6 de abril de 2008

¿Creacionismo o evolución?

Tomás Alfaro Drake

Este es el 15º artículo de una serie sobre el tema Dios y la ciencia iniciada el 6 de Agosto del 2007.

Los anteriores son: “La ciencia, ¿acerca o aleja de Dios?”, “La creación”, “¿Qué hay fuera del universo?”, “Un universo de diseño”, “Si no hay Diseñador, ¿cuál es la explicación?”, “Un intento de encadenar a Dios”, “Y Dios descansó un poco, antes del 7º día”, “De soles y supernovas”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? I”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? II”, “Adenda a ¿cómo pudo aparecer la vida? I”, “Como pudo aparecer la vida? III”, “La Vía Láctea, nuestro inmenso y extraordinario castillo” y “La Tierra, nuestro pequeño gran nido”.


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En el siglo XIX, antes de que apareciesen en la escena científica Jean Baptiste de Lamarck, Charles Darwin y Alfred Russel Wallace, todo el mundo pensaba que la vida en la tierra había tenido más o menos el mismo aspecto que hoy, ya se creyese que nuestro planeta hubiese sido creado o fuese eterno, como el resto del universo. Se aceptaba que los organismos se hubiesen adaptado ligeramente a las condiciones del ambiente, pero siempre habrían existido las mismas especies. Esta manera de entender la historia de la vida se llama creacionismo o fijismo. Sin embargo, los naturalistas empezaron a encontrar algunos fósiles que tenían muy poco parecido con los organismos actuales. Por otro lado, se podían dibujar “rutas” que unían fósiles parecidos entre sí, en función de su antigüedad, hasta llegar a muchas de las especies actuales, que no se encontraban en yacimientos antiguos. Esto parecía indicar, en primer lugar, que habían existido especies diferentes a las actuales, en segundo, que las actuales no habían existido siempre y, en tercero, que había una especie de árbol ramificado que unía las especies extintas con las actuales.

Por otro lado muchos naturalistas viajaban por todo el mundo estableciendo comparaciones entre la morfología de poblaciones de animales y plantas que vivían en zonas próximas pero que estaban aisladas unas de otras. Darwin dio la vuelta al mundo en el Beagle y quedó profundamente impresionado por las similitudes y diferencias entre especies de distintas islas del archipiélago de las Galápagos. A Wallace le pasó lo mismo en el archipiélago malayo, mientras que Lamarck hizo observaciones parecidas en Francia. Los tres enunciaron sendas teorías evolucionistas que afirmaban que la vida había venido cambiando, adaptándose a una historia geológica de miles de millones de años que los geólogos iban descubriendo. No estaban de acuerdo, sin embargo, sobre los mecanismos que regían esa evolución La teoría de Lamarck difería notablemente de la de Darwin y Wallace que, independientemente, llegaron a conclusiones similares.

La polémica fue, en el siglo XIX, muy virulenta. A las conclusiones de los hallazgos empíricos se oponían argumentos viscerales y religiosos. Desde quien se resistía a aceptar la frase tópica de que “el hombre desciende del mono” por considerarlo un insulto, hasta quien se oponía por creer que el evolucionismo era contrario a las Escrituras y, por lo tanto, a la fe cristiana. Esta oposición vino, sobre todo, del campo protestante. El magisterio de la Iglesia católica nunca se opuso a la teoría de la evolución, salvadas dos cuestiones de las que hablaremos en próximos artículos. Es indudable que las “pistas” dejadas por los fósiles abogan por la evidencia de la evolución, a pesar de las imprecisiones de datación y de que en el dibujo del supuesto árbol evolutivo haya grandes lagunas por falta de registro fósil. Pero cada nuevo hallazgo rellena alguno de los blancos del dibujo. Si Dios hubiese creado el mundo vivo tal y como es hoy y hubiese sembrado el mundo geológico de falsas pistas, cabría preguntarse cuál era su propósito al intentar engañarnos. Yo me adhiero a la frase de Einstein que, aunque pronunciada en otro contexto, afirma que “Dios Nuestro Señor es sutil, pero de ninguna forma, malicioso”. Realmente, es difícil que la teoría de la evolución pueda algún día ser una teoría científicamente probada, ya que no parece fácil que se pueda hacer aparecer una nueva especie, aunque tampoco es imposible, teniendo en cuenta la rapidez a la que cambian las características de una especie bajo la selección artificial. Pero, en conjunto, me parece que no es razonable negar la evolución de las especies como el camino seguido por la vida para llegar a ser tal como hoy la conocemos. En próximos artículos compararé la teoría de Darwin / Wallace con la de Lamarck y seguiré lo que parece haber sido el curso de la evolución. Posteriormente hablaré sobre la aparición del hombre y la compatibilidad de la evolución darwinista con la fe católica.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Francisco J. Ayala, profesor de Ciencia Biológicas y de Filosofía en la Universidad de California, escribió un serio y riguroso libro titulado "La teoria de la Evolución". Es muy recomendable.

Tras los avances de la biología molecular, hay algunas evidencias incuestionables que apuntan a la veracidad de la Teoria de la Evolución como, por ejemplo, el que todas las diversas especies existentes utilicen un único lenguaje molecular, un mismo lenguaje. La información genética está siempre cifrada en el ADN, el cual, en todos los seres vivos, está compuesto por secuencias variables de los mismos 4 nucleótidos; la clave que regula la traducción de la información cifrada en el ADN para la fabricación de proteinas es siempre la misma, etc, etc.

No hay otra manera racional de explicar esta uniformidad molecular que la existencia de ancestros comunes, procedentes, todos ellos de una sóla forma de vida, en el origen.

Por mi parte, católico en mi fe y en mi cultura, no veo el más mínimo inconveniente, más bien al contrario. Todo remite a un creador que, en su creación, inserta sus leyes, leyes que nosotros vamos desvelando poco a poco, y que nos son contrarias a ley principal: la libertad. Sólo quien ama verdaderamente puede dejar libre.

Los católicos sabemos de la necesidad de la hermeneútica, de la Tradición de la Iglesia, para comprender las Escrituras. No las interpretamos literalmente, como los protestantes. Sabemos que no son un libro de Ciencias Naturales, sino que hablan del ser humano y de su existencia. Personalmente, ni siquiera necesito "discontinuidades" que salven la acción de Dios. La veo en la creación, en las leyes inscritas en ella y en la libertad de la naturaleza y de los seres humanos ¡¡Eso si que es amar!!

Un fuerte abrazo.

Pedro MR.

chava_de_onda dijo...

hola, me interesó tu trabajo en cuanto a esto por la razón que hoy tuve un pequeño roce con el maestro de biología, ya que se puso a hablarnos de la evolución pero tirando hacia la iglesia católica, yo soy católica y me gusta mucho debatir sobre este tipo de cosa,s es verdad, Dios es el creador de todo lo existente independientemente d elos cambios en el mundo, en el ambiente y en los seres vivos, e sloq ue yo defiendo, lo que se me hizo curioso fue que el maestro de biología ya no me volvio a tomar la palabra a partir de un comentario que le hice del por qué solo a los católicos criticaba? que acaso no hay mcuhas religiones más? los protestantes tienen todas sus ideas claras y son perfectos? los politicos, marxistas, ateos, judíos, etc, todos son perfectos menos los católicos? a partir de ahi no me volvio a dar la palabra y siguio hablando contra la iglesia, q mala onda no? en fin me intereso tu opinión, es muy cierta, felicidades y gracias por que me has ayudado a ampliar mis conocimientos y de alguna forma influiste para darme más ideas y armas para defender mi ideología... slaudos, espero me puedas decir de dónde eres y escribir a mi metroflog...

la chava de onda