29 de octubre de 2017

¡Otra vez radio macuto!

Otra vez me llega, por diversos sitios, un artículo “macuto”. El periodista Luis del Pino, tiene una teoría conspiratoria. Tras analizar los acontecimientos ocurridos en los últimos días, toma unos hechos, silencia otros y tira unos hilos que los hilvanan de acuerdo con esa teoría previamente esbozada. No aporta ni una sola prueba. Pero eso carece de importancia. Ese hilvanado, que podría haberse hecho de muchas otras maneras nace con carta de naturaleza de verdadero. Punto. No es necesario considerar otras maneras de hilvanar esos hechos que, no por llevar a conclusiones más prosaicas que venden menos, pueden ser menos cercanas a la realidad.

Permítaseme otro hilvanado. No pretendo que sea cierto. Tiene la misma validez que el hilvanado por el Sr. del Pino. O sea, ninguna. Carece, como la suya, del peso de la prueba. O sea, ambas son puntadas sin hilo. Sólo que yo no lo escribo con pretensión de estar desvelando un morboso secreto celosamente guardado que pueda dar lugar, eventualmente, a escribir un libro. Ahí van mis puntadas sin hilo.

Prácticamente desde que se cumplió el plazo del requerimiento, Margarita Robles y otros portavoces del PSOE y PSC afirmaban que si Puigdemont convocaba elecciones el PSOE no estaría a favor del 155. Ni una sola declaración de ningún portavoz del PP dio pie para creer que ellos seguirían esa misma ruta. De una u otra forma todos los portavoces del PP decían que para parar el 155 era necesaria la vuelta a la legalidad, lo que implícitamente –y explícitamente en palabras de algunos– significaba revocar la ley de Referendum y la ley de Transitoriedad. Así pasaron los días hasta el jueves. Es bastante posible que hubiese algo parecido a pacto –o tal vez un pacto real– entre el PSOE/PSC y Puigdemont. Toda la semana me ha parecido sospechosa la solicitud de Mikel Iceta hacia Puigdemont. Hubo un mediador que intentaba eso, el Lendakari Urkullu, pero, ¿hay algo que pruebe que éste actuaba por mandato del gobierno? No, nada. Por lo tanto, si existía ese pacto –que este Domingo ha dicho también Borrell que existía– lo plausible, a la vista de los hechos, es que fuese entre el PSOE y Puigdemont, sin el beneplácito del PP. La espera a la comparecencia el jueves de Puigdemnot es perfectamente explicable ante la altamente improbable –más bien imposible– posibilidad de que Puigdemont decidiese volver a la legalidad. Por supuesto, ni yo, ni creo que el gobierno, dábamos ninguna probabilidad, ni siquiera remota –incluso mi ingenuidad tiene límites– a que Puigdemont hiciese semejante cosa. Pero la política de gestos es importante en casos como éste. Máxime si se quiere mantener la posibilidad de pacto con un PSOE que afirma públicamente estar sin fisuras al lado del gobierno, pero en realidad está sumido en una mezcla de esquizofrenias colectivas y dudas existenciales, pero que tiene un peso muy importante en la política española. Una vez realizado el gesto, la intervención de la Vicepresidenta el jueves y del Presidente el viernes, no tenían tintes de un pacto que hubiese llevado a una aplicación tibia del 155 pactada.

Aunque uno jamás puede fiarse de un mentiroso --y menos aún si ese mentiroso se llama Puigdemont-- cuando éste rechazó la convocatoria de elecciones afirmó que lo hacía porque no tenía garantías de que, tras su convocatoria, se retirase el 155. Por supuesto, no niego que las presiones de la CUP, de ERP y del ala más radical del PDeCAT tuvieran un enorme peso en que Puigdemont se hiciera caquita y rechazase las elecciones. Pero hasta en el discurso del mentiroso más compulsivo se cuela de cuando en cuando una verdad. Y en este caso fue así.

Parece que el hecho de que las elecciones se convocasen en una fecha parecida a la que propuso Puigdemont despierta el recelo del Sr. del Pino y le hace dar una puntada sin hilo. Es muy cierto que Rajoy había dicho en declaraciones anteriores que prefería esperar unos meses. Y es cierto que eso sería muy bueno para poder reconducir la situación antes de las elecciones. Pero ocurre que, por mucho que se aplique el 155, hay un plazo entre la disolución del parlament y la convocatoria de elecciones. Entonces, había dos alternativas. La primera celebrar elecciones en Mayo, por ejemplo, y mantener ese parlament durante unos meses o, segunda, cerrarlo inmediatamente y convocar elecciones en el plazo establecido. No sé que hubiera hecho yo en una situación así. Lo que sí sé es que la decisión no es evidente y, por tanto, al enfrentarte con ella, es razonable reevaluar lo dicho anteriormente. Me parece al menos tan plausible –o seguramente más– como tirar una puntada de un supuesto acuerdo previo. Pero decir que es exactamente el mismo el resultado el que las elecciones se celebren más o menos el mismo día con Puigdemont como president en funciones, con todo su gobierno, o con él y su gobierno cesados, me parece cerrar los aojos ante la realidad. ¡No, D. Luis, no es exactamente lo mismo!

¿Que la declaración de independencia del viernes pasada fue casi tan ambigua como la de principios de Octubre? ¡Claro! Puigdemont sigue teniendo el mismo miedo ahora que hace un mes de ir a la cárcel. Y eso es lo que genera esa ambigüedad. Y cuando uno se tiene que mover en el filo de una navaja, no tiene mucho espacio, y las declaraciones ambiguas no pueden ser muy diferentes. Pero eso es normal y no es necesario buscarle tres pies al gato para explicar esa similitud. Y ese miedo es el que explica, al menos tan bien como la teoría conspirativa de D. Luis, que la bandera española y la señera, que no la estelada, siguiesen ondeando en el palacio de la generalitat. Lo que sí parece irrefutable de la teoría urdida por el sr. del Pino 😉 (perdóneme quien lea estas líneas y se sienta insultado en su inteligencia con un emoticón que aclare que hablo irónicamente, pero hay gente que no capta las ironías) es que el hecho de que el señor Trapero, ya procesado y con un pie en la cárcel, y viendo las barbas de los Jordis pelar, se despida sin ruido, denote un enjuague previo. ¡Por favor!

No sé si he agotado el análisis de las puntadas de D. Luis del Pino y he sido exhaustivo con las mías. Seguro que no. Pero no era ese mi propósito. Mi propósito es hacer ver, que no demostrar, que la teoría conspirativa de D. Luis tiene las mismas probabilidades que un reloj parado de dar la hora correcta. Puede ocurrir que la de, pero sería por casualidad. Como la mía. No pretendo ser mejor que él. No, al contrario, la mía es bastante peor. ¿Por qué? Porque no es escandalosa y no responde a lo que quieren oír los que buscan las sensaciones fuertes de desenmascarar a un "traidor". A menudo una verdad prosaica no vende. Y por otro lado, las teorías conspiratorias son imposibles de falsar. ¿Por qué? Porque es imposible probar un "no hecho". Si Rajoy hubiese llevado a cabo un pacto secreto con Puigdemont, podría, eventualmente, llegar a probarse. Pero probar que no lo hizo es metafísicamente imposible. Es imposible probar que en el asesinato de JFK no hubo más que un tirador. No importa cuantos papeles se desclasifiquen, no se puede probar un hecho negativo y por eso, unido al morbo, las teorías conspiratorias tienen una vida larga. No obstante, me parece que no es una actitud responsable urdirlas sin pruebas ante una situación tan delicada como la que tenemos entre manos, donde se juega el futuro de España. Más bien creo que debiéramos estar unidos en lo que se hace y no estar continuamente discrepando sobre lo que, según los que gobiernan desde el sillón, se debería haber hecho, o sobre lo que se susurra al oído de las cosas perversas que supuestamente se han hecho. Torear de salón es muy fácil. Pero cuando se está en el ruedo y se tiene delante un morlaco manso de 600 Kg, la cosa cambia. Yo pretendo, modestamente, ayudar, gratis et amore, al matador a ventilarse al toro. Dice el Evangelio: “¿A quién se parece esta generación? Se parece a esos muchachos que se sientan en la plaza y cantan esta copla: ‘Os hemos tocado la flauta y no habéis bailado; os hemos entonado lamentaciones y no habéis llorado’. […] Pero la sabiduría ha quedado acreditada por los sabios”.



Para el que no lo conozca y tenga curiosidad, copio debajo el artículo de D. Luis del Pino.

(Debo aclarar, por si hay alguna inexactitud, que lo he copiado directamente de uno de los WA que me han mandado con el artículo).

Con un poco de azúcar ese pacto que nos dan

¿Me permiten Vds empezar mi editorial recordando una canción de Mary Poppins? Me refiero a aquella que decía “Con un poco de azúcar esa píldora que os dan”.

Retrocedamos al jueves. 

Como recordarán Vds., se anunció que se había llegado a un pacto por el cual Puigdemont convocaba elecciones autonómicas (es decir, dentro de la legalidad española) para el 20 de diciembre y, a cambio, el gobierno paralizaba la aplicación del artículo 155. Se suponía que Puigdemont debía anunciar la convocatoria de elecciones a las 13:30, pero después de algunos aplazamientos, el anuncio se terminó cancelando.

El simple anuncio de que se iban a convocar esas elecciones provocó una reacción de rechazo entre los separatistas más convencidos, que acusaban a Puigdemont de traidor. 

Pero tampoco las bases del PP recibieron esa posibilidad de pacto con satisfacción, sino todo lo contrario, porque paralizar el 155 significaba renunciar a intervenir la autonomía catalana y a normalizar la situación en Cataluña. 

¿No había dicho el propio Rajoy el miércoles que las elecciones debían celebrarse cuando la situación se hubiera normalizado?

Pasamos al viernes.

El parlamento catalán se reúne y vota una declaración en términos similares al papel que ya firmaron hace tres semanas, proclamando aparentemente la República catalana. Y recalco lo de ‘aparentemente’. Luego explicaré por qué.

El Senado español aprueba entonces una aplicación ligeramente recortada del artículo 155, eliminando la toma de control de TV3, y Rajoy comparece, horas después, para anunciar varias medidas básicas: destitución del gobierno catalán, disolución de las embajadas, cese del director general de los mozos, …

Pero inmediatamente a continuación, Rajoy nos sorprende a todos convocando elecciones para el 21 de diciembre. Es decir, Rajoy interviene ‘aparentemente’ la autonomía (y recalco lo de ‘aparentemente’), pero convoca elecciones inmediatas.

Si se fijan ustedes, el resultado de lo anunciado por Rajoy es exactamente el mismo que el de lo que se supone que iba a anunciar Puigdemont un día antes: elecciones dentro de 54 días. 

Pero con una diferencia importantísima. La aparente proclamación de la República catalana calma a los separatistas más convencidos, mientras que la aparente intervención de la autonomía calma a los constitucionalistas más preocupados. 

Lo anunciado el viernes es el mismo pacto que se iba a anunciar el jueves, pero presentado de una manera infinitamente más digerible.

Por qué digo que la proclamación de la República catalana es solo aparente? 

Pues porque a lo que se limitaron los parlamentarios separatistas es a aprobar una resolución en la que se hacían dos cosas: recordar el texto que ya se había firmado hace tres semanas y, en la parte resolutiva, INSTAR al gobierno catalán a poner en marcha las leyes de transitoriedad. 

Es decir, el parlamento catalán no votó en ningún momento nada que dijera "Proclamamos la República catalana". 

Fíjense también en que en ningún momento salió nadie a ningún balcón, ni a ningún sitio, a decir esa cosa tan simple: "Queda proclamada la República catalana". 

Ni siquiera en Twitter han "proclamado la República catalana" Puigdemont ni Junqueras. 

Cuando se presente la querella por rebelión, habrá argumentos a los que la defensa pueda agarrarse para decir que, en realidad, no ha habido ninguna rebelión, porque no ha habido declaración de independencia como tal.

¿Y por qué digo que la aplicación del 155 es solo aparente? Pues porque en 54 días no da tiempo a tomar el control de nada. 

Por no dar, no va a dar tiempo casi ni a cambiar a los segundos y terceros niveles de la administración. Con TV3 ni siquiera se hace nada por simular que se toma el control. 

El objetivo de lo anunciado ayer por Rajoy es simplemente convocar elecciones inmediatas.

¿Quieren Vds más indicios de que estamos ante una escenificación? 

Entre las medidas anunciadas ayer por Rajoy estaba la destitución del director general de los mozos, es decir, del jefe de Trapero. 

Pues bien, ayer mismo por la noche el destituido envió una carta a los mozos despidiéndose educadamente de ellos. 

¿Acaban de declarar la independencia hace menos de 12 horas y el destituido, que es un separatista convencido, acata disciplinadamente su destitución? ¿Ni siquiera un poquito de teatrillo para fingir resistencia y guardar las apariencias?

Lo dicho, la manera en que se presenten las cosas influye mucho en cómo recibirá la opinión pública tus decisiones. 

Y hay que reconocer que la jugada de ayer por parte de Rajoy y Puigdemont es muy buena: ponen en marcha lo acordado el jueves, pero logran que sus bases se calmen, simulando un poco de firmeza por uno y otro lado. Está todo inventado. Nunca hay nada nuevo bajo el Sol.


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