26 de septiembre de 2012

Frases 26-IX-2012

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.


Quizá parezca resignada, pero no lo estoy. Son los otros, los periódicos, la televisión, quienes lo están. “Oigan, oigan, amigos. Un tanto por ciento de ustedes va a morir muy pronto en accidente de automóvil; otro tanto por ciento, de cáncer en la garganta; otro tanto por ciento, de alcoholismo; otro tanto por ciento, de una vejez lastimosa. Y de esto, indudablemente, les habrán prevenido a ustedes en las gacetas”. Sólo que, para mí, yo creo que el proverbio es falso, y que prevenir no es curar. Yo creo lo contrario: “Oigan, oigan, amigos; soy yo quien se lo dice; un tanto por ciento de ustedes va a sentir un gran amor; otro tanto por ciento va a comprender algo de su vida; otro tanto por ciento va a tener la posibilidad de ayudar a alguien, y otro tanto por ciento, morirá (completamente seguro, el cien por cien morirá), pero habrá un tanto por ciento de ustedes que tendrá la mirada y las lágrimas de alguien a su cabecera”. Ésta es la sal de la tierra y de esta cochina existencia. No son las playas que se devanan en panoramas de ensueño, no es el Club Méditerranée, no son los amigos; es una cosa frágil, preciosa, que se estraga deliberadamente en estos tiempos y que los cristianos llaman “alma” (y los ateos también, aunque sin dar el mismo sentido al término). Y esta alma, si no tenemos cuidado de ella, la volveremos a encontrar un día ante nosotros jadeante, pidiendo auxilio y llena de cardenales… y estos cardenales, sin duda, los tendremos bien merecidos.

Françoise Sagan. Des bleus à l’àme (impropiamente traducido al español como “Golpes en el alma” en vez de “Tristezas del alma” que sería más apropiado). 1972



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