19 de octubre de 2008

El regalo de la inteligencia

Este es el 27º artículo de una serie sobre el tema Dios y la ciencia iniciada el 6 de Agosto del 2007.

Los anteriores son: “La ciencia, ¿acerca o aleja de Dios?”, “La creación”, “¿Qué hay fuera del universo?”, “Un universo de diseño”, “Si no hay Diseñador, ¿cuál es la explicación?”, “Un intento de encadenar a Dios”, “Y Dios descansó un poco, antes del 7º día”, “De soles y supernovas”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? I”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? II”, “Adenda a ¿cómo pudo aparecer la vida? I”, “Como pudo aparecer la vida? III”, “La Vía Láctea, nuestro inmenso y extraordinario castillo”, “La Tierra, nuestro pequeño gran nido”, “¿Creacionismo o evolución?”, “¿Darwin o Lamarck?”, “Darwin sí, pero sin ser más darwinistas que Darwin”, “Los primeros brotes del arbusto de la vida”, “La división del trabajo”, “La explosión del arbusto de la vida”, “¿Tiene Dios una inmoderada afición por los escarabajos?”, “Definamos la inteligencia”, “El linaje prehumano”, “¿Un Homo Sapiens sin inteligencia?”, “El coste de un cerebro desproporcionado” y “Si no hay nada que decir, hablar es muy peligroso”.


La evolución, “subvencionada” por el Diseñador, puede haber hecho que surja el desproporcionado cerebro humano. Pero una vez que ha surgido, ¿es la inteligencia una consecuencia natural de ello? Creo que no. Veamos varios argumentos.
1º Cuando observamos la vida, de forma inmediata nos llama la atención un hecho. La naturaleza ha hecho que toda característica que confiere a un organismo una ventaja competitiva, aparezca exuberantemente en muchas especies por muchos caminos. Por ejemplo: tener apéndices punzantes es una ventaja para la supervivencia. Los toros tienen cuernos de hueso, los rinocerontes los tienen hechos de pelos duros, en los elefantes, son unos dientes los que han evolucionado para ello, en las rosas o espinos, el parénquima vegetal ha tomado la forma necesaria. Pero la inteligencia, el arma de supervivencia más poderosa que pueda haber sólo ha surgido una vez. ¿Por qué?
2º Si hay algo que la naturaleza no hace es permitir que una característica se desarrolle más allá de lo estrictamente necesario para la supervivencia de la especie que la posee. Por ejemplo: La especie antepasada de los topos, que vivía en la superficie, tenía ojos. Cuando una de sus especies hijas, el topo, se adaptó a vivir bajo tierra, los perdió porque no le resultaban necesarios ¿De qué nos sirve para la supervivencia que nuestra inteligencia haya podido llegar a saber de qué están hechas las estrellas o tener esa sed de búsqueda de verdades abstractas? La inteligencia humana está claramente sobredimensionada para las necesidades de supervivencia. Es un derroche que jamás haría la naturaleza.
3º Si la inteligencia fuese un fenómeno únicamente anatómico, salido de la evolución de la materia, cabría esperar que la información necesaria para codificar genéticamente esa impresionante capacidad fuese enorme. Eso debería hacer que el hombre tuviese muchos más genes que cualquier otra especie. Pues no es así. Antes de la decodificación del genoma humano se esperaba que el hombre tuviese entre 80.000 y 100.000 genes. Pero sólo tenemos unos 31.000, poco más del doble que una lombriz y tan sólo unos 300 más que un ratón. Juan Carlos Argüelles en la revista Investigación y Ciencia de Marzo del 2002 nos dice: “Es evidente que la configuración única del ser humano como especie biológica reside en sus genes, pero también lo es que el reducido número de genes ahora identificado no basta para explicar nuestra complejidad singular”.

Ian Tattersall, director del departamento de antropología del Museo Americano de Historia Natural, un científico que jamás apoyaría otra tesis, fuera de la naturaleza, como causa de la aparición de la inteligencia, dice: "[...] resulta asimismo cierto que H. Sapiens constituye el protagonista de algo insólito. [...] debemos considerar la aparición de algo totalmente inesperado [el pensamiento simbólico] gracias a una casual coincidencia. Pero podemos afirmar que nuestro linaje pasó a disfrutar de un pensamiento simbólico desde un estado precedente no simbólico. La única explicación verosímil es que, con la llegada del H. Sapiens anatómicamente moderno, las exaptaciones previas se combinaron por azar con pequeños cambios genéticos, creando un potencial sin precedentes. No podemos dar por completo este relato pues los humanos anatómicamente modernos siguieron siendo arcaicos [sin pensamiento simbólico] durante mucho tiempo antes de adquirir un comportamiento moderno. [...] No podemos afirmar con seguridad en que consistió la innovación de marras".
Tal vez sea políticamente incorrecto para un científico afirmar que la inteligencia es un regalo del Diseñador, tal vez eso arruine su carrera, pero estoy seguro que si llamamos otra vez a Occam y a su tijera, la explicación de Tattersall saldría con varios tajos. A mí me parece bastante más sencillo postular la hipótesis del Diseñador que la de esa “innovación de marras” basada en “exaptaciones combinadas por azar con pequeños cambios genéticos” para crear el fenómeno más sorprendente que podemos observar en este mundo: la inteligencia.