16 de enero de 2013

Frases 16-I-2013

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.


Así pues, el cristianismo no traduce su esperanza escatológica en una disminución de su compromiso concreto frente a la historia terrestre, sino en una renovación de su espíritu en este mismo compromiso: en vez de dejarse fascinar, agitar o crispar por su actividad social o económica, el cristiano se tranquiliza, se sosiega, torna ligera su mano, transparente su mirada, discreta su voz; entra tanto más fácilmente “en” el acontecimiento cuanto más se siente desligado de él por la esperanza sobrenatural. El que está dispuesto a morir en cualquier momento experimenta una presteza renovada; está como aligerado, transformado; una alegría ágil y fuerte le torna disponible para todo, impidiéndole calcular ansiosamente el “pro y el contra”. El deber de no anticipación es esencial a la esperanza, pues ésta no calcula, es cándida como el niño, que no mide los riesgos, que aguarda sin crispación, con el alma tersa como un pétalo en su ardiente esperanza humana y en su esperanza sobrenatural, completamente mezcladas aún, pero que constituyen su vida, constituyen LA vida.

Charles Moeller. Literatura del siglo XX y cristianismo, tomo IV, La esperanza en Dios, nuestro Padre, en el capítulo dedicado a Gabriel Marcel.

Añado yo: ¡Qué alegría, tener fe en un Dios que pretende transformarnos así, aunque la mayoría de los hombres no nos dejemos jamás del todo y, a veces ni siquiera mínimamente!



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Efectivamente Tomás, aunque no nos dejemos conviene recordarnos esto de vez en cuando. Muy honda esta reflexión, y más en el capítulo dedicado a Gabriel Marcel que fue el que escribió: "Amar a alguien es decirle tú no morirás nunca".
Abrazos
Juan

Anónimo dijo...

Así es Juan: Hay que estar siempre recordándose las cosas importantes, porque si no, pierden su brillo. Un gran tipo Gabriel Marcel. La otra cara de la moneda de existencialismo sartriano. Tengo pendiente comprar y leer sus obras de teatro.

Un abrazo.

Tomás