencia a un orden maravillosamente consistente, pero guarda un silencio sepulcral sobre [...] todo lo que realmente nos importa. [...]... no sabe nada de lo bello o de lo feo, de lo bueno o de lo malo, de Dios y la eternidad. A veces la ciencia pretende dar una respuesta a estas cuestiones, pero sus respuestas son a menudo tan tontas que nos inclinamos a no tomarlas en serio [...]. La ciencia es incapaz de explicar mínimamente por qué la música puede deleitarnos, o por qué y cómo una antigua canción puede hacer que se nos salten las lágrimas”.

Esos sentidos son torpes y hay que entrenarlos. Pero quien tiene los “ojos” cerrados no puede decir que porque no ve no haya nada. Puede decirlo, pero no puede afirmar que tiene razón. Millones de personas, cuerdas y extraordinarias afirman “ver” y, lo que han visto no es ni demostrable ni transmisible con palabras, pero eso no lo hace necesariamente falso. Nadie ha demostrado nunca la conjetura matemática de Goldbach y probablemente nadie la pueda demostrar porque parece ser que cae entre esas proposiciones indemostrables que Kurt Gödel demostró que existen. Pero, aún siendo indemostrable, todos los matemáticos dirían que es cierta. Lo indemostrable no es automáticamente falso.

En definitiva, yo soy una de ellas (aunque no en lo extraordinario). Y como he visto, no tengo nada que demostrarme. Si hablo de lo que no puedo casi expresar, si argumento sobre lo que no puedo demostrar es porque me siento obligado a dar razón de mi esperanza. Creo que es más sano que dar razón de la desesperanza del sinsentido. Además, aunque ni esperanza ni desesperanza son demostrables, lo que sí creo que es demostrable, es que la esperanza del sentido es más plausible. Y en eso coincido con Einstein. La palabra clave, utilizada por él, es: humildad.

Un fuerte abrazo y, otra vez, muchas gracias por tu aportación.

Tomás