28 de septiembre de 2014

Frases 28-IX-2014

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

Las primeras semanas fueron terribles; –se refiere a la guerra del 14– después, la paz de Dios vino a mí, y ahora todo está bien.

Mi plan está claro ante mis ojos; naturalmente, es muy modesto. Me gustaría empezar desde la experiencia interior de Dios, la experiencia de sentirse refugiado en Él, y quisiera demostrar que la ciencia empírica no puede contradecir tal experiencia. Me gustaría exponer la significación total de la misma –se refiere a la experiencia interior de Dios–, mostrar hasta qué punto puede reclamar objetividad, demostrar por qué es un conocimiento auténtico, aunque de un género especial, y por último sacar conclusiones. Naturalmente, una exposición como esta no tiene nada que ofrecer al que vive a la vista de Dios. Pero puede sostener al que vacila, al que permite que las objeciones de la ciencia le confundan, y puede impulsar hacia delante a aquél al cual estas objeciones le han apartado de encaminarse hacia Dios. Hacer una obra semejante con humildad es muy importante, mucho más importante que combatir en esta guerra. Porque, ¿qué fin tiene este horror si no conduce a los hombres más cerca de Dios?

Adolf Reinach. Discípulo de Husserl y maestro inmediato de Edith Stein. El primer párrafo es de una carta de Reinach a su mujer. El segundo esta citado por Edith Stein en su autobiografía, “Estrellas amarillas” en una carta dirigida a ella. Reinach tuvo una experiencia de conversión al principio de la guerra. Poco después murió en el frente de batalla. No pudo, pues, ni tan siquiera empezar su obra. Pero sembró en Edith Stein, cuando ésta estaba todavía muy lejos de la fe, semillas que seguramente dieron más fruto que cualquier otra cosa que pudiera haber hecho en la vida.