18 de junio de 2008

Respuesta a una entrada de Cristina

Tomás Alfaro Drake

Tengo varias entradas en mi blog. Las iré contestando a ritmo de una por semana. Empiezo por una de Cristina. Me ha dejado un comentario a una entrada mía del 19 de Septiembre del 2007 “Una amarga confesión de Picasso”. Me dice:Me ha gustado mucho esta entrada, se puede encontrar poco en Internet donde se hable de arte con profundidad. Remito a tu web desde la mia para competar mi propio texto: http://www.pinturayartistas.com/la-incapacidad-de-pablo-picasso/Muchas gracias!

Copio su texto de www.pinturayartistas.com, blog que recomiendo

Escrito por Cristina Publicado en Artistas
Picasso era hijo de un pintor que le enseñó desde pequeño a dibujar y pintar. Como niño precoz ganó una gran confianza en si mismo. Esta seguridad, su fuerte salud y un carácter pasional, le impulsaban a trabajar incansablemente y fomentaban su capacidad creativa.
París y el triunfo
Al trasladarse a París y conocer toda la vanguardia, las absorbió rápidamente y continuó el camino empezado.Intelectualmente, Picasso era un Genio. Comprendió que el futuro del arte estaba en fusionarlo a conceptos abstractos – racionales como el espacio y el tiempo, los símbolos. Y Picasso era un gran cerebro lleno de conceptos racionales.
Al ser Picasso un creativo – racional, su arte deriva hacia la ciencia, la experimentación y también los juegos con la pintura.El método científico era la forma que eligió Picasso para comprender la realidad. Este método, como ocurre con anatomistas, aprende de la desfragmentación, separación y destrucción de las formas. Y una vez destruido había que reconstruirlo y entonces creaba la pintura. En esto se basa toda su creatividad, en reconstruir con su imaginación lo antes destrozado.Sin embargo, creo que no se puede comprender plenamente algo que se ha destruido, pues su existencia ha sido eliminada.Sí se puede, por el contrario (como hacían Chagall y Matisse) persistir en el conocimiento de aquello que sigue existiendo y con tiempo llegar a su esencia.
Consciente de este fracaso, Picasso rechazaba su propio racionalismo de científico, dejándose llevar por la espontaneidad y los cambios de idea. Esto impedía que apareciese en su obra justo lo que él buscaba: la expresión de la emoción y los sentimientos, que requieren una gran concentración para ser expresados con arte. Es muy difícil juntar en una obra dos polos opuestos: sentir y pensar.
Una incapacidad frente a un gran talento
Creo que Picasso no amaba. Predominaba en él una visión negativa. Tenía que expresar lo horrible, lo diabólico y lo muerto. Por ello, no le importaba destruir la realidad, no necesitaba modelos y cambiaba de obra continuamente. En sus obras cuesta encontrar la inocencia de un Matisse, o el profundo cariño vital de un Chagall. Todo lo bueno y bello de la vida que otros artistas si sabían expresar.
Pero si encontramos, por el contrario, en las obras de Picasso, la alegría del juego pictórico, la imaginación pura y los descubrimientos de la ciencia. Corazón roto pero genial.

Le contesto:
Muchas gracias Cristina por tu entrada. A mí también me ha gustado tu texto sobre Picasso con el que estoy de acuerdo al 100%. ¡Qué diferencia con Marc Chagall!
Inserto aquí una carta de mi libro “Al sueño de la muerte hablo despierto” que le dirijo a Chagall. Confío en que si el editor (Biblioteca de Autores Cristianos) ve estos textos del libro que estoy pegando en mi blog, lo tome como una acción de marketing, no como una violación de los derechos de autor.

11-III-2002

Carta para entregar a Marc Chagall. Siglo XX. Pintor judío de la poesía.

"Tuve acceso al gran libro universal, la Biblia. Desde mi infancia me ha llamado con visiones sobre el destino del mundo y ha sido para mí una fuente de inspiración en mi trabajo. En los momentos de duda, su elevada grandiosidad poética y su sabiduría me han confortado como una madre".
Marc Chagall

"No he visto la Biblia, la he soñado".
Marc Chagall

"Desde mi primera juventud quedé cautivado por la Biblia. Siempre me pareció, y sigue pareciéndome, la mayor fuente de poesía de todos los tiempos. Desde entonces, he buscado ese reflejo en la vida y en el arte. La Biblia es como una resonancia de la naturaleza y yo he tratado de transmitir ese secreto".
Marc Chagall

Lo confieso Marc. Te confieso mi ignorancia. Hasta ayer no eras para mí más que uno de tantos pintores. Uno que había pintado la ópera de París. Grandioso, sí, pero uno más. Ayer, sin embargo, caí por Segovia y fui a ver tu exposición monográfica sobre el mensaje de la Biblia. Son obras que pintaste entre 1931 y 1983, desde los 44 años hasta los 96, dos antes de tu muerte. Cincuenta y dos años, una vida asomada a la muerte. ¡Qué canto del Rey David, con la resplandeciente Jerusalén celestial descendiendo del cielo ataviada como una novia! ¡¡¡Y lo pintaste con 96 años!!! ¿De dónde sacabas la fuerza?

No daba crédito a mis ojos. Me paseaba por las salas del museo un poco al borde del éxtasis. Ahí estaba toda la Biblia soñada por ti. Transformada en poesía plástica. En explosión de colores, de metáforas, de asociaciones de ideas. Era para mí como oír un canto de esperanza. Dices que desde tu infancia la Biblia te ha llamado con visiones sobre el destino del mundo y ese destino, esperanzado en medio del dolor, es el que has plasmado. Sólo tengo que imaginar tus angustias de judío acosado en los terribles años de ascenso del nazismo para entender tus momentos de duda sobre la humanidad. Pero la elevada grandiosidad poética y la sabiduría del Libro – dices - te han confortado como una madre. No sólo te han confortado a ti, sino, a través de ti, han confortado, confortan y confortarán a miles, tal vez millones de personas. Yo entre ellas. Sabes ver, y haces ver a los demás, la esperanza en el desaliento, la aceptación en el sufrimiento, lo poético en lo prosaico.

Una cosa me ha llamado poderosísimamente la atención. Te creía yo un judío militante del judaísmo, casi sionista. Por eso me he quedado sorprendido al ver la figura de Cristo por todas partes en tus obras. Leo algo de tu vida y todos los que escriben sobre ella me dicen que en Cristo representas únicamente al hombre que sufre y que resume el sufrimiento de otros hombres, como el Crucificado que preside tu cuadro del pequeño pueblo ruso bajo el frío del duro invierno, pero nada más. Deben tener razón los que esto escriben porque saben de ti infinitamente más de lo que yo, que te conocí ayer, pueda saber. Pero algo en mi interior no se queda tranquilo. A través de alguno de tus cuadros creo que me estás queriendo decir otra cosa. Me parece que late en tus obras otra percepción de Cristo que los que escriben sobre ti no han captado o, tal vez, no han querido captar. No sé que pensar.

Podría basar este parecer mío en la ternura de tus piedades, con Jesús muerto y lacerado en brazos de María. O en la cruz que aparece en la creación del hombre o la caída de Satán. Pero, efectivamente, eso admitiría la lectura puramente humana de un hombre, tú, que siente lástima del sufrimiento humano representado en el hombre que más ha sufrido, Jesús. Podría decirse que ese sufrimiento humano estaba, en tu opinión, predestinado desde la caída del ángel o desde la creación del hombre. Pero, ¿qué decir del consuelo de amor que recibe tu Cristo del puente por una figura maternal, encaramada en la cruz, que puede ser la representación bíblica de Dios como Madre? Tú que conoces la Biblia de forma inigualable seguro que conocías el pasaje de la profecía de Isaías en el que pone en boca de Yavé: “¿Puede acaso una mujer olvidarse del niño que cría, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues aunque ella lo olvidara, yo no me olvidaría de ti.” No es descabellado pensar que tú, que dices que la Biblia te ha consolado como una madre, representes así a Dios. Y si, efectivamente, la figura femenina del cuadro representa a Dios como Madre, ¿podría un judío ortodoxo asumir que Dios consuela a Cristo en la cruz? Tú sabías que el libro de la Sabiduría dice que Dios cuidaría de su Enviado, de su Mesías, de su Hijo. El Sanedrín, al pie de la cruz, se refería a este pasaje de la Sabiduría cuando decía indignado a los que presenciaban la crucifixión: “Si es rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios; que le libre ahora si es que le quiere, ya que decía: <>”. A esta interpelación es a la que contesta Jesús con su terrible “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” que expresa, indudablemente, tristeza y abandono. Pero esta frase es también el principio del salmo 22 que se trasmuta en un canto de victoria. ¿Iba un judío ortodoxo a aceptar que en esa discusión de apuntes de citas bíblicas tuviese razón Jesús? Nunca. Bien es verdad, lo concedo, que la figura femenina que consuela al Cristo del puente pudiera ser “sólo” la madre del sufriente, físicamente al pie de la cruz, pero espiritualmente elevada con él, acariciando a su hijo, como lo estará cuando le bajen del madero. Bien pudiera ser así, lo admito. Pero me gustaría que me lo aclarases tú.

Pero, ahora inequívocamente, ¿por qué un judío ortodoxo iba a representar – como tú haces – a Isaías y sus profecías tomando como modelo del Sievo Sufriente de Yavé, precisamente a Cristo? Curiosa coincidencia que de seguro tú conocías: El mismo capítulo en el que Isaías presenta uno de los poemas del Siervo Sufriente de Yavé, es el que nos habla de Dios como la Madre consoladora a la que nos referíamos antes. O, ¿cómo es posible que al otro lado del mar Rojo – en tu cerámica sobre este tema – esté el Crucificado esperando al pueblo judío, como si fuera esa tu visión del destino del mundo? ¿O que Moisés al recibir las tablas de la Ley en tu tapiz, lo haga en presencia de Jesús en la cruz? Todas esas cosas sólo pueden querer decir – para alguien que como tú ha tenido acceso al Libro universal desde la infancia, que lo ha soñado – que Cristo es el cumplimiento de promesas milenarias. No era otro el argumento que san Pablo aducía para intentar atraer al pueblo judío a la fe en Jesús. No fue distinta la conversación que encendió el corazón de los discípulos de Emaús caminando junto al Resucitado. Por eso ayer se incendió el mío.

¿Algún guiño más que he creído ver? Tu último cuadro, el pintado a los 96 años. Jerusalén bajando del cielo, resplandeciente, con una novia en el tálamo nupcial pintada debajo. Esta imagen de Jerusalén, novia y joya a la vez, sólo aparece, creo, en un pasaje de Isaías y en el Apocalipsis. El gran profeta del mesianismo universal y el último libro del Nuevo Testamento, indisolublemente unidos. ¿Era esa tu visión o soy yo el que me estoy creando un argumento ficticio?

Pero todavía me queda un detalle, tal vez insignificante. En tu pintura de la sinagoga de Safad, hay un crucificado escondido. Al menos yo lo he visto. O, ¿tal vez lo he soñado? La puerta de la sinagoga, con su jamba central y su dintel, dibuja un crucifijo perfecto. Con la cabeza de Jesús, sus brazos y el cartel de INRI incluidos. ¿Un Cristo en una sinagoga? Imposible. Naturalmente, admito que pueden ser imaginaciones mías, pero no lo creo. Al menos hasta que tú me digas que soy un iluso, ahí está.

Por favor, no pienses que es mi intención polemizar sobre lo que querías decir al pintar así la Biblia. Eso sólo lo sabes tú. Por eso deseo ardientemente hablar contigo. Pero yo sé lo que tu arte me ha hecho sentir, pensar, soñar. Y creo saber de dónde sacabas la fuerza para pintar con la ilusión de un adolescente a los 96 años. El Siervo de Yavé, al que a ti te gustaba representar en Cristo, dice en su segundo poema: “Yo soy valioso para el Señor, y en Dios se halla mi fuerza”. Esa era tu fuente. Esa es tu fuente. Ahora sólo puedo agradecerte tu luz, la de tu pintura y la espiritual. Ayer te descubrí como mi hermano mayor en la fe. No sé en qué creías realmente, ni creo que importe. Creyeses en Cristo sólo como una figura humana sufriente e inspiradora de ternura, o lo reconocieses como el Mesías anunciado por las milenarias profecías de Israel, has rezado a Cristo y has hecho rezar a muchos. Para la misericordia de Dios eso es mucho más que suficiente. Espero que pronto, en un paisaje con tus colores de poesía, podamos hablar con calma y me instruyas más sobre ese Jesús al que, indudablemente, pintaste con amor apasionado. Tal vez entonces ya no tengas que instruirme porque, si esa conversación se produce, yo tendré también la visión directa del Dios-Hombre. Pero me has instruido ayer y es posible que por eso podamos hablar entre nosotros y con muchas personas más sobre la belleza de tu pintura poética, reflejo de la Belleza que estaremos contemplando.

Que así sea.

Tu amigo


A diferencia de Picasso, Chagall sí amaba. No me acuerdo ahora que escritor dijo que escribir era un acto de amor, si no era sólo caligrafía. Lo suscribo y lo hago extensivo a todo tipo de arte. ¿Qué es el arte sin amor?

1 comentario:

Cristina dijo...

Hola Tomás! He vuelto a tu página por casualidad y vaya mi sorpresa al ver tu respuesta. Me he dado cuenta de lo novata que soy en mi comunicación por Internet y de lo importante que es crea una red de conocidos afines a los propios intereses. Por ello he decidido crear toda una nueva sección en mi blog donde recogeré las páginas de otras personas que también hablan de arte y comparten información sobre estos temas artísticos.
Muchas gracias!! Vamos a crecer juntos !! Como no tengo memoria me viene muy bien colgarlo todo en Internet y a partir de ahora volveré a tu página desde la mía.
Hasta pronto!