29 de junio de 2016

Tras las elecciones del 26 J

Mentiría si dijese que no estoy satisfecho con el resultado electoral de ayer. Tras el susto de los resultados de las encuestas a pie de urna (¿para qué se hacen?) que hicieron que me agarrotase, el transcurso de los resultados del escrutinio fue para mí como un bálsamo. Debo decir, aunque sea maldad, que lo que más me gustó fue ver la transformación de la cara de Alberto Garzón desde el momento en que salió, eufórico, creyéndose el resultado de esas encuestas, hasta su aparición, a la derecha de Pablo Iglesias, en las declaraciones de éste. Me indignó el comentario de Errejón en su primera aparición diciendo que el resultado había sido malo para Unidos Podemos y para España. Ellos hubiesen sido la ruina de España. Pero el cabreo quedó más que compensado con su carita de después, de niño pequeño enfurruñado, cuando apareció flanqueando al dictador jefe, también frustrado, en el flanco contrario a Garzón. Qué decir del comentario de una tercerona de esa coalición dictatorial, cuyo nombre ignoro, cuando dijo, en la rueda de políticos de 24-h, que tendrían que seguir haciendo una labor pedagógica con los españoles. Podría seguir con la inefable Tania Sánchez, novia y submarino en IU de Pablo Iglesias, en el turno anterior de políticos. Hablaba de prudencia en los que creía los resultados definitivos, proclamando la imprudencia con su actitud triunfante. ¡Lástima que desapareciese y no pudiese verle la cara después!

Aunque parezca que éste es un desahogo visceral, que lo es, no es sólo eso. Es algo más. Parece que Podemos, incluso unidos a IU han llegado a su techo. Creo, y espero no equivocarme, que desde ahora empezará a bajar hasta ser un partido poco menos que testimonial a largo plazo. Y eso sí sería bueno para España. Que se vacunase contra el discurso totalitario de Unidos Podemos.

Pero lo que me alegró sobremanera fue el paulatino y continuo ascenso del PP a lo largo del escrutinio. Permítaseme, antes de pasar a un análisis un poco más detallado, un pequeño comentario que, sin ser presuntuoso, puede ser un poco vanidoso. Creo que aporté mi pequeño e insignificante grano de arena a que ayer pasase lo que pasó. Por supuesto, mi blog, leído por cuatro gatos no es nada significativo. Pero tal vez vosotros, unos 700, los destinatarios envíos más los de mi lista de WA, que a vuestra vez sois amplificadores, hayáis aportado un poco más que yo a estos resultados. ¡GRACIAS! Por supuesto, mi alegría no es partidista. Repetidas veces he dicho que nunca he sido ni seré militante del PP, que no le debo absolutamente nada a ese partido. Mi alegría es porque creo que este resultado es el mejor POSIBLE para España. No ha ganado el mal menor. Ha ganado el bien POSIBLE. Del bien imposible que me gustaría no voy a decir ni pío. Sólo una cosa. Que lo buscaré y lucharé por él con uñas y dientes, pero como Tomás Alfaro, no con un voto en una urna. Mi mano depositará en una urna siempre el que considere mayor bien POSIBLE.

Está bien la euforia, pero tampoco hay que dejarse llevar demasiado por ella. Por supuesto que no creía que estos resultados se alcanzasen, pero queda mucho por hacer. El PP tiene que encontrar apoyos o, al menos, conseguir que no le metan el palo entre los radios de la bicicleta. Para ello tendrá que encontrar una actitud que, sin llegar a la soberbia o la prepotencia, pero consciente de la fuerza que le han dado las urnas, haga ver a C’s y PSOE (por ese orden) que no pueden permitirse el ridículo capricho de no permitir que se forme gobierno. Más aún. Sería bueno que atrajese a C’s a la órbita del gobierno, a participar en él. Desde luego, en la ecuación no entra que Rajoy se vaya. Ni afirmo ni niego si sería bueno o no. Sinceramente, no lo sé, pero no me importa nada que se quede. Pero el hecho es que, con esos resultados, no va a dejarlo, pese a quien pese o le guste a quien le guste. El PP no se ha presentado a las elecciones con la foto de su candidato a la presidencia del gobierno en blanco. Lo ha hecho con la foto de Rajoy y con esa foto ha sacado los votos que ha sacado. Estaría bueno que dos partidos claramente perdedores dijeran quien puede y quien no puede ser presidente de gobierno por parte del PP. Y si se permiten ese capricho y fuerzan otras elecciones, que se atengan a las consecuencias políticas. A pesar de esta escaramuza de fotos, creo que un pacto de gobierno con C’s es posible, bueno y deseable. En cambio, creo que con el PSOE es imposible. Si el PSOE hubiese sido el de Felipe González me cabrían pocas dudas de que ese pacto sería perfectamente alcanzable. Pero el PSOE demagógico e ideologizado, al borde del populismo él también, que ha dejado tras él el nefasto José Luis Rodriguez Zapatero, es un erial del que poco o nada se puede sacar. Esa es una de las tragedias de España. Pedro Sánchez, que es inútil como hombre de Estado pero enormemente hábil para el juego interno del partido, no va a ser fácil de desbancar. La “gran esperanza” del PSOE, Susana Díaz, aparte de no ser, a pesar de su habilidad verbal, más que una señora puesta a dedo por el supercorrupto Griñán, ha perdido su aura en Andalucía con una bajada de escaños y la pasada –que no el sorpasso– del PP. No obstante, Susana Díaz ya habla de abstenerse en la investidura, lo cual no es poco. El desenlace de la batalla interna en el PSOE se presenta tan incierto como el reinado de Witiza. Porque, aparte de estos dos “líderes”, el PSOE está ayuno de ellos. ¿Hernando? ¿Luena? ¿Madina? ¿Tomás Gómez, tal vez ;- ¿) ) Y qué decir de los otros barones regionales. ¿Acaso Chimo Puig? Lo dicho, el erial zapateril. Fiarse del PSOE es como intentar agarrar un cuchillo afilado en el aire.

Creo que el escenario de nuevas elecciones, por el que yo apostaba antes de éstas, no porque me gustase, sino como algo inevitable a mi entender, no es ya posible ni, por supuesto, deseable con este escenario. Quien cerrase la puerta a la formación de gobierno se vería duramente penalizado. Y el PSOE se verá también penalizado si se la abre. Y sin líderes de ningún tipo. Lo tienen bastante crudo. Pero se lo han ganado a pulso, para desgracia de España.

Si no se obtiene un pacto de gobierno –o al menos de legislatura– con C’s, un gobierno con 137 diputados y una oposición con un PSOE zapatetil, una izquiera radical como Unidos Podemos y un resto inclasificable pero tirando a impresentable por izquierdista o independentista –podría, tal vez, sólo tal vez, hacer una excepción con el PNV o Coalición Canaria–, está abocado al fracaso, aunque se consiga la investidura con la abstención de Podemos y Ciudadanos. No creo que el gallego Rajoy pueda sorprendernos con un más difícil todavía de lo que consiguió el castellano Aznar con 156 escaños, máxime teniendo una oposición inmensamente más dura. Así que, escenario desastroso.

Pero, aun suponiendo que se obtenga la colaboración activa de C’s y la abstención del PSOE, queda gobernar. Incluso con una colaboración leal de C’s, eso suma 169 diputados y es poco probable que se pueda contar de forma segura y estable con el mosaico de los demás partidos marginales. Muchos de ellos son de una radicalidad izquierdista o nacionalista –fruto también, estos últimos, de la maravillosa política autonómica del gran Zapatero echando carnaza a las fieras–. Todo un reto. Incluso con los 6 votos de los citados más arriba, PNV y CC, aun suponiéndolos como posibles puntualmente, no dan para mucho, ¡se quedan en 175!

Creo que es importante resaltar que, en el caso de que se pretendiese hacer un cambio en la constitución, en el caso de que fuese un cambio que requiriese 3/5 (210 diputados) sería suficiente con un acuerdo entre PP y PSOE, pero para hacerlo sin el PP, no bastarían los votos de PSOE, Unidos Podemos y C’s juntos. Necesitarían votos del guirigay restante. O sea, imposible sin el PP. Con mayor motivo, si el cambio constitucional requiriese 2/3 (234 diputados) nada podría hacerse sin el PP, y, para llevarlo a cabo requeriría el apoyo de PP, PSOE y C’s, pero no sería necesario contar con Unidos Podemos, ni este partido podría evitarlo. Tranqilizador contra el aventurerismo.

En fin, que tras el alivio, de los resultados de ayer, el frío análisis lleva a una sensación de cierta aprensión, aunque, desde luego, a un nivel muy distinto de la que podría tenerse con el escenario electoral de las encuestas a pie de urna o de las expectativas preelectorales.

Por eso lo primero que quiero hacer es dar gracias a Dios –sí, dar gracias a Dios– porque haya iluminado a suficientes viscerales de uno y otro signo para evitar el sorpasso y permitir crecer al PP. Un poquito más de ayuda para transformar 169 en 176 no hubiese venido mal, pero los caminos de Dios son inescrutables. Me contento con esto. Habrá que sacarle partido. Pero yo seguiré pidiéndole luz para los gobernantes y opositores de cualquier signo.

Lo segundo que quiero apuntar es más personal y conflictivo. Cuando lo peor de España, como Podemos o el PSOE, ladran tanto y con tanto odio contra el PP y Rajoy, significa que cabalga. ¡Algo deberá de estar haciendo bien cuando los energúmenos se cabrean! Por eso, mi actitud ante este partido como ante Rajoy es cada vez menos de pinza. Cada vez necesito menos la pinza para votarles. No digo que no haya cosas que me disgustan profundamente, pero contra ellas lucharé, como he dicho antes, como Tomás Alfaro, no con mi voto. Sólo si un día, que todavía no ha llegado, el PP apoya con su disciplina de voto una opción que aumente la permisividad del aborto –cosa que no ha hecho todavía– o que legalice la eutanasia –no confundiendo la lucha por la vida hasta el final con el encarnizamiento terapéutico–, sólo en esos dos supuestos, que todavía, repito, no se han dado, retiraría mi voto al PP. Mientras tanto, le ayudaré, con mis pobres medios, a cabalgar en este difícil raid que tiene por delante.


Por último, quisiera expresar mi indignación cada vez que oigo a alguien del PSOE o de Unidos Podemos autocalificarse como “fuerzas de progreso”. Que ellos lo digan, no me extraña. Pero estimo que los medios de comunicación sensatos, entre los que no cuento a El País o a la Sexta, deberían preguntarles cada vez que dijesen esto, ¿el progreso hacia dónde? ¿Hacia el abismo? ¿Hacia ideas fracasadas que han arruinado a medio mundo y que pueden asfixiar al otro medio? ¿Cuándo alguien en los medios va a poner trabas al uso torticeramente gramsciano del lenguaje que usan estos demagogos? Hasta ahora nunca, nunca he oído o visto escrito nada contra ese mantra falso y mentiroso. Pero puede que se empiece a ver. Dios lo quiera.

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