25 de abril de 2012

Frases 25-IV-2012

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.


El conocimiento de Dios es accesible a los hombres. Porque desde la creación del mundo, su naturaleza invisible es inteligible a través de la creación y los hombres pueden contemplar en las obras divinas el Poder eterno y la magnificencia; de forma que no tienen excusa de haber hecho lo que han hecho. La verdad, es decir, el conocimiento religioso de Dios, iba al encuentro de los hombres; pero la iniquidad de estos, sus malas disposiciones, le impidieron abrirse camino entre ellos. La creación no tenía más objeto que situar ante la inteligencia humana, como objeto de contemplación, el Poder y la Belleza de Dios, manifestados y visibles en sus obras. Era el primer lenguaje de Dios para la humanidad... Rehagámonos, pues, frente al mundo, almas nuevas, almas de niños y de artistas. Con ojos purificados de toda la niebla que una civilización atea ha esparcido sobre el universo –pues, ¿acaso [...] por haber reducido a ecuaciones las órbitas de los astros son éstas menos majestuosas en el cielo profundo? –, miremos de frente la juventud eterna y el frescor de las obras que siguen naciendo en este momento de las omnipotentes manos de Dios. El mundo no ha envejecido, aunque las almas modernas hayan perdido el sentido de Dios y, con el sentido de Dios, el de la creación. Y la falta de entusiasmo del hombre moderno ante la belleza inenarrable del mundo, desde la flor primaveral hasta el deslumbramiento de las constelaciones en las noches claras, ¿no es la prueba –por lo absurdo– de que Dios y la belleza de la creación se dan la mano?


Mons. Cerfaux, “una lectura de la epístola a los romanos”.


8 comentarios:

Anónimo dijo...

En efecto es así, pero la controversia viene del mal que también está incardinado en el Universo, en concreto siguiendo esta lectura, por los males que provoca la propia naturaleza en los seres vivos, sobre todo el mal que se produce a los inocentes.
El “mysterium iniquitatis” que apunta san Pablo y después comenta san Agustín, ese misterio del mal en el mundo y también en los hombres.

Anónimo dijo...

Hola anónimo, soy Tomás.

No creo que el mal esté incardinado en el Universo. No dice eso el Génesis. "Y vio Dios que era bueno". El mal se introdujo en el mundo por el pecado original. Con él se intridujo un desquilibrio físico en un universo que el hombre podía regir como "delegado" de Dios (Mira el salmo 8). Pero eso tiene arreglo. La historia de la salvación es la historia de ese arreglo.

Te sugiero que leas la entrada del blog del 16-I-2010 titulada, ¿Por qué, Dios mío permites esto? y te adjunto una oración de un libro llamado, la oración de todas las cosas. Como no cabe en este comentario, lo añado a continuación en varios.

Un abrazo y gracias por tu comentario.

Tomás

Anónimo dijo...

LA ORACIÓN DE TODAS LAS COSAS

I. GRAVI CORDE

Con el alma abrumada

Pierre Charles S.J.

La fatiga de vivir es a veces tan grande, Señor, que mi espíritu sueña la evasión y quisiera huir muy lejos a un país cualquiera de descanso eterno. Una irresistible nostalgia de olvido me penetra y me domina. No condenes, Dios mío, mi cansancio como si fuera una flojedad. Tú has perdonado a la caña cascada y te has compadecido del pábilo, demasiado débil para brillar, pero humeante todavía, endeble, en el hueco de la lucerna de tierra cocida.

Yo quisiera decirte, sin frases, con la monotonía de las quejas anónimas, qué duro es nuestro vivir y de qué angustias has sembrado todos nuestros caminos.

Es cómodo repetir que el mundo es obra tuya y que Tú lo has desplegado ante nosotros para que pudiéramos reconocer en él tus perfecciones. Con un poco de literatura común se llega a cantar tu creación como un poema. Se ponen flores y pájaros, fuentes y estrellas, tiernos claros de luna y dulzura de tarde de otoño, jardines perfumados y torcaces en las frondas. Pero todas estas églogas son un poco pueriles. Si bastara mirar la tierra para reconocerte, ¿por qué son tan numerosos los que declaran no haberte visto en los caminos que han seguido y no haberte encontrado jamás en el hilo, muy largo por cierto, de sus itinerarios? ¿El mundo es verdaderamente para nosotros los mortales el cercado suave del que habla la amada en el Cantar de los Cantares?

¿Cómo puedo descubrir la obra de tu Bondad en este universo que ignora la compasión y que, en su indiferencia ciega y sorda, jamás escuchó el grito de nuestra angustia? La marea no se parará un minuto para perdonar a ese niño perdido en la playa. El cierzo del invierno no será menos glacial para el huérfano que tose o para la viejecita que tirita. El suelo no dará una mies de añadidura para salvar del hambre a toda una población de honestos trabajadores. Las tempestades no tuercen su curso por miramientos a los marinos, y las avalanchas, lo mismo que los volcanes, no se preocupan de los pueblos que entierran. Este mundo sin compasión, sin educación, sin moral, que no ha distinguido jamás al justo del impío ni al inocente del culpable, ¿podré yo tomarlo por objeto de mi oración y contiene verdaderamente el reflejo de tus atributos?

Sé que un tiempo, en los primeros siglos cristianos, este mundo obtuso y cruel pareció tan indigno de tu bondad, que hasta se llegaba a imaginar que se te daba gloria diciendo que no venía de Ti, que venía de un demiurgo malo, y que la virtud de los fieles consistía en blasfemar de él. Tales viejas herejías gnósticas han sido muy acertadamente fulminadas por pesados anatemas conciliares; pero indican al menos el lugar del escándalo. Nos muestran lo difícil que es a nuestro espíritu ver, en el mundo, la marca de una ternura divina y algo como la caricia del Padre que está en los Cielos.

Anónimo dijo...

Señor, no me prohibas decir estas cosas y llevar a plena luz, delante de Ti, todas estas objeciones dolorosas, que me envenenan cuando intento rechazarlas ingeniosamente. Porque, por haber desgranado este extraño rosario, empiezo a ver mejor en un rayo de verdad y mis quejas van, tal vez, a disiparse.

El mundo no tiene corazón, decía yo, y, por lo tanto, no se parece a Ti. Pero el mundo es yo también, yo formo parte de él y soy yo y son los hombres, los que debemos hacerlo clemente y misericordioso. Nosotros somos el corazón del universo.

El mundo es ignorante. Ni siquiera sabe que existe. Esta es la verdad. Pero yo formo parte de este mundo, y en mí encuentra él su conciencia y toma significación. Este mundo es un instrumento; soy yo el obrero; y precisamente porque él no tiene pensamiento propio, puede dejarse invadir y modelar por el mío. Porque es indiferente, puede ser tan maravillosamente dócil. Su vacío moral me permite llenarlo todo entero de mi adoración o de mi blasfemia. El violín más bello del mundo es perfectamente estúpido. Ignora las notas y el solfeo, y mientras está solo queda tan mudo como una piedra. Es el músico quien le hará cantar su pasión, su locura, su desesperación o sus rabias. Todos los colores de un cuadro están en algunos pequeños tubos o en algunos vasitos que no tienen absolutamente nada de estético: es el artista quien les dará el poder de expresar alguna cosa: algo grotesco o sublime, torpe o elegante. Las palabras, alineadas alfabéticamente en los diccionarios, son incapaces de hacer un frase, de expresar un juicio; hasta son incapaces de mentir. No son más que la materia de la prosa o de la poesía; es el escritor quien las hará vivir, poniendo la forma de su pensamiento, noble o vulgar, verdadero o falso, claro o confuso.

Cuando blasfemo del mundo porque carece de compasión y moral, me considero tontamente como un espectador en una butaca. Pero yo soy actor en la escena. No se convertirá la arcilla en casa protectora, sino porque en esa arcilla he modelado y cocido los ladrillos y porque los he colocado debidamente. La oración del mundo no se encontrará más que en mis labios o en los de mis hermanos; su bondad no estará más que en mi gesto, y cuando el universo adore, tal adoración sólo existe en el fondo del corazón de los hombres. Como la leña, que puede en el hogar calentar en invierno toda la casa con tal de que se la encienda y una llama la transforme. Para existir tengo necesidad de este universo físico; yo estoy verdaderamente hecho del barro de la tierra y todo lleva en mí la marca de este origen, pero para tener un sentido y un valor, para ser bueno o malo, pecador o fiel, el universo tiene necesidad de mí; de mi acción tiene él la marca, como la efigie acuñada en el metal de las monedas. Las lágrimas no saben qué es la tristeza. Las lágrimas sólo son tristes por mi pena; y mis labios son alegres por mi alegría.

Se me ha repetido que el hombre era el rey del universo, como los pedantes dicen que la filosofía es la reina de las ciencias; pero no me gusta mucho desempeñar un papel real. Por otro lado, esto parece ligeramente caducado. ¡Rey del universo!; dejemos estas palabras, Señor, a los viejos paganos. Eres Tú el obrero que trabaja en la inmensa cantera del mundo para hacerlo en mí semejante a Ti.

Anónimo dijo...

Hola Tomás, soy Juan.
Enorme derroche de voluntad, con apuntes realmente muy interesantes. Es muy de agradecer porque es un tema nada fácil.
En realidad, es un misterio insondable. La naturaleza es bella pero también es cruel.
El nido de un pájaro se puede contemplar desde la obra más maravillosa, como desde la mayor crueldad, cuando p. ej. el polluelo más fuerte expulsa al vacío a su hermano porque ve que llega poca comida. Conocemos que como este, y más crueles, hay muchísimos ejemplos en la naturaleza. A la conciencia le repugna este acto.
El sufrimiento de los seres vivos, en este caso el animal, no sólo el del humano inocente, es ajeno al pecado, los animales también tienen sistema nervioso y sufren sin saber porqué.
C.S. Lewis, al que citas, en "El problema del dolor", a pesar de sus denodados esfuerzos que le honran, no consigue acercarse ni de lejos a desentrañar ni un ápice este profundo misterio que nuestra mente, hoy por hoy, no llega a alcanzar.

Anónimo dijo...

Hola Juan, soy Tomás. Me encanta este cambio de impresiones. Desde luego, el problema del dolor es un misterio. Pero el misterio no es una cosa en la que no se pueda y se deba pensar. Al contrario, aún sabiendo que jamás lo entenderemos, porque supera a nuestra razón, debemos intentar acostumbrar nuestros ojos de la inteligencia a su exceso de luz para ver un poco más.

Dentro de esto, los cristianos SABEMOS que el mundo material ES BUENO, aunque no entendamos muchas cosas. Como siempre (y me da apuro estar todo el día autorreferenciándome a mi blog) te sugiero la lectura de una entrada del 11 de Julio del 2010 que se llama "Escatología del cosmos según san Ireneo".

Creo que el sufrimiento del animal y del inocente por la naturaleza no es ajeno al pecado. Al menos, no después de la aparición del hombre. El ser humano fue investido por Dios para regir el cosmos por delegación suya. Para mí, este regir el cosmos significaba (y perdona el uso de lenguaje científico) ser capaz de frenar el crecimiento de la entropía. Dice el salmo 8:

"Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,la luna y las estrellas que has creado,¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad,le diste el mando sobre las obras de tus manos,todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros,y hasta las estias del campo,las aves del cielo, los peces del mar,que trazan sendas por el mar.

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Eso son los tiempos mesiánicos, Isaías nos dice: "Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito,el novillo y el león pacerán juntos:un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas;el león comerá paja con el buey. El niño jugará en la hura del áspid,la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.No harán daño ni estrago por todo mi Monte Santo: porque está lleno el país del onocimiento del Señor,como las aguas colman el mar".

Misteriosamente, eso podía haber pasado si no hubiese habido pecado. Por tanto, creo el dolor de la naturaleza sí tiene que ver con él pecado. La naturaleza ES BUENA. Los cristianos tenemos que creerlo así, aunque no lo entendamos. Habrá que esperar a la segunda venida del Mesías para que se restauren todas las cosas del todo. UY, mientras tanto, nosotros aquí, con todas nuestras fuerzas, a Dios rogando y con el mazo dando para disminuir el dolor en el mundo. Pero con ESPERANZA.

Un abrazo.

Tomás

Anónimo dijo...

Hola Tomás soy Juan:

Interesantísimo comentario de tu blog, el que has señalado, y además comulgo con muchas observaciones que haces.

Estoy de acuerdo en que hoy por hoy no podemos entender el problema del dolor. Respecto a que el ser humano debe, con la ayuda de Dios, frenar el crecimiento de la entropía, me parece perfecta y de lo más atinado, como lo has definido y en esa línea sí que hay esperanza. Pero respecto del problema que nos ocupa y de la crueldad del mundo, no puedo conformarme con echarle la culpa al pecado del hombre.

Por otra parte, El AT, (ni el NT) son dogmas, por lo que la hermenéutica será la que tenga que determinar que quiere decir "bueno". El AT es un Libro maravilloso, pero -para mi-, la inspiración divina de los hagiografos es compleja, muy complicada de interpretar.
Por empezar por el principio, por el Génesis 1 y 2, los dos diferentes relatos de la Creación, son la mar de curiosos y sin una exégesis, cualquiera que lo leyera al pie de la letra, se quedaría atónito. ¿Valen los dos aunque sean contradictorios?

Xto dijo que no vino a abolir la antigua ley sino a darla cumplimiento, y se cumple por la Buena Nueva contenida en el NT, por tanto mi referencia es Él, por Él y sólo por Él conozco a Dios.

Del pecado no creo se pueda colegir el sufrimiento físico que se produce en los animales ni en los inocentes. Nuestra Santísima Madre sufrió y Ella estuvo libre del pecado original.

Del PO, nosotros no tenemos responsabilidad aunque suframos las consecuencias, sólo respondemos de nuestros pecados personales, y alguna vez aunque en muy pocas ocasiones sí estamos en Gracia de Dios, de hecho con el Bautismo queda perdonado hasta el propio PO.

Por ello, me deja perplejo el recurso de echar la culpa del dolor del mundo inocente al pecado. No comparto esta ley causa efecto. No me conformo ni me tranquiliza saber que por esa supuesta ley pagan consecuencias seres ajenos a él como los animales, o personas que por edad o enfermedad innata o sobrevenida, no se pueden gobernar, porque Cristo sanó a los enfermos, el no quería el sufrimiento.

Es un gran misterio que creo como dices, no tenemos recursos aún, para desentrañar, porque hoy por hoy, supera nuestra razón.

Anónimo dijo...

Efectivamente, Juan. Después de aceptar que el misterio es exceso de luz para nuestra inteligencia, dejémosle ser misterio, en la esperanza de que un día, cuando veamos a Dios con los nuevos ojos que Él nos regale, lo entenderemos. De momento, vemos el tapiz de la vida por el revés y no podemos entender el magnífico diseño del derecho. Pero un día, Dios lo volteará a nuestros ojos. Mientras tanto, paciencia, humildad y ESPERANZA.

Un abrazo.

Tomás.