17 de octubre de 2012

Frases 17-X-2012

Tomás Alfaro Drake   Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

El aspecto más misterioso de la esperanza, la humildad, debe acompañar su proclamación a los hombres. Pues la desolación es, entre todos los estados humanos, una pena muy delicada, que rehuye la aproximación. [...] Sí, sólo Dios sabe aproximarse de una forma bastante delicada y, a la vez, bastante poderosa. [...] Es, pues, necesario, que los cristianos, en nombre de la Iglesia, y en ella, se aproximen a la Derelitta [1] con la suavidad de Dios. Deben amar a sus hermanos los hombres, no “por” amor a Dios, sino “con” el amor con que Dios nos ama, el amor que se revela en Jesús [que, como nos dice Isaías, no quebrará la caña cascada ni apagará el pábilo vacilante]. La esperanza cristiana puede devolver la vida a los que carecen de Cristo y de la esperanza en este mundo, pues sólo ella proclama la certeza de la resurrección. Pero su respuesta a la pregunta: “¿Por qué, Dios mío, sigues abandonando a este mundo? ¿Por qué?”, no es pregonada por ella con una suficiencia hipócrita u o un realismo injurioso. La esperanza cristiana espera en Dios para todos nosotros, para Europa, para el mundo, pero humildemente.

Charles Moeller, Literatura del siglo XX y cristianismo, Tomo IV; la esperanza en Dios, nuestro Padre. Capítulo dedicado a Charles du Bos.

[1] Se refiere al personaje de un cuadro de Boticcelli que lleva ese nombre, la Derelitta, la desolada, que es una impresionante imagen de la desolación y el desconsuelo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Agudo Moeller.
No podemos controlar el misterio de Dios, sólo le podemos conocer con un conocimiento recíproco, es cuando le veamos cara a cara, cuando "conoceré en la misma medida como soy conocido", 1 Cor13,12.
Es el conocimiento por la fe, es la sensación de "estar siendo conocido" es el compartir a Dios, que va más allá que la de creer conocerle e intentar demostraciones o justificaciones de una manera racional.
Surge así la (bendita) impotencia del cristiano, la de la limitación racional que escapa al misterio y que nos es imposible explicar, esa que nos devuelve continuamente a la humildad que nos recuerda Moeller y en la que, deberíamos estar siempre instalados.
¡Preciosa captura teológica la de esta cita!
Abrazos
Juan

Anónimo dijo...

Hola Anónimo, soy Tomás.

Agudo y profundo Moeller. Alguien me dijo hace años que el misterio no es oscuridad (ni mucho menos oscurantismo), sino más luz de la que nuestros ojos de la inteligencia pueden percibir. Sólo en el cielo tendremos ojos capaces de mirar a tanta luz. Mientras tanto la inteligencia es insuficiente. Pero insuficiencia no quiere decir que no intentemos entornar los ojos para "entender" un poco más cada vez el misterio, sabiendo que nunca lo conseguiremos del todo en esta vida.

Un abrazo.

Tomás