17 de abril de 2013

Frases 17-IV-2013

Tomás Alfaro Drake

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.



Si tuviésemos una centésima parte del amor a Cristo que Él ha tenido y tiene por nosotros, no lograrían separarnos de Él todos los dolores de la persecución de este Turco. Y existen hoy día tantos mártires aquí en Hungría como anteriormente hubo desde tiempos lejanos en otros lugares.

Santo Tomás Moro. Diálogo de la fortaleza con la tribulación. Este libro fue escrito por Tomás Moro cuando estaba en la Torre de Londres esperando ser ejecutado. El libro está escrito como un diálogo entre un noble húngaro y su sobrino ante la invasión de Hungría por los turcos, que culminó con el primer sitio de Viena por éstos. Confrontar con el texto de san Pablo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo¿ ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? […] Pero Dios, que nos ama, hará que salgamos victoriosos de estas pruebas. Y estoy seguro de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni otras fuerzas sobrenaturales, ni lo presente, ni lo futuro, ni poderes de cualquier clase, ni lo de arriba, ni lo de abajo, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro”. Imagino a santo Tomás Moro leyendo esta frase de la carta de san Pablo a los Romanos (8, 35-39) mientras escribía el Diálogo, esperando su ejecución en la Torre de Londres.