5 de junio de 2011

Democracia real. ¡Ya!

Tomás Alfaro Drake

La verdad es que este movimiento de “Democracia real ¡Ya!” me rompe un poco los esquemas y me hace tener posiciones muy encontradas dentro de mí mismo. En primer lugar me produce un profundo rechazo. ¿Por qué? Pues básicamente por dos motivos.

El primero, porque entiendo que la libertad de cada uno acaba cuando al ejercerla se vulnera la libertad de los demás. Y eso es exactamente lo que están haciendo los que participan en este movimiento. No me refiero tan sólo, que también, a la libertad de que yo pueda pasar en taxi por la Puerta del Sol. Me refiero a la de los comerciantes, que con su esfuerzo tratan de mantener a flote sus negocios en tiempos difíciles y que están viendo como se vienen abajo por esta “folclórica” invasión. Por supuesto, cuando los manifestantes son pacíficos ciudadanos pro-vida que sólo pretenden estar unas horas ante la entrada de la clínica abortista DATOR, son inmediatamente disueltos por las fuerzas de orden público. Pero claro, no conviene confundir una honesta clínica abortista, que persigue un bien social, con esos comerciantes de Sol que sólo buscan ganar dinero.

El segundo, porque, como siempre ocurre, un movimiento que tal vez en sus principios no sea antisistema, se convierte rápidamente en eso. Los promotores de este movimiento, según parece, son gente que vive y deja vivir, aunque no estén de acuerdo con ciertas prácticas del sistema. Poco a poco, a estos se les ha ido uniendo gente que está harta de una serie de políticas que están haciendo que su situación de paro o de marginación no tenga horizontes de resolución. Hasta aquí bien. Lo malo es cuando los antisistema profesionales se hacen con el cotarro. Con la consigna, al menos de momento, de no romper, de no agredir, de parecer pacíficos, en una palabra. Me refiero a personas que están en porque nunca han tenido la más mínima intención de trabajar (y no me refiero al que buscando activamente trabajo, todavía no ha podido encontrarlo), o que viven un tipo de vida de automarginación de la sociedad, como profesionales de la protesta por todo. Cuando estos se hacen con el mando… malo. Y me temo que esto está pasando o ya ha pasado. Veremos en qué acaba esa consigna de parecer pacíficos.

Hasta aquí, mi profundo rechazo. Pero dicho esto, hay, en el fondo de este movimiento, algo que comparto. Es la añoranza por una inexistente sociedad civil en España. El sistema democrático nace como soberanía del pueblo, administrado por un poder que no ejerce el pueblo sino unos funcionarios a su servicio (porque eso son, o deberían ser, los políticos). Pero la tentación es fuerte, para estos funcionarios, de olvidarse de su condición en su propio beneficio y usar el Estado como una fuerza opresora. Para evitar esto, a lo que Hobbes llamó el Estado Leviatán, Locke y Montesquieu, entre otros fueron desarrollando la idea de la separación de poderes: Ejecutivo, legislativo y judicial. Pues bien, en España, y mucho me temo que no sólo en España, esta separación de poderes ha desaparecido o, por lo menos, está a punto de hacerlo. El poder ejecutivo nace, en muchos casos, de pactos antinatura entre fuerzas políticas que no respetan el espíritu de la soberanía popular expresado en las elecciones. Con un sistema electoral que permite que partidos son representación únicamente regional puedan ser los áebitros de la política nacional y ponerla a su servicio. Y una vez logrado ese poder, se ejerce torciendo decisiones razonables, para con ello comprar en el congreso los votos de parlamentarios de otros partidos para que apoyen otras leyes que nada tienen que ver. El poder judicial, en sus más altos estamentos, es nombrado por el ejecutivo y sigue borreguilmente las indicaciones de este poder, como se ha podido ver en el caso de la legalización de Bildu por el Tribunal Constitucional. Se procura que el ciudadano deje de serlo para convertirse solamente en votante cuando le llamen a las urnas y del que se intenta conseguir que no dé la lata con sus peticiones en el interregno entre votaciones. Mientras, los políticos se van convirtiendo de servidores de la ciudadanía en una casta de privilegiados, por encima de la ley de los comunes mortales, sin más responsabilidad que ganar las elecciones para perpetuarse. Sólo se atiende a las formas de reivindicación ciudadana que puedan ser mediáticas e influir así en la decisión de voto o, peor aún, a las que puedan llegar a ser violentas. El caso de Democracia real ¡Ya! Responde a la primera categoría y puede acabar respondiendo también a la segunda. Pero si se trata de manifestaciones pacíficas o de recogidas de firmas o de peticiones de plataformas ciudadanas, la reacción del ejecutivo se debate entre el desprecio y la ignorancia.

Por eso creo que, si queremos preservar el espíritu de la democracia, es absolutamente necesario que se cree una sociedad civil sólida y articulada. Esa sociedad civil, para que sea válida, tiene que nacer de una ciudadanía concienciada de serlo y con suficiente armamento intelectual como para ser capaz de suponer una crítica inteligente. Pero lo que se percibe en España, más que en otros países, aunque en estos también, es una tendencia que, si no es secular está a punto de serlo, de abandono de la ciudadanía en manos de un “papá” Estado al que le damos nuestro conformismo a cambio de que él nos mantenga. Y cuando la ficción de esta capacidad de “papá” Estado para mantenernos queda patente, se patalea. Pero, mientras tanto, “papá” Estado es bueno y benéfico, se piensa, y debemos, por tanto, confiarle nuestro cocido y entregarle a cambio nuestro espíritu crítico. Para esta forma de pensar, el Estado (o sus sucedáneos como Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, etc.) sabe administrar mejor que la iniciativa privada las finanzas, la salud y la educación. Ahí está el déficit de un “papá” Estado pródigo con los hijos que le convienen y arruinando al país, repartiendo dinero y prebendas entre los simpatizantes del gobierno de turno. O el de las Cajas de Ahorro, cuyo clientelismo político les hace estar en uno de los primeros puestos de la agenda de problemas que minan la credibilidad de España ante el mundo. Esta tendencia cuasi secular, desemboca en entregarle a los poderes públicos precisamente lo que estos más desean que se les entregue: La educación. Esta entrega tiene la culpa de que actualmente, en algunas comunidades autónomas se vea a España como una potencia extranjera y opresora de la que es necesario liberarse a cualquier precio. Y ahora, esta entrega se quiere usar, esta vez a nivel estatal, para adoctrinar al cuidadano, desde la niñez, con la mal llamada educación para la ciudadanía, que sólo pretende instaurar en la mente de los votantes el experimento social zapaterista en el que estamos inmersos.

En la medida en que este movimiento de Democracia Real ¡Ya! suponga una añoranza de una sociedad civil más fuerte, me parece bien, aunque, posiblemente, no esté de acuerdo con la mayoría de sus reivindicaciones. Pero eso es irrelevante, porque ellos tampoco están de acuerdo entre sí. Pero en la medida en que ese movimiento se cree con derecho a invadir las libertades de otros ciudadanos, me produce una enorme repulsa. Y me crea una enorme desazón ver como no se ha actuado preventivamente, por motivos electoralistas, antes de la ocupación, para evitarla y ahora el gobierno se complace en su impotencia. O mucho me equivoco o este movimiento tendrá coletazos violentos antes de disolverse.

Termino estas líneas con una digresión y un augurio. Muy a menudo, las ideologías se disfrazan, pero su lenguaje las delata. La expresión “Democracia real” ya se usaba en las épocas en las que la Unión Soviética apretaba su puño sobre media Europa y parte de América, Asia y África. La democracia real era, naturalmente, la democracia del paraíso comunista, mientras que las burguesas y decadentes democracias capitalistas eran llamadas democracias formales. ¿Se les ve la patita por debajo del disfraz? Vaya esto también para decir que no estoy en contra de la democracia, de la única que conozco, de la “formal”, sino que clamo por una sociedad civil que ponga al Estado leviatán el bozal que la ficción en que se ha convertido la separación de poderes ya no le puede poner.

Ahí va el augurio, a pesar de lo arriesgada que es la profesión de augur. Creo que en esto de la política, como en casi todo, la tecnología va a cambiar muchas cosas. Evidentemente, se seguirá votando en urnas con determinada periodicidad. Pero cada vez se podrá ignorar menos la voluntad de los ciudadanos, sin que para ello tengan que tomar la calle. Ya hay plataformas ciudadanas que usan las tecnologías de la información para hacer llegar su opinión, de forma sivilizada, a gobernantes, jueces, legisladores, etc. Tal vez hoy por hoy sean un instrumento marginal, pero no pasarán muchos años antes de que un gobernante que hace cualquier barbaridad reciba varios millones de opiniones en contra. Allá él si las ignora.

5 comentarios:

Sonsoles dijo...

Estimado Tomás,

me gustaría contarte que puedes ir en taxi, en metro en autobús y pasear libremente por la Puerta del Sol; como no podía ser de otra manera. Actualmente y desde hace más de una semana existe una separación de más de 10 metros entre las tiendas comerciales y las del campamento. ¿Existen problemas asociados a esta expresión de la indignación? Sí, y se trabaja para solucionarlos, entre todos.

No temas por los profesionales de la marginación, no se están haciendo con el cotarro. Somos muchísimos más los indignados, ciudadanos corrientes que sabemos pensar y tomar decisiones por nosotros mismos. Entre todos, lo cual lo hace a veces muy difícil, pero más gratificante.

Finalmente, me alegro contigo porque sí, existimos, la sociedad civil existe. Y ha estado observando a sus políticos cómo ejercían su ¿vocación? pública, durante años.
Por tanto te invito a participar, sin prejuicios, en las comisiones y grupos de trabajo. Si es demasiado, simplemente puedes dar tu opinión en las asambleas de barrios y pueblos que se están celebrando.
Este movimiento de personas indignadas irá donde queramos nosotros, no creo que a la URSS, ni al Chile de Pinochet, en cualquier caso eso lo decidiremos nosotros, andando, pensando, reflexionando y actuando.

Acércate y aporta tu pensamiento, por una sociedad civil más fuerte y madura. Seguro que tienes mucho que dar a los demás y a lo mejor alguien es capaz de sorprenderte con un nuevo pensamiento.

Un abrazo.

Juan-Luis dijo...

Querido Tomás. Gracias por este post. Comparto mucho de lo que dices y te discutiría algunas otras cosas, pero al menos es un post que "permite respirar". Confieso qeu tenía algo de miedo. Este movimiento me ha provocado muchas decepciones. Y no por los "aSolados", que critico y defiendo casi a partes iguales, de forma parecida a lo que tú haces. No. He descubierto, con verdadera pena, a mi alrededor (y a tu alrededor) "demasiada" gente "demasiado" cuadriculada: desde el principio decidieron que el movimiento de Sol no encajaba en su lado del mundo dividido en el que viven y, por tanto, eran "de los otros", de los malos, y lo más educado que han hecho ha sido despreciarlo sin más atención. Te confieso que aún estoy en shock y decepcionado con algunas personas de mi entorno que tenía en un altar de la moderación y la reflexión y se han revelado "demasiado humanas", jejejeejej... Ya lo hablaremos con un café algún día. Abrazo y, de nuevo, gracias!

Anónimo dijo...

Hola, Sonsoles y Juan Luis, soy Tomás.

Lo primero, gracias por vuestros comentarios. A ti, Sonsoles, creo que es la primera vez que te veo por el blog. Bienvenida.

Generalmente, voy por la vida de ingenuo, y me gusta. Tiendo a creer en la buena voluntad de la gente y creo que eso es sano, aunque a veces te lleves una decepción.

Pero, en este caso, me temo que ni siquiera yo puedo ser ingenuo. Estoy convencido, Sonsoles de tu buenísima voluntad y me parece encomiable. Pero prefiero esperar a ver cómo acaba esto, porque me temo que acabará como digo, con los activistas antisistema haciéndose con el cotarro.

Que conste que me encantaría equivocarme. Si es así, te daré la razón con gran alegría.

Por otra parte, no me negarás que se está perjudicando gravemente a los probos comerciantes de Sol y ya sólo eso hace inaceptable la situación

Esperemos y veamos. Pero mientras tanto, yo aporto mi pobre y pequeño granito de arena a la sociedad civil apoyando a la plataforma HazteOír, que, en el 90% de los casos, representa mi manera de ver la vida.

Un abrazo y gracias por vuestras opiniones.

Tomás

Juan GM dijo...

Hola, Tomás, soy Juan GM,
Gracias por el post. Estoy muy de acuerdo contigo, y también quiero agradecer a Sonsoles su sinceridad y compromiso para que las cosas se hagan bien.
Sin que tenga relación con el post, querría comentarte una cosa. Dándole vueltas al tema del cambio climático, se me plantea una cuestión. Se oyen desde muchos sitios que el ser humano se ha convertido en el destructor del planeta. Ciertamente la actividad humana es transformadora del entorno, pero también es destructora, aunque no sea esa la intención. La destrucción y la transformación forman parte de ese desequilibrio cósmico del que hablabas en un post hace unos dos años, causado por el pecado, por lo que quizá sea inevitable que nuestro planeta sufra daños por nuestra causa, aunque no queramos provocárselos.
Me pregunto entonces si vamos encaminados a esa destrucción, y a continuación pienso que no, que es imposible, salvo que Dios lo permita. Quizá sea en la segunda venida de Cristo cuando ya esto se haya "amortizado", pero eso son cábalas.
Creo sinceramente que las virtudes cristianas, y la fe, son la forma de hacer sostenible la vida del hombre en la Tierra. El castigo divino es el alejamiento de Dios, el rechazo de Dios (el Dios cristiano es, según yo creo, el que mejor muestra al verdadero Dios, pero muchas personas en el mundo viven en el Espíritu Santo, aunque ellos no sepan qué es). Más bien nosotros mismos nos hundimos cuando nos alejamos de Dios, y eso implica la destrucción de lo que nos rodea, no la transformación del entorno, que puede ser natural también, como lo es el hombre.
¿Cómo transmitir a otros, no creyentes, que las virtudes cristianas son la verdadea via a que este mundo no se destruya? ¿Por qué nos cargamos con culpas como las que asocian al hombre como generador de cambios terribles en la Tierra, cuando lo que tenemos que hacer es acercanos a Dios para saber lo que quiere de nosotros? ¿No es mejor liberarnos de esas culpas terribles, y tratar de entender lo que nos rodea, para que sepamos emplearlo adecuadamente, siempre con la certeza de que Dios nos cuida en todo momento?
Difícil respuesta si no es aceptando el enorme misterio de la Creación y del mismo Hombre. Pero qué precioso en aceptarlo, aceptando nuestras limitaciones, y nuestra casi nula capacidad de cambiar el mundo.
Un abrazo
Juan GM

Anónimo dijo...

Querido Juan GM, soy Tomás. 1º sobre el movimiento democracia real ya! Me temo que mis previsiones se están cumpliendo y, créeme que lo siento, pero... me temo que es una regla historica inevitable que los movimientos populistas empezados, tal vez, con buena voluntad, acaban dominados por los agitadores profesionales.

Sobre el cambio climático, te recomiendo que leas la entrada del 7 de febrero del 2008 sobre ese tema. Si te parece, me dejas allí tus comentarios y cambiamos impresiones.

Un abrazo.

Tomás