13 de diciembre de 2008

Algo muy especial (por lo menos para mí)

Probablemente esta sea la última entrada mía en este blog hasta el primer fin de semana del 2009. La razón es que dentro de unos días me voy a Roma para asistir allí a la ordenación sacerdotal de mi hijo Rodrigo. Es un momento importantísimo en mi vida. La razón de ser de este blog es compartir cosas esenciales con mucha gente, por eso publico este post. En realidad, no es un post mío. Son tres mails que Rodrigo mandó a su familia, amigos conocidos con autorización para difundirlo. Los mandó respectivamente a fines de mayo, y principios de Junio los dos primeros, poco antes de su ordenación como diácono y el 10 de Diciembre el tercero, inmediatamente antes de entrar en los ejercicios espirituales de los que saldrá directamente para ordenarse sacerdote el 20 de Diciembre en la basílica de San Pablo Extramuros en Roma. Allí nos vamos toda la familia hasta fin de año.

Ahí van los tres mails:


Fecha: 16 de mayo de 2008
Asunto: Me voy a ordenar sacerdote

Acabo de terminar de escribir una carta con la que voy a dar un paso decisivo en mi vida. He escrito a mi superior la carta en la que le pido recibir la ordenación sacerdotal.

Ciertamente llevo ya muchos años preparándome para este momento. Pero la costumbre en la Iglesia es que, durante el año anterior a la ordenación, el superior de un candidato al sacerdocio le comunique su aceptación y que, en ese momento, el candidato redacte una breve carta manuscrita. En ella debe pedir libre y espontáneamente la admisión a las sagradas órdenes y manifestar la intención de dedicarse de por vida a su misión de sacerdote. Esta es la carta que acabo de escribir.

Es una carta muy sencilla, de una página, sin retórica ni frases ampulosas, pero que compromete toda una vida. Imposible imaginar a qué rincones del mundo me llevará esta carta. Menos aún la gente con la que me llevará a tratar o las aventuras y retos, los sufrimientos y alegrías, las sorpresas y las fatigas que me deparará. Por eso es una carta que no se puede escribir con indiferencia. La he escrito con gran alegría y confianza, pero también con cierta expectación. ¿Qué será de mí en los próximos años?

Creo que por eso he sentido la necesidad de haceros llegar este mensaje al mayor número posible de todos vosotros a quienes he conocido. A quienes he conocido mucho y a quienes menos. A los que he seguido tratando con más frecuencia, y a los que no he visto o he visto muy poco en estos años que he pasado en diversos países del mundo. A los que sois creyentes, a los que no tanto y a los que no lo sois. A todos.

Imposible explicar en unas pocas líneas lo que es para mí ser sacerdote. Pero una cosa es cierta: el sacerdote pertenece a Dios y a los demás. Ya no se pertenece a sí mismo. Ha renunciado a una familia propia y a unos planes personales para dedicarse sólo a Dios y a los demás. No es que no tenga familia. Ésta es su familia: Dios y los demás. Creo que también por eso siento la necesidad de mandaros este mensaje. Porque, más allá de las distancias y más allá de los años, como “casi-sacerdote” creo que algo especial me ata a la gente con la que me he cruzado.

Si eres una persona de fe, te pido una oración por mí. Para que Dios me ayude a ser un santo y auténtico sacerdote. Si eres una persona de poca fe, te pido dos oraciones. Si no eres creyente alégrate por mí, y yo me encargo de la oración. ¡Pero alégrate!

Entre este momento y la ordenación me gustaría poder escribiros en alguna otra ocasión, para ver si consigo explicar por qué me hago sacerdote, qué he hecho estos años de preparación, qué significa ser sacerdote en el mundo de hoy. A ver si lo consigo.

De momento os mando un fuerte abrazo y la información sobre la ordenación.
Rezo por vosotros,

Rodrigo Alfaro Uriarte

Ordenación sacerdotal:

Sábado 20 de diciembre de 2008, Basílica de San Pablo extramuros, Roma, Italia. Nos ordenará el Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado emérito de la Santa Sede.

Antes seré ordenado diácono el domingo 29 de junio de 2008, también en Roma, en la capilla del Centro de Estudios Superiores de los Legionarios de Cristo, por Mons. Mieczyslaw Mokrzycki, antiguo secretario personal de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.

PD: Si tienes la dirección de alguna persona que conozco, a quien crees que le agradaría recibir noticias mías, puedes mandármela o reenviarle tú mismo este mensaje.



Fecha: 03 de junio de 2008
Asunto: ¿Por qué pensé en hacerme sacerdote?

La idea de ser sacerdote me fulminó al final del último año de colegio, en junio del 94. Sólo algunas semanas antes de la “selectividad” jamás había pensado que Dios me llamara a ser sacerdote. En 3º de BUP (Première en el liceo francés) había hecho ciencias porque pensaba estudiar una ingeniería; en COU (Terminale en el liceo francés), ciencias mixtas, porque ya tenía claro que de ingeniería nada: «O empresariales o derecho y después un master en dirección de empresas». Por el lado de los estudios las cosas iban bien y estaba presentando mi solicitud en diversas facultades de derecho y empresariales: a ver qué pasaba.

A corto plazo estaba bien ocupado y contento. Desde primeros de mayo, con los dieciocho años recién cumplidos, tenía el carné de conducir, una de mis ilusiones a corto plazo. Con coche, los fines de semana eran mucho más divertidos. Quería acabar cuanto antes los exámenes, la selectividad, el colegio. Las diversas invitaciones para varias fiestas nada más acabar los exámenes me animaban a un último esfuerzo en los estudios. Por si fuera poco, estaba a punto de empezar el mundial de fútbol de Estados Unidos, por supuesto, con el clásico estribillo: « ¡Este año sí podemos!», que terminaría por estrellarse contra el codo de Tassotti.

Aunque es verdad que no me planteaba para nada la idea de ser sacerdote – ¡ni mucho menos la de entrar en un seminario para el curso siguiente!– también es cierto que en ese último año de mi vida muchas cosas habían cambiado. Me había acercado a Dios como nunca antes. Incluso tenía un proyecto concreto de ir a hacer un mes de misiones en México durante el verano, aunque, eso sí, reservándome por lo menos una parte del mes de agosto para mis vacaciones. Para estudiar más tranquilo y para tratar de acercarme un poco más de Dios, decidí ir a preparar mis exámenes finales en una casa de los legionarios de Cristo.

Y fue en estas circunstancias concretas, durante esa semana, cuando, de pronto, algo cambió. ¡Todo cambió! Lo recuerdo muy bien. Fue durante una confesión, un 6 de junio de 1994.

-Padre, ¿me puede confesar?
-Claro, cómo no.

Hice una buena confesión y, cuando el padre decía «Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», algo cambió para siempre. No es que escuchara voces extrañas. Tampoco hubo ninguna visión maravillosa. Pero, además de sentir una gran paz, salí de esa confesión con un fuego desbordante en el corazón y una idea muy clara que resonaba en mi mente como dicha por Alguien Grande: «Quiero que seas sacerdote». ¡Era tan claro! ¡Es tan claro, casi catorce años después!

¿Por qué decidí hacerme sacerdote? He intentado responder del modo más directo e instintivo: volviendo al momento clave –¡al lugar del crimen! Pero yo mismo me doy cuenta de que esto sólo es una foto instantánea de un momento importante, que, sin embargo, no explica toda una decisión. ¿Estaría tan loco de seguir sin más una especie de sentimiento religioso? ¿De cambiar toda mi vida a raíz de esto?

Si esto hubiera sido un hecho aislado, una simple emoción pasajera, seguramente no hubiera seguido este camino. De hecho, en las semanas siguientes pensé más de una vez que era una locura lanzarme a seguir algo que parecía una emoción. No me parecía racional. Pero me dio ocasión para pensar mucho y para descubrir que no era un hecho aislado, ni sólo una emoción. Ese momento fue sólo el detonante de algo que Dios mismo preparaba desde hace tiempo, no una “improvisación”. ¿Cómo es que alguien que un año antes nunca rezaba, ni se confesaba, ni se preocupaba por “esas cosas” había llegado a este momento?

Bueno, me temo que lo que os he contado no explique del todo por qué me hago sacerdote. Como mucho os he enviado la foto de un suceso que cambió mi vida. Pero ya es algo. Espero poder explicároslo mejor. Es fácil explicar cómo te enamoras, pero estaréis de acuerdo en que es más difícil explicar el porqué. Buscaré el tiempo para hacerlo mientras preparo los exámenes finales de teología.

Con mis oraciones por vosotros. Un abrazo. Rodrigo Alfaro.


Fecha: 10 de Diciembre del 2008
Asunto: Justo antes de mi ordenación
Roma, 10 de diciembre de 2008

¡Un saludo a todos! Como veis mis otras cartas de las que hablaba hace unos meses nunca llegaron. Sí llegaron muchas otras cosas. Sí llegaron –y pasaron– mis exámenes finales de junio. Sí llego mi ordenación diaconal. Sí me llegó una nueva misión, por lo cual hice mis maletas y me marché a Francia. Aunque os escribo desde Roma, ahora vivo en el Sur de Francia, en Toulon, donde desarrollo mi ministerio con jóvenes y familias. Y, por cierto, sí llego también la Eurocopa, y esta vez sí, ¡esta sí que sí!

Estos meses de coger el ritmo del nuevo trabajo y de empezar a servir como diácono han sido muy intensos. El diaconado es el primer grado del sacramento del orden, y el diácono ya ayuda al sacerdote en su misión de muchas maneras, pero sobre todo bautizando, presidiendo el sacramento del matrimonio, predicando en la misa y distribuyendo la comunión. Ha sido un periodo precioso, y un último periodo inolvidable de preparación para la ordenación sacerdotal.
Tan intensos han sido estos meses que no he podido ni pensar en retomar el hilo de lo que empecé a contaros.

Os agradezco mucho las muchísimas respuestas tan sinceras que he recibido. Cada una de ellas ha sido una alegría para un corazón que se prepara a ser definitivamente todo de Dios y de los demás.

A partir de mañana empiezo ocho días de preparación en silencio para la ordenación sacerdotal. No será un silencio envasado al vacío, sino un silencio en el que rezaré con todas mis fuerzas por todos vosotros y por todas las personas a las que dedico mi vida haciéndome sacerdote. También por las que aún no conozco. Será un silencio lleno de alegría y de vida.

El sábado 20 de diciembre seré ordenado sacerdote con otros 49 compañeros. Después de habernos postrado en tierra mientras todos los presentes rezan por nosotros, el obispo impondrá las manos sobre nosotros y hará una oración consagratoria. Por ese gesto que sigue realizándose desde los tiempos de Jesucristo, seremos sacerdotes para siempre.

Gracias por vuestra paciencia. A los que creéis en ese Dios que me ha llamado a dar este paso, gracias por vuestras oraciones. A los que no creéis, gracias por vuestra simpatía. Y gracias a Dios por este regalo del sacerdocio.

Un abrazo a todos.

Rodrigo Alfaro

El sábado 10 de enero de 2009, a las 12, celebraré una misa en la parroquia de Nuestra Señora de Caná, en Pozuelo de Alarcón, Madrid. Estáis todos invitados. Por supuesto, después habrá vinito y jamón.

Por supuesto, ago extensiva esta invitación de Rodrigo a todos los que leáis este post. Ojalá seáis miles y no quepamos en la iglesia de Santa María de Caná y toquemos a muy poco jamón.

Un abrazo mío.

Tomás Alfaro Drake.

P.D. Os adjunto un enlace a youtube que merece verse.

www.youtube.com/watch?v=bYLIWWtqPx8

1 comentario:

Carmén e Iñigo Rodríguez dijo...

Rodrigo: Con mucha alegría hemos leído tu mensaje. Por supuesto que todas nuestras oraciones serán para ti y todos los que contigo se ordenan, y en especial por nuestro querido Íñigo Ahedo Rodríguez, que contigo ese día compartirá y será el más féliz de sus vidas.

Unidos, todos juntos, estarémos en comunión con el Señor. Te mandamos un fuerte abrazo desde Celaya, México, para ti y todo tu familia.

Felicidades!!!